LOS MUEBLES Y LAS HABITACIONES

 

“Cualquiera conoce lo socorrido que se vuelve cambiar de sitio los muebles. — escribe el cubano Antonio José Ponte en “ Una tirada del libro de los cambios” —.Se cambian porque llega un nuevo objeto a la parentela o porque no puede  traerse un nuevo objeto.

Quien lo haya hecho a menudo conoce que esos cambios consisten principalmente en un giro de las cosas: las paredes de la habitación permanecen fijas y lo que contienen adentro rota. Los muebles, los objetos y quien vive entre ellos, tienen sobre las cuatro paredes la ventaja de un día.

La ilusión termina al final de ese plazo. Después las cosas vuelven a lucir como antes, acopladas a la habitación.

Resulta muy difícil desarticular el orden que hemos dado a los muebles. Ellos no parecen dispuestos a permitir que las antiguas relaciones se rompan. Se aferran entre sí de modo que nadie puede apartarlos. El librero se agarra a la silla, la cama al espejo.

Cuando nos proponemos hacer cambios en una habitación lo que seguramente conseguimos es un cambio en la cardinalidad de las mismas relaciones de siempre. Entre los objetos y las paredes existe la misma relación que entre la aguja y el disco de una brújula.

El verdadero cambio consistiría en un cambio en las paredes. O en dejarlo todo e irse de la habitación.”

 

 

(Imágenes— 1- foto 2013/ 2-Edward Lamson Herry)

 

SOBRE LOS ESPEJOS

 

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El espejo en la tradición japonesa aparece relacionado con la revelación de la verdad y también con la pureza, como recuerda Jean Chevalier en su “Diccionario de los símbolos“. Pero el espejo siempre será en todas las literaturas y las artes motivo de  profunda fascinación. Ahora se publica una Antología sobre el tema, “A través del espejo” (Atalanta), y la voz de Chevalier y también la de Cirlot nos lanzan a la profundidad de las interpretaciones. ¿Qué refleja el espejo?, se han preguntado algunos poetas. La verdad, la sinceridad, el contenido del corazón y de la conciencia, cada uno de ellos se ha ido contestando. Se ha escrito sobre los espejos mágicos, sobre el espejo como instrumento de Iluminación, sobre el espejo como símbolo solar. Por otro lado, el espejo proporciona a la realidad una imagen invertida. Símbolo lunar y femenino, el espejo en China, anota Chevalier, es el emblema de la reina. Y por otro lado es el signo de la armonía. Un espejo roto significa la separación. Igualmente el espejo octogonal  en China, es el intermediario entre el espejo redondo ( lo celeste) y el espejo cuadrado ( lo terrestre).

 

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El espejo mágico se corresponde a una de las más antiguas formas de adivinación. Se dice que venía de Persia, y Pitágoras, según una leyenda, poseía un espejo mágico que él presentaba a la faz de la luna para adivinar el porvenir.  El espejo mágico permitía leer el pasado, el presente y el futuro. Bajo otros aspectos muy diversos, el espejo ha sido un tema privilegiado en la filosofía. A veces el espejo ha causado terror porque muestra el conocimiento del yo. Recuerda Cirlot que el espejo es símbolo mágico de la memoria inconsciente y en concreto los espejos de mano son emblemas de la verdad. El espejo, sigue diciendo, sirve para suscitar apariciones, devolviendo las imágenes que aceptara en el pasado o también para anular distancias reflejando lo que un día estuvo frente a él y ahora se halla en la lejanía.

 

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Se ha relacionado también el espejo con el pensamiento, en cuanto éste – así lo han afirmado varios filósofos – es el órgano de autocontemplación y reflejo del universo. Y si nos acercamos a numerosos escritores de todos los tiempos el espejo se pasea, a veces obsesivamente, por sus páginas.  Ensayos de Umberto Eco sobre el espejo y el signo o capítulos de Alberto Manguel, entre otros, están dedicados a los espejos. Confesaba Borges en una  entrevista que en su niñez no quería estar solo en su habitación porque tenía horror de los espejos. Se sentía inquieto ante el espejo donde su cuerpo estaba triplicado. Volvió a mencionar esta obsesión alrededor de 1977: “Realmente es terrible  –dijo -que haya espejos. Creo que Poe lo sintió también… nos hemos acostumbrado a los espejos, pero hay algo de terrible en esa duplicación visual de la realidad”.

