MÚSICA DE LA NATURALEZA

El caballo relincha, el toro muge, el león ruge, el tigre gruñe, el mundo entero resuena de voces. Sólo los pájaros cantan  -recuerda el músico norteamericano Simeon Pease Cheney -. Son los artistas más delicados de la Naturaleza, que viven y trabajan por encima de la tierra”. Pero cuando Cheney desciende, por ejemplo, a escuchar al atajacaminos señala que éste “acentúa la primera y la última sílaba de su nombre -«whip-poor-will», en inglés – repitiéndolo valientemente y acentuando con más fuerza su final.(…) Los pájaros cantan magníficamente. Utilizan todos los intervalos de las gamas menores y mayores con una entonación perfecta, una voz pura, y ejecutándolos a la perfección; con un arte consumado de la melodía, un encanto magnético y espiritual que no posee ninguna otra música de la tierra».

Sobre la música de los pájaros he escrito alguna vez en Mi Siglo. Pero Cheney, además de acercarse al cielo exterior de los pájaros, descubre melodías en los interiores de las casas, allí donde el silencio de las cosas inanimadas y en las habitaciones de los objetos cansados, se escucha la música del agua de un grifo que gotea en un cubo medio lleno. «Me he quedado embelesado– dice Cheney en «La música de los pájaros« (Centellas) – por la música de una puerta que golpeaba perezosamente; producía unas sonoridades encantadoras, semejantes a las de un clarín que sonara a lo lejos, formando agradables acordes melódicos, mezclados con graciosas notas ligadas y con tecleados artísticos dignos de ser estudiados e imitados. Despertado por un viento violento una noche de invierno, oí cómo un vulgar perchero hacía arrremolinarse una melodía salvaje en unos intervalos de una pureza perfecta».

El oído se afina ante la animación de los objetos como el oído se afina tanbién ante el canto del jilguero amarillo, del tordo solitario, del charlatán, del verderón canoro o del cardenal de pecho rosado. Cheney fue el primero en Estados Unidos que se dedicó a transcribir directamente el canto de los pájaros en notas musicales. Pasó treinta veranos de su vida en los bosques de Nueva Inglaterra escuchando el canto de las aves. Y Antonín Dvorak  según puede leerse en el prólogo de este pequeño volumen – cuando estuvo en el verano de 1893 en un remoto pueblo de Iowa, dio largos paseos acompañado de este libro. Allí escribió su famoso Cuarteto de Cuerda nº 12 mientras meditaba en lo que decían estas páginas.

(Imágenes:-1.-Nathalie Maranda.- Gallerie de Bellefeuille/2.-pájaros de Durero/ 3.-foto por Paul Nicklen.-The National Geographic)

ACOMPAÑANDO AL LIBRO

Para ir a la Feria del Libro de Madrid, Yasue, la dama del color de las cerezas precoces – uno de los personajes de mi última novela «Mi abuelo, el Premio Nobel» (Editorial Funambulista)  -» lleva días encerrada misteriosamente en su cuarto arreglando su tocado y preparándose para la ceremonia. Amenuhka me ha susurrado lo que a hurtadillas le ha visto hacer a la japonesa: Yasue – me dice mi prima –  ha extendido sus largos cabellos brillantes e inmensamente largos, los ha separado por la mitad y los ha hecho caer libremente sobre sus espaldas en grandes cascadas negras; luego los ha teñido suavemente de una tenue tintura violeta, los ha envuelto en perfume de naranja sutil y los ha cubierto con ramitas de hojas más o menos teñidas de rojo para recogerlos en torno a su cara blanca. Después Yasue – me sigue contando Amenuhka – ha estado dudando entre un gris pálido y un color crepúsculo para una de sus túnicas; se ha pintado sus párpados melancólicos, se ha probado un vestido de dibujos de glicinas, lo ha cambiado por otro de envoltura de bambú simulando nata, ha abierto las dos lunas de su espejo y ha metido sus brazos en dos mangas de amarillo gardenia con guantes color algas. Luego Yasue ha vuelto a quitarse los guantes y ha bañado la delicadeza de sus manos en olor a membrillo y a manzana y ha pasado el pincel sobre sus cejas depiladas; se ha probado unos diminutos zapatos color jade, se ha apartado de la frente una nube errante y ha vuelto a cambiar esos zapatos por otros color hierba seca del jardín. Más tarde se ha probado una túnica color arco iris barriendo el sol y al fin se ha decidido por un quimono de dibujo de tela de araña en oro con mangas de seda damasquinada.

