RECUERDO DE MI PADRE (y 3)

mujer.-7755k.-foto por Patrick de Warren.-2000.-Sous les etoiles gallery.-New York.-photografie artnet«Y luego estaban mis platos, papá. Te invité a comer muchos días, te invité a mi célebre cocina. Mi célebre cocina tan llena de ensaladas. Mi ensalada fría de pollo. Mi ensalada con salsa de yogur. Mi ensalada tibia de rape. La ensalada de espinacas y salmón. Yo te esperaba a veces poniendo cogollos de lechugas en la soledad del plato, oía música y cantaba. Entonces iba echando mi querida vinagreta despacio sobre los recuerdos, los iba rociando con ella, escuchaba al fondo la voz de Sinatra desde Nueva York, aquella voz que te gustaba tanto, la voz, LA VOZ, aquel New York NEW YORK que tú tarareabas por el pasillo mientras yo iba poniendo los platos encima de la mesa, mientras tú escogías el vino blanco. Entonces yo escurría bien la vinagreta tal como me había enseñado mamá, mi padre me miraba de reojo sentado en una silla de la cocina, lo dos oíamos a Sinatra desde Nueva York, Sinatra nos cantaba, seguía los pasos Sinatra de mi increíble ensalada de cogollos de lechuga desde el mismísimo New York NEW YORK!, ¿te acuerdas papá? Pones medio cogollo en cada plato, rocías bien, hija, con crema líquida fresca (¿me perdonas un momento, papá?, tengo que abrir la nevera). Extendía la crema. ¿Te apetece un poco de mostaza y avellanas tostadas? ¿Y anchoas? ¡Sí, que a tí te gustan mucho las anchoas! Nos sentábamos ante mi ensalada, nos sentábamos ante tu vino blanco. Tú me conocías muy bien. Mi padre me conoce muy bien. La vida está llena de menudencias, de avellanas picadas y tostadas de mi ensalada, no de diálogos transcendentes. Además, me distraigo a mí misma, distraigo a mi padre, ¿es verdad que te distraías, papá? ¿Tú qué crees?, me decías tú. Sonreías. Siempre fuiste un gran «diplomático». Decías que en la familia la diplomacia era observar y escuchar, intervenir muy poco. Te servía más vino. Vamos, papá, un poco más de vino, que luego tienes sorpresa. Enarcabas las cejas. Mi padre levanta las cejas. El mundo se divide en lo salado y en lo dulce y mi padre vive en el reino de lo dulce y de lo frío, en un castillo helado. El helado. Mi padre y el helado. Podría hacer una tesis. Helado con mandarina. Helado de castañas. Helado de café. Helado de fresa, de frambuesa, de cualquier fruta triturada formando estalactitas en el congelador. Tu pequeña cuchara de plata recibía en las tardes de julio no sólo el helado sino también el postre de mamá, la receta de la abuela. Se baten bien las claras duras, hija, me guiaba mi madre, añades ahora el azúcar poco a poco, ¿lo ves?, le das luego color con caramelo o café. Después, en corona untada de mantequilla, se cuece al Baño de María durante media hora. Nuestras comidas. Nuestras comidas, papá. Cuando pase esa media hora, hija, me seguía diciendo mi madre, con las yemas, la leche y con 9 cucharadas de azúcar, se hace una crema así, ¿te fijas?, también al Baño de María, teniendo cuidado de que no se te corte. Nuestras comidas. Nuestras comidas, papá. La tarde llegaba mientras tú sonreías. Y luego, hija – terminaba entonces mamá -, en fuente redonda, se desmoldea la corona, ¿lo ves?, la cubres así con la crema y la espolvoreas con lo que tengas, por ejemplo, con este guirlache picado. Es muy fácil. A tu padre le encanta».

José Julio Perlado: del libro «Vida contemporánea» (relato inédito)

(Imagen.-foto de Patrick de Warren .–Sous Les Etoiles Gallery.-New York.-artnet)

RECUERDO DE MI PADRE (2)

mujer.-216.-por Henri Matisse.-1920.-Andrew Weiss Gallery.-photografie.-artnet«Y tu mano, esta es tu mano, papá. Retengo estas venas azules, estas manchitas en la piel de tu edad, estas pecas del tiempo, tu piel arrugada, tu vello. Con este dedo índice y con este pulgar de tu mano derecha apretabas la pluma y te deslizabas preciso por el papel. Con esta palma resbalabas suavemente sobre la hoja y yo te oía en silencio. Te he mirado muchas veces desde el pasillo cuando leías en tu despacho, te he mirado muchas veces en el jardín cuando escribías. Leías, escribías. Yo intentaba pintar. No llegué a a ser pintora, me dediqué a dar clases de dibujo. Ahora dibujo en el tiempo esta mano tuya como si lo hiciera sobre papel vegetal, como si te dibujara a tinta china no sólo esta mano sino todo lo que hemos vivido. Tu muñeca. Tu falange. Este hueso del carpo, el metacarpo. Todo eso lo dibujo. Tenías ahí, papá, en el músculo de tu dedo medio, casi en la uña, un montículo o un callo pequeñito formado de tanto apretar la pluma durante años. Una deformación profesional. Cualquier manicura te lo delataría, mamá lo comoce, lo sabes tú. Con esa presión de la pluma tú te esforzabas en la facilidad. Cuando yo estudiaba a Ingres, ¿lo recuerdas?, el pintor me decía en sus «Apuntes«: «Hay que hacer desaparecer las huellas de la facilidad; no son los medios empleados, sino los resultados los que deben aparecer». De eso tuve que examinarme. Eso también has hecho tú. Te he visto durante años escudriñando la dificultad de los textos hasta alcanzar la facilidad. Enarbolabas con sencillez la punta de la facilidad en tu pluma como se levanta un tesoro desde un papel en blanco. «Voy a entrar en el túnel», me decías. Yo te entendía. Entrabas en tu túnel de palabras sin saber a dónde te llevarían las oraciones, a dónde irías entre los bosques de párrafos y parágrafos. Encontrabas la luz de la idea al fin del bosque, es decir, al fin de las horas de trabajo. A veces no la encontrabas y seguías caminando. Yo te entendía porque he hecho lo mismo entre las tizas coloreadas y los lápices rojos, con mis trazos de yesos negros sobre fondo azul. Tú me enseñaste lo que es un apunte, ese toque ligero y apenas esbozado con pluma o con lápiz pinchando el globo de la idea en el aire y bajándola hasta el suelo del papel. Eso es un apunte, me explicabas. Hay que estar muy atento a las ideas, hija, me decías, y fijarlas enseguida con la disciplina, que ella es también creación. Hay que trabajar la imaginación sobre un horario, pulir, barnizar, extender bien, suavemente, la imaginación sobre el papel. Papel verjurado blanco. Papel teñido a verde claro. Papel de color agarbanzado. Papel grueso color beige. Papeles. Hojas. Cartapacios. Cartulinas. El papel recibía toques de tiza blanca para luces, aguardaba la profundidad y la perspectiva, era encendido por los colores, pero sobre todo aguardaba el trabajo. Había que arar sobre un papel árido, arar en un día soleado o lluvioso, con buen o con mal humor, arar, siempre arar. Tú sembrabas tus escritos con verbos y sustantivos y yo con trazos nítidos; tú podabas adjetivos y yo sombras, así siempre nos comprendimos. El despojamiento, papá, la desnudez, la soledad. Nos sentábamos en un sofá, ¿recuerdas?, bajo un gran dibujo académico. Nos rodeaba el blanco de plata de la tarde, un amarillo de árboles y el verde esmeralda de los bancos del parque. Oíamos jugar a unos niños en el jardín. Entonces charlábamos. Yo te hablaba de lápices y acuarelas y tú me hablabas de poesía, tú me hablabas de anécdotas y yo te hablaba de mis minas de plomo y de mis carboncillos. Nos reíamos, sí, nos reíamos y lo pasábamos muy bien».

