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Posts Tagged ‘Grecia’

 

 

Narra Lawrence Durrell en sus “Islas griegas” una historia contada por un campesino analfabeto de Eubea, que es de suponer la conociera por una larga tradición oral, y que dice así:

”De camino a Náxos, San Dionisio vio una pequeña planta que excitó su curiosidad. La sacó de la tierra y como el sol era fuerte le buscó una sombra. Mirando a su alrededor, vio un hueso de pata de pájaro y en él colocó la planta para protegerla, pero ésta creció y creció y al buscar un abrigo mayor se encontró con un hueso de pata de león. Como no podía deshacerse del hueso de pájaro, metió todo dentro del de león. Pero seguía creciendo y creciendo, y él, buscando, se encontró con el hueso de la pata de un asno, lo metió todo dentro. Así llegó a Náxos y, cuando plantó la primera vid, pues ésta era la primera vid, no pudo separarla de lo que la cubría, así que enterró todo junto. Entonces la vid dio uvas y los hombres hicieron vino, ¡y lo bebieron por primera vez! Al principio, cuando bebían, cantaban como pájaros, después siguieron y se hicieron fuertes como leones; así continuaron, hasta que, por último, se volvieron tontos como asnos.”

 

 

(Imágenes -1- Grecia/ 2- playa de la isla de Náxos)

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ciudades-ubbn- Atenas- foto Dimosthenis Kapa

 

Ahora que Grecia está de tanta actualidad, mi memoria camina hacia atrás y se sumerge en aquella noche, hace muchos años, paseando por el barrio ateniense del Pireo, iluminados todos sus muelles, derrochando luz las cornisas ante las que se balanceaban innumerables yates de recreo. El recorrido luego por el barrio de Placa, pintorescas calles empinadas, tabernas abiertas a una música lenta y melodiosa, los pasos danzarines de “Zorba el griego“: cadencias lentas y movimientos a veces más variados, más ágiles en su contorsión, sobre todo en tabernas donde lo turco y lo griego se entremezclan, aires y danzas de los hombres. Después los descensos por callejas a los acordes de la música griega con lamentos y gritos de cánticos. Un cielo oscuro cubría aquella noche de marzo una Atenas llamativa y gozosa para la música, escalones del popular barrio de Placa con luces e instrumentos que se iban alternando, subían y bajaban turistas de todos los países acunados por  aquellas palmadas y compases, el chasquido de los dedos unido al alto movimiento de los brazos al girar en el aire y el andar y desandar trenzando piernas de bailarines masculinos que en camisa se dejaban llevar por la música, por el rito, por la noche, por cuanto llevaban dentro, en acordes, en tradiciones griegas que ahora mi memoria recoge.

José Julio Perlado

 

Atenas-unnh- Dimosthenis Kapa-athenscityawesome

 

(Imágenes. – Dimosthenis Kapa)

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“Hay más de dos mil islas griegas, muchas de las cuales no son sino un simple peñón, a lo sumo un campo, hasta el cual lleva el pastor su rebaño, por mar, para que paste –cuenta Lawrence Durrell en su libroLas islas griegas(1978) -. Las islas habitadas difieren mucho en su tamaño y población, desde un pueblecito de cien almas hasta la gran Samos, por ejemplo, que cuenta al menos con dos grandes ciudades. Algunas de las pequeñas están a merced del propietario de la barca, y el turista sólo las verá por casualidad”.

“El primer cuco y los primeros vientos de primavera llegan en marzo” – nos sigue explicando Durrell -. En las islas más meridionales las primeras cigarras empiezan a dar la bienvenida al sol, y las golondrinas a construir sus nidos en los aleros de las casas. (“Destruye sus nidos y te saldrán pecas“, dice el dicho popular). El día uno de marzo, los chicos hacen una golondrina de madera, la adornan con flores y van de casa en casa pidiendo dinero y cantando una cancioncita que varía de unos lugares a otros. Es una costumbre antiquísima, ya mencionada por los autores clásicos”.

