EL LIBRO Y EL LIBRERO

 

 

“Éste es  el libro de un librero pretencioso – quiso dejar dicho  Héctor Yánover, un gran librero de la ciudad de Buenos Aires en el siglo XX -. Éstas son las primeras líneas de ese libro. Estas palabras constituirán las primeras de la primera página. Y todas las palabras, líneas, páginas, formarán el libro. Ustedes, hipotéticos lectores, ¿tienen idea de lo terrible que es para un librero escribir un libro? Un librero es un hombre que cuando descansa lee; cuando lee, lee catálogos de libros;  cuando pasea, se detiene frente a las vidrieras de otras librerías; cuando va a otra ciudad, otro país, visita libreros y editores. Entonces un día, este hombre decide escribir un libro sobre su oficio. Un libro dentro de otro libro que irá a juntarse con los otros de los escaparates o los anaqueles de las librerías. Otro libro para acomodar, marcar, limpiar, reponer, excluir definitivamente. El librero es el ser más consciente de la futalidad del libro, de su importancia. Por eso es un hombre escindido; el libro es una mercancía para comprar y vender y él integra esa mercancía.  Se compra y se vende a sí mismo.”

 

 

La otra cara del librero – de las muchas que puede tener-  la resume Gabriel Zaid  en  “Los demasiados libros”: “para dar un servicio perfecto, un librero tiene dos soluciones utópicas: o tener todos los libros o tener un adivino. La ventaja de un adivino es que no necesita más que una inversión ridícula : bastaría con tener aquellos libros que van a ser pedidos hoy.  El cliente descubriría que todo lo que iba a comprar ( o iba a tener el impulso de comprar)  estaba ahí, esperándolo; y en los anaqueles no habría un libro más. Como no es posible tener un adivino, ni tener todos los libros, en la práctica se intenta una solución intermedia ( medio tenerlo todo; medio adivinar), con resultados deplorables para el librero y su clientela: gran parte de lo que hay no se pide, gran parte de lo que se pide  no hay.”

 

 

(Imágenes_1-librería Campomanes- Madrid- foto JJP/ 2-librería en la calle Arenal – Madrid- foto JJP/ 3- librería Calignari – foto JJP)

LA INMENSA BIBLIOTECA UNIVERSAL

 

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” ¿Qué pasará con los libros? En varios docenas de anónimos edificios de oficinas esparcidos por todo el mundo, miles de trabajadores a destajo están inclinados sobre un escáner y apoyan libros polvorientos en maquinarias de alta tecnología. Están componiendo la biblioteca universal, página a página. El sueño es antiguo: concentrar todo el conocimiento, el viejo y el nuevo, en un solo lugar”.

Estas palabras de Kevin Kelly en el New York Times Magazine conmovieron al ensayista y editor italiano Roberto Calasso cuando escribía su obra La marca del editor (Anagrama). Pero además Kelly proseguía: “La humanidad habría “publicado”, a partir de las tablillas sumerias, no menos de treinta y dos millones de libros. Esta sería la base de la” biblioteca universal”. Pero, ¿por qué detenerse aquí? La biblioteca universal debería incluir una copia de cualquier cuadro, fotografía, película o composición musical producidos por todos los artistas del presente y del pasado.

 

bibliotecas.-4eddv.-Biblioteca del Palacio de Invierno.-por Edward Petrovich Gau

 

También debería incluir todas las transmisiones radiofónicas y televisivas. También la publicidad. ¿Y cómo olvidar la Red?  La gran biblioteca obviamente debe tener una copia de los cientos de millones de páginas web muertas, que ya no están online, y de las decenas de millones de post en los blogs que ahora se han perdido: la efímera literatura de nuestro tiempo”.