José Julio Perlado: del libro «Vida contemporánea» (relato inédito)

(Imagen: retrato de mujer.-Henri Matisse.-1920.-Andrew Weiss Gallery.-  Beverly Hilss, USA -artnet)

RECUERDO DE MI PADRE (1)

mujer dos.-228811.-foto por Douglas Brothers.-1994.-Stephen Trother Fine Arts.-phosogrape artnet«Papá. He puesto ya los vasos, los cubiertos, los platos. He alisado el mantel. Los vasos son azules, la vajilla es azul, los pájaros que bordean estos platos pintan de azul mi infancia, cuando yo era muy niña, cuando ante mi capricho inapetente mi madre decía: «vamos a quitarle esa sopa al pajarito», y a la siguiente cucharada, «y ahora vamos a limpiarle las alas». Y yo comía. «Y ahora el pico». Y yo volvía a comer. «Y esto que le ha quedado en la cola». Y yo abría la boca mirando al pájaro que se iba sacudiendo la sopa de las alas y me miraba comer. Cuando me negaba en redondo, mi madre bailaba en la cocina con el plato en la mano; los domingos, mi madre descansaba en una silla y miraba el teatro de mi padre, el ir y venir del plato en el aire, el vuelo del pájaro en la vajilla azul. Mi padre, mi mago. Siempre lo tuve como mi encantador particular. La magia de mi padre se arrodillaba en el vestíbulo, me recibía con ojos pícaros, yo perseguía a aquellos ojos por el pasillo y él me esperaba en el cuarto de dormir para hacerme un muñeco con la almohada y que la almohada hablase. La almohada se erguía furibunda e increpaba al espejo: «¿Por qué tenemos que dormir, eh? ¿Por qué?. Y la almohada hacía temblar sus plumas y retorciéndose boca abajo, cambiaba de voz y respondía muy ronca: «Sencillamente, espejo, ¡porque ha llegado la hora de dormir!.

Yo me dormía entonces, me dejaba caer hacia un lado obedeciendo a la orden de la almohada, la orden del muñeco, la orden de mi padre. Me duermo ahora como entonces, de pie sin embargo, mientras voy colocando derechos los pájaros de los platos para la comida, mientras igualo los vasos azules, mientras aliso el mantel. Ni una arruga. La luz de las dos menos cuarto de la tarde entra por la ventana del comedor y toca con el dedo el brillo de este hilo dorado. Yo toco el brillo de la luz y como una mágica varita reaparece el año en que pinté este mantel de oro. Tarde de mi Primera Comunión. Estamos mis padres, mis primas, mis amigos. Estamos ahí todos, jugando entre las sillas, yendo y viniendo del cuarto de baño, empujando a las amigas del colegio, estirando mi velo de novia-niña, un velo arrugado ya, cansado de tanta merienda. Me han hecho fotos en la terraza, he venido desde el colegio con los pies cansados, me han hecho fotos en el colegio, ahora me quito los zapatos blancos en una esquina de la terraza. Estoy rendida de tanta ceremonia. Si pudiera me pondría a pintar. Me voy descalza, decidida, por las habitaciones, en medio de las conversaciones y de los invitados. He decidido pintar. Nunca se sabrá lo que es un niño. Cojo de mi cuarto la caja de pinturas, los frascos, los pequeños pinceles y vuelvo a este comedor donde prosiguen las palabras. Apoyada en una esquina de la mesa, vestida de Primera Comunión, apartando tazas de chocolate y tartas sin acabar, tomo el amarillo y el ocre, los colores calientes de este rayo de sol que es el hilo en el mantel de mis padres. He hecho el silencio en mí misma. Siempre he conseguido este hueco, hago el vacío, me voy. Cuando fui mayor, me vi en los cuadros de Klimt como estoy ahora, en esa escena de mi Primera Comunión, el pelo intensamente rubio, la cabeza siempre doblada contra el papel de la vida, los ojos sesgados mirando el día, yo besando la tarde y la tarde besándome a mí. Tomo el amarillo, el ocre, el mosaico de los topacios y de las amatistas, el largo cuello de las huidas melancólicas por donde me escaparé. Siempre me he escapado de la realidad. A veces me he quedado tan absorta en medio de una conversación que me han llamado la atención porque la vida se quemaba y el plato ardía. He reaccionado abandonando mis soledades aguamarinas y volviendo a entrar en la cocina para ayudar a mi madre. Ella me enseñó a cocinar. La concreción de los detalles me ha salvado. Picar la cebolla muy fina. Poner el aceite a calentar. Echar en el aceite caliente  la cebolla y el diente de ajo picados. Refreir hasta que la cebolla se ponga transparente. Esperar. Atender. Agregar harina. Ahora pones, hija, la ramita de perejil y añades un vaso de agua fría mientras yo voy cociendo la merluza. Sacudo constantemente la cacerola de barro duante 15 minutos. Espero. Atiendo. Las rodajas de esperanza a la vasca se van cociendo mientras muevo con cuidado la cacerola sujetándola con un agarrador 15 minutos. Espolvoreo el perejil picado, reparto bien los guisantes, añado los espárragos y el huevo picado. Faltan aún 5 minutos más: debe calentarse. Prueba esta salsa, hija, mira a ver si le hace falta más sal. Ya está. Voy al espejo del cuarto de baño, me arreglo el pelo. Doy otro vistazo al comedor. Todo preparado. Ya sólo falta que venga papá».

