RELECTURAS TREMENDAS

 

“De vez en cuando una relectura deja en el ánimo una fuerte impresión. Releo estos días tres libros muy similares que evocan una vez más brutalidades de una época. “Los jardines de Beria” , de Unto Parvilathi, “Sin fronteras”, de Helene Jeanty Raven y “La casa de los rehenes” de André Frossard. Los dos primeros relatan sufrimientos padecidos por un finlandés deportado a Siberia y de una mujer que ha de pasarse por loca para salvar a su marido de la Gestapo; el tercero, es la confesión de un súbdito francés recluido en un campo de concentración alemán. “Semanas antes de Navidad – se lee en una de esas obras – comenzamos a guardar cortezas de pan de nuestras raciones y las convertimos en galletas secándolas en los radiadores. También  secamos rebanadas muy delgadas de torta de harina de cebada. Logré hacer también dos pequeñas velas de Navidad con la cera que chorreaba sobre la mesa cuando faltaba la electricidad y nos daban una vela para nuestra celda… Escondí aquellos trocitos de cera dentro de mi  colchón  durante meses y con ellos confeccioné dos pequeñas velas del grueso de un lápiz. Estaba prohibido, por supuesto, encender velas, pero lo hicimos, y los guardias no lo notaron porque en la celda había encendida una fuerte luz eléctrica y nosotros estábamos sentados entre las velas y la mirilla de la puerta.”

Nunca nos acostumbremos a ciertos relatos y a  cuantos padecimientos ha sufrido el ser humano a través de la Historia.

(Imagen  — Adam Fuss)

BUSCA A TIENTAS MI MANO

 

“P se da vuelta en la cama y busca a tientas mi mano en medio de la soledad inconmensurable de la tierra, de la tierra infinitamente devastada. Le estaba diciendo que la primera bomba fue lanzada hace miles de años, a las 8: 15 de la mañana, en un día que seguramente no sería tan distinto a este. Le decía también que ya falta poco para que amanezca y que muy  pronto despertaremos.”

Raúl  ZuritaLittle boy” -“Zurita” –  “Tu vida rompiéndose”

 

(Imágenes-1- foto Pitr Masek/ 2. Mircea Suciu)

 

TARDE DE WATERLOO : DOSCIENTOS AÑOS

Waterloo- buun- W Heath- puzzle de trescientas cincuenta piezas- Ebay

 

18 de junio de 1815:

” Cuatrocientos cañones truenan por ambas partes desde la mañana – escribe Stefan Zweig en sus “Momentos estelares de la humanidad” –. La planicie se estremece al choque de la caballería con las tropas adversarias, que lanzan torrentes de fuego al redoble enardecedor de los tambores. Pero arriba, en lo alto de ambas colinas, los dos caudillos permanecen impasibles ante el ruido de aquella terrible tempestad humana. Están pendientes de otro sonido más apagado: el tictac de los relojes, que late como el corazón de un pájaro en sus respectivas

 

guerras-nhy la batalla de Waterloo- por William Sadler- wikipedia

 

manos, marcando el tiempo, indiferentes a los hombres que combaten. Napoleón y Wellington no separan los ojos de sus cronómetros: cuentan las horas, los minutos que han de traerles los esperados refuerzos decisivos. Wellington sabe que Blücher está cerca. Napoleón espera a Grouchy. Ninguno de los dos cuenta con más fuerzas de reserva. Las que lleguen antes decidirán la victoria. Junto al bosque empieza a distinguirse la polvorienta nube de la vanguardia prusiana. Napoleón y Wellington están pendientes de aquel enigma. ¿Se trata sólo de

 

Napoleón- buui- abdicación de Napoleón en Fontainebleau- por Paul Delaroche- mil ochocientos cuarenta y cinco

 

algunos destacamentos? ¿Es el grueso del ejército que ha escapado de Grouchy? Los ingleses resisten con sus últimas fuerzas, pero también los franceses están exhaustos. Los dos ejércitos, jadeantes, permanecen frente a frente; como dos luchadores dejan caer ya los debilitados brazos y contienen la respiración antes de acometerse por última vez. Por fin retumban los cañones por el flanco de los prusianos, se vislumbran destacamentos, se oye el ruido de la fusilería. «¡Por fin llega Grouchy! », suspira Napoleón. Confiando en que tiene el flanco asegurado,

