ANTE UN PARÍS VACÍO

 

Bernard  Buffet y su ciudad sin  habitantes. Como así la estamos viendo y viviendo . Día a día.

“Bernard Buffet — comentaba el académico Gérard Bauer hablando del pintor —, ha suprimido los aspectos directos de la vida y  ha hecho desaparecer, en sus cuadros, a los habitantes de la ciudad, para ceder el lugar y la expresión a la piedra, a los monumentos, a las casas, únicos testigos del pasado y del presente. Bernard Buffet no acepta ni siquiera un pájaro, cuervo, mirlo o gorrión. Sólo lo inanimado, pero un inanimado aparente, pues un alma vela sobre esas extensiones de piedra, tejados o chimeneas.

La realeza, por ejemplo,  de la plaza de los Vosgos se afirma en una disposición magistral que sólo un maestro del dibujo podría transcribir con esta infalibilidad. Esas altas ventanas con marcos de ladrillo y de revoque blanco son las que han presenciado el desfile de la Historia.”

Ahora las atraviesa el virus.

 

 

“La isla de Sant-Louis, en el recodo del Quai d’Anjou, perfila sus casas antiguas, rostros impasibles y confidentes, en el pasado, de la nobleza aventurera y de la poesía.”

Ahora las visita el virus.

 

 

“Este París en estado puro — sigue diciendo Bauer de Buffet—, sin estorbos, sin adornos humanos, incluso sin la gracia de una primavera ni la caída de hojas de un otoño, es la ciudad tal como los hombres la han hecho. Este París lineal, sin embargo, tiene un alma. El pasado reside en ese inmenso silencio.”

 

 

 

(Imágenes —París – por Bernard Buffet)

LA ENFERMEDAD Y SUS REACCIONES

 

Antes de nuestra época  — escribía Susan Sontag en “La enfermedad y sus metáforas” —, se pensaba que el temperamento del paciente  contaba solamente en cuanto a su comportamiento una vez declarada la enfermedad. Como cualquier situación extrema, las enfermedades temidas sacaban a relucir lo mejor y lo peor de la gente. Sin embargo, las crónicas clásicas acerca de las epidemias subrayaban en primer lugar los estragos de la enfermedad en el carácter de las víctimas. Cuanto menos prejuicios tenía el cronista, y cuanto menos la enfermedad era para él el justiciero castigo por alguna iniquidad, tanto mayor era la probabilidad de que su relato acentuara la corrupción moral acarreada por la epidemia. Aunque en los casos en que el cronista no piense que la epidemia haga justicia sobre la comunidad entera, prácticamente sí la hace al desencadenar  el inexorable derrumbe de la moral y las buenas costumbres. Cuenta Tucídides cómo la plaga que se abate sobre Atenas en 430 a. de. Cristo engendra desorden y licencia. “ El placer del momento —escribe —ocupó el lugar del honor y la conveniencia’. (…) La calamidad del mal abre el camino para que discernamos en qué nos hemos engañado toda la vida y cuáles han sido nuestras fallos de carácter. En la película “Ikiru” de Kurosawa, el funcionario sexagenario que en ella aparece presenta su renuncia al enterarse de que sufre un incurable cáncer de estómago. Haciendo suya  la causa de una barriada pobre, lucha contra la misma burocracia a la que servía. Con un año de vida que le queda, Watanabe quiere hacer algo que valga la pena, redimir toda una vida mediocre.”

 

 

 

(Imágenes— Vittorio Ronconi/ Pejman Shosjei)

CONFINAMIENTOS

 

 

“Constantemente me pregunto — dice Ana Frank , encerrada y escribiendo  sus “Diarios” —si  la cohabitación con otras personas, sean las que sean, lleva forzosamente a disputas. ¿O quizá es que nosotros nos hemos caído particularmente mal? ¿ Serán la mayoría de las personas egoístas y mezquinas? Quizá estoy bien situada para adquirir cierto conocimiento humano; pero empiezo a pensar que ya basta. Ni nuestras disputas ni nuestras ganas de aire y de libertad harán detenerse la guerra; por eso debemos hacer todo lo posible para sacar el mejor partido de nuestra estancia aquí; si sigo aquí todavía mucho tiempo, también yo corro el peligro de convertirme en una vieja gruñona.