José Julio Perlado: del libro «Vida contemporánea»  (relato inédito)

(Imagen.-«Tilda Swindon».-1994.-foto Douglas Brothers.-Stephen Strother Fine Arts.- Frankfurt-artnet)

EL POETA Y EL CINE

szymborska .-1.-umbc.edu

«El poeta está sentado a la mesa o tendido en un sofá, con la vista clavada en la pared o en el techo – contó Wislawa Szymborska en su discurso al recibir el Premio Nobel -, de vez en cuando escribe siete versos, uno de los cuales tacha al cabo de un cuarto de hora, y pasa una hora más en la que no ocurre nada…¿Qué espectador aguantaría semejante cosa?».

Es cierto. La cámara no puede reflejar en este caso la batalla de la inspiración y el trabajo, la aventura de la creación y el quehacer. Recuerdo el taller madrileño del escultor Pablo Serrano y cómo me iba él mostrando las piezas inacabadas y aún deformes, pero masas tangibles, nacimientos que ya se podían tocar. Recuerdo también el taller a las afueras de Madrid de Juan Barjola y cómo los espejos se ondulaban sobre caballos y toros reventados en plazas retorcidas de colores y cómo enanos distorsionaban la tela, pero aquello era ya pintura y la mano del artista no tenía más que terminar y perfilar. Pero el taller donde se concibe la poesía es otra cosa. La cámara avanza en el silencio del aire y el aire de la creación vive en el misterioso hueco de la imaginación o la memoria:  las manos del poeta esperan a que ese aire descienda suavemente, y ese descendimiento desde la inspiración hasta el trabajo se hace de forma tan silenciosa que no hay cámara cinematográfica que lo pueda recoger.

La cámara, pues, no puede entretener al espectador como logra hacerlo ante un artista plástico.Estudio de pintor.-Matisse.-1903.-Fizwilliam Museum- Cambridge.-Olfga`s Galllery

Al entrar la cámara en el taller de Wislawa Szymborska no sabe cómo reflejar los movimientos de la poesía. Al entrar la cámara en el taller de Octavio Paz sólo le ve inclinado y pensativo:

«Cuando sobre el papel la pluma escribe,

a cualquier hora solitaria,

¿quién la guía?

¿A quién escribe el que escribe por mí,

orilla hecha de labios y de sueño,

quieta colina, golfo,

hombro para olvidar al mundo para siempre?

 

Alguien escribe en mí, mueve mi mano,

escoge una palabra, se detiene,

duda entre el mar azul y el monte verde.

Con un ardor helado

contempla lo que escribo.

Todo lo quema, fuego justiciero.

Pero este juez también es víctima

y al condenarme, se condena:

no escribe a nadie, a nadie llama,

a sí mismo se escribe, en sí se olvida,

y se rescata, y vuelve a ser yo mismo».

«Mientras escribo» («Calamidades y milagos») (Libertad bajo palabra)

Por eso, ante estos talleres de la poesía, la cámara cinematográfica siempre se retira. No sabe bien qué hacer.

(Imágenes:1.- foto de Wislawa Szymborska- umbc.edu/2.-Matisse.- Estudio bajo el tejado.-1903.-Cambridge.-Fitzwilliam Museum)

ESCRIBIR ANTES DE ESCRIBIR

escribir.-1259.-por Agnes Martin.-1973.-Kornelia Tamm Fine Arts.-photografie.-artnet

Marcel  Proust

«Aquí había proyectado alguien en su cabeza  una gigantesca catedral aún no construida, había colocado ya, cuando aún no había nada, la clave de la bóveda, sabía ya que la última frase del libro que iba a escribir trataría de un libro que aún tenía que escribir, un libro en el que hablaría del lugar que ocupan las personas en el espacio, tan limitado en comparación con el que les está reservado en el tiempo, infinitamente mayor, ya que «tocan simultáneamente, como gigantes sumergidos en los años, épocas tan distantes, entre las cuales han venido a situarse tantos días». (Cees Nooteboom)

Escrito pues en su cabeza todo el libro, desde su inicio hasta el final, Marcel Proust  se inclinó ante sus papeles cada noche y se puso a dictar pacientemente a sí mismo.

 Lo único que tenía que hacer ya era escribir.

(Imagen:  Agnes Martin.-1973.- Kornelia Tamm Fine Arts.-artnet)