 

guerras-bbnu- el duque de Wellington- Goya- mil ochocientos catorce

 

reúne a sus hombres y se lanza otra vez contra el centro de Wellington, para romper el anillo inglés que guarda Bruselas y hacer volar la puerta de Europa. Pero aquel fuego de fusilería no ha sido más que una desorientadora escaramuza. Desconcertados los prusianos por unos uniformes desconocidos, centran el fuego sobre los de Hannóver, pero inmediatamente se dan cuenta de su lamentable confusión y en poderoso alud salen de la espesura del bosque. No, no es Grouchy quien se acerca con sus tropas, sino Blücher, y con él la fatalidad. La noticia se difunde rápidamente entre las tropas imperiales, y empiezan a replegarse, pero conservando el orden todavía. Wellington, que comprende en seguida la crítica situación del adversario, galopa hasta la falda de la colina tan eficazmente defendida y agita el sombrero sobre su cabeza, señalando al enemigo que

 

Waterloo- bbut- bhu- E Croft- la noche de la vatalla de Waterloo

 

retrocede. Aquel gesto de triunfo es comprendido por sus hombres y, en un supremo esfuerzo, se lanzan contra la desmoralizada masa. Simultáneamente, la caballería prusiana ataca por el flanco al destrozado ejército, y se oye el grito demoledor de « ¡Sálvese quien pueda! » En pocos minutos, el gran ejército, como un incontenible torrente, impelido por el terror, arrastra incluso a Napoleón. La caballería enemiga penetra en aquel torrente convertido ya en agua mansa e inofensiva para ella, donde pesca fácilmente el coche del caudillo francés, los valores del ejército, toda la artillería abandonada en aquella espuma de angustia y desesperación. El Emperador puede salvar la vida y la libertad sólo al amparo de la noche. Pero aquel hombre que, sucio, desconcertado, medio muerto de fatiga, se deja caer del caballo a la puerta de una miserable posada, ya no es un emperador. Su imperio, su dinastía, su suerte, se han desvanecido. La falta de decisión de un hombre mediocre ha derrumbado el magnífico edificio que construyera en veinte años el más audaz y genial de los mortales”.

 

Napoleón-nuii- Napoleón en Santa Elena- Francois- Joseph Sandmann

 

(Imágenes.- 1.-batalla de Waterloo- puzzle de 350 piezas- Ebay/ 2.-batalla de Waterloo-William Sadler- Wikipedia/ 3.- Napoleón en Fontaineblau- Paul Delaroche- 1845/4.- el duque de Wellington- Goya.- 1814/ 5.-la noche de la batalla de Waterloo/ 6.-Napoleón en Santa Elena.-Francois Joseph Sandmann)

LA GRAN GUERRA (1)

guerra- nnddl-Guido Severini- cañones en acción

“El viaje duró una noche, un día y otra noche entera (….) Habiendo llegado el 22 de agosto de 1914 al pueblo de Jamoigneles- Belles, en Bélgica, el regimiento perdió sólo en la jornada del 24 a once oficiales y quinientos cuarenta y seis soldados de un total de cuarenta y cuatro oficiales y tres mil soldados. Tras replegarse durante los días 25 y 26, recibió la orden de desplegarse en la linde del bosque de Jaulnay donde, en el transcurso del combate que libró el 27, las pérdidas ascendieron a nueve oficiales y quinientos cincuenta y dos soldados. Cuando, a las cuatro semanas, el corpulento general con bigotes de hortelano, logró parar y hasta, en algunos puntos, hacer retroceder la muralla de fuego (pasando la mayor parte de aquel tiempo durmiendo, sin despertarse más que para oír la lectura de los despachos, contemplar un momento el mapa, enterarse de las reservas, dar órdenes y volver a dormirse), no quedaba ni uno solo, incluido el

2 T UMAX     Mirage II        V1.4 [4]

propio coronel, de aquellos que, oficiales y clases de tropa, una sofocante tarde de agosto y bajo las aclamaciones de la muchedumbre, habían cruzado la ciudad donde estaba de guarnición el regimiento para dirigirse a la estación y subir al tren que había de llevarlos a la frontera (…) Entre los que cayeron en el combate del 27 de agosto se hallaba un capitán de cuarenta años cuyo cuerpo aún caliente hubo de ser abandonado al pie del árbol en el que lo habían apoyado. Era un hombre bastante alto, robusto, con facciones correctas, bigote retorcido y afilado, barba cuadrada y cuyos ojos pálidos color de loza, abiertos de par en par en el apacible rostro ensangrentado, miraban por encima de los soldados el follaje

guerra mundial- ffvg. Roger de la Fresnaye- la artillería- mil  novecientos once

destrozado por las balas en el que jugaba el sol de la tarde veraniega. La sangre pastosa formaba en la guerrera una mancha de un rojo vivo cuyos bordes empezaban a secarse, ya amarronados, desapareciendo casi totalmente bajo la nube de moscas de coseletes rayados, alas grises punteadas de negro, que se apiñaban y se subían unas en otras como las que se abaten sobre los excrementos en el suelo de los bosques. La bala se había llevado el quepis y en los cabellos pegajosos de sangre aún se podía ver el surco dejado por el peine que