Voy, indiferente, de una habitación a otra, subiendo y bajando las escaleras, y me veo como un pájaro cantor cuyas alas han sido brutalmente arrancadas y que, en la oscuridad total, se hiere chocando contra los barrotes de una estrecha jaula. Una voz interior me grita : “¡Quiero salir!,  ¡Quiero aire! , ¡Quiero reír! “ Ni siquiera le respondo ya. Me tiendo sobre un diván y me duermo para abreviar el tiempo, el silencio y la espantosa angustia, pero no logro matarlos.”

 

(Imagen — Roy de Carava -1953)

AQUELLA SITUACIÓN … (3)

 

 

“Al final de aquel año, las Organizaciones Internacionales estaban, pues, parcialmente informadas de cuanto había ido sucediendo en los cinco meses últimos, pero tales datos eran entonces confidenciales y secretos en su gran mayoría ( no serían hechos públicos hasta mucho tiempo más tarde), y tan sólo en las últimas semanas se planteó en diversos organismos la posibilidad de que aquellas cifras fueran reveladas de manera global a través de los medios de comunicación (…) En el curso de los últimos meses, 27 países habían señalado a las principales Organizaciones del mundo, la presencia de aquel extraño fenómeno cuyos síntomas adquirían en cuestión de semanas un ritmo y una velocidad de propagación que elevaba aún más los comentarios ( …) En ese mes se tuvo, pues, conciencia por vez primera de que el fenómeno no era ya una situación insólita pero desigual, sino que su expansión y la imagen que iba revelando aquí y allá, en diversas partes del mundo, poseía una fuerza constante de propagación y una fisonomía común para todos los lugares y todos los seres —sin importar zonas o grupos étnicos —, y esa fisonomía  común y esa intensidad penetraban  y se iban perpetuando casi podría decirse con carácter endémico.  Aquel mes fue por consiguiente un mes decisivo para reunir de manera prácticamente oficial las bases de cuanto estaba ocurriendo. Lo que hasta ese momento se conocía de modo fragmentario, estaba a punto de salir a la luz, e incluso hubo algunas personas, que aisladamente y con muy fino olfato, llegaron a dar en este campo los primeros pasos.”

José Julio Perlado —“Contramuerte”

(Imagen —René Groebli- 1946)

LONDRES VACÍO EN 1665

 

“Leo en el “Diario “ de Samuel Pepys, miembro del Parlamento, Londres 1665:

8 de agosto de 1665:

”Trabajé un poco en mi oficina y luego a casa del Duque de Albemarle, por ciertos negocios. Las calles, vacías durante todo el trayecto, ahora hasta en Londres, lo que constituye un penoso cuadro.

10 de agosto:

A la oficina, donde nos quedamos toda la mañana, impresionadísimos  por la forma en que aumenta el boletín de mortalidad: más de tres mil defunciones esta semana.

12 de agosto :

En adelante, la oficina no estará abierta  más que el jueves, de modo que permanecí en casa toda.la mañana, poniendo mis documentos en orden. El Lord Mayor ordena al pueblo que no salga después de las nueve, a fin de que los enfermos puedan ir a tomar aire. Se produjo un deceso en Deptford, a bordo de uno de nuestros navíos, el Providence, que acababa de equiparse para zarpar. El acontecimiento nos inquieta mucho.

16 de agosto:

A la oficina, para escribir cartas. Luego estuve en la Bolsa, donde no concurría últimamente. Señor, ¡ qué triste escena la de las calles vacías y la Bolsa casi desierta! Toda casa cerrada parece sospechosa, siempre se recela que sea a causa de la epidemia. De cada tres negocios, hay dos cerrados, si no más.

 

28 de agosto:

No iba a la ciudad desde hace algunos días. En la Bolsa conté apenas  cincuenta personas. En consecuencia,  pienso decir adiós  a las calles londinenses.

 

30 agosto :

Me levanté temprano, salí y encontré a Hadly, nuestro empleado. Me dijo que la epidemia  aumenta aceleradamente, sobre todo en nuestra parroquia. “Han muerto nueve personas, pero no he inscrito  más que seis”. Muy mal proceder, a mi juicio. Esto me induce a creer que lo mismo ocurre en todas partes y que la epidemia, así pues, es más grave de lo que se calcula. Los transeúntes son tan raros que uno cree habitar una ciudad abandonada.

