CONFESIONES DE UN LIBRERO

 


“Como muchos libreros yo pertenecía al grupo de hombres que saben un poco, pero nada a fondo — cuenta Ernst Jünger en 1987, en  sus Diarios “Pasados los setenta” ( Jünger está leyendo las confesiones de un literato y su cliente en la inauguración de una librería)—Puse en práctica la costumbre  de los libreros de leer sólo por encima y hojear de pasada los libros nuevos que se editan. Me ocupaba sólo de las novedades, pero nunca de las fuentes del saber; era un vendedor, es decir, un intermediario  y un agente.  El trato con los clientes  tiene también algo denigrante. Yo estaba obligado a acceder a los variopintos deseos de esos clientes, tenía que darles informaciones que, como yo mismo percibía, tenían algo de inexacto y confuso, también tenía que ensalzarles libros que no tenían nada de elogio. Todo  esto conduce a la charlatanería, la superficialidad y a una actividad vacía(…) Y si me llenaba la caja con algo más de rapidez, me parecía que todo estaba en orden.”

 

Jünger añade ese día en su anotación un pasaje del Diario de los Goncourt de 1867: “ Un síntoma de los tiempos: la tienda del librero del muelle ya no tiene sillas. France era el último librero que tenía silla, la última librería en la que se podía charlar un poco y pasar el rato entre dos ocupaciones. Ahora los libros se compran de pie. Una pregunta y un precio: hasta ese extremo ha llevado a la venta de libros la devoradora actividad de la actual vida social…”

 

(Imágenes—1- Car Spitzweg- 1850/ 2-librería da Villa Sao Paolo/ 3- librería Ateneo – Buenos Aires)

LOS “GENIOS” DE HAROLD BLOOM

 

 

Ha muerto Harold Bloom, uno de los críticos literarios más influyentes del mundo. “En el extremo de la mente —decía —, nos detiene el genio shakesperiano. Sigue siendo, y quizás lo sea para siempre, nuestro más grande ejemplo del uso de la literatura para la vida.”. Bloom elevó a Shakespeare hasta la cumbre de sus predilecciones. En su libro “Genios”  aborda cien mentes creativas y ejemplares  y divide las épocas o lustros, como  ėl dice, arrancando de Shakespeare, Cervantes, Montaigne, Milton y Tolstói para enlazarlos con Lucrecio, Virgilio, San Agustín, Dante y Chaucer, discurriendo por todos los siglos hasta Dickinson, Dostoievski, Isaac Babel y Ralph Ellison. También se pregunta Bloom en otro libro “¿Dónde se encuentra la sabiduría?”,  y nos lleva a los hebreos del libro de Job y el Eclesiastés, nos acompaña a la disputa de Platón con  Homero, entramos luego en el mundo de Montaigne y Bacon, de Samuel Johnson y Goethe, de Freud y Proust, no sin pasar antes, al hablar de la sabiduría cristiana, por San Agustín y la lectura.

 


 

Todavía hay en todas partes, aún en las universidades — decía Bloom en “Cómo leer y por qué” —, quienes practican la lectura personal, jóvenes y viejos. Si existe en nuestra época una función crítica, será la de dirigirse a esos lectores que leen por sí mismos y no por unos intereses que, supuestamente, trascienden la propia personalidad.”

Harold Bloom ha sido un guía de lecturas durante años. Nos ha acompañado desde Andersen a Raymond Carver, y en la gran poesía por los sonetos de Shakespeare, como en el ensayo desde Pascal a Walter Pater. La literatura como modo de vida nos ha llevado de la mano con amor literario de crítico, como él decía.

El mapa de sus conocimientos era enorme. Su labor de divulgación muy fructífera.

Descanse en paz.

 


 

(Imágenes —1-Carl Spitzweg- 1850/ 2-biblioteque tumblr/ 3 – el rey Lear- George Romey-1775- Shakespeare library)