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Posts Tagged ‘Giuseppe de Nitis’

 

Entre muchos otros personajes de las novelas del reciente Premio Nobel de Literatura,  Kazuo Ishiguro, el mayordomo de su libro “Lo que queda del día” (1989), con sus medidos silencios y sus pausas, sus paseos solícitos y sigilosos por la casa, los movimientos indecisos de su corazón y sus modos de decir y de actuar, ha sido muy estudiado por los comentaristas y críticos actuales. David Lodge en “El arte de la ficción”, lo define como un “narrador poco fiable”, que nos fascina sin embargo con sus intervenciones y a la vez nos desorienta en sus intenciones íntimas. Es un mayordomo –  magistralmente interpretado luego  en el cine – que “no es un hombre malvado, pero su vida se ha basado en la supresión y evasión de la verdad, sobre sí mismo y sobre los demás. Su relato – recuerda Lodge – es una especie de confesión, pero está infestada de retorcidas justificaciones de su propia conducta y alegatos en defensa propia y sólo al final consigue entenderse a sí mismo, demasiado tarde para que le sirva de algo”.

Stevens, este narrador -mayordomo en la historia enmarcada en 1956 “ habla o escribe en un estilo quisquillosamente preciso y estirado; en una palabra, en una jerga de mayordomo. Objetivamente considerado, ese estilo no tiene el menor mérito literario. Carece por completo de ingenio, sensualidad y originalidad. Su eficacia como vehículo para esta novela reside precisamente en nuestra creciente percepción de su falta de sintonía con lo que describe”.

Y sin embargo quedará en nuestra memoria como un personaje que recordaremos, un persona de singular originalidad.

 

 

(Imágenes-1-Hans Wild/2- Giuseppe de Nittis)

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“Súbita, inesperada, espesa nieve

ciega el último oro

de los bosques.

Un orden nuevo y frío

sucede a la opulencia del otoño.

Troncos indiferentes.

Silencio dilatado en muertos ecos.

Sólo los cuervos

protestan en voz alta,

descienden a los valles

y – airados e insolentes –

ocupan los jardines

con su negro equipaje de plumas y graznidos.

Inquietantes, incómodos, severos,

desde sus altos púlpitos marchitos

increpan a la tarde de noviembre

que exhibe todavía

entre sus galas secas

la belleza impasible de una rosa”.

Ángel González.- “Rosa de escándalo“( Alburquerque, noviembre) ( American Landscapes)

(Imágenes.-2.-Giuseppe de Nittis.-1875/ 2.-Ansel Adams.-1932)

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Para…

Comer

Saborear

Almorzar

Deleitarse

Limpiar

Cocer a fuego lento

Vestir.

Sin olvidar…

Salar

Perfumar

Pimentar

Sazonar

Aromatizar

Vinagrear

Especiar

Aceitar

Acomodar

Realzar.

Con precisión…

Cortar

Tallar

Picar

Escalopar

Recortar

Rallar.

Y luego hacer…

Cocer

Freír

Asar

Hervir

Cocer lento

Saltear

Brasear

Dorar

Rustir

Pasar

Revolver

Guisar

Colorear

Hacer sudar

Flambear

Confitar

Blanquear

Reducir

Ahora sólo falta…

Cubrir

Disponer

Convidar

Invitar

Acoger

Recibir

Instalar

Colocar

Sentarse a la mesa

Servir

Compartir.

Sin olvidar…

Decorar

Poner flores

Disponer

Iluminar

Adornar

Amenizar

Embellecer

Aclarar.

Y entonces…

Sentarse

Oler

Cerrar los ojos

Sonreir

Degustar

Ser feliz

Degustarlo”.

Alain Ducasse.-El poema Gourmand”

(Imágenes.-1.- Pieter Aersten.-escena de mercado,.1550.-Alta Pinacoteca de Munich/.-2.-Claude Monet.-El almuerzo.-1873/ 3.-Giuseppe de Nittis/ 4.-Edouard Manet.-almuerzo en el taller.-1868)

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“Son palabras blancas“, dijo Susan, “como los cantos rodados que se encuentran en la playa”.– escribe Virginia Woolf en “Las olas“.

“Mueven la cola a derecha e izquierda cuando les habla”, dijo Bernard  (y así se expresa en esa misma novela). “Menean las cola, agitan la cola, se mueven por el aire en rebaño, ahora aquí, ahora hacia allá, avanzan juntas, ahora se separan, ahora se reúnen”.

“Son palabras amarillas, son palabras flamígeras”, dijo Jinny. “Me gustaría tener un vestido llameante, un vestido amarillo, un vestido leonado, para ponérmelo, para ponérmelo por la noche”.

El color destaca en esta novelista inglesa de modo indudable.”Ahora se han ido todos, dijo Louis. “Estoy solo. Todos han entrado en la casa para desayunar, y he quedado en pie junto al muro entre las flores. Es muy temprano, antes de las clases. Flor tras flor puntean la profundidad verde. Los pétalos son arlequines. Los tallos surgen de los negros hoyos. Las flores nadan como peces de luz, en la superficie de las oscuras aguas verdes. Sostengo un tallo en la mano. Soy el tallo. Mis raíces descienden hasta las profundidades del mundo, a través de tierras secas, de roca, a través de húmedas tierras, de vetas de plomo y de plata. Soy todo fibra. Todos los temblores me estremecen, y el peso de la tierra oprime mis costillares. Aquí, mis ojos son hojas verdes que no ven. Soy un chico vestido de franela gris, con un  cinturón de hebilla en forma de serpiente, aquí. Allá, abajo, mis ojos son los ojos sin párpados de una estatua de piedra en un desierto junto al Nilo. Veo mujeres que pasan, con cántaros rojos, camino del río”.

Son los colores los que que dan un tono especial a esta novela  de Virginia Woolf, como serán los sonidos en otros paisajes y en diversos novelistas  (se ha hablado, por ejemplo, de “la gran oreja” de la francesa Nathalie Sarraute, – del  rumor que retiene su prosa – o de lo visual en Robbe-Grillet). Paisajes y ciudades quedan apresados por distintos estilos y en el caso de “Las olas”– como recordó el crítico Ralph Freedman – “los poemas en prosa describen simultáneamente un ciclo del alba al anochecer, de la primavera al invierno, del amanecer de la historia a su declinamiento e inminente perdición. (…) El sol pasa por todas las fases en las que, por ejemplo, el calor de la cosecha de verano se identifica con el intenso calor de las primeras horas de la tarde”.

Son los sentidos en la literatura: son el ojo, el oído y la voz.

(Imágenes.1.-Norman Bluhm/ 2.-Isaac Layman.-2011.-Frye Art Museum/ 3.-Grace Gollen.-Hampstead Road.-1934.-petipoulailler/4- Giuseppe de Nittis.-/5.--Pete Turner.-Time Square 1958/ VirginiaWoolf en Monk.-Sussex)

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