EL MUNDO DEL NIÑO

“¡Si yo pudiera encontrar un rinconcito tranquilo en el mismo corazón del mundo de mi niño! Sé que en él tiene estrellas que le hablan, y un cielo que baja hasta su cara para divertirlo con sus nubes tontas y sus bobos arcoiris. En él todos esos que parecen que nunca dicen nada y que nunca se mueven, se deslizan hasta su ventana y le cuentan cuentos y le ofrecen bateas cargadas de juguetes de ricos colores.

¡Si yo pudiera andar ese camino que que cruza el pensamiento de mi niño, salirme de todas sus lindes, ir hasta  donde los mensajeros desconocidos traen y llevan mensajes sin razón por reinos de reyes sin historia; hasta donde la razón hace barriletes con sus leyes y los echa al aire; donde quita a las acciones sus cadenas la verdad!”.

Rabindranath Tagore: “El mundo del niño“.-(“La luna nueva“)

(en la víspera de los Reyes Magos)

(Imágenes: 1.– Ilse Bing.-1945 / 2.-Eliot Elisofon.-1954-new.eyeonlifemag)

OTOÑO EN EL PARDO

“Contra el macizo negro y plata de Guadarrama, que asoma imponente, mina de hierro, entre sus nubes grandes, al fin del río, el agua gris viene al puente viejo, entre chopos deshojados, que aún conservan un festón amarillo.

El terreno bello, lomeado, hace un oleaje de verdeazul y sombras negras, y por las negras encinas sin bellotas, andan los cuervos negros.

El dramatismo de El Pardo no es nada ascético, como se ha dicho tanto, ni nada místico. Su trájico es sano, su fatídico saludable y con quien debiera concertar mejor que con Felipe ll, Felipe lV y Carlos lV, es con Carlos lll.

El Pardo se ha aconsejado como sanatorio. Sí, es sanatorio de sanos, concentrador de dispersos, arraigador de volubles, pedazo ejemplar de esta gran España otra – ¡ qué lejos de ésta! – con su Guadarrama de hierro y plata, sus encinas de hierro y fecundidad y su sueño de hierro y vida”.

Juan Ramón Jiménez: “Otoño en El Pardo” (“Madrid posible e imposible”)

(Imágenes:- 1.- Mary Cassatt.-1880/ 2.- Lynn Geesaman-.-parq de Scaux.-France.-1997)

MANHATTAN

“El cine nos divide la vida en secuencias y la inteligencia del espectador acostumbra a su pupila a desplazarse de una a otra escena, de una existencia a una ciudad, de una capital a una aventura, de un espacio a un tiempo. El cristal de la pupila del ojo del cine es un proyector literario en John Dos Passos que se mueve por el mosaico del Nueva York de los años veinte, distinto al Nueva York de los puntos de vista de Henry James, al viejo Nueva York que surge de Edith Wharton y a la modernísima hoguera de las vanidades que es el Nueva York de Tom Wolfe. El cristal nevado de la ciudad, los cubos de cristal iluminados en rascacielos fantasmas, los cristales en caleidoscopio de las vidas giran en torno a nuestro ojo devorador, el Ojo de la Cámara asomado al Noticiario múltiple que intenta entregarnos la selección de la esencia del siglo americano, la simultaneidad de las existencias cruzando las calles, el zumbido de la colmena neoyorquina.

Dos Passos, el escritor norteamericano nacido en Chicago en 1896 y muerto en 1970, nos presenta unas novelas simultaneistas o unanimistas –Manhattan Transfer y su trilogía USA: Paralelo 42, 1919 y El gran dinero– en donde el héroe es la muchedumbre y las mil cabezas de un personaje inexistente se llaman multitud. Esa multitud y esa muchedumbre están vistas desde la superficie, sin penetrar en psicologías, andando por avenidas de epidermis y mostrando de estas urbes gigantescas únicamente las cortezas. Pero entre cortezas, epidermis y superficies he aquí que John Dos Passos nos quiere dar unas instantáneas que perduren, un flash de Nueva York en un tiempo determinado, una singular fotografía americana en la época de la Gran Depresión.