guerra-vvgh-Verdun- Félix Vallotton

aquella misma mañana había trazado con esmero la raya en medio enmarcada por las dos ondas. Con gran decepción por parte del soldado enemigo que se acercó prudentemente, agachado, con el dedo en el gatillo del arma, y que, atraído por la vista de los galones, se inclinó sobre el cuerpo, apartando las moscas para registrarlo, los bolsillos de la guerrera estaban vacíos y no encontró ni el reloj de oro con carillón, ni la cartera, ni ningún otro objeto de valor. Más tarde, junto con la cartera, se mandó todo a la viuda, incluida una mitad de la plaquita grisácea que llevaba el nombre del muerto y estaba fijada a la muñeca por medio de una

guerra-vvhhu-Max Edler von Poosch- una escuadrilla- mil novecientos diecisiete

cadenita, conservándose en las oficinas de los efectivos la otra mitad de la placa partida siguiendo una línea de puntos varios hechos ex profeso con embutidera (…) En cuanto al juego de fumador de esmalte decorado con aves chinas de color añil con vientres rosa que volaban sobre nenúfares, había sido cuidadosamente guardado antes del combate en el estrecho baúl de metal reglamentario, pintado de un verde oscuro y sujetado con correas, transportado en los furgones con el equipaje de la compañía.”

Claude Simon.- “La acacia”

(Recuerdos de vidas únicas al cumplirse un siglo de la Primera Guerra Mundial)

guerra-ffcvvb-Sydey Carline- la destrucción de un convoy- mil novecientos dieciocho.- museo imperial de la guerrra- Londres

(Imágenes.-1.-Guido Severini.-cañones en acción/2.- André Dunoyer de Segonzac– preparación de artillerería-1915/3.-Roger de la Fresnaye.-la artillería- 1911/4.-Félix Vallotton– Verdun/ 5.-Max Edler von Poosch– una escuadrilla- 1917/ 6.-Sydney Carline– 1918)

DESPUÉS DE CADA GUERRA

“Después de cada guerra

alguien tiene que hacer limpieza.

Un mínimo orden no se hará solo.

Alguien tiene que apartar los escombros

de los caminos

para que puedan pasar

carros llenos de cadáveres.

Alguien tiene que hundirse

en el fango y en la ceniza,

en los muelles de los sofás,

en las esquirlas de vidrio

y en los trapos ensangrentados.

Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar la pared,

alguien debe poner cristales en las ventanas

y colocar la puerta en los goznes”.

Wislawa Szymborska.

(Imágenes:- 1.-Sam Weber.- Soldado de invierno/2.-Albrecht Altdorfer.-la batalla de Alejandro.- detalle.-1529)

INTERNET, GULAG, EL HOLOCAUSTO, EL OLVIDO

“¿ Habría sido posible el Holocausto si hubiera existido Internet? – se pregunta Umberto Eco – No estoy seguro. Todos habrían sabido inmediatamente lo que estaba pasando. La situación es la misma en China. Aunque los dirigentes políticos chinos se esfuercen en filtrar los sitios a los que pueden acceder los ciudadanos, la información circula, y en los dos sentidos. Los chinos pueden saber lo que sucede en el resto del mundo. Y nosotros sabemos algo de lo que sucede en China. En la sociedad de la globalización estamos informados de todo y podemos actuar en consecuencia”.

Mantiene este coloquio Umberto Eco charlando sobre el papel de Internet y de la censura con Jean-Claude Carrière, actor, guionista y dramaturgo europeo y esa interesante conversación, que aborda múltiples aspectos, queda recogida enNadie acabará con los libros” (Lumen). Carrière completa la opinión que tiene Eco indicando que “para poner a punto esta censura en Internet, los chinos han concebido sistemas extremadamente sofisticados, pero no funcionan a la perfección. Simplemente porque los internautas acaban por encontrar siempre el parche adecuado. En China, como en todas partes, la gente usa el móvil para filmar aquello de lo que es testigo y hacer circular esas imágenes en todo el mundo. Será cada vez más difícil esconder algo. El porvenir de los dictadores es sombrío. Tendrán que actuar en la más profunda oscuridad”.

