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Posts Tagged ‘fotógrafos estadounidenses del siglo XX’

 

 

“Grandes máquinas, relojes, maderas, los aceros más feroces, abanicos delicados y pueriles; monedas antiguas, sólo dignas de las almas sórdidas de los numismatas; cascos de botella, cada uno con su alma de cristal y de color distinto; pipas que han sido entrañablemente acariciadas; navajas que recuerdan crímenes; bastones todos jubilados; muebles requetedorados de un oro chanchullero; tristísimas lámparas de minero; braseros peripuestos; cacharros de loza con mordiscos y melladuras, con flores vivas; paraguas que recuerdan a seminaristas; cobres a los que ya el tiempo ha convertido en oro; máquinas de hacer café , con aromas del paraíso de los hombres; gafas que impondrán la visión del otro; instrumentos de cocina que entre ellos se hablan; relojes cuyo ritmo llena el aire como un inmenso enjambre;

 

 

calzado viejo con aire tragicómico; esculturas sin museo; bustos de señoras enfáticas; cabezas de peinadoras; maniquíes de sastrería, sordos y tontos; animales disecados en los que anima el alma de este paraje; libros de cuyo amontonamiento brota un olor a agua podrida; armas formidables, más allá del crimen y de la guerra; Cristos clementes, en medio de las cosas arrumbadas; costureros de color miel y espejito; tinteros muy muertos por la tinta seca de su fondo; camas trágicas las de hierro, piadosas y humanas las de madera;

 

 

sillas campesinas, de hogaza; pupitres episcopales; bargueños, que son como capillas civiles, tiernos y confidentes; espejos que han perdido su sordidez mirando al cielo en el carro que los traía; cosas de cementerio, sin sentimentalismo; dulces instrumentos de música; cuadros en los que se revela la plenitud de la pintura y la hipocresía de los museos; fotografías como miradas descoloridas, casuales, y sombreros y trajes, siempre lamentables, exangües, exangües…”.

Camón Aznar, en su estudio de la obra de RAMÓN, va desgranando este desfile de “El Rastro”, la obra que viera la luz en 1915 retratando los objetos bajo un cielo madrileño “bajo, acostado, concentrado”, donde, “las golondrinas – dice RAMÓN – juegan sobre la calle del cielo que corresponde a nuestra calle de la tierra como párvulos en vacaciones o al salir de las escuelas”.

Ahora que  AndrésTrapiello publica su Rastro personal, el viejo Rastro de Gómez de la Serna, mapa de los objetos perdidos, nos lleva siempre a la nostalgia.

 

 

(Imágenes -1- Lynne Parques/ 2- Olga Antonova/ 3-Berenice Abbott-  1958/ 4-Rodrigo Moynihan – 1948 – robrt mile

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“La mano que firmó el papel derribó una ciudad;

cinco dedos soberanos el aliento tasaron,

doblaron el globo de muertos, seccionaron un país;

estos cinco reyes la muerte a un rey causaron.

 

manos-nnbbio-Bill Eppridge- mil novecientos sesenta y seis

 

La poderosa mano lleva a un hombre caído,

el yeso agarrota sus articulaciones;

una pluma de ganso puso fin a la muerte

que había puesto fin a las conversaciones.

 

manos-kkjmn- Paul Caponigo- mil novecientos sesenta y cinco

 

La mano que firmó el tratado engendró fiebre,

y creció el hambre, y vino la langosta;

grande es la mano que domina al hombre tan solo por haber garabeteado un nombre.

 

manos.-48dc.-maria melini Katsilaki

 

Los cinco reyes cuentan los muertos mas no calman

la herida encostrada ni acarician la frente;

una mano gobierna la piedad como otra el cielo;

lágrimas por derramar, ninguna mano tiene.”

Dylan Thomas.-“La mano que firmó el papel”

 

(Imágenes.-1.-Maurice Tabard/ 2- Bill Eppridge– 1966/ 3- Paul Caponigro– 1965/ 4- Maria Melini Katsilaki)

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“No hay soledad más grande que la del mar. La primera noche en que me hallé solo entre cielo y agua sobre la cubierta de aquella monstruosa amalgama de madera vieja y de hierro mohoso que se llamaba el Paraná, ha sido la más triste de mi poquísima alegre vida.

