PARÍS & SIMENON & MAIGRET

maigret.-8junm.-Simenon en su domicilio de Lausanne.-photo. ina.fr

«Durante largo tiempo – confesaba Simenon -, la víspera de empezar una novela, afilaba minuciosamente cinco docenas de lápices, todos ellos de la misma marca, que, dentro de un cilindro de cuero, formaban un manojo. Incluso el hecho de afilarlos era para mí un placer. No hay que olvidar, como ya he dicho en alguna ocasión, que yo he soñado desde hace largo tiempo en ser un monje de la Edad Media en su celda blanqueada, copiando con un hábil pincel textos romanos o griegos que, si no fuera por tal copia, quedarían desconocidos. (…) Mis lápices, mi papel amarillo, mis páginas que se iban cubriendo poco a poco de letras bien formadas, eran un poco como mis incunables. (…) Cada tarde, yo volvía a afilar mis sesenta y tantos lápices con la ayuda de un pequeño aparato eléctrico, y ponía en ese trabajo el mismo amor que en el escribir. Porque tras cinco o seis líneas, debía cambiar de lapicero ya que la mina, al hacerse más gruesa, no me dejaba trazar bien los caracteres. Con frecuencia he contestado a los periodistas cuando me preguntaban:

– Yo no soy un intelectual sino un artesano.

Ellos sonreían incrédulos, y sin embargo cuando yo afilaba mis lápices, cuando yo escribía apenas una línea, era sobre todo un artesano, lo mismo que cuando a la mañana siguiente tecleaba todo eso en la máquina».

maigret.-rrcttg.- Jean Philippe Charbonier.-1951.-transphotographies. com

Al otro lado de las ventanas de estas palabras, los rincones, las vidas y los interiores de París pasan despacio, con su aparente monotonía, mientras Simenon (ahora en otra ocasión) sigue hablando : «Si tengo esta disciplina, si yo escribo tantas novelas por año, es porque existe una señal de alarma que siempre ha funcionado. Cuando no me he encontrado bien le he dicho a mi médico lo que me pasaba y él me ha respondido: «¿Cuándo empieza usted una nueva novela?». Yo le he contestado: «Dentro de ocho días». Y él me ha respondido: «Entonces esto va bien» Es un poco como cuando él me hacía una receta y escribía: «Hacer una novela lo más rápidamente posible». Es mi terapia, aquella que mejor me conviene».

Maigret.-rt6.-Simenon con Etienne Lalou en una café cerca del Quai des Orfévres.-photo.ina.fr

«Maigret no es un hombre inteligente – le confiaba también Simenon a Roger Stéphane -. Es un intuitivo. En absoluto el hombre de mirada aguda que se da cuenta inmediatamente del pequeño detalle. Incluso diría que en las primeras novelas, él tenía un aire casi bovino. Era un tipo enorme, un poco paquidermo, que se paseaba, que aspiraba, que palpaba y que ha continuado como entonces más o menos. Dicho de otro modo, es un intuitivo que, exteriormente, no tiene nada de maligno (…) O también dicho de otra forma, un hombre muy ordinario en apariencia, también de una inteligencia ordinaria, de una cultura media, pero que sabe aspirar el interior de las gentes. Bebe bastante. Le gusta mucho comer, sobre todo platos simples, eso que yo llamaría los platos del pueblo. Adora el guisado; la carne mechada es uno de sus platos preferidos. Es casi un plato de portería, ¿no es cierto? Lo que se cuece a fuego lento en muchos lugares. Maigret apenas tiene mis gustos (…) Su apartamento no es ni feo ni bonito. Es un apartamento de un funcionario parisino. No tiene gustos particularmente modernos. Es un apartamento confortable. Lo que a él más le importa es tener un sillón a la medida de su cuerpo, con una buena iluminación para leer bien los periódicos».

maigret.-yynhh.-Willy Ronis.-afterinagegallery, com

Al otro lado de las ventanas de estas palabras suben y bajan las escaleras de París, con su aparente monotonía, mujeres y hombres que un día posiblemente serán personajes atisbados por ese paciente y grueso Maigret del que alguna vez ya he hablado en Mi Siglo.

