UN RATÓN BLANCO DE MARFIL

 

 

“Tu inquietud me hace pensar

en las aves de paso que se estrellan

contra los faros en las noches de tormenta.

También una tormenta es tu dulzura,

se desata sin mostrarse y sus sosiegos

son incluso más raros.

No sé cómo resistes

exhausta en este lago

de indiferencia que es tu corazón;

quizá te salva un amuleto

que guardas junto al lápiz de labios,

la polvera, la lima: un ratón blanco,

de marfil; ¡y así existes!”

Eugenio Móntale—“Dora Markus”

(Imagen- fundación Balenziaga)

EL PÁJARO ATRAPADO EN LA RED

 

 

“Los críticos repiten,

extraviados por mí,

que mi es una institución.

Sin esta culpa mía, habrían sabido

que en mí los muchos son uno, aunque aparezcan

multiplicados por los espejos. Lo malo

es que el pájaro atrapado en la red

no sabe si es él mismo o uno de sus demasiados dobles”.

Eugenio Montale–  “El tú”

(Imagen – Foto : Richard Day – National Geographic)

HOJITAS DE PAPEL

 

 

“Yo escribía mis poemas – decía el poeta italiano y Premio Nobel de Literatura, Eugenio Montale – en hojitas de papel. Unas veces las conservaba, otras la muchacha las tiraba como basura. Esto asemás porque nunca he tenido hojas de papel. Aún hoy, cuando tengo que escribir una carta, tomo ese papel que da el periódico y que es el peor papel italiano, el más económico. Luego no se puede borrar  ni siquiera con la goma, porque se hacen manchas horribles. Así pues, divido en dos partes la hoja y allí escribo, siempre disculpándome  por el papel. Una vez, el profesor Molaioli, apiadándose por mi caso, me mandó un paquete de papel precioso. Pero ese es demasiado bonito.  Debe de estar allí todavía. Sería menester escribir en él autógrafos inmortales. Entonces, escribía en pedacitos de papel, a veces hasta en billetes de tranvía. Pero no sólo apuntes. Nacían en ellos partes enteras de poemas (…) Pero sigo escribiendo. He escrito poesías durante treinta y cinco años. Son muchos. De hecho ya habría debido morirme. Los grandes poetas mueren pronto. Se ve que soy un poeta muy pequeño, puesto que no muero. Hay excepciones. Víctor Hugo produjo en la vejez. Yeats escribió en la vejez. Pero, ¿por qué? Porque de joven no había encontrado todavía su fisonomía. Comenzó a encontrarla a los cincuenta años.”

(Imagen – Gerhard Richter)

GABINETE DE UN POETA

“Yo escribía poesía en hojitas de papel que metía en el bolsillo del chaleco – dice Eugenio Montale enDe la poesía” (Pre -textos) -. Unas veces las conservaba , otras la muchacha las tiraba como basura. Esto además porque nunca he tenido hojas de papel. Aún hoy, cuando tengo que escribir una carta, tomo ese papel que da el periódico y que es el peor papel italiano, el más económico, falsamente patinado. Luego no se puede borrar ni siquiera con la goma, porque se hacen manchas horribles. Así pues, divido en dos partes la hoja y allí escribo, siempre disculpándome por el papel. Una vez el profesor Molaioli, apiadándose por mi caso, me mandó un paquete de papel precioso. Pero ese es demasiado bonito. Debe de estar allí todavía. Sería menester escribir en él autógrafos inmortales. Entonces, pues, escribía en pedacitos de papel, a veces hasta en billetes de tranvía. Pero apuntes no. Nacían ya partes enteras (…) Se ve que comenzaba a escribir en un punto ya avanzado de maduración. Parece que Leopardi escribía primero una cosa en prosa y luego la ponía en verso. Yo no digo que no se pueda hacer, pero mi método de trabajo ha sido diferente.

(…) Hoy en la literatura el gigante tiende a desaparecer. Yo diría por  razones prácticas. No se puede hacer industria sólo con un gigante. Se requieren muchos y se excluyen unos a otros. Además el gigante es aburrido, monótono, escribía siempre las mismas cosas. Como Tolstoi, por ejemplo. Hoy debería cambiar cada año su estilo. Esto no significa que necesariamente no puedan existir grandes escritores. Tal vez se crearán clases diferentes de lectores: aquellos que piquen todos los peces, y los más seleccionados. Habrá muchas maneras de defenderse, porque mañana tendremos un número centuplicado de escritores, de artistas. Jules Renard decía : “Antes teníamos un público, hoy el público se ha puesto a escribir”.  Y entonces era apenas el comienzo. Por lo demás, son problemas que van más allá de la literatura.”