Toda la pasada, día por día, hora por hora, se me vino a la memoria: la casa de Valladolid en donde nací, con su jardín, desde el cual, atados a un hilo, que ella me echaba desde su balcón de la casa inmediata, enviaba yo a Nieves Masas un puñado de alelíes y unos capullos de rosas; la iglesia de San Martín, en donde me bautizaron y donde me llevaba a misa mi madre; las dos hermanas rubias hijas de la hermosa marquesa de Villasante, las cuales, cuando niño, me habían parecido dos ángeles, y cuando mozo y estudiante, dos figuras flamencas, vivas, arrancadas de un cuadro de Rubens; todas las mujeres a quienes por mi madre había conocido, y cuya imagen y cuyo recuerdo adoraba por el de mi madre, cuya imagen, de todas cercada, evocaba en mi memoria con la maravillosa lucidez del sonámbulo y con la tristeza desesperada del moribundo; todo cuanto había amado, cuanto por algo, aún por el pesar, me había sido tan caro en mi existencia;

 

 

todo lo bello, lo luminoso, lo poético de mi pasado, la gloria, la amistad, el favor; todo lo que había podido obtener y no había querido aceptar por merecer la estimación de mi padre; todo lo alegre y fantástico de mi niñez; todo lo revuelto y  afanoso de mi juventud; todo lo aislado, lo esquivo, huraño, misterioso y desesperado de mi edad madura ; todo lo inútil de mis versos; toda mi ingratitud para con mi pueblo, que por ellos me había aplaudido y coronado y glorificado en vida; todo el pandemonium de efectos mal sofocados, de pasiones mal concebidas, de facultades mal empleadas, que habían producido el desvarío descarriado de mi imaginación, el vacío de mi corazón …, todo esto surgió en el caos de mi alma, y dudé de mí mismo, y desconfié de Dios, cuya faz contemplaba tras aquel azul estrellado cielo, a través de las vergas del Paraná, que el mar tranquilo inclinaba de babor a estribor y de proa a popa, según sus ondas se hacían espuma en sus costados o se partían en su quilla, resbalando partidas bajo su viejo y panzudo casco”.

José Zorrilla -“Recuerdos del Tiempo Viejo

(en los doscientos años del nacimiento de Zorrilla)

 

 

(Imágenes -1- Rober Adams – ngagov/ 2- Chip Hopper– weston gallery – artnet/ 3- David Doubilet – National Geografic)

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“El escritor, de joven, se sentía culpable cuando escribía. No sabía por qué. Escribir era lo que deseaba y lo que se proponía desde la más tierna infancia. Pero se sentía culpable. De una manera confusa pensaba que tendría que cultivarse y estudiar para escribir cosas más serias. No estudiaba, pero se pasaba el rato pensando que debía cultivarse. Las horas en que escribía le parecían horas robadas.

Cuando escribía tenía la impresión de que debía correr precipitamente hacia una conclusión. Le había ocurrido muchas veces que no acababa lo que empezaba; por eso, acabar era su principal aspiración. Después tal vez huía del propio sentimiento de culpa. Era como un chico que hubiese robado uvas. En su carrera vertiginosa, le turbaban pensamientos molestos, tenía la cabeza como rodeada de un enjambre de avispas. Debía llevar las uvas a personas desconocidas, lejanas y misteriosas. Las imaginaba muy distantes a él y a todos aquellos con los que vivía habitualmente. Las temía. Después temía aludes y terremotos que obstaculizaran su carrera; temía que al llegar no hubiera nadie, que hubiera saltado por los aires la tierra en la que aquellas personas moraban.

(…)

 

 

Ya viejo, escribe muy lentamente. Se detiene un montón de veces para hacer y deshacer. Ahora tiene una enorne paciencia. De vez en cuando piensa que antes de morir debe sacar todo lo que lleva dentro. Pero esta idea no le provoca fiebre alguna. A veces le pasa que ya no tiene nada más que decir, o que solo le quedan cosas muy complicadas, enmarañadas y tortuosas.

(…)

Ahora ya no piensa que deberá entregar lo que escribe a gente lejana y misteriosa. Suele destinar lo que escribe a tres o cuatro personas a las que ve a menudo. En algunos momentos de desconsuelo, le parece que estas tres o cuatro personas no entienden nada. Pide a su destino que le lleve nuevas personas, o bien que reanime a las de siempre con la luz del pasado. Mientras lo pide, recuerda que su destino no suele escuchar sus peticiones.