“En algunas de las islas, los campesinos piensan que en marzo trae mala suerte regar o plantar vegetales durante los tres primeros días del mes. Los árboles que se planten se secarán. El sol de marzo quema la piel; un hilo rojo y blanco en la muñeca impedirá que sus hijos sufran las quemaduras solares”.

“Empiezan también en marzo a florecer algunas orquídeas de color púrpura que crecen en las zonas pantanosas. Aparecen los lirios. El lirio amarillo, de color brillante, asoma en las acequias y en otros lugares pantanosos con sus banderas como de cuarentena”.

“Todavía se encuentran narcisos en marzo; las anémonas van desapareciendo; y aún se hallan hierbas doncellas. Por su parte, el naranjo y el brezo están en plena floración”.

“Cuando partas para Ítaca ( escribió Kavafis)

ruega que tu camino sea largo,

lleno de aventuras y descubrimientos.

Lestrigones, Cíclopes, encrespado Poseidón,

no los temas, nunca encontrarás

tales apariciones si tus pensamientos son altos,

siempre que la gran aventura estimule

espíritu y mente.

Lestrigones, Cíclopes y encrespado Poseidón,

no los encontrarás a menos que tu pensamiento

los haya albergado y los haga emerger”.

“He bajado a sumergirme en el mar cálido y diáfano – escribe Nikos Kazantakis a Eleni Samios en 1933 –y luego me he tendido en una roca para secarme. Me dejo invadir  por una ligera somnolencia y esta tarde no trabajaré, saboreando la dicha futura. Vendrás, verás este mar y tendrás la visión divina del Sarónico. Aquí se encuentra la sublime soledad y la dulzura: como si nos hallásemos en el fin del mundo y nada pudiera molestarnos”.

Los cristales de las islas bajo el sol de tantos viajeros y poetas nos evocan lo que hoy nos ocultan de Grecia los telediarios.

Al otro lado de los estremecimientos económicos y los temblores bursátiles, extendida en el tiempo, sigue reposando impasible la prosa del mar.

(Imágenes:–1 y 2-islas griegas/ 3 y 4-isla de Santorini.-wikipedia/5.-isla de Naxos/6.-isla de Siros/ 7.-isla de Amorgos/ 8- isla de Lefkada)

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         ” Mi hermano Oscar vive en el palacio de Cnossos, en lo profundo del Laberinto.

          Mi hermano ya es un laberinto en sí mismo. Para llegar hasta él hay que entrar por la llamada “logia de los guardianes” y allí todo el que quiera encontrarle debe aguardar durante cierto tiempo en la sala de espera. Se abre luego la puerta del “Corredor de la Procesión“. Óscar deja caer un vestíbulo que da a unos pozos de luz y consigue que ascienda lentamente la Sala del Trono. Normalmente, mi hermano observa bien al recién llegado desde el corredor central, oculto bajo los escalones que conducen al primer piso. El visitante se encuentra de repente en una cripta de columnas que da a la cámara del tesoro, sin saber a ciencia cierta hacia dónde dirigirse: si encaminarse hacia el Santuario o bajar al encuentro de la denominada “terraza subterránea“. Óscar se coloca entonces en un monumental palacete que hay en el ala Este. Cada paso que da quien acaba de llegar es imitado sistemáticamen­te por mi hermano, que lo destruye al primer contacto. Es así como el visitante se va alejando a cada momento de Óscar, a la vez que Óscar se aleja del visitante. El juego de las piernas y el ritmo exacto de las articulaciones se hace esencial. Es un “ballet” de sombras, una separación progresiva y matemática en la que Óscar llega a ser un maestro. Único ser humano que ha logrado el encuentro al revés, Óscar domina a quien quiere verle. El recién llegado no posee conocimiento para saber que conforme se acerca se aleja, y que será en el total alejamiento donde hallará su final. Nadie, por tanto, ha podido encontrarse con Óscar sino en la lejanía. Nadie que no sea alguien que él desee ha visto con claridad a mi hermano y mi hermano nunca ha visto a nadie. No se conoce, pues, su aspecto. Sólo se le intuye. Se dice de este hermano mío que tiene mil cabezas y que él es el Minotauro. Jamás se podrá comprobar, ya que el Minotauro es tan desconocido como mi hermano. Y sin embargo hay gentes que han alcanzado a vislumbrar su penumbra. Comentan de él que extiende un eco negro que cubre toda Creta y que llega hasta el mar.

