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Posts Tagged ‘Carmen de Burgos’

 

 

Se conmemoran en estos días los 150 años del nacimiento de la gran actriz española María Guerrero. Entre otras evocaciones repaso dos de las entrevistas que se le hicieron. De modo principal en una de ellas aparece el claroscuro de su personalidad, las sombras y luces de su  carácter. Se trata de la conversación y confidencias que le intentó arrancar – y lo consiguió – Carmen de Burgos a la gran actriz en su camerino. Podría quizá ser un modelo de entrevista lograda con enorme astucia. María Guerrero se opone a cualquier “interviú”, como ella la llama, y se cierra a cualquier indagación sobre su vida y sobre su trabajo. Carmen de Burgos insiste por muy diversos vericuetos y lo consigue. La publicó junto a otras entrevistas en “Confesiones de artistas” ( V. H. de Sanz Calleja editores) y al acabar la conversación  Carmen de Burgos escribe: ” ya no hace aquellos ensayos de teatros distintos y rebeldes que hacía antes; no se expone al fracaso que salva y renueva, ni al aire libre y reformador. Ríe, ríe todavía; pero en su mismo reír hay cierta inmovilidad, cierta impasibilidad.

Me despido satisfecha de haberme apoderado del “sprit” de su conversación y de su gesto, más interesante aún y más íntimo que si hubiese contestado a preguntas de patrón común.

-Mire; no publique nada – me grita la actriz aún con su voz armoniosa – ; si lo hace, rectificaré.

-Bueno – le respondo -; la rectificación de usted hará más interesante la entrevista”.

(Unas líneas antes la periodista había anotado : “querida amiga, la interviú está hecha con lo que hemos hablado y lo que yo he observado; y eso sin decir palabra que usted no haya pronunciado”.)

 

 

La segunda entrevista – también en cierto modo contraluz de la actriz – es la que llevó a cabo “El Caballero Audaz” cuando visitó al matrimonio –Fernando Díaz de Mendoza y María Guerrero – en su casa. “Mi pobre mujer – decía en aquel momento Díaz de Mendoza  – está loca de trabajo; porque nos ha ocurrido un contratiempo terrible, que para nosotros resulta una desgracia. ¡Figúrese usted que al echar mano de los trajes nos encontramos con que se han quedado olvidados en América veinte cajones del vestuario de nuestro repertorio! Vamos, ¡horrible!”- exclamaba. Díaz de Mendoza va contando los hábitos y costumbres del matrimonio: “Yo me levanto a las nueve. María algo más tarde, porque acostumbra a estudiar en la cama. Después me encierro con mi secretario en mis habitaciones: él me da cuenta de contratos, obras, correspondencia, etc. A las once nos sirven el almuerzo; a María en sus habitaciones y a mí en las mías. Nuestra comida es muy ligera, porque estamos a un método de comer muy poco. No consiste más que un plato de ave, una fruta y una taza de té. Yo después del almuerzo, leo las obras para seleccionarlas, y a la una en punto salimos para el ensayo. Allí estamos hasta las seis. No volvemos a casa hasta las dos o tres de la mañana. Yo estudio  a esta hora hasta las cuatro o las cinco…”

 

 

Al fondo aparece María Guerrero vestida de negro. No desvelará nada importante de su vida. Es su marido el que contesta; ella no habla.  Charla muy brevemente con el entrevistador. ” Yo siento predilección – confiesa ella al fin – por el campo y por el automóvil. Me gusta correr mucho en el coche, aunque no puedo conducir. Amo el peligro, por eso me gusta mucho viajar sobre el agua y correr en automóvil ( …) ¡Qué tarde más hermosa! –añade – Y nosotros, ahora, ¡a meternos en las tinieblas del escenario hasta las seis! ¡Y siempre lo mismo!.. ¡Es una condenación esta vida nuestra! ¡Dios mío, con lo que vale una hora de sol y de aire puro en un día como éste!”

Y apenas revelará nada más.

 

 

(Imágenes-1-María Guerrero en 1927- Nuevo Mundo- Wikipedia/ 2. -María Guerrero con once años- por Emilio Sala- Wikipedia/ 3.Fernando Díaz de Mendoza y María Guerrero- Wikipedia /4.–María Guerrero en “La dama boba”- por Joaquín Sorolla)

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Valle Inclán-ytvv-Josefina Blanco- leonoticias com

 

Ahora, una vez más, vuelve a hablarse de Valle- Inclán y de su brazo. Verdades y versiones muchas veces tratadas. La actriz Josefina Blanco, que fuera mujer del escritor, respondía así a la periodista Carmen de Burgos en una entrevista de 1916:

– ¿Cuándo conoció usted a su marido?