 

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(Imágenes- 1-Robert Campin/ 2.- prosperie- 2013/ 3.-John Singer Sargent – 1858/ 4.-masahisa fucase- ipnagogicosentire)

ESPEJOS

rostros.-tybn.-espejos.-Vivian Maier.-1950

“Espejos: nadie aún ha descrito, sabiéndolo,

qué sois en vuestro ser.

Vosotros, como intersticios del tiempo,

llenos sólo de agujeros de cedazo.

Vosotros, derrochadores aún de la sala vacía,

a la hora del crepúsculo, vastos como bosques…

Y la araña, como un ciervo de dieciséis cuernos,

pasa a través de vuestra impenetrabilidad.

A veces estáis llenos de pinturas.

Algunos parecen haber entrado en vosotros,

a otras tímidamente las mandáis pasar de largo.

Pero la más bella quedará, hasta que,

al otro lado, en la virginidad de sus mejillas

haya penetrado el claro, liberado Narciso.”

Rainer Maria Rilke.“Los sonetos a Orfeo”.– Libro ll.-soneto lll

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(Imágenes.-1.-Vivian Maier- 1950/ 2.-Laura Knight– 1922- pinterest.com)

¡SI YO PUDIERA, OH ALMA…

rostros.-rriu.-espejos.- Vivian Maier.-autorretrato.-1960

“¡Si yo pudiera, oh alma, tal como eres

captarte en el más puro espejo;

y todo lo que es únicamente tuyo

hacer que te encontrara como ajeno!

Sí, si recayera sólo desde estos ojos

una mirada, al tocarnos, al propio corazón:

temerosa te acercarías a la imagen sin nombre,

como a un enigma que implora solución,

para que uno en otro para siempre se calmara;

pero, ay, apenas te has reconocido a medias,

te desconoces, y te has apartado!”

Eduard Mörike.-“Margareta” (traducción José María Valverde)

paisajes.-67h.-gentes.-Hossein Zare

(Imágenes:-1.-Vivian Maier.- autorretrato.- 1960/ 2.- Hossein Zare)

LOS ESPOSOS ARNOLFINI

Jan van Eyck, pudo él mismo, de buena fe y con ingenua modestia – recuerda Ramón Gaya en “Naturalidad del arte” (Pre-textos)  – pensar que trabajaba para unos comerciantes, pero hoy sabemos que no es verdad; el retrato de los esposos Arnolfini fue emprendido, no por honesto y vil encargo, sino porque necesitaba urgentemente pintarse, realizarse; pero no se trataría de una necesidad de los Arnolfini, y tampoco de una más extensa necesidad medieval, histórica, ni siquiera de una íntima necesidad del pintor como pintor, del artista como artista, sino de una primaria y tiránica energía del hombre como especie pura, bruta. Escuchar esa voz originaria, antigua, perenne, sustancial, esencial, y obedecer a ella, es lo propio del creador, pero la verdad es que esa voz suena para todos, y lo que pide – porque viene a pedir, a exigir -, nos lo pide a todos; no es una voz especialmente destinada a los artistas creadores, sino una imperiosa voz que suena para el oído total humano, aunque sea, eso sí, oscura, subterránea, que se oye apenas”.

Hace pocas semanas recogí en Mi Siglo  la frase del francés Duhamel sobre momentos claves de la creación. Ahora, añadiendo un testimonio más, habría que recordar las palabras del español Blasco Ibáñez  cuando confesaba: “Yo llevo en mí mi novela durante mucho tiempo, a veces dos o tres años, y, cuando llega el momento del parto, me asalta como una fiebre puerperal y escribo mi libro“. Tal urgencia esencial del creador es de la que habla Gaya cuando se refiere al trabajo de van Ecky. Una urgencia que él amplía al hombre común, al quehacer del ser humano.

