DEFENSA Y NECESIDAD DEL ESTRÉS

 

“El estrés no es una consecuencia de la vida agitada que llevamos – declaraba el profesor Hans Selye, de la Universidad francesa de Montreal y especialista en el tema – . Nuestros antepasados de los tiempos prehistóricos no podían tener miedo a la bomba atómica, a perder su dinero en la Bolsa, pero sí temían al hambre o tenían miedo de los animales salvajes o del frío y, por consiguiente, el estrés estaba ahí, presente, entonces como hoy. Es sólo la calidad del agente la que cambia con los siglos.

Para definir el estrés es necesario no darle una interpretación psicológica, ya que, muchas veces, no tiene nada que ver con el sistema nervioso. Se puede dar el estado de estrés en animales unicelulares, que no poseen ningún sistema nervioso. Se puede provocar el estrés al poner fuera de uso la pata de un animal, es decir, un órgano que ha perdido todo contacto con el cerebro. Y el mensaje del estrés sigue llegando al resto del organismo. Pero en el ser humano, con su sistema nervioso tan desarrollado, los agentes psicológicos constituyen una fuente muy importante, pero no es la única.

 

 

En otras palabras, todo puede producir el estrés y sólo hay diferencias de matiz. Uno trata de evitar el estrés, porque hay enfermedades que se deben al estrés pero al mismo tiempo, la ausencia del mismo quiere decir la muerte. Si uno reacciona ante esta exterioridad atacante, quiere decir que tiene estrés, pero también que tiene vida. La manera más literaria y más laica para definirlo sería ésta: todos los fenómenos vitales poseen un acompañamiento que no es específico. Por ejemplo, el uso de la energía. Necesitamos la energía para cualquier cosa, es psicológico, mecánico, etc, todo lo que uno hace está relacionado con la energía, todo lo que hace la materia viviente. Esta energía produce unos agentes químicos que pueden ser los agentes llevando el mensaje del estrés.

 

 

(…) Los médicos han podido demostrar que tal microbio produce tal enfermedad. Pero los especialistas no han podido convenir, hasta hoy, que hay enfermedades sin causa especifica. ¿ Cuál es la causa de un dolor de cabeza? Si usted tratara de encontrar el gérmen o la sustancia química que provoca el dolor de cabeza, lo buscará en vano. Y así para otros males, considerados hoy como provocados por una constelación de causas, una pluricausalidad. No se puede recetar una vacuna para estas enfermedades. En estas enfermedades pluricausales el estrés tiene un papel decisivo. Bajo el efecto del estrés yo puedo tener un infarto y usted una úlcera. Por esto, usted puede tener su úlcera debido a una intervención quirúrgica, a una quemadura de la piel o debido a su oficio u ocupación de todos los días y con el cual no está usted de acuerdo.”

 


 

(Imágenes- 1-Julián Opie – vidrieras personalizadas / 2- Raoul Dufy/ 3- Yong Sin – 2009 – andrewsShire gallery -artnet/ 4- Hannes Kilian)

LA INTELIGENCIA, LO NORMAL Y LO PATOLÓGICO

 

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¿Qué valor se concede a la inteligencia para probar si un hombre es normal o patológico? – así se lo pregunté hace años, lo recuerdo muy bien, al eminente profesor Pierre Pichot, ex- presidente de la Sociedad Francesa de Psicología. Nos encontrábamos los dos en San Sebastiàn, con motivo de un Congreso sobre “Psiquiatría y Sociedad” y aún tengo en la memoria sus  reflexiones.

– Hay una deficiencia de la inteligencia – me dijo entonces el profesor Pichot – considerada como patológica. El niño nace con una anomalía. Tenemos medios para medir la inteligencia. Hay dos tipos de patología de la deficiencia intelectual: por ejemplo, si un niño nace con una lesión de cerebro, su inteligencia está patológicamente baja. Pero otros casos se sabe que hay una inteligencia media y baja inteligencia, pues la inteligencia, como la estatura, depende de varias cosas. En el caso de la alimentación deficiente hay una inteligencia más baja que si recibe una buena alimentación; lo mismo ocurre respecto al ambiente; si se vive en un ambiente inteligente y culto se da un crecimiento de la inteligencia. Existe también el tema de la herencia: si el padre o la madre son de baja inteligencia hay gran posibilidad que los niños sean de inteligencia baja.

La inteligencia baja, aunque sea de causa normal, puede ser patológica por una razón muy sencilla: porque no permite una adaptación a la sociedad. Para vivir en nuestra sociedad se necesita un coeficiente de inteligencia de 7o o algo más, ya que la media es de 100. Hay personas cuyo coeficiente de inteligencia es de 60; desde el punto de vista de la sociedad estas personas son consideradas enfermas porque tienen una debilidad mental patológica.

 

 

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En resumen – prosiguió Pichot -, hay dos tipos de patología. Un tipo o comportamiento es patológico porque la causa es patológica; otro tipo es patológico porque desde el punto de vista social no permite un funcionamiento normal.