– Hace mucho tiempo, cuando aún tenía el brazo.

– ¿Y se enamoraron desde el primer momento?

– No. Pero desde el primer momento fuimos buenos amigos. Cuando se murió mi tía y yo me quedé sola en el mundo, él era mi consejero, mi confidente; si experimentaba temor o duda por algo, se lo consultaba a él, y era tal mi confianza en su talento, que le obedecía en todo, hasta en las cosas que a mí me parecían un absurdo. Al fin acabamos por casarnos.

 

Valle Inclán- yccd-carta manuscrita de Josefina Blanco en mil novecientos treinta y nueve- todocoleccion net

 

Yo lo admiro mucho – proseguía Josefina -. Para mí no hay nadie como él. Yo no puedo ayudarle en nada. Él me ha educado, me ha hecho conocer y sentir el arte. Antes yo no era más que una intuitiva; me faltaba la cultura, que he aprendido a su lado.

– Como actriz, ¿qué autores  y qué obras le gustan más?

– Yo tengo un carácter tolerante para todo; la mayoría de las cosas me parecen bien. En cambio a Ramón le parece casi  todo mal.

 

Valle Inclán- essw-teatro es

 

Valle Inclán-onnn- teatro es

 

En casa – continuaba Josefina – Ramón es lo más bueno, lo más sencillo y lo más cariñoso que usted se pueda imaginar. Juega más con sus hijos que yo.

 

Valle Inclán-ovc-auladeletras net

 

Esta mujer menuda entra también en la habitación cuando José María Carretero está interrogando al escritor en 1918, en una de sus célebres entrevistas.

Don Ramón, ¿cuándo comenzó a escribir?

– Mi mujer se acordará en qué fecha publiqué mi primer libro – y dirigiéndose a la puerta, llama -: ¡Josefina… Josefina!, ¿tu recuerdas en qué año di mi primer libro?

Una voz dulce responde:

– Sí, Ramón. En 1902.

Y enseguida entra en el estudio la compañera del poeta.

 

Valle Inclán-innhy-laopinioncoruna es

 

Carretero le pregunta a Valle Inclán:

-Para usted constituirá una gran desgracia haber quedado manco.

– ¡Quia, no, señor! No sólo necesito para nada el brazo perdido. Vamos, no lo echo de menos en absoluto. Me valgo con el derecho para todo.

– ¿Sin ayuda de nadie?

– Sin auxilio de nadie, escribo, me desnudo, me visto, me lavo, como; en fin, todo, todo lo que usted puede hacer con las dos manos lo hago yo con la derecha. Es más; me corto las uñas,  parto la carne, mondo la fruta, me hago los lazos de las corbatas del frac y construyo mueblecitos de papel… Solamente he echado de menos el brazo perdido cuando murió mi pobre hija… Se moría y yo no pude abrazarla como hubiese deseado.

 

Valle Inclán-innn-jotdown es

 

Josefina Blanco en la sombra del escritor. “Yo nunca he visto – dice Carmen de Burgosuna actriz tan desprendida de su profesión de un día como esta mujer. Ni en ninguna de las actrices casadas he visto ese milagro tan sencillo y tan amable. El corazón de artista de Josefina Blanco se ha hecho más completo, más amplio, más cuajado de cosas y de arte en esta transformación tan humana, tan extraordinaria con Valle Inclán“.

 

Valle Inclán-farodevigo es

 

(Imágenes.-1.-Josefina Blanco- leonoticias com/ 2.-carta manuscrita de Josefina Blanco en 1936- todocoleccion/3 .y 4.-carta de Valle Inclán- teatro. es/ 5.- Valle Inclán- auladeletras.net/ 6.-laopinioncoruña. es/ 7.-jotdown.es/ 8.- Vallle Inclán- farodevigo.es)

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La nueva edición de Automoribundia (Marenostrum), un libro clave en la vida de Ramón Gómez de la Serna, se cruza estos días con el enlace que Juan Pedro Quiñonero presenta en su blog Una temporada en el infierno sobre el gran autor de las greguerías. Leí Automoribundia en la edición de Editorial Sudamericana de 1948, luego pasé a la muy cuidada de Ioana Zlotescu que lanzó Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores en 1998 y ahora me encuentro con esta interesante edición de Celia Fernández Prieto que me vuelve a llevar a aquel torreón madrileño de Velázquez 4 que visité sin visitar, en un viaje literario de no hace mucho tiempo y que resumí en lo siguiente:

Cuando se entra en el piso de RAMÓN, en la vida de Ramón, en las obras de Ramón, dejamos la greguería que todos traemos aterida del frío de la calle, colgamos en el perchero de la metáfora nuestra capacidad de asombro y entramos a ver a RAMÓN. RAMÓN nos recibe en su torreón madrileño de la calle de Velázquez 4 y como para estrecharnos en literatura nos tiende “la mano del escritor”, una enorme mano de cartón que parece falsa y es verdadera, “la mano del conferenciante” que acaricia el lomo de las ideas en el aire y que fascina con su chistera de palabras haciendo magia blanca con el ilusionismo de los objetos. Objetos. La mirada de Ramón sobre los objetos. Entre innumerables invenciones, tras ochenta libros publicados –novelas, biografías, arte, teatro, greguerías, Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888 ‑ Buenos Aires, 1963) desvela con su mirada los objetos desde una pupila virginal, desde la orilla inocente de un recién nacido descubrimiento. Todo escritor debiera ser así ante el mundo y Ramón lo logra con una potencia de mirador madrid-8-arco-de-cuchillerosfulgurante desde la balaustrada del párpado.

Así es mirado Madrid por RAMÓN. Si hay célebres libros suyos de espacios de Madrid El Rastro, El chalet de las Rosas en donde el paisaje es la Ciudad Lineal, Las tres Gracias o novela de la nostalgia de Madrid–, la ciudad que le vio nacer un 3 de julio en la antigua calle de las Rejas, le acompañará siempre como ese rizo que le caracolea sobre la luna de su cara redonda, como esa pipa en la que se fuma la vida y cuyas palabras transforma en humo. Ramón era estático y amante de las calles, paseaba diariamente desde Velázquez a la Puerta de Toledo, se sentaba a escribir a las diez y media de la noche, cenaba a las doce y seguía escribiendo hasta las siete de la mañana. La capital fue su objeto adoquinado, alumbrado objeto de avenidas y de seres, transparente ciudad de greguerías enterradas que nadie había visto hasta entonces y que Ramón resucitó. Pero de la capital española quizá su libro más completo y luminoso, empedrado de lecturas sabias y cocinado en lumbres de inimitable estilo, sea su Elucidario de Madrid, publicado en 1931.

Las greguerías de la Puerta del Sol en este Elucidario de Madrid nos dejan embaldosadas la Puerta de metáforas más humorismo, que ése es el sello de Ramón para definir la greguería. ¿Qué es la greguería? Lo que gritan los seres confusamente desde su inconsciencia, lo que gritan las cosas –dirá en su libro Greguerías–. La greguería es una flor del aire que brota de un recuerdo que no se puede recordar y que no se hubiera recordado si el ferrocarril de niños que hay en la cabeza no se hubiera equivocado de vía de pronto. ¿Y qué le gritan las cosas a Ramón? En la Puerta del Sol es donde cogen el último coche los juerguistas, dando el portazo de despedida desgarradora a la noche. Una pedrada en la Puerta del Sol mueve ondas concéntricas en toda la laguna de España. Siempre hay en la Puerta del Sol un vendedor de ratones pardos que corren sobre dos ruedas de plomo activadas por dos gomitas que se enrollan. Tiene por misión que la plaza central esté enratonada y que no desaparezca la primera picardía del juguete mecánico. ramon-6-solana-flikr

Mirada de Ramón. Ante los espejos del café Pombo –libros célebres Pombo, y La sagrada cripta de Pombo‑ famosa tertulia inmortalizada en el cuadro de Solana–, exclamó en un brindis que el propósito de la greguería era quitar empaque a las cosas, sembrar sonrisas, batir cataratas, desenlazar ideas, gestos, cosas, que estaban inmóviles, irresolutas, tiesas y amenazadoras como dragones y que había que desenlazar de cualquier modo. En El hombre perdido, novela de teoría y de técnica más que de aventura, Ramón dirá: Hay una realidad que no es una subrealidad ni realidad subreal, sino una realidad lateral…, hay otra realidad, ni encima ni debajo, sino sencillamente otra. Buscando –o mejor, “encontrando”, como Picasso– esa otra realidad, descubre el otro circo que hay en el circo, el Goya oculto dentro de Goya, el Azorín inédito, el Quevedo, Poe, Lope y Valle‑Inclán que andan por el mundo indocumentados de verdadera biografía y que Ramón soluciona entregándoles a cada uno los papeles de su biografía irrepetible.