-¿Todo eso? – le digo a Amunhka.

– Sí. Luego ha tomado unas ramas de crisantemos a punto de florecer y ha dado tres pasos adelante y tres pasos atrás ante el espejo para verse bien». («Mi abuelo, el Premio Nobel«, páginas 116-117)

Así piensa ir Yasue, uno de los personajes de mi novela, a la Feria del Libro, donde en la caseta 321 firmaré ejemplares el domingo 12 de junio de 6 a 9 de la tarde.

ELEGANCIA, BELLEZA, BALENCIAGA

«Todas las mañanas – recomendaba Marcelle Auclair a las mujeres en 1937 -, incluso antes de ocuparse de la belleza, mírense al espejo, mírense bien al rostro y ordenen a sus ojos que brillen, que se animen, que se iluminen con la llama que ustedes indudablemente llevan dentro de sí. Es un pequeño ejercicio de auto- gestión infalible«. Por su parte Balenciaga aconsejaba mientras se inclinaba al lado de la modelo, como verdadero costurero – así lo llamaba Coco Chanel -. atento a los tejidos, a cortarlos e incluso a coserlos con sus propias manos : «Sea usted natural. Que las cosas vengan realmente de usted...».

Antes de introducirse en los vestidos, las recomendaciones que en los años treinta recibían las mujeres desde la revista Vogue para fortalecer su voluntad en los ejercicios personales, aportaban confesiones sorprendentes. En 1934, la condesa de Polignac, hija de madame Lanvin, refería sus más inesperados movimientos  (invisibles para los demás)  con los que procuraba mantenerse en forma: «Durante la jornada, en el coche, a lo largo de una conversación- decía – hago ejercicios sin que nadie lo advierta. Giro las muñecas, las levanto lentamente, como si cargaran un peso insoportable. Gracias a este método he adquirido unos músculos de hierro». Cuatro años después, la revista Votre bonheur animaba a la «gimnasia invisible«: «mientras se espera el autobús o el suburbano, sin que los demás lo noten, pero con una extrema concentración mental, para fortalecer los músculos de la rodilla, contraiga y afloje cada uno durante algunos minutos y podrá usted realizar toda una serie de movimientos perfectamente invisibles«. La revista Charm, por su parte, en su número de enero de 1950, aconsejaba siempre a las mujeres la sonrisa: «la gente que vive a la vista del público no ha desestimado nunca el valor de la sonrisa; es extraño que vosotras – les reprochaba a las lectoras – lo hayáis ignorado con tanta frecuencia… Aunque sonreir es grato como cosa espontánea, debéis probar, nada más que a título de experimento, a empezar a sonreir como cosa consciente. Sonreid a vuestra familia… a vuestro marido…a vuestro jefe… a vuestro novio… Sonreir deliberadamente en medio de una discusión… en una pausa de la conversación… Sonreid mientras os miráis al espejo».

Todas estas recomendaciones – sonreir, concentrar el pensamiento, concentrar la respiración, prestar atención a los músculos – parecían ser algunos de los ejercicios antes de acercarse a determinados umbrales de la moda.»Era todo un espectáculo ver a Balenciaga preparar su colección… Con una impecable chaqueta blanca y la boca llena de alfileres, cortaba aquí, allá y a veces transformaba totalmente la idea original...», decia la marquesa de Llanzol, una de las grandes clientas del modisto español. «Esa mano que teje, que corta, que prueba -escribía por su lado en un ensayo de 1950 la norteamericana Mary McCarthy– tiene que verse en el producto acabado en mil pequeños detalles, y el conocimiento de la moda consiste, profesionalmente, en el reconocimiento y la apreciación del trabajo que ha supuesto un traje. En sesgaduras y costuras, la firma del trabajo cuidadoso debe ser evidente al experto, o si no la mujer no va vestida elegantemente«.

