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Posts Tagged ‘“El arte de la ficción”’

 

Entre muchos otros personajes de las novelas del reciente Premio Nobel de Literatura,  Kazuo Ishiguro, el mayordomo de su libro “Lo que queda del día” (1989), con sus medidos silencios y sus pausas, sus paseos solícitos y sigilosos por la casa, los movimientos indecisos de su corazón y sus modos de decir y de actuar, ha sido muy estudiado por los comentaristas y críticos actuales. David Lodge en “El arte de la ficción”, lo define como un “narrador poco fiable”, que nos fascina sin embargo con sus intervenciones y a la vez nos desorienta en sus intenciones íntimas. Es un mayordomo –  magistralmente interpretado luego  en el cine – que “no es un hombre malvado, pero su vida se ha basado en la supresión y evasión de la verdad, sobre sí mismo y sobre los demás. Su relato – recuerda Lodge – es una especie de confesión, pero está infestada de retorcidas justificaciones de su propia conducta y alegatos en defensa propia y sólo al final consigue entenderse a sí mismo, demasiado tarde para que le sirva de algo”.

Stevens, este narrador -mayordomo en la historia enmarcada en 1956 “ habla o escribe en un estilo quisquillosamente preciso y estirado; en una palabra, en una jerga de mayordomo. Objetivamente considerado, ese estilo no tiene el menor mérito literario. Carece por completo de ingenio, sensualidad y originalidad. Su eficacia como vehículo para esta novela reside precisamente en nuestra creciente percepción de su falta de sintonía con lo que describe”.

Y sin embargo quedará en nuestra memoria como un personaje que recordaremos, un persona de singular originalidad.

 

 

(Imágenes-1-Hans Wild/2- Giuseppe de Nittis)

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Londresescribe Dickens enCasa desolada” -:  Hace poco que ha terminado la temporada de San Miguel, y el Lord Canciller en su sala de Lincoln `s Inn. Un tiempo implacable de noviembre. Tanto barro en las calles como si las aguas acabaran de retirarse de la faz de la Tierra y no fuera nada extraño encontrarse con un megalousaurio de unos 40 pies chapaleando como un lagarto gigantesco Colina de Holborn arriba”,

“Humo que baja de los sombreretes de las chimeneas – prosigue Dickens – creando una llovizna negra y blanda de copos de hollín del tamaño de verdaderos copos de nieve, que cabría imaginar de luto por la muerte del sol. Perros invisibles en el fango. Caballos, poco menos que enfangados hasta las anteojeras.

Peatones que entrechocan sus paraguas, en una infección general de mal humor, que se resbalan en las esquinas, donde decenas de miles de otros peatones llevan resbalándose y cayéndose desde que amaneció ( si cupiera decir que ha amanecido) y añaden nuevos sedimentos a las costras superpuestas de barro, que en esos puntos se pega tenazmente al pavimento y se acumula a interés compuesto”.

Son los tiempos metereológicos envolviendo y afectando a los hombres, que Dickens eleva metafóricamente y que David Lodge ha analizado de modo certero enEl arte de la ficción“. “Jamás podrá haber una niebla demasiado densa, jamás podrá haber un barro y un cieno tan espesos – había escrito Dickens -como para concordar con la condición titubeante y dubitativa que ostenta hoy día este Alto Tribunal de Cancillería, el más pestilente de los pecadores empelucados que jamás hayan visto el Cielo y la Tierra”. Es el ómnibus londinense de Schillibeer, carro tirado por tres caballos, capaz de transportar a dieciocho personas, que ha empezado a funcionar en 1829. Son las tres líneas de tranvía tirado por caballos que arrancarán su carrera en 1869. Son las 369 cloacas y corrientes residuales que desaguan en el río Támesis. Es el pestilente olor del río en el largo y tórrido verano de 1858 en el que el cólera vuelve a brotar. Son los 35.000 bañistas y 49.000 persona que se sirven de las lavanderías y baños públicos. Es el Londres pintoresco e insalubre.