Esa estancia en la que se representa al comerciante italiano Giovanni Arnolfini llegado a los Países Bajos en viaje de negocios en compañía de su esposa Jeanne de Chenany en 1434 ha sido visitada muchas veces por eminentes estudiosos del arte. Ha entrado en ella Panofsky para analizarla y entró también despacio, entre muchos otros, Gombrich para fijarse no sólo en el conjunto sino en objetos precisos, como la alfombra o las zapatillas, el rosario colgado en la pared, el pequeño sacudidor al lado de la cama y unas frutas en el antepecho de la ventana. Y de modo especial en el espejo, al fondo de la habitación. Mucho se ha escrito sobre los espejos en el arte, origen muchas veces del autorretrato. Como se sabe, Durero, a los trece años, dibuja su retrato con la ayuda de un espejo. Pero lo que Gombrich señala es que en ese espejo “vemos toda la escena reflejada y, al parecer, también la imagen del pintor y testigo con las palabras latinas: “Jan van Eyck estuvo presente. 1434. En esa estancia que confirma la intimidad ceremoniosa de los esposos “se quiso hacer uso – dice Gombrich – de la nueva clase de pintura que puede ser comparado al empleo legal de una fotografía oportunamente aportada por un testigo. (…) Por primera vez en la historia, el artista se convertía en un perfecto testigo ocular en el verdadero sentido de la palabra”.

(Imágnes: 1.-Jan van Ecky.-Retrato de los esposos Arnolfini.- National Gallery.-Londres/ 2.-Retrato de los esposos Arnolfini detalle del espejo.- scielo. iscii.es/ 3.-Retrato de los esposos Arnolfini.-detalle del perro)

EL ACTOR FRENTE AL ESPEJO

“Se calculan diez minutos para el maquillaje de un hombre, veinte para el de una mujer – decía hace ya varios años Georges Sadoul en “Las maravillas del cine” – Ignoro si continúa así la medición de los minutos en lo que se refiere a la preparación del actor tanto en el teatro como  en el cine, peroañadía entonces Sadoul -“la operación puede durar una hora cuando se trata de disimular las patas de gallo, las ojeras, los carrillos o la papada de una estrella ilustre que se niega a envejecer. (…) El maquillaje que se aplica al rostro hace resaltar su belleza, disimula sus defectos, acentúa o simula la juventud o la vejez. Colores que avivan sobre todo los ojos y la boca, principales medios de expresión de un actor”. Ahora, cuando nos acercamos al rostro de Núria Espert, que a su vez se acerca al espejo disponiéndose a interpretar a Celestina, podemos oir al fondo del camerino los recordatorios que seguía evocando Sadoul junto al espejo: “Un cráneo falso o una nariz de cartón (o de otra materia rígida) no pueden amoldarse a los movimientos del rostro y se mueven rígidamente. Pelucas, postizos, falsos cráneos, falsos mentones, narices artificiales, dentaduras, todo puede transformar a un actor en un  monstruo”.

Jean Cocteuseguía diciendo Sadoul – para “La Bella y la Bestia“, había tomado el argumento del film de un cuento en el que el amor de una muchacha transformaba a un monstruo en un príncipe encantador. Para crear la Bestia fueron necesarios muchos meses de trabajos previos; durante el rodaje se necesitaron cuatro horas para transformar el rostro del intérprete en una cabeza leonina. Los pelos fueron dispuestos sobre tul, como cabellos, y el conjunto pegado sobre la piel del actor; esta pelambrera adjunta a la epidermis permitía a Jean Marais rictus, expresiones y parpadeos. Se le puso en el cráneo una peluca parecida a una melena y colmillos mostruosos en las encías oscuras. Las manos estaban cubiertas de pelo, armadas con garras, transformadas en patas”.

Es el disfraz, el simulacro, el camuflaje del rostro ocultando el yo profundo y haciendo emerger el otro yo de intérprete.  “El actor – recordaba Gouhier – no es un hombre desnudo sobre un tablado desnudo. Su cuerpo necesita un vestido y su cuerpo vestido se mueve en un  ámbito en el cual la luz ilumina las cosas, y la oscuridad borra los objetos”. El espejo va y viene hacia las transformaciones y las arrugas y las arrugas van y vienen – como tantas veces en la vida – para ser retocadas ante el espejo. “Yo trabajaba ante mi espejo – confesaba Jacques Copeau – : buscaba los gestos de mis personajes, y esperaba que la palabra justa, la frase exacta me viniese a los labios…”.