AUTOSTRADA DEL SOLE

New York.-taxi 1947.-foto Ted Croner.-Michael Hoppen Gallery

«Voy conduciendo en la noche por una autopista amplia, de MilánRoma, la autostrada del Sole. Vuelvo del Congreso de Literatura en que hemos hablado de Pirandello. Todos los faros se proyectan. Todos van en la misma dirección, hacia el infinito: todas las rectas, las curvas, los vaivenes suaves del volante, todas las subidas y bajadas en los montes oscuros, entre los pueblos aislados y dormidos, entre los oasis de las estaciones de servicio. Ráfagas de velocidad rozan en haz de vértigo mi ventanilla. Son bramidos. Zumbidos. Escapan su ahogo en fuga de estrellas. Va conmigo este cuadro de mandos, los relojes, el cuentakilómetros encendido, los pedales, las marchas: una intimidad iluminada. Cada vez que toco muy ligeramente la rueda del volante, la tierra gira sus ruedas en el espacio y me deja ver a la derecha la noche curvada, luego la noche enderezada, la noche rectilínea, la noche plana y sin fin. ¿A dónde vamos? Recorremos la orografía del mundo como gusanos de luz que van y vienen velozmente, clavadas las vidas tras los cristales. Ahora empieza a llover y las gotas son barridas en curva por un parabrisas con media luna de humedad. Conduzco. Recuerdo que conduzco. Sigo conduciendo deprisa y de noche por la autostrada del Sole. He dejado atrás Florencia. Por las luces debo estar acercándome a Arezzo, una ciudad que queda en la vasta oscuridad. Mis faros blanquean la negrura. He puesto hace un rato música suave, jazz solitario, un ritmo que va golpeando muy cadenciosamente al motor. De pronto, como en un arrebato de fuego, roza un bólido junto a mí, veo sus rojos pilotos traseros alejándose, adivino su tremenda velocidad, no me da tiempo a asombrarme del vértigo porque le veo y no le veo hacer un zig-zag, se levanta el bólido en el aire, vuela, desaparece. Suena un horrendo estampido de hierros, intento frenar deprisa, viene una nube de gas que se amplía, que avanza mientras sigo frenando, no consigo frenar, no puedo frenar, voy a estrellarme contra esta nube de gas que se extiende, recuerdo, recuerdo que al fin freno. ¿Qué hay detrás de esta nube de gasa que es ahora lento polvo blanco, polvo que vaga iluminado ante mis faros inmóviles, proyectados sobre la muerte, proyectados contra esta puerta de niebla, niebla de lo desconocido? Recuerdo. Recuerdo que sigo agarrotado al volante, clavado contra este umbral.

Lo desconocido toma entonces la vida que he vivido, estos huesos aún articulados, esta cabeza poderosa y pesada, todas las venas rumorosas y azules de mis manos, mi memoria, los latidos de mi corazón, este respirar acompasado de toda mi vida, lo desconocido toma mi sonrisa, mis dedos alargados al hojear el periódico, mi timbre de voz, mis carcajadas, todas las veces que he subido y bajado escaleras por tantos trabajos, mis emociones, los labios, esa mirada cálida y entrañable cuando he reprochado algo, lo desconocido lo toma todo – mis movimientos, la temperatura de mi cuerpo -, lo aquieta, lo enfría, lo deja absolutamente quieto, casi como una madera, igual que un objeto. Mi cuerpo cruza lo desconocido. Atraviesa lo desconocido. Lo desconocido me toma de una mano y me saca así de la autostrada del Sole«.

José Julio Perlado: del libro «Vida contemporánea» ( relato inédito)

(Imagen: foto de Ted Croner- 1947 .-Collection Miami Art Museum)

EL OPOSITOR

libros.-QQ8.-foto por André Kertész.-1928.- Edwynn Houk Gallery.-pjotography.-artnet«Al ver al opositor delante de él, ante su mesita, recostado como se veía en el respaldo de uno de los cinco sillones del Tribunal, al verse a sí mismo allí sentado, con las manos saliendo de los puños blancos de su camisa, al moverse hacia el Catedrático Presidente del Tribunal, hacia los labios entreabiertos del Presidente a su lado, erguido, que seguía atento la intervención del joven opositor a la derecha, un hombre solitario que exponía los argumentos de su lección, se dio cuenta de que su vida a veces estaba allí, en horas de escucha en silencio entre vasos de agua, tomando notas, hojeando publicaciones, girando largos ratos hacia la derecha, hacia el opositor de turno, para inclinarse despacio hacia su izquierda, cuchicheando algo a su compañero de Tribunal, un vaivén muy lento de la derecha hacia la izquierda, atención a quien habla, paciencia, leve curiosidad, monotonía, algo más de curiosidad, nueva caída en la monotonía, los puños de las mangas rozando los proyectos docentes y los programas, ahora hablaba el joven opositor y apoyaba su intervención en palabras, Mi lección consta, los motivos que me guían a explicar aquí, palabras, citas, vueltas, recovecos, pliegues, Ya que con la segura confianza en este Tribunal, mi aportación no intenta sino desentrañar, palabras, pausas, sorbos de agua, pausas, palabras, palabras. Todo estaba allí, en escuchar lo que decían las palabras, lo que ellas escondían, palabras que revelaban ideas, hojarasca de palabras que tapaban el camino de la sabiduría, ¿qué se sabía?, ¿cuánto se sabía?, Porque mi concepción del tema no es otra que la que, aunque las aportaciones extranjeras en este punto, yo no sabría decir sin embargo, porque la corriente clásica marca aquí un hito, palabras que rodeaban la espuma de la boca reseca y el bedel entraba a sussurrarle un recado al Secretario, palabras con ojos devorados de insomnios, blancas palabras recortadas en fichas, clasificadas en archivos, suelas de palabras recitadas de un lado a otro de una habitación, temas al aire, palabras, palabras en vigilias, delgadez de palabras, rodillas de palabras prensadas contra pupitres de bibliotecas, Que yo divido ahora en seis apartados y sin ánimo de, aunque en su día la lección magistral, pero ha de tenerse en cuenta que la bibliografía, Y lo que estoy intentando ante este Tribunal, horas amarillas, años, soledad, vaivén de piernas, codos, columna vertebral, espinazo, Por lo que voy a ir resumiendo este primer ejercicio puesto que el tiempo de que dispongo…Y luego las vueltas lentas hacia la izquierda, comentando un aspecto al oído del colega, murmullo de matiz, recortándose la oreja del compañero que escucha, luego la tos del Presidente, voz del opositor, Voy entonces a ser muy breve para no cansar a este Tribunal, lo que he sintetizado en mi intervención, Mi deseo es haber acertado a, palabras del joven solitario, palabras sudorosas y lívidas, a punto de llegar desvanecidas a la Pausa primera, oasis de pausa líquida de agua, mano arrastrada hacia el vaso, palabras que tantean, balbucean ansiando descanso, Por lo que doy las gracias a la atención y a la amabilidad de este Tribunal, y el tono del Presidente pisando en el silencio: «Muchas gracias. Este Tribunal ha decidido que el siguiente ejercicio tenga lugar mañana a la cuatro»

José Julio Perlado: del libro «Vida contemporánea» (fragmentos de un relato inédito)

(Imagen: Biblioteque.-París.-1928  foto por André Kertész.–Edwynnn Houk Gallery.-artnet)

