HOTEL FORMENTOR

 

Como cuenta Nathalie de Saint Phalle al repasar el mundo de hoteles y literatos, el Hotel Formentor en Mallorca — estos días de actualidad- — “aislado, rodeado por un pinar que baja hasta la playa, se convirtió  en un refugio elegante e intelectual en donde se retiraron  gentes célebres: Churchill, Keyserling o Montherlant. El Hotel Formentor, nacido por deseos de Alan Diehl, un argentino adinerado que perdió en la empresa gran parte de su fortuna, no se preocupaba  en lo más mínimo de recibir a clientes que pudieran cubrir sus gastos de estancia. Sólo soportaba el talento. Diehl invitó durante años a artistas, escritores y filósofos para  “ semanas del Conocimiento” o estancias individuales.

A finales de los años cincuenta y por iniciativa de Tomeu Buadas, artista y poeta, el lugar llegó a ser un punto de encuentro sin precedentes en la historia de la hostelería. Primero se organizaron las “Poetry Conversations of Formentor”, después se instaló a orillas del mar, en Cala Gentil, el  “Poets Club”, y a ellos se sumaron los “International Colloquia on the Novel”,  que culminaron en 1960  con la creación  del “Formentor Prize  for Novel”, el premio literario mejor dotado de entonces, con garantía de publicación en todas las lenguas, pues el premio lo concedían los propios editores.”

Un Hotel, pues, lleno de discusiones intelectuales y  que fue marco de confrontación de ideas y opiniones sobre cultura y literatura.

 

 

(Imágenes—1- León Spilliaert/ 2-Charles Woodbury- 1900)

CARRERAS DE RELEVOS : OLIMPIADAS 2012 ( y 11 )

«Lanzados los cuatro, como arma única, como bestia única, como barca única,

el mayor a popa y el más pequeño, al frente,

y yo engranado en medio, órgano, yo, de este cuerpo vivo,

y todos llevando los mismos colores; todos marcados con la misma marca,

de tal manera en fila, uno tras otro, que los tres que vamos detrás no sentimos el viento,

y entramos a pasos contenidos y piafantes, sujetándonos por los hombros.

Cuatro y somos uno. Solidaridad perfecta.

Un gran acuerdo humano, tan justo que entran ganas de cantar.

Cada uno de nosotros ejerce, sobre el cuerpo de los otros, un derecho de regulación.

Yo te reconozco un derecho sobre mis piernas, puesto que son tuyas.

Tus músculos, tus nervios, tu cabeza me conciernen, pues también son mías.

Si tu cortas el hilo de esmeralda, son cuatro los que ganan, no uno.

Igual aprecio ganan el que más corre y el que menos».

(…)

Henry de Montherlant.– «Los corredores en relevos».- «Olímpicas» (1924)

(Imagen.-corredores de relevos.-Olimpiadas 2012.-foto AFP)