(Pequeño apunte con motivo de la inauguraciòn del museo Balenciaga en Getaria)


(Imágenes:- 1.-modelo Balenciaga 1952/ 2.modelos Balenciaga.-openshaspa.org/3.-foto de Balenciaga.-Fundación Balenciaga/4.-modelo Balenciaga 1953.- por Louis Dahl- Wolfe.-all-art-org)

PALABRAS HELADAS

Así llamaba Rabelais a los libros,«palabras heladas» – decía -, y sabemos que el deshielo de los blancos bloques de vocablos se deshace enseguida al calor de nuestro pensamiento, al calor de nuestra atención. Los ojos navegan hasta  ese recinto de palabras heladas y el fuego a veces de las frases nos deja encendidos durante mucho tiempo, arde en nuestra memoría la viveza de lo leído. «Creo que esas criaturas que todos los folklores describen como homúnculos, elfos, duendes, enanos, trolls, genios o jinns – recuerda Claude Roy al pasearse como » el amante de las librerías« (Centellas) – son de hecho alegorías del Libro, esa persona de formato más pequeño, maga y hechicera, manejable, en efecto, y que, aunque no sirva para nada, no por ello es menos servicial«.

«Se escribe para aprender a vivir, y puede ser para enseñar a vivir a los otros«, había dicho ya Roy hace años en su «Défense de la littérature» (Gallimard). Pero ahora, paseándose por rincones del mundo, descubre que «la conversación en la librería no es solamente ese intercambio de palabras que se teje entre la librería, los vendedores y los clientes, sino esa conversación muda que uno tiene con las «novedades» y las resurrecciones, con los libros del día y los libros «de fondo», con ese conciliábulo de personas encuadernadas en rústica o en plena piel o símil piel, que en plena noche, cuando la tienda está cerrada, continúan conversando en silencio«.

«Nunca seré – añade -, no sólo hombre de un solo libro, sino tampoco hombre solamente de los libros, porque sé que los libros dignos de este nombre representan siempre mucho más que cierto número de hojas impresas y cosidas o encoladas, y que si a veces hay una entonación peyorativa, hablando de alguien, cuando se dice que habla como un libro, no se puede, por el contrario, hacer un elogio más grande a un libro que el de constatar que nos habla como un hombre – cosa que es, en efecto –

(Imágenes:-1 y 2.-bibliotheque.tumblr/3.-Paul Béliveau.-Vanitas 11-02-24)

UN VASO CON AGUA

«Estás ante mí en un vaso, agüita,

y me miras con los ojos que han salido

del grifo, rodeada por una prisión

tan transparente como tú.

Tú sabes que soy tu futuro: un embudo,

un poste animado y represento el fin

de la perspectiva: que te aguardan las hebras,

la penumbra de las entrañas y las arterias.

Pero no te preocupa. En general las prisiones

ofrecen más variantes para las substancias

sin hogar que la libertad, tanto peor

si es absoluta.

Tienes completa razón si crees

poder vivir sin mí. Pero recuerda que

mientras más tiempo yo exista, más tarde

te convertirás en la lluvia que lava el asfalto».

Joseph Brodsky.-«El vaso de agua«.-1995

(Imágenes:-1- Hydrangea.-Barón Adolf de Meyer.-1907./ 2.-Valentine Rekunenko.-sizinicinsanat.realcollection. org)

DE MAPAS Y DE HOMBRES

«Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo – escribe Borges en «El Hacedor» – . A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara».

Desde las calzadas romanas al itinerario del siglo Xlll de Londres a Roma, hecho por Matteo de Paris, y hasta el plano de los trenes subterráneos, las arrugas, las vetas y los surcos de todos los cansancios de los hombres presentan su cartografía peculiar, aquellas conversaciones olvidadas, aquellas vigilias transidas de disgustos, las risas, las sonrisas, el peso del sol en los atardeceres, las alegrías, las luchas y las penas.
También los países se miran en el espejo de la Historia. Y el itinerario de sus rencillas, los signos y direccciones de sus costumbres, los viajes de batallas ganadas o perdidas y las latitudes y longitudes en un firmamento de siglos, transforman poco a poco el mapa de las naciones, las alargan, las ensanchan, las consumen, las incendian, las levantan en armas y a veces incluso las destruyen.

“No hay que desdeñar la geografía, quizás no sea menos importante que la psicología«, decía también Borges en otro de sus escritos. La geografía del rostro, todas esas curvas de nivel que el topógrafo sigue atentamente sobre la piel, los accidentes superficiales en las comisuras de los labios, las pequeñas arrugas orillando los ojos, las exploraciones que seguirá el navegante para llegar a su destino, aparecen a la vez en los mapas de los hombres y de los países, cartas que levantan acta de las vicisitudes de la vida, planos que marcan las» distancias» que hemos vivido y cuantas «distancias» aún – pocas o muchas –  nos quedan por recorrer y vivir.