 

 

(Imágenes -1-Yaoyao ma van/ 2- Edwaert Collier)

“HE BAJADO, COGIÉNDOTE DEL BRAZO”

“He bajado, cogiéndote del brazo, al menos un millón de escaleras

y, ahora que no estás, el vacío se abre en cada escalón.

Aun así, fue breve nuestro largo viaje.

El mío sigue aún, pero ya no necesito

las correspondencias, las reservas,

las trampas y las vergüenzas de quien cree

que la realidad es la que se ve.

He bajado millones de escaleras, cogiéndote del brazo,

no ya porque con cuatro ojos tal vez se vea más.

Contigo las he bajado, porque sabía que de nosotros dos

las única pupilas verdaderas, aunque empañadas, eran las tuyas”.

Eugenio Montale.

(Imagen:- Lisboa.-Rui Palha)

MEDITERRÁNEO

“Hubiera querido sentirme áspero y esencial

como los guijarros que volteas,

comidos por el salitre;

esquirla fuera del tiempo, testimonio

de una voluntad fría que no pasa.

Otro distinto fuí: hombre atento que examina

en sí, en los demás, el hervor

de la vida fugaz – hombre tardío

a la acción, que nadie, después, destruye.

Quise buscar el mal

que carcome el mundo, la pequeña torcedura

de una palanca que para

la maquinaria universal; y vi todos

los eventos del minuto

prontos a disgregarse en un derrumbamiento.

Siguiendo el surco de un sendero, me encontré

con lo opuesto en mi corazón, con su ofrecimiento; y acaso

preciso me era el cuchillo que corta,

la mente que decide y se resuelve.

Otros me eran los libros necesarios,

no tu página retumbante.

Mas nada sé añorar: tú aún desatas

esos nudos internos con tu canto.

Tu delirio ya sube a las estrellas”.

Eugenio Montale: “Mediterráneo” (1924).-“Huesos de jibia” (1920-1929)

(Imágenes:-1.- Minor White.-.-1947.-Archivo White.-Universidad de Princeton.-Master of Photography/ 2.- Floriana Barbu.-photo.net)

MÚSICA Y LITERATURA

Vinteuil en Proust, el compositor fantástico en “En busca del tiempo perdido“, Adrián Leverkün en Thomas Mann, el compositor imaginario en “Doktor Faustus” – la figura en la que se reconoció Arnold Schönberg -: músicos y escritores entrelazados en obras y en historia. En el caso de Proust sus conocimientos musicales fueron acompañados por los gustos familiares, por la frecuentación de los salones donde se celebraban conciertos, por las veladas musicales en el Ritz, las listas de representaciones de óperas, los ballets a los cuales asistió o la invitación para escuchar cuartetos. César Franck, Debussy, Fauré, Wagner, Chopin y Beethoven, entre otros, serán nombrados siempre por Proust con admiración. Ante ese “discurso sin palabras” – que así llamará él a la música – se trataba de reconstruir en cierto modo la obra musical dentro de la gran novela que con ecos y  ritmos propios participaría igualmente de la poesía.

En el caso de Thomas Mann podemos leer en “La novela de una novela“: “No he de olvidar una magnífica interpretación del cuarteto de Busch, en Town Hall, con la perfecta ejecución del opus 132 de Beethoven, esa obra suprema que yo, como por disposición del destino, oí por lo menos cinco veces en los años del “Faustus. Muy numerosas veces la música ha penetrado en la poesía y en muchas otras ocasiones ha sido ésta la que ha penetrado en la música. En “Il vento de Debussy“, como se ha demostrado certeramente,  la música influyó decisivamente en la poesía del italiano Montale. Como se han mantenido juntas – según varios autores – las poesías de Goethe y los Lieder de Schubert, la poesía de Mallarmé y la pieza de Debussy.