 

          ¿Es hijo de mi madre, como yo, o es una isla? Indudablemente es una isla anclada sobre el tiempo. El tiempo griego se identifica con Óscar. De tal modo, que mientras el resto de los hombres viaja por los siglos, él permanece agazapado antes del siglo primero, en una noche de milenios. Por ello se ha hablado tanto de sus pies de arcilla, su cuerpo de negociante y su cabeza de marino. Con los pies alcanza su perfección en la cerámica, con el cuerpo compra y vende palacios, con la cabeza suele beber del mar. Es entonces cuando mi hermano se identifica con Creta y Creta misma es Óscar. Desde que se pisa la isla, los pies se hunden en el ser humano. Astutamente, él va dejando que se acerquen. Puede uno moverse sobre Creta ya que Creta parece dormida. Seguirá dormida mientras mi hermano permanezca inmóvil. Él puede vivir inmóvil, aguardando a quienes le visitan. Ha colocado casas y hombres y ruinas sobre su piel. Está Canea, está Festos, está Heraclión. Y cuando Creta se despereza, cuando este hermano mío sacude su sueño, un gran animal de tierra aparece en el Egeo meridional. Es Óscar que silenciosamente se agita en el océano. Sin el menor ruido, comienza a remover arena. Entonces las ciudades parecen tambalear­se. Vacila el monte Ida y pierde el equilibrio el monte Lassithi. Óscar va levantando su grupa en el aire y toda la isla se eleva sobre el mar. Lo que no ha podido hacer nunca –viajar en los espacios–, intenta mi hermano hacerlo ahora. Por eso dicen que a Creta se la ha visto andar por el mar Egeo y el mar Jónico. La única isla que no solamente puede nadar sino que puede andar, busca afanosamente su destino. Hay rumores de que mi hermano se acerca hasta Corfú o se vuelve hacia Rodas. Sabe que no puede llegar hasta Salónica porque el Egeo está lleno de piedras que son islas auténticas. Él es la isla humana, mitad animal‑mitad tierra, que se abre camino sobre el agua. Se oye un sordo movimiento en la noche cuando Grecia duerme. Creta cree que no le mira Grecia, pero Grecia posee ojos invisibles. Jamás deja escapar a un enemigo. Óscar no es enemigo ni amigo de Grecia: desea huir de su dominio. Creta ama la libertad. Redes de agua procuran apresarla. El agua es resplandor transparente: Óscar sabe que son Jónico y Egeo en el instante en que se entienden. Egeo y Jónico murmuran sobre Creta. Es el susurro que rodea las islas, ese viento marino que oyen los campesinos: los griegos conocen el lenguaje del mar.