(Imágenes:-1.-Holbein- Fernando Vicente Sánchez.-bigthink. com/2.-Massai.-Fernando Vicente Sánchez.-bigthink.com/ 3.-Otto Schade.-Conflictos internos.-graffiti en Madre Bar Old Street en Londres.- bigthink/4.-bestiario -Fernando Vicente Sánchez.-bigthink/ 5.-mapas en el cielo -bigthink)

SERENOS DE PARÍS, CON ATGET Al FONDO

«Yo soy el sereno de la calle de Flandre,

yo vigilo mientras duerme París.

Hacia el norte un incendio lejano enrojece la noche.

Oigo pasar los aviones por encima de la ciudad.

Yo soy el sereno del Point du Jour.

El Sena se desliza en la sombra, tras el viaducto de Auteuil,

bajo veintitrés puentes, a través de París.

Hacia el oeste oigo explosiones.

Yo soy el sereno de la Poterne des Peupliers.

El  viento del sur me trae un humo amargo,

unos rumores inciertos y unos estertores

que se disuelven en alguna parte, en Plaisance o Vaugirard.

Yo soy el sereno del Pont-au-Change

vigilando esta noche no solamente en París,

esta noche de tempestad solamente sobre París en su fiebre y su cansancio,

sino sobre el mundo entero que nos rodea y acucia.

En el frío aire todos los ruidos de la guerra

caminan hasta el lugar donde desde hace tanto tiempo viven los hombres.

Yo soy el sereno del Pont-au-Change,

y, en el umbral del día prometido, yo os saludo

a vosotros, todos los camaradas de la calle de Flandre, de la Poterne des Peupliers,

del Point du Jour a la Porte Dorée.

En la Porte Dorée, en el Point du Jour,

en la calle de Flandre y en la Poterne des Peupliers,

a través de toda Francia, en las ciudades y en los campos,

mis camaradas acechan los pasos en la noche

y mecen su soledad con los ruidos y los rumores de la tierra.

En el umbral de la próxima mañana os damos los buenos días,

a los que estáis cerca y también

a los que recibiréis nuestra felicitación matinal

en el momento en que el crepúsculo dorado entra en vuestra casa.

¡Y buenos días, a pesar de todo, buenos días para mañana!

¡Buenos dias con todo nuestro corazón y con toda nuestra esperanza!

Buenos días, buenos días, el sol va a salir sobre París,

incluso si las nubes lo esconden, saldrá,

¡buenos días, buenos días, de todo corazón, buenos días!».

Robert Desnos: «El sereno del Pont-au-change»

De Eugène Atget he hablado en alguna ocasión en Mi Siglo. Del paso del tiempo por sus fotografías. El paso del tiempo resonaba hace ya muchos años en  las botas invasoras que marcaban el paso por la calles de París. Robert Desnos las cantaba y las contaba desde los poemas y desde las esquinas. Los ojos de Atget contaban y cantaban a su vez la calma, ese paso del tiempo en botas silenciosas sobre la piel de la ciudad. Ahora en Madrid una exposición de Atget nos acerca una vez más al permanente milagro de la imagen. El tiempo al pasar nos deja la fotografía.

(Imágenes:-1.-rue de Nonmains con la rue de L`Hotel de Ville.-1889.-elpais.com/ 2.-rue des Fosses Saint Jacques.-wikimedia/ 3.-rue du Seine.-wikimedia/ 4.-rue Moffeta.-wikimedia/ 5.-rue des Pretes Saint Sèverin.-wikimedia/ 6.-place de Saint Sulpice.-wikipedia/ 7.-rue Amelot.-wikimedia/ 9.-Eùgene Atget en 1927.-elpais. com)

SERENIDAD

«Serenidad, tú para el muerto,

que yo estoy vivo y pido lucha.

Otros hombres habrá que deseen:

ésos no saben lo que buscan.

Si se durmieran nuestras almas,

si las tuviéramos maduradas

para mirar inconmovibles,

para aceptar sin amargura,

para no ver la vida en torno

apasionadamente nunca,

duros y fríos, como piedra

que sopla el viento y no la muda…

Almas claras. Ojos despiertos.

Oídos llenos de música

del dolor. Los dedos felices,

aunque los hieran las agudas

espinas. Todo el sabor agrio

de la vida, en la lengua.

«Nunca

podrás mojar tu pie en el río

en que ayer lo mojaste. Busca

la eternidad, vive en la alta

contemplación de su figura».