(Pequeño apunte sobre “Camerinos“, la exposición de fotografías de actores y actrices que se ofrece en el Festival del Teatro de Mérida)

(Imágenes: 1.- Nuria Espert caracterizándose para  ” La Celestina”.-foto Sergio Parra/ 2.- José Luis Gómez preparándose para “Informe para una academia”.-foto Sergio Parra/ 3.- Jean Marais caracterizado en “La Bella y la Bestia”/ 4.-Humphrey Bogart maquillándose a sí mismo para “El regreso del Doctor X”)

ROSTROS Y ESPEJOS

“El acto de la mirada – dice Jean Starobinski – no se agota en el momento: lleva consigo un impulso perseverante, una reanudación obstinada, como si estuviera animado por la esperanza de acrecentar su descubrimiento o reconquistar lo que se le está escapando”.

“Lo dijo Goethe en una Elegía famosa: las manos quieren ver, los ojos desean acariciar. A lo cual se le puede añadir: la mirada quiere convertirse en palabra, acepta perder la facultad de percibir de manera inmediata, para adquirir el don de fijar de modo más duradero lo que se le escapa”,

“De todos los sentidos, la vista es aquél en que la impaciencia domina de modo más manifiesto. Fascinar, es decir, hacer brillar el fuego de lo oculto en una pupila inmóvil”.

“En los ojos están incluidos, en cierto modo, todos los demás sentidos y, en la práctica del lenguaje humano, a menudo, ver y sentir, viene a ser lo mismo”, recuerda, citando a Bossuet, el mismo Starobinski.

Luego la mirada desciende, se concentra en lo escrito. Intenta dibujar en el papel todo cuanto ha mirado. Pero no recuerda bien lo que le dijo la mirada. El rostro es el espejo del alma, está escribiendo con el lápiz, y sus ojos los refleja el espejo.

(Imágenes: 1.- señora Flor.-Londres- 1921.-E. O. Hoppé.-Hoppé Portraits.-npg. org/ 2.-Tilly Losch.-E. O. Hoppé.-1928.-Hoppé Portraits/ 3.-Ezra Pound.-1918.-E. O. Hoppé.-Hoppé Portrais/ 4.- Hebe (Constanza Vesellier).-1917.-E. O. Hoppé.-Hoppé Portraits/ 5.-William Strang.- 1909.-E. O. Hoppé.-Hoppé Portraits)

RASTRO DE LOS OBJETOS

Estos objetos amontonados, las lámparas, los espejos, el reflejo de las lámparas en los espejos, el misterio de las sillas sin dueño, los libros, candelabros, estanterías, fetichismos del pasado, realidades y falsificaciones, imitaciones, el caprichoso circuito de los objetos que van y vienen embalados, atados con cuerdas, embozados en mantas, viajeros nocturnos en camiones de mudanzas, herencias, despojos, conversaciones que escucharon y mantuvieron, cansancio de sus vidas, todo esto lo cubre la mirada cuando se pasea por el Rastro de las oportunidades en tantas existencias,

y luego están las mesas, aquellas mesas donde se escribió, las mesas que fueron soporte de célebres firmas, sostenes de tazas, vasos y vajillas, mesas en las que se sirvieron frutas y manjares, mesas adornadas de flores, vitrinas, relojes, péndulos, escaleras que subieron al cielo de la imaginación, peldaños de cuentos buscando buhardillas encantadas, lomos, lomos de libros encuadernados, sombreros, sombreros olvidados de memoria, sombreros amados, retocados ante espejos que ahora se reflejan en lámparas, lámparas que iluminan respaldos de sillas donde se curvaron espaldas, espaldas que se irguieron para mirar medallas, medallas envejecidas, medallas conquistadas, medallas emotivas, medallas de íntimo valor y medallas como corazones fulgurantes, cuajadas de victorias que uno consiguió, victorias íntimas que nadie celebró,

y luego están las sombras, las luces, las penumbras, los sillones, rincones de sillones y de conversaciones, aquellas confidencias pactadas, los amores sellados, el tiempo en tic-tac, aquellos muebles guardando secretos, pequeñas llaves y diminutos cerrojos de silencios, aquello que nunca se dijo, lo que nunca se admitió, viejos papeles amarillos que descubren los herederos, cuentas, propósitos, decisiones, proyectos, una fotografía desvaída y una penumbra en un  rostro que el espejo refleja, el rastro de los objetos que este Rastro dejó, muebles amontonados y recolocados en un escenario, el teatro de las últimas cosas, la representación de lo que fue…

Y de pronto, la realidad que abre la puerta y el primer comprador que entra buscando trastos viejos.

(Imágenes: 1,2 y 3.-Rastro de Madrid.-Objetos Alba Longe.-15-1-2011.-fotos JJP)