CON ONETTI, EN MADRID

onetti.-F.-educasitios2008.educ.ar

«Para mí, escribir es como un vicio, una manía –  me dijo Onetti aquella tarde de 1979 en Madrid . En Mi Siglo ya hablé de aquella conversación -Me hace feliz escribir, me siento desdichado cuando no escribo. Ya he dicho muchas veces que si escribir significara para mí un trabajo, ninguna línea, ningún día. De pronto uno necesita escribir. Yo tenía un compromiso con esto, y lo he hecho. Ahora estoy a punto».

onetti.-H.-cervantes.es

Los escritores se dividen en dos grandes categorías – siguió hablándome Onetti -: los que quieren llegar a ser escritores y los que quieren escribir. A los primeros les aconsejaría apurarse – dijo Onetti encendiendo el tercer cigarrillo -, porque, según mi amigo Lord Keynes (uno de los estilistas que más admiro), un «boom» se caracteriza por su breve duración. Los segundos no necesitan ningún consejo. (…) . «A veces – añadió – me levanto por la noche y escribo. Tuve la suerte de encontrar muchos amigos en Madrid».

 Me habló de la sequedad del escritor: «En Valle-Inclán, en La lámpara maravillosa, se habla de la sequedad del escritor. Pero de pronto, todo viene a mí como un torrente. Yo escribo por ataques; a veces me paso meses y meses, y no se me ocurre nada. Pero siempre sé que va a volver. Respecto al «juego», en el Quijote existe un «pacto» entre el Caballero y Sancho, por el que acuerdan aceptar cada uno cuanto diga el otro, sea verdad o mentira. Me interesa el lector desconocido. Yo soy un pobrecito hombre llamado Onetti, que escribe». (…) Y añadió: «Cuando El astillero confesé – y Luis Harss lo recogió en «Los nuestros» – el mundo cerrado en que desgraciadamente estoy ahora cuando escribo. Y también lo estoy psíquicamente. Tengo muchos periodos de depresión absoluta, de sentido de muerte, del no sentido de la vida».

Y «él» miró al «otro», con un blando cansancio de insomnios en cadena, y su ojo cruzó definitivamente Santa María».

Diálogos con la cultura«, págs 215-222)

(Sucedió esto el 23 de febrero de 1979 en el domicilio particular del escritor uruguayo en Madrid, en el número 31 de la Avenida de América)

(Pequeña evocación cuando el 1 de julio se cumplirán cien años del nacimiento de Juan Carlos Onetti)

(Imágenes: fotografías de Onetti:-1.-educasitios2008.educ.ar/ 2.-cervantes.es)

ANTE EL TELEVISOR

television.-wwwTT.-por Arnold Mesches.-1971.-Robert Berman Galery.-artnet

«Entonces, prácticamente a la misma hora en que usted detenía un momento su tiempo, otro tiempo luminoso aparecía palpitante en el gran reloj exacto de la Redacción de Televisión, y las mesas y las pantallas, las teclas y las conexiones de ordenadores y televisores punteaban aquel tiempo en segundos de imágenes y una presentadora rubia recitaba ahora ensayando arriba y abajo pasillo adelante con las eses silbantes de los textos que le iban entregando ya acabados, modulando bien el acento para catástrofes y reuniones políticas, trayendo y llevando con sus dientes, su lengua y su saliva, en la caja de sus mandíbulas, las muertes y las vidas filmadas durante el día y a punto de servírselas a usted como cena mientras ella seguía con su jersey azul y sus negros pantalones vaqueros pasillo adelante, aún no había bajado a peluquería ni a maquillaje ni tampoco había elegido todavía su traje de chaqueta color malva, y leía y leía ahora y recitaba y memorizaba cuanto podía aquellas cumbres de noticias económicas, el énfasis que debía de poner al anunciar tragedias, la bajada de párpados y sobre todo de tonos y de timbres al condolerse en dramas personales, las pausas cuidadosas al descender por las escalinatas de las Bolsas, la sonrisa sugestiva y radiante al celebrar victorias deportivas, el tiempo, el tiempo siempre, el tic-tac, el tic-tac luminoso del segundero implacable en los informativos de Televisión que iba segando, afilando, afinando, dejando transparentes y delgadísimas láminas de vídeos, voces en off, conexiones, crónicas, reportajes, gestos simbólicos, muecas instantáneas captadas en primer plano del tiempo, tic-tac, el tic-tac luminoso, el paso arriba y abajo de la presentadora rubia, Aquí le cortaremos al ministro, Tienes siete segundos más para este gol, esa imagen desaparecerá instantáneamente, mientras usted va despegándose poco a poco del tiempo y la peluquera y la maquilladora sientan ahora ante el espejo a esta presentadora rubia de eses silbantes que extiende ya la mano para el último cuidado de uñas, que cierra los párpados con la cabeza relajada hacia atrás bajo los focos para que pase la sombra de ojos sobre el tiempo de su cara y de su cutis, tic-tac, el tic-tac escondido de su pulso mientras se deja maquillar, peinar, suavizar la imagen, y se viste luego su traje malva de chaqueta cruzada con grandes solapas y se sienta ya recta e imperturbable en la silla, ante la mesa, ante las cámaras, con su eterna sonrisa…Cinco, cuatro, tres, dos, uno,cero, ¡YA!».

José Julio Perlado: del libro «Vida contemporánea» (relato inédito)

(Imagen:- Arnold Mesches.-1971.-Robert Berman Gallery.-artnet)

THEO ANGELOPOULOS

angelopoulos.-aa.-vertigomagazine.co.ujEl tiempo. Siempre el tiempo en el cine y en la vida. «En una ocasión estaba en Japón y fui invitado a cenar a casa del gran cineasta Nagisa Oshimacuenta Theo Angelopoulos en una interesante entrevista que publica el semanario «El Cultural» – Acababa de perder a su mujer a la que estaba muy unido. Nos sentamos a la mesa y allí estaba, en una esquina, una foto de ella. Para mi sorpresa, puso un plato enfrente de su imagen para que comiera. Después le pregunté por su último guión y me dijo que primero tenía que leerlo ella. Ahí tiene usted un caso de cómo el pasado y el presente suceden al mismo tiempo. Lo mismo pasa con el futuro, ¿qué es? Una respiración después. Ya está aquí (…) Yo parto de la idea de Heidegger de que el tiempo somos nosotros, con todo lo que ello implica. En este sentido, pasado, presente y futuro son, en realidad, una misma cosa».