Palabrería de los libros

de la que deja el alma turbia.

Serenidad que se nos vende

por librarnos de la tortura,

por llenarnos de sueño el alma,

y rodeárnosla de bruma.

Serenidad, tú para el muerto.

El hombre es hombre, y no le asusta

saber que el viento que hoy canta

no volverá a cantarle nunca.

Serenidad, no te me entregues

ni te des nunca,

aunque te pida de rodillas

que me liberes de mi angustia.

Será que vivo sin saberlo

o que deserto de la lucha.

Tú no me escuches, no me eleves

hasta tu cumbre de luz única.

Palabrería de los libros

de la que deja el alma turbia.

Yo también me hago un poco libro,

Me duermo el alma…

Luz difusa

La madrugada se desgaja

agria y azul, como una fruta.

Cantan los niños a lo lejos.

Un niño llora. Las desnudas

mujeres y hombres silenciosos

salen despacio de las últimas

sombras. Los pájaros me esperan.

Se alzan las olas. (Me preguntan

por qué.)  Campanas… (Ayer niebla,

hoy claro sol y luego lluvia…)

¿Por qué? Las hojas se estremecen…

Voy inundándome de música».

José Hierro: «Serenidad» (Lectura de madrugada) «.-«Tierra sin nosotros«.-1947

(Imágenes:- 1.- Pedro Iltsted.– oilpainting- frame.com/ 2.-Winslow Homer.-1877)

«MI ABUELO, EL PREMIO NOBEL»

La publicación de un nuevo libro siempre es una fiesta para el autor – y supongo que también para los lectores. Aparece hoy mi novela «Mi abuelo, el Premio Nobel» (Editorial Funambulista) que supone el octavo de mis libros. Muchas de estas páginas se han podido leer antes en Mi Siglo – con el título provisional de «Nosotros, los Darnius«- , pero el conjunto de la historia completa está ahora aquí, en este volumen, narrando la vida, las aventuras y la imaginación del escritor Dante Darnius, el escritor que no puede escribir. Como reza la contraportada del libro, «contada por su nieto, en esta novela se narra la increíble historia del escritor Dante Darnius, incapaz de llevar sus creaciones al papel pero invadido siempre por prodigiosas ideas y maravillosas historias que cuenta a su familia conforme se le van ocurriendo. La potencia de su imaginación y su capacidad creadora no pasará inadvertida en Estocolmo, y se le concederá el Premio Nobel de Literatura al escritor que no ha escrito nunca nada pero que todo lo lleva en la cabeza, una mente repleta de historias y asombrosas fabulaciones«.

Siempre se dice que los escritores tenemos devoción por ciertos personajes y en este caso es verdad. Dante Darnius no esconde el «miedo escénico» oculto en todo creador y a la vez expone cuanto en su imaginación le bulle constantemente.

«¿ Es difícil escribir, Dante? – le interroga con curiosidad su nieto.

– Sí, sí que es difícil…

– ¿Pero qué es más dificil, pensar una historia o llevarla al papel?

-Las dos cosas. Yo, como no he llevado casi nada al papel, no sé si eso es difícil. Para mí es dificilísimo. Pero también es muy complicado crear una historia«.

Y en otro momento del libro Dante se confiesa:

«-A un escritor no hay nada que reconocerle. Es un oficio más, una tarea más. ¿Es que hay que reconocer todos los oficios? ¿Es que los demás oficios se reconocen?.»

Quiero agradecer desde aquí muy de verdad a la Editorial Funambulista el esmero y la calidad que ha puesto en esta edición tan cuidada en todos los detalles.

«Mi abuelo, el Premio Nobel» estará en todas las librerías dentro de dos semanas. En estos momentos se encuentra solamente en la Feria del Libro de Madrid, y como los escritores debemos acompañar a nuestras criaturas, allí firmaré ejemplares diversos días, entre ellos el domingo 29 de mayo por la tarde, en la caseta 321.

LA DAMA DEL ARMIÑO

Este armiño que reposa en los brazos de Cecilia Gallerani, la dama de Leonardo, y que en invierno tiene la piel blanca con una mancha negra en la cola, se deja acariciar por unos dedos diferentes y nerviosos – tal como apunta Marangoni  en «Como se mira un cuadro» (Optima) –  revelando de modo especial estos dedos una sensibilidad distinta a la que transmite el retrato completo de esta mujer, «milagro de coherencia estilística por esa rítmica continuidad de planos curvilíneos en los que reside todo el sentido de elegancia, de gracia y de agudeza psíquica que emana de la seductora imagen«.