          Entonces Óscar escucha a las aguas, pero las aguas se le escapan. Se dice que él anda mientras las aguas fluyen. Se esconden por debajo de su cuerpo, le bañan, le emborrachan. Ebrio de mar, mi hermano es atrapado. Cae de bruces, le empapa el océano. A veces se le encuentra perdido, la senda de los siglos le rodea. Quiere hablar con la leyenda y con la historia. Sabe, sin embargo, que no podrá escapar. Griega es la sal de la que ha bebido y griega es su tierra que se extiende. Es más animal que nunca, menos humano. Con torpeza, sin ningún cuidado, Óscar intenta recordar. Sueña con vasos, con marfil. Aparta ese líquido de sueños y se esfuerza por soñar con Asia y con Egipto. Viene a él implacablemente la cerámica, la arcilla: la arcilla le conduce al Laberinto. Cuando se despierta se revuelve en sí mismo. No puede desatarse de su propia condición. Está rodeado de frescos. Las pinturas murales aparecen y desaparecen, le hacen guiños. Óscar sigue siendo isla, pero Creta es solamente Cnossos. El palacio de Cnossos se extiende hasta tocar el mar. Dibujos y jarros irán mansamente a flotar en el agua. La cultura de Creta expande el océano. Es lo que segrega mi hermano, aquello que se le escapa. Hundido en lo más hondo de sus ruinas, el palacio medita. Piensa cómo expulsar aún más al visitante para acercarle alejándole. El Laberinto recorre ahora la isla igual que una serpiente. Siembra enroscada la equivocación. Ha dejado caer ese hilo invisible, el que anuda el cuerpo de mi hermano. La gran astucia es no ser hilo de Ariadna que le salve, sino el que nunca le dejará huir. Óscar se ha reducido a Cnossos y Cnossos al Laberinto. El Laberinto, a su vez, se ha extendido. Ya nadie sabrá dónde está cómo y quién está dónde. El lenguaje jeroglífico va por dentro del hilo. Ese hilo se extiende formando el Laberinto. El Laberinto deja que el palacio busque en Óscar a Cnossos y se encuentre en Creta. Retorna Creta a Cnossos, le abre Óscar y entra en el palacio. Mi hermano está perplejo.

          El palacio comienza a moverse mientras mi hermano permanece quieto. Avanza un toro de oro cortado por un hacha que mete la cabeza en un anillo. Cae el anillo en un vaso, estalla en un friso y los caballos del friso galopan hasta un casco de bronce que atraviesa una espada de pintura mural. Un león de alabastro devora la pintura mural, y comienzan a desperazarse las ruinas.

          Así, de pronto, piso yo lentamente la piel de mi hermano”.

José Julio Perlado: (del libro “Nosotros, los Darnius“) (relato inédito)

(Imágenes:-1.-Keith Harring.- Hamilton- Selway Fine Art-arnet/ 2. Keith Harring.-artnet/3.-Keith Harring.-1988.-Hamilton Selway- Fine Art-artnet)

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Atenas.-1.-Partenon.-foto Milos Bicanski.-Getty Images.-The New York TimesCuando contemplo cómo las llamas parece que felizmente dejan de acosar a la belleza recuerdo aquellas palabras de Giorgos Seferis: ” En el Partenón – cuantos prefieren ver la Acrópolis a la luz de la luna no sé si podrán seguirme – tenemos exactamente dos causas distintas de sensaciones, que coexisten en el mismo objeto. Una histórica, arqueológica, cíclica digamos, me hace soñar en un viaje al pasado, filosofar sobre la vanidad de los actos humanos, rebelarme contra las bombas de Murozzini, quedarme extasiado ante la belleza de la vida de los antiguos griegos; la otra, estética, es otro supuesto muy distinto; es una presencia súbita, fuerte y exclusiva, un manto de mármol que me cubre por entero, una voz que no comprendo, pero siento, no obstante, la necesidad de hablar como ella, para entenderla”. (“Diálogo sobre la poesía y otros ensayos”) (Júcar)

El fuego y el mal nunca atacan solamente a la arqueología o a la Historia sino también a las sensaciones que ni siquiera los poetas saben describir.Atenas.-2.-fuego en Grecia.-fotoi Yiorgos Karahalis.-Reuters.-The New York Times

(Imágenes:- 1.-foto de Milos Bicanski/Getty Images.-The New York Times/ 2.-foto de Yiorgos Karahalis/ Reuters.-The New York Times)

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