ESA LARGA PLAYA

Frío y ventoso, no el mejor día

para un paseo por esa larga playa.

Distante cada cosa — lo más lejos posible,

lo más adentro remota, la marea: encogido, el océano;

pájaros marinos, solos o en parejas.

El viento de la costa, pendenciero y helado,

nos entumió la mitad de la cara,

desbarató la formación

de una bandada solitaria de gansos canadienses,

sopló sobre las horizontales olas inaudibles

y las alzó en niebla acerada.”

Elizabeth Bishop


(Imágenes—1-Ferdinando Scianna/ 2- Walter Leistikov)

EN LOS ALMACENES DE PESCADO

 

pescado-yeess-sardinas-zinaida-serebriakova-mil-novecientos-treinta

 

«Aún siendo un frío ocaso,

allá abajo, en una de las piscifactorías,

un viejo está sentado, cosiendo su red

con su usada y pulida lanzadora

en la luz crepuscular, casi invisible,

de un oscuro castaño violáceo.

Hay en el aire un olor tan fuerte a bacalao

que hace moquear y lagrimear.

Los cinco almacenes de pescado tienen tejados puntiagudos y pendientes

y estrechas y rugosas pasarelas para que no resbalen,

al subir y bajar, las carretillas de los desvanes bajo la cubierta.

Todo es de plata: la pesada superficie del mar,

hinchándose con lentitud como si pensara desbordarse,

es opaca, pero la plata de los bancos,

de las nansas para las langostas y de los mástiles, todo ello extendido

entre las salvajes y afiladas rocas,

tiene un aspecto aparentemente traslúcido,

como las bajas, viejas construcciones con un musgo esmeralda

que ha crecido en los muros del lado de la orilla.

Los grandes cubos de pescado están completamente recubiertos

de capas de hermosas escamas de arenques,

y las carretillas tienen un enlucido semejante

hecho con esta cremosa, iridiscente cota de malla

con pequeñas, iridescentes moscas arrastrándose por encima.

(…)»

Elizabeth Bishop – «En los almacenes de pescado» – «Una fría primavera» (1955) – traducción de D. Sam Abrams y Joan Margarit)

(Imagen.-Zinaida Serebriakova -1930)

EL ARTE DE PERDER

mujer-onnu- salon des Champ de Mars-mil ochocientos noventa y siete

 

«No es difïcil dominar el arte de perder;

tantas cosas parecen llenas del propósito de ser perdidas,

que su pérdida no es ningún desastre.

Perder alguna cosa cada día. Aceptar aturdirse por la pérdida

de las llaves de la puerta, de la hora malgastada.

No es difícil dominar el arte de perder.

Después practicar perder más lejos y más rápido:

los lugares, y los nombres, y dónde pretendías

viajar. Nada de todo esto te traerá desastre alguno.

He perdido el reloj de mi madre. Y, ¡mira!, voy por la última

– quizá por la penúltima – de tres casas amadas.

No es difícil dominar el arte de perder.

He perdido dos ciudades, las dos preciosas. Y, más vastos,

poseí algunos reinos, dos ríos, un continente.

Los echo de menos, pero no fue ningún desastre.

Incluso habiéndote perdido a ti (tu voz bromeando, un gesto

que amo) no habré mentido. Por supuesto,

no es difícil dominar el arte de perder, por más que a veces

pueda parecernos (¡escríbelo!) un desastre.

Elizabeth Bishop – «Un arte»

(Imagen.- salón des- champs- des – mars – 1897)