Armiño, que simboliza la inocencia y la pureza en la conducta, en la enseñanza, en la Justicia. Capas luego de armiño que desfilarán solemnes por los largos pasillos y los amplios salones pero que ahora se quedan en esa tímida piel que la mano sostiene para que la suavidad de este armiño – tal como reza la sentencia – no caiga en bache alguno y quede en él paralizado y extenuado. Se ha dicho que de todos los animales el caballo es el que más ha preocupado a Leonardo. Pero aquí está este armiño llevado en brazos, indefenso y protegido, atributo del  Tacto personificado en el universo de los cinco sentidos y que el tacto femenino acaricia. Además de la heráldica y la simbología estos ojos del armiño se alumbran a una mirada despierta, exponen el desamparo de la ternura.

(Pequeño apunte sobre «La dama del armiño» de Leonardo da Vinci que a partir del 3 de junio podrá verse en Madrid)

(Imagen:  «La dama del armiño» – Museo Czartoryski de Cracovia)

MI FRAILECICO

«Conmigo está mi dueño,

leyendo su lectura silenciosa.

Mi dueño es muy pequeño,

mas tiene voz de rosa

cuando del alma el canto le rebosa.

Leyendo está mi amigo,

y yo con él, penando, vivo y muero.

«A solas, sin testigo»,

así es como le quiero,

hablándome un sentido muy de vero.

Con este frailecico,

el alma se recoge y empavesa;

¡qué importa si es tan chico,

si el alma es la que besa

y amigos son sus labios de Teresa!

Con ella, y con su voce,

no quiero otro coloquio, por ventura.

En ella está mi goce;

con ella, la Hermosura

de amor me da la fiebre y calentura.

Que si ella es, castellana

de Dios, lo que del mundo yo más quiero,

él tiene una fontana

tan rica de venero,

que en ella me adolezco y peno y muero.

Por ella yo quisiera

dormirme entre los brazos del Esposo,

muriendo de manera

tan alta, y silencioso,

que abriérame este pecho que reboso».

Blas de Otero: «Cántico espiritual».-1942

(Imagen: retrato de Juan de La Cruz)

VIEJO MADRID (27) : BARRIO DE MARAVILLAS

Cuando recorro esta madrileña calle de San Vicente Ferrer y me detengo en la esquina con San Andrés ante la que fuera casa de la escritora Rosa Chacel, precisamente en este cruce de la farmacia y entre pintadas y garabatos del tiempo, el pasillo de la luz de la mañana se une a la otra luz que me llega del libro «Barrio de Maravillas», esa » luz que mira al barrio con mirada hipnotizante; le impone la tregua en el esfuerzo, en el trabajo que significa mirar – así lo va diciendo la autora – (…) Persianas verdes, sensibles al aire, temblonas como alamedas. Visillos blancos, leves, nupciales como mosquiteros; muselinas opalinas. Transparentes de tela encerada; colores brillantes, sombríamente brillantes, guirnaldas de rosas en corona oval, enmarcando bosques de otoño donde huyen los ciervos, robles o praderas o lagos con cisnes...»

Hay una «epifanía» en esta luz, o en esta mezcla de luces del tiempo, – el tiempo mío mirando ahora esta calle de San Vicente Ferrer y la misma luz y el mismo barrio mirados por Chacel en su tiempo- . «Las epifanías de Rosa Chacel» escribió Claudio Guillén en «De leyendas y lecciones«. Más aún que literatura comparada se comparan las luces que quedaron refugiadas en los libros, que iluminaron luego pasillos, casas, barrios: conjunciones de «esa súbita manifestación espiritual» de la que hablaba Joyce y al que Rosa Chacel, según  Guillén, admiraba y que hoy, en esta mañana detenida, «al hombre de letras le toca registrar con cuidado extremo, en vista – decía Joyce de que ellas mismas son los momentos más delicados y evanescentes«.

«La calle, en su silencio crepuscular – breve compás de espera – se lee en «Barrio de Maravillas» – la miraba entre dos luces. Desde la farmacia la miraban don Luis y Luisito, desde la pollería, la mujer ruda que repelaba pollos a diario se asomaba a verla (…) La luz agota o recoge sus últimos velos de ocaso, se levanta sobre los tejados vestida de lentejuelas y deja en la calle a sus acólitos o vicarios – van, a lo largo de las aceras, encendiéndose los reverberos de gas -, por los balcones sale la luz de los quinqués, bajo sus haldas se empollan las cenas familiares y luego, más tarde, quedan sólo iluminados los balcones de los insomnes y los trabajadores».