Si sigo con este mismo ejemplo, puedo decir que al principio del siglo XlX los psiquiatras conocían muy bien esta enfermedad mental y consideraban como retraso mental un nivel correspondiente a un coeficiente intelectual de 50 o incluso más bajo; 60 era ya normal, ¿por qué? Porque la civilización y la cultura de principios del XlX era esencialmente agrícola y uno podía ser más independiente y podía permanecer más en el campo y ganar su vida sin demasiadas complicaciones. A partir de finales del XlX se introdujo en todos los países de la Europa occidental la escuela obligatoria. Todos los niños tenían que estudiar por la simple razón de poder participar en una civilización industrial. En ese mismo instante se comprobó que ciertos niños que hasta entonces no eran considerados patológicos, se les calificaba así, y en ese momento entran en la patología aquellos niños que no alcanzan el coeficiente  60.

El límite que se traza entre la patología y la normalidad depende de factores sociales; y se puede decir de una manera general que esto es cierto, ya que existen variaciones culturales de la tolerancia social respecto a las desviaciones  mentales. Hay ciertas sociedades con una tolerancia mayor hacia ciertas desviaciones mentales y que, por tanto, no las considera patológicas, y otras en cambio no son tolerantes y las  consideran patológicas.

Incluso cuando no hay lesión cerebral se consideran patológicas las alucinaciones, como por ejemplo, aquellas personas que escuchan voces en la habitación contigua y creen que es una conspiración contra ellas.

El gran problema que a mi parecer existe – concluyó Pichot – es el de la alienación entre el límite desde lo normal a lo patológico influidos por la tolerancia social”.

 

 

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(Imágenes -1 – Groebli – 1946/2- Ljubisa Danilovic/ 3-hannes Kilian – 1965)

JUNG Y EL INCONSCIENTE COLECTIVO

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“La gente no puede evitar el percatarse de que en casa usted es muy distinto de lo que aparenta ser en público. Usted ignora entonces quién es el verdadero hombre: ¿el que actúa en su casa y en sus relaciones íntimas o el que aparece en público?”.

Estas preguntas se las planteaba Jung hablando con Richard Evans sobre el inconsciente en general y el inconsciente colectivo en particular.

 

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Ahora, en el centenario del inconsciente colectivo, las palabras de Jung vuelven a resonar:

“La persona es un cierto sistema de conducta complicado – decía – y que es en parte dictado por la sociedad y en parte dictado por las esperanzas y deseos que cada uno cultiva (…) ¿Quién es el verdadero hombre, el de casa o el que aparece en público? Es una cuestión de Jekyll y Hyde. A veces hay tal diferencia que casi podríamos  hablar de una doble personalidad, que será tanto más neurótica cuanto más pronunciada. Se vuelven neuróticos porque actúan de dos formas distintas; se contradicen siempre a sí mismos y lo ignoran cuanto más inconscientes sean. Piensan que son un solo individuo, pero todos comprueban que son dos. Algunos le conocen sólo  por una de sus facetas; otros le conocen sólo por la otra. Y también hay situaciones en que chocan, porque su forma de ser crea ciertas situaciones con sus amistades, y estas dos situaciones no concuerdan, de hecho, son insinceras. Y cuanto más acentuada sea esta discordancia más neurótico será el individuo. Nosotros no podemos soportar demasiado bien más que dos papeles, pero hay casos en los que la gente tiene hasta cinco personalidades distintas.

 

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(…) La psique guarda problemas colectivos, convicciones colectivas. Estamos muy influidos por ellas y hay ejemplos que lo prueban. Usted pertenece a cierto partido político o a cierta religión; eso puede ser un determinante importante de su conducta. Ahora que, si surge un problema de conflicto personal, el inconsciente colectivo no es afectado. No se plantea la cuestión y por eso no actúa. Pero en el momento en que usted trasciende su esfera personal ( por ejemplo, usted intenta resolver un problema político o cualquier otra cuestión social que le importe realmente), entonces usted se enfrenta con un problema colectivo. Yo noté en mis pacientes, y especialmente en personas que ejercen una función pública, que tienen una determinada forma de presentarse. Por ejemplo, en el caso de un médico: se conduce correctamente a la cabecera del enfermo, y lo hace como uno espera que se conduzca un médico. Puede llegar, incluso, a identificarse con ello y creer que es lo que aparenta ser. Debe presentarse de cierta forma o, de lo contrario, la gente no creería que es un médico. Lo mismo sucede cuando uno es profesor: también se supone que debemos comportarnos de tal manera que parezca verosímil el ser profesor. Por eso la persona es parcialmente el resultado de las exigencias que detenta la sociedad”.

 

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(Imágenes.-1-Jung- Cartier Bresson- 1961/ 2.-foto Eva Rubinstein/ 3.- foto Hannes Kilian 1965/ 4.-Carl Jung)