Es este Londres de nieblas, suciedad y podredumbre, azotado por “el tiempo implacable de noviembre“, el que discurrirá por las calles de Dickens, por los párrafos de sus casas y las ventanas de sus frases, hasta que la vida inglesa del siglo XlX pase ante los ojos de los lectores de modo tan vivo que las páginas de The Times, en 1870 – cuando muera el escritor -, afirmarán:  “Políticos, hombres de ciencia, filántropos, reconocidos bienhechores de su raza desaparecerán, y, sin embargo, no dejarán el vacío que ha causado la muerte de Dickens“.

(Pequeña evocación al celebrarse el año Dickens)

(Imágenes:- 1.-Londres 1905.-Edward Steichen/2.-Londres 1905-1907.-T F Simon/ 3.-Londres en el siglo XlX.-micafeina.com/4-Luz de luna en Cornhill.-1885.-Atkinson Grimshaw/ 5.- .-Dickens.-por Frith.-1859)

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“Pequeño tema inspirado en una conversación mantenida anoche con Lady Shrewshury, durante una cena en casa de Lady Lindsayescribe Henry James en sus Notas el 18 de mayo de 1892 -: la mujer que de joven ha sido muy fea, por esa fealdad  ha sido desairada y humillada, y – como muy a menudo, o al menos a veces, suele ocurrir con las muchachas corrientes – en sus años maduros, y aun después, se vuelve mucho más agraciada, guapa incluso – y a consecuencia de ello encantadora, en todo caso, y atractiva -, de modo que los últimos años de vida le deparan el triunfo, la recompensa, la revanche. Idea de una mujer así que, en una situación semejante, encuentra a un hombre que cuando joven la despreció y humilló, que acaso rechazó el casamiento – un casamiento proyectado por ambas familias -, y que por torpeza, aun por fatuidad e insensatez, le dio a entender que era demasiado poco para él ….”.

Y así sigue Henry Jamesminucioso y en perfecta elaboración mental, el proyecto de su cuento tituladoLa rueda del tiempoque publicaría meses después. Estos son los “talleres” del novelista – talleres, pruebas, esbozos, planes, y también dudas e indecisiones – que ahora acaba felizmente de reeditar Destino bajo el títuloCuadernos de Notas (1878-1911)”. Los había leído hace años en la primera versión de Ediciones Península y siempre me sirvieron para entrar en esa cámara secreta de un creador, seguir su trayecto desde el momento en que coge al vuelo una idea (en una cena, por ejemplo) y va uniendo después los hilos de modo personal hasta que lo ajusta por completo en su mente y lo lleva al papel. James había señalado en el prólogo a su novela corta “Las ruinas de Poynton” que sus historias nacían a menudo de una semilla “lanzada distraídamente” por algún compañero de cena, pero hacía hincapié en el hecho de que, si una fugaz sugerencia basta a veces para atizar la imaginación, cualquier exceso puede “echar a perder” la operación entera.

Puesto que la vida – había dicho en ese prólogo – es toda inclusión y confusión, y el arte todo discriminación y selección, éste último, en busca del recio valor oculto que es el único que le concierne, olfatea la masa tan instintiva y certeramente como un perro que barrunta un hueso enterrado”. Además de “barruntar” ideas y situaciones que están ahí, flotando en el aire (como las “mariposas nocturnas” de Virginia Woolf), James buscaba igualmente, como tantos otros novelistas, las precisiones adecuadas a sus personajes. De ahí la lista de nombres y apellidos tomados de tantos sitios para bautizar a sus criaturas de ficcción. “Nombres – escribe James en susCuadernos” -: Gisborne -Dessin- Carden- Gent -Peregrine King (visto en The Times)”. Los toma de todas partes. Simenon se rodeaba de listas telefónicas de todos los países del mundo para ser certero en apellidos y en nombres. Hoy, tanto el creador de “Maigret” como el del “Retrato de una dama” lo resolverían en Internet.

“La única razón de existir de una novela – escribió Henry James enEl arte de la ficción” – es que ciertamente intenta representar la vida”.  La diferencia entre una buena y mala novela es que “la mala es arrojada con todas las telas embadurnadas y todo el mármol inutilizado hacia algún limbo no frecuentado, o algún basurero infinito debajo de las ventanas traseras del mundo, y la buena subsiste y emite su luz y estimula nuestro deseo de perfección”.

(Imágenes:- 1.- Henry James, por John Singer Sargent.-1913.-The Henry James Resource Center/ 2.- Henry James.-guardian.co.uk)

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