En varias ocasiones he hablado en Mi Siglo de este gran director griego comentando algunas de sus películas. Puede ser polémico para algunos pero siempre es atrayente. Cuando se refiere, por ejemplo, a la nueva «forma de mirar» tan influida por los americanos señala que ellos «han sido muy listos y han logrado imponer una determinada manera de contar las cosas; la consecuencia es que han contaminado de una forma profunda nuestra forma de mirar. Ahora el público, influido también por la televisión, pide eso. El resultado es una falta total de educación estética. Lo vemos todos los días. Hoy la mayoría de películas escamotean el diálogo con la obra fílmica. Sucede todo tan rápidamente que no hay tiempo de pensar conjuntamente, que es lo que debe procurar un filme».angelopoulos.-9

Pero quizá una de las declaraciones más sugerentes de esta entrevista es la que alude de algún modo al proceso de creación, ese instante de magia, a veces mínimo, que nace dentro de la mente de un artista y transforma en un segundo una novela o un escenario. Cuando Angelopoulos estaba preparando «El paso suspendido de la cigüeña»  había una escena de una boda a la que el director le estuvo dando muchas vueltas porque quería algo realmente original. «De pronto recordé una noticia que había leído veinte años atrás- dice Angelopoulos – sobre una pequeña isla de Creta a la que era tan difícil acceder en invierno que a sus habitantes el cura les decía misa o los casaba subido a un monte de la isla de al lado. Yo quise rizar el rizo y puse a la mujer a un lado y al marido al otro. El resultado fue maravilloso».

Siempre un chispazo que roza lo fascinante, que penetra en lo insólito.

(Imágenes: 1.-vertigomagazine.co.uk/ 2.-escena de una de las películas de Theo Angelopoulos)

LOS OJOS QUE NO SIENTEN

atardecer.-foto por Matthew Porter.-2008.-Marty Walker Gallery.-Dallas.-artnet

«Toda esta tarde, esta tarde perfumada y serena, la he pasado contemplando el poniente en el cielo, su tinte particular de un amarillo verde, y contemplo siempre, pero mis ojos perciben y no sienten. Y esas ligeras nubes que allá arriba planean, esas nubes en copos y en bandas, que parecen prestar sus movimientos a las estrellas, esas estrellas que se deslizan entre ellas, detrás de ellas, ora centelleantes, ora oscurecidas, pero siempre visibles. Y, allá, abajo, el creciente de la Luna tan fijo como si se agrandara al crecer en su lago azul sin nubes y sin estrellas. Las veo, las veo sublimemente bellas, ¡pero tan sólo las veo, no siento cúan bellas son!».

Coleridge

(Pudiera servir como sencilla oracion para pedir que la Belleza llegue no sólo a los sentidos sino a los sentimientos)

(Imagen: foto de Matthew Porter.2008.-Marty Walker Gallery.-Dallas.-artnet)

EL MOMENTO PRESENTE

tiempo.-56IIH.-por Ed Ruscha.-1988.-Jealus Gallery.-London.-artnet

 

  

                        EL  MOMENTO  PRESENTE

 

«Doctor, entonces, ¿sabe lo que me pasa? Que no vivo el presente, me refiero al minuto, al segundo, al estar aquí, en esta consulta, en este diván. No le veo. ¿Oigo su voz? No, hace tiempo que no oigo su voz. ¿No me habrá usted dejado solo? No, no ha podido dejarme. No puedo incorporarme para verle. Sé que está ahí detrás, o al otro lado, no lo sé bien. Veo su sombra. Me imagino que veo su sombra. ¿Está usted ahí, verdad doctor? Bueno, pues le decía que no vivo el tiempo presente, por ejemplo ya no vivo esto que le acabo de decir ahora sobre la sombra, es otro segundo el mío, mientras le estoy hablando quisiera estar ya incorporado en este diván, quisiera levantarme, pero si me incorporo o me levanto ahora, en cuanto esté ya levantado, ya querré estar en el vestíbulo y pagarle a la enfermera, salir, pero mientras le esté pagando a la enfermera esta sesión de hoy ya querré estar bajando las escaleras, aunque en las escaleras, doctor, me pasa siempre la misma cosa, ya se lo comenté, que estoy queriendo llegar al portal, el otro día, por ejemplo, tuve que tener mucho cuidado con mis piernas, sí, mis piernas se precipitan y desean salir enseguida del portal, en todos los portales me ocurre lo mismo, que no resisto un segundo en el portal, ese momento de estar en el portal ya no lo vivo, porque lo que deseo es pisar ya la acera de la calle, y nada más pisarla, lo que quiero es echar a andar rápidamente, las piernas (y también la cabeza) me empujan siempre a caminar muy deprisa, tengo ya que cruzar, nunca vivo el momento presente, nunca lo vivo, me agobia el momento presente, cuando cruzo la calle ya me veo al otro lado, pero cuando he llegado al otro lado tengo otra vez que echar a andar muy deprisa, porque ya me veo en casa, sí, deseo estar en casa, deseo llegar a casa, aunque en casa ya sé lo que me pasará, cenaré muy deprisa, nunca me entero de nada, a veces aguanto un momento ante el televisor, tampoco puedo ver la televisión mucho tiempo porque mientras la miro estoy pensando ya en la hora de dormir, naturalmente no puedo vivir con nadie a causa de todo esto, nadie podría vivir conmigo, pero en cuanto apago la luz en la cama, apenas un minuto,tiempo.-539P.-por Steve Miller.-Galerie Albert Benamou.-París.-artnet.-ASIATISCHE KUNTER ya duermo deprisa, lo noto, sé que no es así porque me pongo trampas a mí mismo, ya se lo dije, le hablé el otro día de las comprobaciones, de mi reloj, me pongo en la mesilla el reloj y al día siguiente compruebo que he dormido, cinco, seis horas he dormido, me lo dice el reloj, siempre me hablaron los relojes, a veces al oído, cuando escuchaba su tic-tac en aquella relojería de que le hablé, oía el tic-tac del reloj y entonces no salía del momento presente, era otra época, otra fase como diría usted, no es como ahora, que ahora sí quiero huir del momento presente, pero entonces no podía salir de él, hubiera venido a verle entonces para contárselo todo pero no me dejaba aquel momento presente, el tic-tac de aquella caja del reloj antiguo, me quedaba oyendo aquel tic-tac en el oído, era un reloj plano, redondo, de bolsillo, de una tapa muy suave y plateada, yo lo sacaba de la vitrina de la relojería y no hacía mas que acercármelo al oído para oir el tic-tac, aquellas ruedecillas que giraban, los muelles, los tornillos, las piezas de acero que parecían moverse muy deprisa pero para mí muy despacio, yo no podía salir de aquel momento presente, no podía actuar, me quedaba paralizado, el dueño de la relojería me regañaba por mi lentitud pero es que yo no podía ir más deprisa, tardaba mucho en cerrar aquella tapa del reloj, luego mi mano iba también muy despacio hacia la vitrina, mi brazo se extendía, era el momento presente de mi brazo con el reloj en la mano, yo no quería llegar a la vitrina, no quería pasar al momento siguiente, no quería vivirlo, mi brazo se extendía y mi mano abría al fin la vitrina e iba colocando el reloj muy, muy lentamente. Ahora me pasa, doctor, todo lo contrario. Creo que me falta ajuste con el tiempo, estoy desajustado. No vivo el presente, ya no estoy en la relojería, corro y corro por la calles, no tengo trabajo. Le he dicho que me ate de algún modo a este sillón porque si no no podría contarle lo que me pasa. Tengo ganas de huir, no me detengo en ningún sitio, envidio a las personas que viven los momentos presentes y los futuros, miro a esas gentes paradas en los semáforos, esperando a cruzar, sin precipitarse ni detenerse. Nunca he podido ser como ellos. Que sepa que en cuanto me suelte, doctor, saldré disparado y nunca sé dónde acabaré esta noche ni adónde iré».