 

 

 

(Imágenes — 1- Londres : Albert Goodwin/ 2- Londres: Giuseppe de Nitis)

AQUELLA SITUACIÓN… (2)

 

 

“Nada aparentemente ocurría sino el fluir de la vida. Pero lo que por entonces en muchos tratados se dio en llamar “masa” para diferenciarlo del “individuo” en concreto, no era sino un nervioso agitarse de cuerpos que superficialmente venía e iba como viajeros huecos de reflexión. Tal invasión de vaciedad no era, sin embargo, real;  aquella denominada “masa” al andar — yendo y viniendo hacia donde sabía que debía ir y venir —, también presentía muchas más cosas que las que simulaba con un mero mirar: o bien en preocupaciones generales que, desveladas, nos hubieran dejado a mí y a tantos otros sobrecogidos o sobresaltados.

Personalmente yo no podría sino referirme a la observación de una “sospechosa tranquilidad casi perfecta”, bajo la cual podían detectarse movimientos interiores que presagiaban la posibilidad de que algo emergiera improvisadamente, alterando toda la aparente serenidad sólo con la sacudida de un estallido. Me asombraban  ante todo signos reveladores de una inquietud: de qué modo personas que podían suponerse razonables y equilibradas, dejaban escapar aquí y allá — según la circunstancia y el grado de intimidad en la confidencia — sus temores, presunciones y cálculos, incluso vaticinios que querían envolverse en un ropaje de auto-seguridad o de cierto optimismo. Es ahora — después de tanto tiempo —, cuando me vuelve a sorprender aquel clima de recelo en voz baja, igual que susurros de conciencias  tan semilúcidas para entrever como semiacobardadas para declarar  con libertad: igual que si viesen  y escuchasen el extraño rumor de lo que se fraguaba, pero no se atrevieran a pronunciarlo sino a hurtadillas y solitariamente, reprimiendo todas sus denuncias en un sofoco ahogado, similar al de una confusa confesión.”

José Julio Perlado —“Contramuerte”

 

 

(Imágenes— 1-Nikolai Gorrski/ 2- Maya Kapouski)

AQUELLA SITUACIÓN…(1)

 

 

“Curiosamente aquella especial situación o plaga — por llamarla de algún modo — había comenzado avanzando por la geografía de las pandemias y epidemias, allí donde tradicionalmente las enfermedades transmisibles  solían extender su territorio , y en regiones donde la historia había teñido de manchas de muerte ciudades y países tristemente famosos.  La plaga tuvo lugar al dar su vuelta el siglo. Pero ya en años precedentes había sufrido epidemias distintas de cólera, viruela o peste, unas en proporciones aún alarmantes  y otras surgidas únicamente por brotes aislados, como si de las nueve enfermedades más vigiladas por su contagio – cólera, peste, fiebre amarilla, viruela, tifus transmitido por piojos, fiebre recurrente, gripe vírica, poliomelitis paralítica y paludismo —, algunas sólo dejaran escapar su latido igual que si una erupción instantánea  saltara como respiración inquietante en alguna parte del mundo.  Con bastante anterioridad y durante un decenio, se había propagado el cólera  denominado el  Tor. Contemplado hoy desde el horizonte del extraño fenómeno que nos ocupa, adquiere una importancia decisiva tal epidemia de cólera en grandes zonas de Asía, África y Europa, ya que al inicio de aquel verano el cólera hacía años que había ido dejando su rastro.

 

 

 

(…)

En ese mes se tuvo, pues, conciencia por vez primera de que el fenómeno no era ya una situación  insólita pero desigual, sino que su expansión y la imagen que iba revelando aquí y allá, en diversas partes del mundo, poseía una fuerza constante de propagación y una fisonomía  común para todos los lugares y todos los seres —, y esa fisonomía común y esa intensidad penetraban y se iban perpetuando casi podría decirse con carácter endémico. Marzo  fue por consiguiente, un mes decisivo para reunir de manera prácticamente oficial las bases de cuanto estaba ocurriendo. Lo que hasta ese momento se conocía de modo fragmentario, estaba a punto de salir a la luz, e incluso hubo algunas personas, que aisladamente y con muy fino olfato, llegaron a dar en este campo los primeros pasos.”

José Julio Perlado — “Contramuerte”

 

 

(Imágenes —1- Sandra Mcabe /2-Man Ray/ 3- Emil Nolde- 1935)