EL HOMBRE SIN CAMISA

 

 

 

“Un zar, hallándose enfermo, dijo;

—¡Daré la mitad de mi reino a quien me cure!

Entonces todos los sabios se reunieron y celebraron una junta para curar al zar, mas no encontraron medio alguno. Uno de ellos, sin embargo, declaró que era posible curar al zar.
—Si sobre la tierra se encuentra un hombre feliz —dijo —, quítesele la camisa y que se la ponga el zar, con lo que éste será curado.

El zar hizo buscar en su reino a un hombre feliz. Los enviados del soberano se esparcieron por todo el reino, mas no pudieron descubrir a un hombre feliz. No encontraron a un hombre contento con su suerte.

El uno era rico, pero estaba enfermo; el otro gozaba de salud, pero era pobre; aquel, rico y sano, quejábase de su mujer; éste, de sus hijos; todos deseaban algo.

Cierta noche, muy tarde, el hijo del zar, al pasar frente a una pobre choza, oyó que alguien exclamaba:

—Gracias a Dios he trabajado y he comido bien. ¿Qué me falta?

El hijo del zar sintióse lleno de alegría; inmediatamente mandó que le llevaran la camisa de aquel hombre, a quien en cambio había de darse cuanto dinero exigiera.

Los enviados presentáronse a toda prisa en la casa de aquel hombre para quitarle la camisa; pero el hombre feliz era tan pobre que no tenía camisa.”

León Tolstoi

 

 

 

(Imágenes —1- Claude Monet- 1897/2- Laure Albin Guillot)

EL ENTIERRO DE CHEJOV

 

“Acabamos de enterrar a Antón Chejov escribe Máximo Gorki a Y. P. Péshkova  en una carta de julio de 1904 -. Estoy tan afectado por este entierro que apenas puedo describírtelo inteligiblemente, ando, hablo, incluso me río, pero en mi interior siento repugnancia, creo que estoy manchado de pies a cabeza con una porquería pegajosa y apestosa y que ha cubierto con una capa gruesa mi cerebro y mi corazón. Este hombre prodigioso, este maravilloso artista que luchó toda la vida contra la vulgaridad que encontraba por todas partes y que iluminaba sus manchas putrefactas con una luz tenue y de reproche, parecida a la luz del día, Antón Pávlovich, un hombre que detestaba todo lo trivial y lo vulgar, fue trasladado en un vagón “para transportar ostras frescas” y fue enterrado junto a la tumba de Olga Kukarétkina, la viuda de un cosaco. Son pequeñeces, amigo mío, sí, pero, cuando recuerdo el vagón y a Kukarétkina, se me encoge el corazón, y  estoy dispuesto a aullar, a rugir y a pelearme de indignación, de rencor.

 

 

A él le da igual que su cuerpo haya sido transportado en una cesta para la ropa sucia, pero no a nosotros, a la sociedad rusa, no puedo perdonar este vagón ” para ostras”. En este vagón se encuentra precisamente aquella vulgaridad de la vida rusa, aquella falta de cultura que tanto había indignado siempre al difunto. San Petersburgo no recibió sus restos como era debido, cosa que me ofende. En el entierro de un escritor como Antón Chejov habría preferido ver a no más que una docena de personas que le querían de verdad; en cambio, vi una multitud, “el público”, eran entre tres y cinco mil, y para mí se convirtieron todos en una nube espesa y grasienta de vulgaridad triunfante”.

 

 

(Imágenes-1-  Chejov -melikhovo – Wikipedia/2- San Petersburgo-Fyodor  Vasilyev -1870/ 3-iluminaciones en San Petersburgo- 1869- Wkipedia)

¡ESCRIBA, ESCRIBA!

 

chejov-retrato-por-osip-braz-wikipedia

 

“¡Escriba lo máximo que pueda! Escriba, escriba, escriba…hasta que los dedos no aguanten más ( en la vida es importante escribir bien) – le dice Antón  Chéjov en una carta a María V. Kiseliova -.   Escriba más, teniendo en cuenta no tanto el desarrollo intelectual de la masa como la circunstancia de que en un primer tiempo le devolverán una buena parte de sus escritos por el hecho de no ser conocida para la “pequeña prensa”. Pero no deje que le importunen. Incluso si le devuelven la mitad de sus escritos, entonces será de provecho. Y la vanidad… No la conozco, como usted, aunque  hace tiempo que estoy acostumbrado.

Escriba sobre diversos temas, cómicos y serios, buenos y malos… Haga cuentos, menudencias, chistes, agudezas, etc

Escriba de una sentada, con total confianza en su pluma. Le hablo con honestidad, no de  manera hipócrita: el ochenta por ciento de los editores de la “pequeña prensa” no son nada comparados con usted”.

Antón Chejov, Moscú, 29 de septiembre de 1886

(Imagen-retrato de Chejov por Osif Braz. Wikipedia)