Ya no tiene miedo de que se produzcan terremotos. Se ha acostumbrado a escribir en situaciones amargas e incómodas, y con opresiones y sufrimientos que lo aplastan, como quien ha aprendido a respirar incluso oprimido por un montón de escombros”.

Natalia Ginzburg – ” Retrato de escritor”  (1970) – “Ensayos”

 

 

(Imágenes -1- Richard Prince – 1986 – artificial gallery – London- arnet/  2- Karen Hesse  Flatow – foto Chris Ramírez- The New York Times / 3- Agnes Martín  – 1973 – Kornelia tamm fine arts -photographie – arnet)

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“Estar sentado en un tren – escribe Kafka hoy hace exactamente un siglo -, olvidarlo, vivir como en casa, acordarse de pronto, sentir la fuerza impulsora del tren, convertirse en viajero, sacar la gorra de la maleta, enfrentarse a los compañeros de viaje de una forma más libre, cordial, insistente, ser llevado al punto de destino sin mérito propio, sentir eso a la manera de un niño, convertirse en un favorito de las mujeres, estar sometido a la constante atracción de la ventanilla, siempre posar al menos una mano extendida en el borde de la ventanilla. Situación recortada más nítidamente: olvidar que se ha olvidado, convertirse de golpe en un niño que viaja solo en un tren rápido y en torno al cual va materializándose, asombroso en sus más pequeños detalles, como surgido de la mano de un prestidigitador, el vagón que vibra por la velocidad”.

Franz Kafka  – Diario del 31 de julio de 1917

 

 

(Imágenes-1- Alfred Stiegliz/ 2-  Diario de Kafka – pepblaieresmasnet)

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“La ventana,

geométricamente tallada

en agua y aire,

realidad interior y realidad exterior

mirándose como dos cuadros

que no cesan de anhelarse,

en invierno es la frontera

entre el clima del hombre

y el clima del mundo,

abierta en el verano es cómplice del viento,

llamea al sol, flexible

reluce de noche, inflexible

fuego graneado entre lo general y lo particular,

la ventana del enfermo como una fuente ascendente,

un rectángulo del espacio visto desde un pozo obscuro,

la ventana y su bosque helado

donde vagan ojos de niños,

las fuentes blancas de los helechos de los recuerdos familiares,

la escritura vacilante del vaho,

la ventana vacía y gastada

en la hora larga de la espera,

la esperanza falsa, de vidrios desiguales,

impía y sin imágenes,

membrana entre protección y prisión”.

Artur Lundkvist – “La ventana”

 

 

(Imágenes -1-Sven Coronas/ 2.-Inge Morath– 1989)

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“Nuestra táctica es cruzarnos de brazos y quejarnos de que la televisión ha maleado a los lectores – le decía David Foster Wallace a  David Lipsky (Pálido Fuego) -, cuando en realidad lo que ha hecho es darnos el valiosísimo presente de dificultarnos la labor. Según lo veo yo cuanto más difícil sea que al lector le parezca que merece la pena leer tus cosas, más oportunidades tendrás de crear una verdadera obra de arte. Porque sólo el arte real es capaz de conseguir eso.

Tu labor es enseñar al lector que es mucho más inteligente de lo que él pensaba. Creo que una de las insidiosas lecciones de la televisión es la metalección de que el espectador es tonto. A esto es a lo que llegas, espectador. Esto es fácil, y tú eres la clase de persona cuyo máximo deseo es estar en un sillón sin comerse la cabeza. Cuando en realidad hay partes de nosotros que, de algún modo, son mucho más ambiciosas que eso. Y lo que hace falta, creo yo, y no estoy diciendo que yo sea la persona capaz de lograrlo, pero lo que creo que necesitamos es arte comprometido que se lo tome en serio, capaz de volver a enseñarnos que somos inteligentes. Y que hay cosas que la televisión y las películas – aunque determinadas cosas se les dé fenomenal – no pueden darnos. Pero para eso hay que crear las motivaciones para que queramos hacer el esfuerzo extra de involucrarnos con esas otras clases de arte. Y creo que eso puede verse en las artes visuales, creo que puede verse en la música…”

 

 

(Imágenes – Lee Friedlander–2001-`pinterest)

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