José Julio Perlado: del libro «Consultas» (relato inédito)tiempo.-88.-Nueva York -estacion central 1960.-foto Neil Libbert.-Michael Hoppen Gallery

(Imágenes:- 1.-«Reloj de arena».-Ed Ruscha.-1988.-Greenfield Sacks Gallery.-artnet/ 2.- self-portrait vanitas.-Steve Miller.-Galerie Albert Benamou.-artnet/ 3.-Grand Central Station.-New York,.1960.- foto: Neil Libbert.-Michael Hoppen Gallery)

ENFERMEDAD Y ARTE

MATISSE.-FRFR.-Interior con violín,.1919.

«Descubrí el color – decía Matisseno en la obra de otros pintores sino en la manera en que se revela la luz en la naturaleza. Me obsesioné con la pintura y ya no pude dejarla«.

En estos días en que Matisse inaugura una exposición en el Museo Thyssen de Madrid que durará hasta el mes de septiembre, sus palabras tras los lienzos nos recuerdan vicisitudes de su vida, salud y enfermedad enlazadas. Enfermo de apendicitis primero y con complicaciones posteriores, Matisse pasó luego a sufrir otra dolencia que le condujo a un cambio profundo del estilo de su pintura: de la invención aguda y radical al estudio sensible de la luz del Sur. «Dejé l`Estaque  – confesó – porque el viento me había hecho contraer una molesta bronquitis. Me trasladé a Niza para curarme, y aquí me he quedado casi toda mi vida».Matisse.-C.-por Henri Cartie-Bresson.-1944.-fotos org

Posteriormente, Matisse demostró que una enfermedad grave puede dejar profundas huellas aun si el paciente se recupera. Cuando andaba por los 70 años, se le desarrolló un cáncer de colon. Aceptó de mala gana la operación que fue practicada por tres de los más célebres cirujanos de Francia. Lograron salvarle la vida pero quedó gravemente enfermo. El que fuera profesor de cirugía y miembro honorario del Colegio Norteamericano de Cirujanos, Philip Sandblom, mantuvo años después una conversación con Matisse mientras éste estaba en cama, con un gato a sus pies, e indicando con una varilla cómo debían pegarse sus grandes recortes en la tela, aquellas aguadas sobre papeles recortados, meclando pintura y lápiz, para vencer los obstáculos de sus limitaciones corporales.  «La enfermedad – dice Sandblom en su libro «Enfermedad y creación» (Fondo de Cultura) – había alterado su actitud ante la vida y hacia el arte. Quería llenar los años de vida que le quedaran con toda la felicidad posible. Durante sus primeros años, a fuerza de mucho esfuerzo y grandes dolores, a menudo había penetrado en nuevos caminos por el arte moderno; ahora deseaba darse el gusto de recorrer esos caminos nuevamente con corazón ligero y sin ningún esfuerzo. Su estado mental se refleja en sus cuadros. En sus últimas obras se adivina un aire feliz de tranquilidad y reposo. El mismo Matisse estaba tan convencido de la benéfica irradiación de sus colores y de su poder curativo que colgó sus cuadros alrededor de las camas de sus amigos enfermos«.

MATISSE.-Retrato de Matisse por André Derain.-1905.-museumsyndicate

 Paul Klee, cenando una noche de junio de 1939 con el marchante Kahnweiler y hablando de su próximo final, cuando ya tiene el brazo afectado por la dolencia y ya no puede sujetar ni su querido violín, ni el pincel y el lápiz, murmura: «Las enfermedades endurecen la pintura…». Unas veces la endurecen y otras – como en el caso de Matisse – la suavizan. Recuerda Sandblom que la influencia de la enfermedad en el individuo creador puede comprobarse de diversas maneras: Pierre Ronsard empezó a hacer versos cuando su sordera le impidió seguir la carrerra diplomática, Vivaldi se dedicó a componer debido a que el asma le impedía decir misa; hasta la técnica puede resultar afectada, como en el caso de Monet, cuando ejecuta sus pinturas estando casi ciego. Otros en cambio utilizan la enfermedad para describirla, como en Charlotte Brontë, Chejov, Dostoievski, Virginia Woolf o Goya.

«Sueño un arte equilibrado, puro, apacible -escribió Matisse -, sin motivo inquietante o turbador, que sea para todo trabajador intelectual, para el hombre de negocios como para el escritor, por ejemplo, un lenitivo, un calmante cerebral, algo semejante a un buen sillón que le descanse de sus fatigas físicas«.