Igual que en en las relaciones entre música y pintura – al que alguna vez me he referido en Mi Siglo al hablar de Chopin y Delacroix -, la música ha transportado a escritores y pensadores, elevándolos por encima del tiempo. El francés Charles Du Bos contaba en su “Diario” (Emecé) al escuchar a César Franck: “Yo no tengo ninguna esperanza de traducir con palabras lo que significa para mí desde hace veintisiete años el quinteto. Desde los primeros compases me siento como girando, enviado de un lado a otro en el espacio, entre cielo y tierra, en una gigantesca hamaca donde, sin embargo, la misma opulencia reviste el valor y la coloración del heroísmo. Uno se siente “transportado” en el sentido etimológico y fuerte de la palabra. Sí, es esto lo que hace el quinteto de Franck: transportar“.

(Pequeña evocación cuando han aparecido una serie de volúmenes de la colección “Los escritores y la música“.-Ediciones Singulares)

(Imágenes:-1.-el violonchelista.-1957.-Robert Doisneau.-all-art.org/2.-Schönberg.-tres piezas para piano. op 11.-nº 1.-wikipedia/3.-trabajo de músico.-Siegerland, Alemania.-August Sander.-all-art.org)

VIDAS PRIVADAS Y FÚTBOL

“Alrededor del campo de fútbol – escribe el sociólogo Roger Caillois en  suTeoría de los juegos” (Seix Barral) -, el desarrollo de las grandes ciudades y los medios de transporte colectivos favorece la reunión frecuente, semanal, de muchedumbres apasionadas, si no frenéticas. Al mismo tiempo el cine, la radio, la televisión, permiten un sistema de concesiones y repeticiones sucesivas del menor espectáculo que tiene por consecuencia una infinita multiplicación  de público en el espacio e incluso en el tiempo. En la prensa y en las carteleras la fotografía del campeón está en todas partes presente, inevitable, seductor. El público quiere conocer los detalles más insignificantes de sus vidas. Le informan de sus gustos, y los adopta. Imita a esos ídolos de temporada, vencedores de una competición oscura y difusa, cuya postura es el favor popular. La indentificación con el héroe presenta frecuentemente caracteres desmesurados y a veces dramáticos. Estas apasionadas devociones no excluyen, en efecto, el frenesí colectivo”.

En la serie que dediqué en Mi Siglo a las Olimpiadas apareció el poema de Miguel Hernández “Elegía al guardameta”. Guardameta fue también Albert Camus en 1930, en el equipo de fútbol R. U. A. en Argel. Desde 1925 el autor de “La peste” toma conciencia, comparándose con sus compañeros de liceo, de la pobreza de su familia y encontrará gracias al fútbol la ocasión de vivir con ellos una fraternidad de equipo. Primero se destacará como portero en el liceo y más tarde en el equipo de Argel de la asociación deportiva de Montpensier.

Entre otros escritores de países distintos – Gerardo Diego, Alberti, Sábato, Cortázar y muchos más – los italianos Eugenio Montale o Umberto Saba dedicaron al fútbol poemas o novelas. Pasolini describía en uno de sus primeros libros a los muchachos de la calle en las explanadas de Roma:” Los chicos, un sábado, ya se habían hartado de jugar en la explanada, al pie del Monte di Splendore -una joroba de pocos metros de tierra que obstruía la vista de Monteverde y del Ferrodebó y, al horizonte, la línea del mar -, cuando algunos muchachotes mayores llegaron y se colocaron ante el arco con la pelota entre los pies. Formaron círculo y empezaron a cambiarse pasos secos y bajos. Al poco rato todos ya estaban empapados de sudor, pero no querían quitarse la chaqueta dominguera o el jersey de lana azul con franjas negras y amarillas, dado el modo casual y burlón con que habían empezado a jugar. (…) Álvaro ensayó una jugada fina, recibiendo de tacón la pelota, pero erró, y la pelota rodó lejos, hacia donde el Riccetto y otros estaban echados en la hierba roñosa”.

Fútbol y literatura han ido muchas veces hermanados.  “El espíritu de competición – recordaba Caillois – ha acabado por triunfar”.

Quedan los grandes voceríos en los enormes estadios, la incógnita del conflicto, las palpitaciones de la afición.