Pero hay un momento en este diálogo en que las palabras se hacen aún más interesantes: cuando Umberto Eco se refiere a otra forma de censura actual, ladamnatio memoriae“, imaginada por los romanos, que quizá supondría un nuevo reto para Internet. “Votada por el Senado – explica Eco -, la “damnatio memoriae” consistía en condenar a alguien, post morten, al silencio, al olvido. Se trataba de eliminar su nombre de los registros públicos o de hacer desaparecer las estadísticas que lo representaban, o incluso declarar nefasto el día de su nacimiento. Más o menos es lo mismo que se hacía bajo el estalinismo, cuando se eliminaba la foto de un antiguo dirigente, exiliado o asesinado. Así sucedió con Trotsky. Hoy sería más difícil hacer desaparecer a alguien de una foto sin que se encontrara al instante la otra foto circulando libremente en Internet. El desaparecido no seguiría siendo tal durante mucho tiempo”.

Pero llegamos así a un paso más, en el que Umberto Eco se acerca, con gran lógica, a las fronteras de la ciencia-ficción. “Una dictadura –añade – que quisera eliminar cualquier posibilidad de acceder, por Internet, a las fuentes del conocimiento, podría difundir un virus para destruir todos los datos personales en todos los ordenadores, y conseguir así un gigantesco apagón de la información. Quizá la posibilidad de destruir todo no existe en la medida en que archivamos nuestra información en los pen-drive. Pero, en fin. Tal vez esta ciberdictadura podría llegar a eliminar ¿el 80 por ciento de nuestros archivos personales?”.

¿Estamos tocando así la ciencia-ficción o es eso una posibilidad real? Y sobre todo, la reflexión de Eco sigue en pie: ¿Habría sido posible el Holocausto si hubiera existido Internet? Habría que añadir: ¿habría sido posible el Gulag? Sabemos que el coro griego era un instrumento para expresar una emoción completa y última ante hechos terribles o notables. Llevaba al auditorio emociones que los personajes no siempre podían comunicar en toda su intensidad. El coro entregaba la emoción sublimada.  Este actual coro global de pantallas y móviles filmando instantáneas espontáneas, tantas veces anunciador y denunciador de hechos que al auditorio se le intentan ocultar, quizá, como dice Eco, y gracias a  su aviso incesante, habría revelado – e incluso detenido – muchas crueles matanzas.

(Imágenes:-1-interior de un Gulag.-1936-1937.-wikipedia/ 2. sobre el-Holocausto.-12 de abril 1945.-cerca de 2o.ooo muertos.-wikipedia)

EL ARTE DEL PODER

Estas armaduras alejadas de los campos de batalla y colocadas estos días en salas de paz o de silencio, muestran ahora en el Museo del Prado aquello que fue un día la protección del poder, guerreros protegidos de cuantos peones les asediaban en tiempo de escaramuzas de infantes, antes de que los arcabuces lanzaran balas contra los hierros. Hoy el poder se resguarda con otro tipo de armaduras más sofisticadas e invisibles y a pesar de tal opresión los escritores frente al poder (Caralt) nos han ido entregando importantes testimonios en el siglo XX, como el de Sabato o Montale , Carlos Fuentes o Heinrich Böll y también de Vassilikos, de Gombrowicz Scorza o Ehrenburg.

Pero en los siglos XVl y XVll los escritores frente al poder no se reunían en libro, aunque las obras indivuales criticaban los abusos de tanto guerrero embozado, sus espaldas de acero,  piernas embutidas en rodilleras, codos escondidos en guardabrazos, manos ocultas en manoplas. Una armadura completa pesaba hasta 48 kilos, pero debajo de esa armadura estaba, bajo las camisas y vestidos, la carne y la sangre, y la sangre tenía, como siempre ha tenido en la historia y en la vida, su indiscutible color rojo.

Ese color de sangre, de un rojo vivo, teñía también la indumentaria del siglo XVl en varios países de Europa, y así del Guardarropa de Enrique Vlll podemos conocer sus jubones de terciopelo azul y rojo, forrados con tela de oro. Era el rojo de siempre manando de las heridas que podían escaparse por las rendijas de aquellas armaduras que no la conseguían detener. A veces las armaduras de los poderosos no lo protegen todo. Los peones que las cercan consiguen penetrar entre cascos y corazas hasta rasgar al fondo bruñidos y damasquinados y llegar a la piel. Es la presión de la libertad. La que oprime con su fuerza láminas movibles. La que hace tambalearse el arte del poder. Un poder que en la Historia ha llenado las plazas de mítines y luego ha querido, con diversas armaduras, perpetuarse.

Imágenes.-1 y 2.-diversas armaduras de la actual exposición en el Museo del Prado/ 3.-cartel de la exposición en Madrid, que estará abierta hasta el 23 de mayo)