Madrid, sin embargo, no es en Ramón únicamente greguería. Elucidario de Madrid es un libro de amor forrado de erudición y tapizado otra vez de amor por la ciudad. Cuesta de la Vega, Plaza Mayor, Cava Baja, Plaza de la Cebada, Castellana, Cibeles, el Jardín Botánico, la calle de Sevilla, la Plaza de la Paja, la Plaza de Oriente se entrelazan con páginas excelsas sobre los ciegos de Madrid o la ronda de pan y huevo. Es de nuevo la mirada de Ramón sobre un Madrid que está ahí para ser mirado por cada escritor que nace. Esa mirada de Ramón escribía con tinta roja sobre papel amarillo, el añil era su color preferido y los objetos de su torreón de Velázquez 4 se dejaban mirar empapelados de fotografías, carteles y recortes del suelo al techo y del techo al suelo, entre la muñeca de tamaño natural, las puertas falsas y la verdadera luz de un farol de la calle.ramon-4-verbolgia-hispanica

RAMÓN acaba en sí mismo, es su propia generación, la punta de un faro que barre de miradas toda literatura y levanta luces en lo que toca conforme está girando. Solitario, provocador, suscitador, escritor de permanente ingenio, es el ismo de su propia vanguardia, el constante renovador de la innovación. Vivió en Madrid desde su nacimiento hasta 1936, en que emigró a Argentina donde su automoribundia expiró el 12 de enero de 1963, en Buenos Aires. Precisamente en su Automoribundia se va despojando en su vestidor de serenidades de cuantas ropas de erotismo y rebeldía tienen muchas de sus obras, se va desnudando del insulto superfluo, extiende sus manos en el espejo y se encuentra a sí mismo. Tras sus amores con Carmen de Burgos y su largo amor afilado de tremendos celos con Luisa Sofovich, Ramón, al encontrarse a sí mismo, encuentra a Dios. Lo único grande que tienes es que te crees cada vez más criatura de Dios, en una herencia portentosa que es tu verdadera prolongación en lo inmortal –escribirá en Nuevas páginas de mi vidaNo espero nada de los hombres, sino con todo el fervor el perdón del inmenso Dios.

Al salir del piso de RAMÓN, de la vida de Ramón, de las obras de Ramón, recogemos la greguería colgada que habíamos dejado en el paragüero y vemos que está lloviendo. Y con la greguería en alto –con el bastón y el mango en alto– sabemos que nunca nos podremos mojar porque la tela invisible de este paraguas es el inmenso, ramoniano cielo de Madrid”.

(“Luisa Sofovich, la argentina, de familia hebrea, de ascendencia rusa, viuda del autor de las greguerías, cuenta en La vida sin Ramón (Libertarias), cómo ella descubrió el célebre maniquí de la muñeca en tamaño natural que Ramón tenía en su estudio. Cuando se ven las fotografías del escritor sentado junto a su muñeca, no se sabe si Ramón le está leyendo al maniquí el último acierto de invención de su prosa o es ella la que escucha inmóvil, desde su mutismo de madera, la cabeza girada hacia el escritor, el vestido impecable, el collar abandonado en su garganta. Los dos aparecen estáticos. Es como si para Ramón ese maniquí fuera su primer lector, su único lector, aquel que no responde nada o aquel que de repente moverá las pestañas de madera y bajará levemente la cabeza asintiendo en silencio.

Cuenta Luisa Sofovich que ‑con los traslados y las muertes‑ uno de aquellos anillos o sortijas que llevaba la muñeca en sus manos fue a parar, al cabo de los años, a una tienda de compra-venta parisina situada en el Palais-Royal.

Allí, al verla en el escaparate, Luisa Sofovich entró y la compró y llevó mucho tiempo en sus dedos aquella sortija que lució en las manos la enigmática mujer de madera.”) (“El artículo literario y periodístico“, págs 138-141)

(Imágenes: retratos de Ramón Gómez de la Serna.-flikr/ Arco de Cuchilleros/ “La tertulia de Pombo” de José Gutiérrez Solana)

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