(Imágenes:- 1- Martin Verges.-2004-2005.-525 Contemporay Art Gallery.-Monntevideo- Uruguay.-artnet/2.-Albert Camus en el centro, en 1930, cuando era guardameta del equipo de fútbol R. U. A. en Argel)

EL ARTE DEL PODER

Estas armaduras alejadas de los campos de batalla y colocadas estos días en salas de paz o de silencio, muestran ahora en el Museo del Prado aquello que fue un día la protección del poder, guerreros protegidos de cuantos peones les asediaban en tiempo de escaramuzas de infantes, antes de que los arcabuces lanzaran balas contra los hierros. Hoy el poder se resguarda con otro tipo de armaduras más sofisticadas e invisibles y a pesar de tal opresión los escritores frente al poder (Caralt) nos han ido entregando importantes testimonios en el siglo XX, como el de Sabato o Montale , Carlos Fuentes o Heinrich Böll y también de Vassilikos, de Gombrowicz Scorza o Ehrenburg.

Pero en los siglos XVl y XVll los escritores frente al poder no se reunían en libro, aunque las obras indivuales criticaban los abusos de tanto guerrero embozado, sus espaldas de acero,  piernas embutidas en rodilleras, codos escondidos en guardabrazos, manos ocultas en manoplas. Una armadura completa pesaba hasta 48 kilos, pero debajo de esa armadura estaba, bajo las camisas y vestidos, la carne y la sangre, y la sangre tenía, como siempre ha tenido en la historia y en la vida, su indiscutible color rojo.

Ese color de sangre, de un rojo vivo, teñía también la indumentaria del siglo XVl en varios países de Europa, y así del Guardarropa de Enrique Vlll podemos conocer sus jubones de terciopelo azul y rojo, forrados con tela de oro. Era el rojo de siempre manando de las heridas que podían escaparse por las rendijas de aquellas armaduras que no la conseguían detener. A veces las armaduras de los poderosos no lo protegen todo. Los peones que las cercan consiguen penetrar entre cascos y corazas hasta rasgar al fondo bruñidos y damasquinados y llegar a la piel. Es la presión de la libertad. La que oprime con su fuerza láminas movibles. La que hace tambalearse el arte del poder. Un poder que en la Historia ha llenado las plazas de mítines y luego ha querido, con diversas armaduras, perpetuarse.

Imágenes.-1 y 2.-diversas armaduras de la actual exposición en el Museo del Prado/ 3.-cartel de la exposición en Madrid, que estará abierta hasta el 23 de mayo)

EL PODERÍO DE LAS MÁQUINAS

ciencia-ficcion-9876-foto-simon-norfolk-michael-hoppen-contemporary

El otro día, mientras Gmail se venía abajo, estuve aprovechando el tiempo releyendo lo que el italiano Eugenio Montale dice de las máquinas:

“Es inmensa nuestra deuda hacia las máquinas. Nos damos cuenta de ello, sólo cuando faltan, en todo o en parte. Si falta la corriente eléctrica durante algunos minutos; si los trenes llegan con retraso; si consideramos infame que una entidad pública nos propine continuamente las más odiosas cancioncillas de todo tiempo, no por eso pedimos en modo alguno la desaparición de la electricidad industrial, y tampoco la rehabilitación de las diligencias de caballos, y mucho menos aún la supresión de la TV. No: el disgusto que nosotros, hombres de la calle, sentimos cuando falla algo en el mecanismo universal, demuestra que no queremos en modo alguno deshacernos de las máquinas, sino que pretendemos que sean cada vez más numerosas, más eficientes y más perfectas. En el límite – seguía diciendo el  Premio Nobel de Literatura (“En nuestro tiempo“) (Plaza-Janés) -, se pide a la máquina que dispense al hombre de todo trabajo fatigoso y que le dé una libertad cada vez mayor. Un día – se dice -, el hombre podrá trabajar tres o cuatro horas, dedicando las horas libres a un número prácticamente infinito de pasatiempos. Pero ya se perfila el problema de que una inmensa horda de hombres obligados a la distracción por deber social, llegue a convertirse en un inmenso semillero de nuevos enfurecidos y, tal vez, de nuevos delincuentes. Y así se vuelve a la eterna cuestión del hombre natural y del hombre artificial”.

Entonces, de repente, Gmail se arregló, se resolvieron los problemas en cascada y el mundo de los servidores comenzó de nuevo a servir. Sin embargo, desde la ventana, distinguí a toda la gran masa de hombres obligados a la distracción no por deber social sino por el cerco de la crisis, la catarata de los despidos y las jubilaciones anticipadas. Eran los nuevos enfurecidos y acaso los nuevos delincuentes. Y pensé qué podía hacer por ellos – si algo podía hacer – el poderío de las máquinas.

(Imagen: foto Simon Norfolk.-Michael Hoppen Contemporay)