“Toda la noche los grandes edificios permanecen callados y vacíos, sus millones de ventanas apagadas – se lee en “Manhattan Transfer” -. Babeando luz, los ferries devoran su camino en el puerto de laca. A medianoche los transatlánticos expresos de cuatro chimeneas zarpan de sus muelles luminosos para hundirse en la oscuridad. Los banqueros, con los ojos legañosos, oyen, terminadas sus conferencias secretas, los aullidos de los remolcadores cuando los vigilantes, gusanos de luz, abren las puertas laterales. Se instalan refunfuñando en el fondo de limousines y se dejan llevar rápidamente hacia la calle cuarenta y tantos, calles sonoras, inundadas de luces blancas como gin, amarillas como whisky, efervescentes como sidra.

Intenta ser un poema fotográfico sobre el corazón de la urbe, la toma del pulso a la gran ciudad cuya imagen hemos visto ya en tantas películas que nuestros ojos no parpadean en la costumbre. Pero un escritor, aunque use técnicas cinematográficas en sus habilidades y en sus talleres literarios, trabaja con la herramienta de la palabra, y Dos Passos hace todo un esfuerzo por captar momentos simbólicos, encuadres personales.” El joven sin piernas se ha parado en medio de la acera sur de la calle 14. Lleva un jersey azul y una gorra azul de punto de media. Sus ojos levantados se agrandan hasta llenar la cara blanca como el papel. Pasa un dirigible. Brillante cigarro de estaño, esfumado en la altura, perfora suavemente el cielo lavado y las blandas nubes. El joven sin piernas se queda inmóvil, apoyado en sus brazos, en medio de la acera sur de la calle 14. Entre piernas que andan a zancadas, piernas delgadas, piernas anadeantes, piernas con pantalones, con bombachos, con faldas, él sigue allí, perfectamente inmóvil, apoyado en sus brazos, mirando al dirigible·.

Nueva York aparece en su indumentaria de época, vestida con su moda costumbrista, y el dirigible pasa como están pasando por el cielo de la historia de esa ciudad unos años difíciles, años eminentemente sociales, meses de paro y de búsqueda, semanas largas de insatisfacción laboral. Ese Nueva York que será años después el del krack financiero en el que ciertas vidas desgraciadas abrirán sus ventanas y se arrojarán al vacío del desamparo, al espacio de una intemperie sin soluciones, es ya el Nueva York latente bajo los ruidos y las músicas que Dos Passos narra al contar el hormigueo de las aceras.

Manhattan Transfer es la novela de la gran ciudad americana, esa ciudad es el gran personaje y sobre sus calles caminan constantemente, en deambular incansable, sus numerosas figuras. Manhattan es el decorado y es el paisaje. Las tres partes del libro se subdividen en capítulos y como islas sobre las páginas permanecen los títulos de Embarcadero, Metrópoli, La ciudad alegre y confiada, Puertas giratorias o Rascacielos. El resto de los títulos complementan la visión de América: Dólares, Carriles, Apisonadora. Nos encontramos, pues, entre el ruido y el olor de esa modernidad en donde uno de los personajes, Jimmy Herf, será aquel a quien seguiremos desde la infancia hasta su enigmática partida. Pero serán las Calles –Cuarta, Sexta Avenida, Quinta Avenida, Novena, Tercera– quienes se hagan vida y muestren sus caminos de asfalto para el andar incansable de los hombres.

Dos Passos, que en sus inicios estuvo muy influido por las ideas socialistas y que al final se inclinaría hacia la derecha, tendió su mirada de escritor hacia la sociedad sin olvidar al individuo y quiso abarcar una ciudad inolvidable en unos años inolvidables. Su empeño fue aprehender la esencia de una moderna urbe.” Babilonia y Nínive eran de ladrillo –escribió–. Toda Atenas era doradas columnas de mármol. Roma reposaba en anchos arcos de mampostería. En Constantinopla los minaretes llamean como enormes cirios en torno del Cuerno De Oro…Acero, vidrio, baldosas, hormigón, serán los materiales de los rascacielos. Apilados en la estrecha isla, edificios de mil ventanas surgirán resplandecientes, pirámide sobre pirámide, blancas nubes encima de la tormenta”.