Calasso anota ante todo esto: “se trata acaso de la vida rodeada por una vida en la que nada se pierde y todo está condenado a subsistir, siempre disponible y sofocante. En este cuadro, los libros parecen una remota provincia o un reino de opereta. ¿ Qué cuentan treinta y dos millones de libros frente a los miles de millones de “páginas web muertas”, en crecimiento exponencial? Son estos los

 

Bibliotecas.-1.-Biblioteca Mazarino.-París.-Candida Höfer.-artet

 

verdaderos muertos vivientes que nos rodean. Mientras leía a Kelly, pensaba: ¿hay alguien que haya ido más allá? Sí, lo hay: Joe Gould, el magnífico excéntrico de Nueva York narrado por Joseph Mitchell, el hombre que se pasó la vida aparentando que escribía la “historia oral”, esa historia ignota que comprende cada una de las palabras dichas en conversaciones de bar ( de todos los bares) o en un vagón de metro ( de todos los metros) o en cualquier otro lugar. Respecto del plan de Joe Gould, incluso el de Google resulta provinciano y modesto; y Kevin Kelly, en su entusiasmo, revela la torpeza del principiante”.

 

libros-hhnn- Michael Craig-Martin- mil novcientos setenta y cuatro

 

Los demasiados libros” tituló una de sus obras Gabriel Zaid. Habría que añadir, “demasiadas palabras” en el mundo. El gran  río de lo que hablamos, vemos, escribimos y leemos continuamente. “¿A qué fin los libros innumerables y las bibliotecas cuyo dueño en toda su vida apenas se ha leído los índices?”, se preguntaba Séneca. 

(Imágenes.-1.- Stanley Kubrick- 1948/ 2.-Edward Petrovich- librería del Palacio de Invierno/ 3.-Candida Höfer- artet- librería Mazarino/ 4.-Micael Craig- 1974)

OFICIO DE LECTOR

lectura.-7jjn.-André Kertész.-1959

“El autor sólo escribe la mitad del libro, de la otra mitad debe ocuparse el lector“. Con esta cita de  Joseph Conrad se abre el excelente volumen de Caballero Bonald “Oficio de lector” (Seix Barral), cálido repaso a las lecturas de toda una vida, lecturas que cabalgan entre la inquietud y la quietud. Inquietud siempre de leer, quietud del remanso y la distancia. Francine Prose, confiesa en “Cómo lee un buen escritor(Ares y Mares) una

lectura.-yunm.-Andre Derain.-1935 reflexión ante sus clases de escritura creativa: “Tengo estudiantes ahora que nunca leyeron nada, y yo no puedo entender por qué quieren escribir“. Y Darío Villanueva, al comentar esta obra de Caballero Bonald, recuerda las palabras de Gabriel Zaid: “el problema del libro no  está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer, sino escribir.”

lectura.-5ybbn.-Wilhelm Hammershoi

En más de una ocasión he hablado aquí de Caballero Bonald. Y en muchas más me he referido a la lectura. Es la defensa de la lectura, de la que hablaba Pedro Salinas en “El defensor”. Leer por leer, lectores puros según el gran texto de Péguy . Nueva página inolvidable: la de Proust y la lectura en voz baja. Otra página más: Lectura a elefante. La atracción por la lectura la condensa Cervantes en El Quijote cuando dice: “Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles...”, y luego la lectura depurada, que se transforma al cabo de los años en reelectura, en acompañamiento de los

escribir.-4dwws.-lectura.-Christopher Thompson.-

maestros. “Aun soy capaz de sentir – dice Caballero Bonald sobre el Quijote – la emoción que me proporcionó ese acercamiento a la gran novela. (…) La lectura del Quijote siempre supone una nueva aventura, porque siempre proporciona al lector un rasgo, un matiz – literario, crítico, irónico, moral, paródico, sociológico – que a lo mejor no había sido descubierto hasta

lectura.-4bn.-Armand Schönberger.-1885-1974

entonces o no había sido apreciado del todo anteriormente. Ése es uno de los más sugestivos atributos de una de las grandes creaciones universales de la imaginación literaria”.

Oficio de escritor, sí. Pero paralelamente oficio de lector, que hará al escritor enriquecerse cada día.

(En el día en que le entregan a José Manuel Caballero Bonald el Premio Cervantes)

lectura.-rtbbn.-Oficio de lector.-Caballero Bonald

(Imágenes:- 1.-André Kerstész.– 1959/ 2.-André Derain.-1935/ 3.-Wilhelm Hammershoi/ 4.-Christopher Thompson-Albemarle Gallery/ 5.-Armand Schönberger/ 6.-portada de “Oficio de lector”)