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Posts Tagged ‘Francois de La Rochefaucould’

 

 

“Quienes han querido describirnos el amor y sus caprichos – dice La Rochefoucauld – lo han comparado tantas veces con el mar que resulta difícil añadir algo a lo ya dicho. Nos han dado a conocer que tanto el uno como el otro son igualmente inconstantes e infieles, que sus bienes y sus males son innumerables, que las más afortunadas navegaciones se hallan expuestas a mil peligros, que las tempestades y escollos son siempre de temer y que incluso se puede naufragar llegado al puerto. Pero al expresarnos tantas esperanzas y tantos temores, no nos han mostrado lo bastante, me parece, la relación existente entre un amor ya gastado, lánguido y cerca de su fin, y esas prolongadas bonanzas, esa aburrida calma que encontramos bajo la línea : estamos cansados de un largo viaje, deseamos que se acabe; vemos tierra pero nos falta el viento para llegar a ella: nos vemos expuestos a los reveses estacionales; las enfermedades y la languidez nos impiden actuar; faltan el agua y los víveres, o cambian de gusto; recurrimos inútilmente a socorros ajenos; tratamos de pescar, cogemos algún que otro pez sin sentir por ello ningún alivio, ni sentirnos más alimentados; nos cansa todo lo que vemos, continuamos dándole vueltas a los mismos pensamientos, y seguimos aburridos; vivimos todavía y nos cuesta vivir; esperamos a tener algún deseo para salir de ese estado de languidez y apatía, pero los deseos que se nos ocurren son débiles e inútiles”.

 

 

(Imágenes-1-Floriana Barbu/ 2- Ryan McGinley-imagery our world)

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“Existe una diferencia entre un hombre dotado de ingenio pràctico y un hombre con ingenio para los negocios – explica La Rochefoucauld en sus “Máximas” – : se puede entender de negocios sin aplicar esto a su interés particular; hay gentes hábiles para todo aquello que no les concierne y muy desacertadas  en lo que se refiere a ellas, y las hay, al contrario, que poseen una habilidad limitada únicamente a lo que a ellas concierne y que saben sacar beneficio de cualquier cosa.

Se puede tener al mismo tiempo un aire serio en su condición y decir a menudo cosas agradables y joviales; esta clase de ingenio sienta bien a todo el mundo, y a todas las edades de la vida. Los jóvenes, de ordinario, poseen un ingenio jovial y burlón, sin gran profundidad, y por ello resultan incómodos con frecuencia. Nada hay tan difícil de llevar a cabo como la intención de ser siempre agradable, y los aplausos que recibimos en ocasiones divirtiendo a los demás no compensan que nos expongamos a la vergüenza de aburrirlos otras veces, cuando están de mal humor. La burla es una de las más agradables y peligrosas cualidades del ingenio: gusta cuando se hace con delicadeza, pero se suele temer al que la utiliza con demasiada frecuencia. La chanza puede, no obstante, permitirse cuando a ella no se mezcla malignidad alguna, y cuando se hace participar a las personas mismas de quien se trata.

 

 

Es difícil tener un ingenio irónico y no tratar de ser divertido, o sin que guste burlarse de los demás; es preciso tener gran acierto para ser irónico durante mucho tiempo y no caer en uno o en otro de estos extremos. La ironía es un talante alegre que invade la imaginación y le ayuda a ver lo ridículo de los objetos que se le presentan: el humor de cada momento mezcla en ello más o menos dulzura o aspereza; hay una manera de ironizar delicada y halagadora, que sólo hace referencia a aquellos defectos que la persona interesada consiente en confesar, que sabe disfrazar las alabanzas que dispensa bajo unas apariencias de censura y que descubre así todo lo amable que hay en ello fingiendo querer ocultarlo.

Un fino ingenio y un ingenio sutil son dos cosas diferentes. El prinero gusta siempre: es penetrante, piensa cosas delicadas y ve las más imperceptibles. Un hombre de ingenio sutil puede ser retorcido: no camina nunca recto, busca rodeos y desviaciones para lograr sus propósitos. Este comportamiento no tarda mucho en ser descubierto, siempre se hace temer y no conduce a grandes empresas.

El temperamento afable se exterioriza en un ingenio sin brusquedades, en un aire fácil y complaciente que siempre es agradable, si evita caer en la sosería”.

 

 

(Imágenes -1- Van Gogh – 1889/2- Hermann Fischer -1932/3- Andy Warhold- 1957)

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“El motivo de que haya tan pocas personas que resulten agradables en la conversación – leo en lasMáximas morales” de La Rochefoucauld – es que cada cual piensa más en lo que quiere decir que en lo que están diciendo los demás. Hay que  escuchar a los que hablan, si se quiere ser escuchado; hay que dejarles en libertad de hacerse oír y hasta de decir cosas inútiles. En lugar de contradecirles o interrumpirles, como suele hacerse, debemos al contrario, tomar parte en sus ideas y gustos, mostrarles que los escuchamos, hablarles de cosas que les atañen, alabar lo que dicen si lo merece y demostrarles que los alabamos más por convicción que por amabilidad. Hay que evitar discusiones sobre cosas indiferentes, hacer pocas preguntas inútiles y no dar a entender nunca que pretendemos tener màs razón que los demás, así como cederles de buen grado el privilegio de tomar una decisión.

Se deben decir cosas naturales, fáciles y más o menos serias, según el humor y la inclinación de las personas con quienes se conversa; no acosarlas para que aprueben lo que decimos, ni siquiera para que nos contesten. Cuando se han satisfecho de esta suerte los deberes de cortesía, pueden exponerse los propios sentimientos sin prevención ni tozudez, dando a entender que tratamos de apoyarlos con la opinión de aquellos que nos escuchan.

 

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Hay que evitar hablar mucho de sí mismo y ponerse a menudo como ejemplo. Nunca será excesivo el interés que pongamos en conocer la inclinación y alcances de aquellos con quienes hablamos, para unirnos a la opinión del que más talento tiene y añadir nuestras ideas a las suyas dándole a entender, en lo posible, que  las tomamos de él. Es de gran habilidad no agotar los temas que se tratan y dejar para los demás algo que pensar y que decir.

Nunca se debe hablar con aire de autoridad, ni utilizar palabras o términos exagerados. Podemos mantener nuestras opiniones cuando éstas son razonables, pero aunque las mantengamos nunca debemos herir los sentimientos de los demàs, ni dar la impresión de que nos escandalizamos de lo que dicen. Es peligroso querer adueñarse siempre de la conversación y hablar con excesiva frecuencia de una misma cosa. Se deben aceptar indiferentemente todos los temas agradables que se presenten y no mostrar jamás que queremos llevar la conversación hacia aquello de lo que nos interesa hablar”.

 

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(Imágenes-1-´René Magritte- 1963/ 2.- Pierre Bonnard- 1915/ 3.-Auguste Chabaud- 1908)

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“La constancia en el amor es una inconstancia perpetua, que hace a nuestro corazón adherirse sucesivamente a todas las calidades de la persona amada, dando la preferencia ya a una y ya a otra; de modo que esta constancia no es más que una inconstancia circunscrita y encerrada en un mismo sujeto.

Dos clases de constancia hay en el amor; una proviene de encontrar continuamente en el objeto amado nuevos motivos de amarle, y la otra de hacer punto de honor la misma constancia”.

Francois de La Rochefoucauld-  Máximas”

(Imagen: Andrew Newman)

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