¿Y el alma de Nueva York? ¿Y las almas que en Nueva York viven?. Los edificios se encumbran en verticalidad ascendente, pero en Dos Passos los hombres se presentan horizontales, sin un aliento aspirado, sin una profundidad, sin una accesis”.

(J.J. Perlado: “El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes”, págs 284-286)

(Imágenes: 1.-Manhattan.- Cristopher Rini/2.- Manhattan 1967.- Andy Blair/3.- Times Square.- wikipedia/ 4-. Manhattan 2009.- Joe  Wigfall/

LORCA DESDE EL CHRYSLER BUILDING

“Manzanas levemente heridas

por los finos espadines de plata,

nubes rasgadas por una mano de coral

que lleva en el dorso una almendra de fuego,

peces de arsénico como tiburones,

tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,

rosas que hieren

y agujas instaladas en los caños de la sangre,

mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos

caerán sobre tí. Caerán sobre la gran cúpula

que untan de aceite las lenguas militares

donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma

y escupe carbón machacado

rodeado de miles de campanillas”.

Estas palabras, intuiciones, poemas, Federico los escondía en los bolsillos. Era en papeles de diversos tamaños – algunos de ellos en hojas arrancadas de un bloc, otros abocetados sobre un papel con membrete del Hotel Biarritz de San Sebastián -, escritos a pluma y a lápiz, con los dobleces propios por llevarlos guardados, salpicados de numerosas correcciones, tachones, supresiones y adiciones que señalan el duro trabajo del creador al concebir sus poemas, la búsqueda incesante de la palabra, los pasos de la revelación.

Así consta en el manuscrito de Poeta en Nueva York.

El cielo ha triunfado del rascacielo – decía Federico García Lorca -, pero ahora la arquitectura de Nueva York se me aparece como algo prodigioso, algo que, descartada la intención, llega  a conmover como un espectáculo natural de montaña o desierto. El Chrysler Building se defiende del sol con un enorme pico de plata, y puentes, barcos y ferrocarriles y hombres los veo encadenados y sordos; encadenados por un sistema económico cruel al que pronto habrá que cortar el cuello, y sordos por sobra de disciplina y falta de la imprescindible dosis de locura“.

“Me va molestando un poco había dicho tiempo antes mi mito de gitanería, no quiero que me encasillen; siento que me van echando cadenas“.

Llegó a Nueva York en junio de 1929, casi huyendo – como recuerda Juan Marichal -de los efectos diversos de su primer gran éxito, el del “Romancero gitano” publicado un año antes. Apenas aprendió inglés, y aquí escribió  “Poeta en Nueva York“. Salió de Nueva York rumbo a La Habana a primeros de marzo de 1930.

“Yo soy español integral“, dijo Lorca. En esta gran ciudad norteamericana estrechó su amistad con el matador de toros Ignacio Sánchez Mejías – que en la ciudad pasó varios meses con la bailarina Encarnación López, “Argentinita“, y a cuya muerte en el ruedo, cuatro años más tarde, dedicó Lorca su elegía “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías“.

“Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,

ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,

ni quien abra los linos del reposo,

ni quien llore por las heridas de los elefantes.

No hay más que un millón de herreros

forjando cadenas para los niños que han de venir.

No hay más que un millón de carpinteros

que hacen ataúdes sin cruz.

No hay más que un gentío de lamentos

que se abren las ropas en espera de la bala”.

(,,,)

Federico García Lorca: Grito hacia Roma (Desde la torre del Chrysler Building).-Poeta en Nueva York


(Imágenes: 1- Nueva York.-1946.-Andreas Feininger.-photographes gallery.-artnet/2.- Nueva York.-Johann Berthelsen.-Mark Murray.-/3,.puente de Brooklyn.-1998.-foto Barbara Mensch.-Bonni Benrubi Gallery.-artnet/4.-Nueva York en 1911.-foto National Gallery of art.-The New York Times/5.-Nueva York.-foto Eudora Wely Missisipi Departament of Archives and History,.1935.-The New York Times/6.-Nueva York en 1931.-wikipedia)