(Imágenes: 1.-Georges Simenon en su domicilio de Lausanne.- photo. ina. fr/2.-Jean-Philippe Charbonier.-transphotographies.com/3.Simenon con Etienne Lalou en un café cercano al Quai des Orfévres/ 4.-Willy Ronis.-afterinagegallery.com)

¿ QUIÉN ES MAIGRET ?

¿Quién ha podido contar mejor cómo es Maigret  sino su creador? En 1953 Simenon redactó una descripción del inspector y se la entregó a un productor cinematográfico. En síntesis, decía así:

«Maigret tiene entre 45 y 5o años. Nació en un  castillo, en el centro de Francia, en el que su padre ocupaba el cargo de administrador. Es, pues, de origen campesino, robusto y fornido, pero posee cierta educación (…). Su vida privada es muy tranquila. Tiene una esposa dulce, rolliza, tierna y sencilla, que lo llama respetuosamente Maigret ( de tal manera que todo el mundo terminó por olvidar su ridículo nombre, Jules). Ella mantiene su hogar minuciosamente limpio, le prepara suculentos guisos, le cuida las heridas, jamás se impacienta cuando él permanece muchos días fuera de casa, soporta con indulgencia sus altibajos. Le horrorizan los cambios y vive desde hace veinte años en el mismo piso, en un barrio ni rico ni pobre, de modestos trabajadores.

Maigret es bastante grueso, plácido, fuma en pipa con cortas y golosas bocanadas, le gusta comer bien, y también beber: a veces cerveza, a veces tragos cortos de buenos aguardientes. Le gusta deambular por las calles y sentarse en la terraza de algún café.

Un caso criminal nunca es para él un caso más o menos científico, un problema abstracto. Es tan sólo un caso humano. Le gusta husmear el rastro dejado por un hombre como un perro de caza olfatea una pista. Quiere comprender. Se mete en la piel de sus personajes, de quienes, poco antes de verlos por primera vez, lo desconoce todo, y cuando hay un crimen, necesita averiguar hasta los más pequeños detalles. Otorga mucha importancia al ambiente en el que viven. Cree firmemente que determinado gesto no habría sido el mismo en un ambiente distinto, que un carácter evolucionaría de otra manera en cualquier otro barrio.

Es lento, pesado, paciente. Espera el déclic. El déclic, al que se refieren con afectuosa y respetuosa ironía sus colegas, es el momento en que Maigret, empapado de un ambiente y de los personajes a los que acaba de seguir paso a paso durante horas, días y semanas, consigue por fin pensar y sentir como ellos. (…)

Se sirve de los inspectores de su brigada, pero siempre prefiere acudir él, en persona, al lugar indicado, seguir él mismo los rastros, hacer vigilancias y diligencias que muchos considerarían incompatibles con su cargo. Quiere husmear a las personas y los lugares por sí mismo, hurgar por todas partes; aunque en ocasiones se siente descorazonado, nunca pierde la paciencia, y muchas veces se le podría creer borracho o dormido precisamente en el momento en que está más despierto.

Odia la maldad deliberada, odia a los hombres que impregnan el mal de sangre fría, y se muestra feroz con la hipocresía. Por el contrario, es indulgente para con las faltas que son fruto de las debilidades de la naturaleza humana. Un joven o una joven que van por mal camino le inspiran no sólo piedad, sino irritación contra su suerte o contra la organización social que está en el origen de esa mala orientación.

A veces incluso olvida que es un instrumento de la ley y ayuda a determinados culpables a escapar a un castigo que considera exagerado. Cuando puede, intenta, como en sus sueños juveniles, remendar los destinos. Lo cual le crea frecuentemente conflictos con sus superiores y sobre todo con los magistrados, que juzgan a los hombres tan sólo a la luz de los textos de las leyes (…)».

Así describió Simenon a Maigret y así queda recogido en el apéndice del volumen conjunto  «El mismo cuento distinto» y «El hombre de la calle» (Gabriel García Márquez y Georges Simenon) (Tusquets).

Un perfil singular que todo lo resume.

(Imágenes: Flickr/ Cartel de la película de Jean Delanoy, 1959, «Maigret et l´affaire Saint-Fiacre».-hem.passagen.se/calv/gabin/ Sello recordando un film de Gabin interpretando a Maigret.-hem. passagen.se/calv/gabin)