(Imágenes: 1.-Matisse: Interior con funda de violín.-1918-1919.- essyart/2.- Matisse fotografiado por Henri-Cartier -Bresson.- 1944.-/3.-retrato de Matisse por André Derain.- 1905.-museumsyndicate)

ESCRITORES ARTESANOS

max ernst.-de Hannah Höch.-news. artlimited.netEn unas clases sobre creación literaria que estoy impartiendo estas semanas en Madrid les recuerdo a quienes me escuchan unas recientes declaraciones del italiano TabucchiLe Magazine Littéraire«, mayo 2009) que acercan de algún modo la tarea del escritor a aquella del relojero o del carpintero. «Escribir no es una profesión – dice Tabucchi -,  pero es seguramente un oficio, en su acepción más artesanal del término. Existen escritores que mitifican el talento, la inspiración, y sin duda, todo esto, el deseo, la imaginación, son cosas importantes. Pero también es verdad que hace falta permanecer sentado durante mucho tiempo, hace falta escribir, es necesario trabajar, es necesario estar allí, como el relojero que instala su minúscula pieza en el mecanismo del reloj que fabrica. Sin el trabajo, la literatura no es nada. Y cuando jóvenes escritores me piden consejos, rehúso darlos. O mejor dicho les doy uno solo: si hay algún carpintero en vuestro barrio, pasad a verle al atardecer antes de que cierre y observarle a ras de tierra cómo trabaja».

El autor de «Sostiene Pereira» o de «Pequeños equívocos sin importancia» recuerda una vez más, como tantos otros escritores lo hacen, la importancia de la elaboración costosa siempre paralela  al chispazo de la inspiración. Sin el monóculo de la observación primera de la vida, sin la atención precisa sobre la página que va lentamente naciendo, poco hay que hacer. El relojero se aplica como si fuera un ajustador de palabras a tocar con sus pinzas los adjetivos y los verbos y los personajes y los diálogos, y el escritor se concentra como si fuera un consumado ajustador de ruedecillas y de muelles sobre la diminuta maquinaria de un engranaje escondido, aquel que cuando abramos el libro nos revelará silenciosamente el tic-tac.

(Imagen:-Fotomuesum Winterthur.-Suisse.-photography-now)

JUNIO

rosa.-1

«Nunca segundas partes fueron, Rosa.

Y sin embargo Rosa, lo que pasa

es que no hay segundas ni primeras.

Pregunta al corazón. Di que te dice.

¿No es acaso la sangre y el latido

la medida del tiempo? El Tiempo, Rosa,

que tú ignoras, tan bella, que te sigue,

como un perro tenaz, que sólo espanta

tu aroma difundido. Y es bastante».

José Antonio Muñoz Rojas: «Cantos a Rosa««

escribir.-55SS.-por Richard Prince.-1986.-Artificial Gallery.-London.-artnet

«Tu oficio poeta es contemplar,

que todo se te escriba dentro; luego

quizá leer allí mismo, quizás decir a los otros

lo que allí mismo, escrito, tú lees».

José Antonio Muñoz Rojas: «Oscuridad adentro»

(Imagen: Richard Prince.-Artificial Gallery.-London.-artnet)

MARIPOSAS Y DISTRACCIONES

mariposa,.AAA.-por Donald Sultan.-1995.-artnet«Después de haber rescatado una hoja – le escribe Vanessa Bell a Virgina Woolf en 1927 -, me he sentado entre unas polillas que revoloteaban furiosas en círculos a mi alrededor y en torno de la lámpara. No puedes imaginarte lo que es. Una noche, cierto animalillo dio unos golpecitos tan sonoros en el cristal que Duncan dijo: «¿Qué es esto?» «Sólo un murciélago», dijo Roger, «o un pájaro», pero no era ni un hombre ni un pájaro sino una inmensa polillla, de medio pie, literalmente, que volaba por el lugar. Pasamos unos momentos terribles». Cinco días después Virginia le contesta: «Por cierto, lo que me cuentas sobre las Polillas me fascina tanto que voy a escribir una historia acerca de ellas. Después de leer tu carta me pasé horas sin poder pensar en otra cosa que en ti y en las polillas». 

Ese fue el germen de la novela «Las olas«. El interés de Virginia Woolf por las mariposas nocturnas venía de muy lejos. Esos etéreos vuelos en la noche, en un esfuerzo indómito e inútil para resistirse a la muerte y a la quietud, simbolizaban, sin ella saberlo, todas las alas de la imaginación creativa, el giro de de una idea que revoloteaba trayendo y llevando por la habitación del cerebro lo que en su día uno podía llegar a escribir.

Pero no siempre las Polillas o mariposas nocturnas acercan la inspiración. A veces la alejan. Hablando de las distracciones y de la concentración al crear Raymond Chandler, del que ya hablé algunas veces en Mi Siglo recordaba que «»el escritor no tiene que escribir, y si no se siente en condiciones no debería intentarlo. Puede mirar por la ventana, o hacer el pino o retorcerse en el suelo. Pero no debe hacer ninguna otra cosa positiva, como leer, escribir cartas, mirar revistas o firmar cheques. Escribir o nada».

Todas las distracciones del momento parece que se unieran para impedirnos crear. Así, entre otros, el mundo de las indecisiones y de las dudas, el ir y venir de las mariposas por la mente mientras uno intenta componer algo, todo eso quiso contarlo el poeta Aníbal Núñez en unos versos reveladores:

Busca en torno (fruta, lápices) tema

Para seguir. Y sigue – sabe bien que no puede –

Haciendo simulacro de afición y coherencia

La escritura parece (paralela, enlazada)

Algo. Un final perdido le reclama

A medias. Fulge el broche de oro en su cerebro

Desplaza al sol extinto

Toma forma, -el escriba cierra los ojos – de

(un moscardón contra el cristal) esquila.

Un rebaño invisible y su tañido escoge

Entre símbolos varios del silencio; e invoca

«mi palabra no manche intervalos de ramas

y de planos: no suene». Terminar el poema.

Aníbal Núñez: «Cuarzo«.

Mariposas de inspiración y de distracción, mariposas que siempre van y vienen.

(Imagen: Donald  Sultan.-1995.-artnet)