Así se va la luz de entonces, entre pintadas y garabatos del tiempo, tras las fachadas ennegrecidas y los envejecidos balcones, a refugiarse como siempre en los libros.

(Imágenes:- casa de Rosa Chacel en la que vivió de 1908 a 1911.-calle de San Vicente Ferrer.- 2011.–fotos JJP)

UN PASEO CON MONET POR GIVERNY

La paleta de Monet se componía de blanco de cerusita, amarillo de cadmio (claro, oscuro y limón), amarillo limón de ultramar, bermellón, violeta de cobalto (claro), ultramar superfluo y verde esmeralda. Así quedó reseñado en el «Bulletin de la vie artistique» del 15 de julio de 1923. Pero la paleta  de Monet, cuando ahora se camina por los jardines de Giverny, parece quedar diluida dando paso a cuantos colores de la belleza el pintor señala. «Cuando salgas a pintar – aconsejaba-, trata de olvidar los objetos que tienes ante ti, un árbol, una casa, un campo, o lo que sea. Piensa solamente: he aquí un cuadradito azul, un óvalo rosa, una franja amarilla, y píntalos tal como los ves, con el color y la forma exactas, hasta que obtengas tu propia e ingenua impresión de la escena que tienes delante».

Así, desde la mesa de comedor de hoy en Giverny, parece que los viejos tiempos nos hablaran. Recuerda Sue Roe, varias veces citada en Mi Siglo al comentar la vida privada de los impresionistas, que «a la casa se llegaba por un sendero bordeado de pinos y abrigado por enrejados cubiertos de rosas. El jardín, un espacio vasto y escondido, estaba parcialmente adornado de boj. Había dos parterres yertos que discurrían en paralelo a un amplio camino bordeado de cipreses (…) Monet y Alice quitaron inmediatamente el boj, que no les gustaba a ninguno de los dos, e iniciaron una discusión, que duraría dos décadas, sobre los cipreses».

«Pronto Monet sigue evocando Roe -empezó a ser admirado en Giverny. Los lugareños lo observaban mientras iba por el pueblo impartiendo órdenes con su voz clara y metálica (…) Monet mandó contruir una nave junto al río para que albergase sus barcas y almacenara sus caballetes y lienzos».

«Entretanto, metió la pinturas en el granero y amarró las barcas en una islita cercana, donde el Epte se une al Sena. Ayudado de sus dos hijos pequeños, ataba las barcas a los espesos troncos de los sauces ribereños y todos juntos volvían a la casa al atardecer, con sonido de los barcos de vapor que remolcaban las gabarras por el Sena«.

«Me gusta ver a este hombre – dice Octave Mirbeau en «Claude Monet y Giverny» (Centellas) – en el intervalo de sus trabajos, en mangas de camisa, con las manos negras de mantillo, el rostro tostado por el sol, feliz de sembrar semillas, en su jardín siempre resplandeciente de flores, sobre el fondo risueño y discreto de su pequeña casa revestida de mortero rosa».

Y luego, sentado ya en el jardín con su sombrero blanco, dejaba venir poco a poco sus recuerdos ante Thiébault- Sisson en una de las escasas entrevistas que concedió en su vida: «No volví a ver a Manet  – evocaba- hasta 1869, pero fue para entrar en su intimidad enseguida. Ya en el primer encuentro me invitó a ir a verle todos los días a un café de Batignolles donde sus amigos y él se reunían para conversar al salir del taller. Allí encontré a Fantin-Latour y Cézanne, Degas, que llegó poco después de Italia, el crítico de arte Duranty, Émile Zola, que debutaba entonces en las letras, y otros más. Yo mismo llevé a Sisley, Bazille y Renoir.  No había nada más interesante que esas tertulias, con su choque de opiniones perpetuo. Se estaba allí con la inteligencia en vilo, nos animábamos mutuamente a la búsqueda desinteresada y sincera, y uno acumulaba provisiones de entusiasmo que, durante semanas y semanas, le sostenían hasta que conseguía dar forma definitiva a la idea».

Lejos, esperaba la casa de Giverny a que los recuerdos volvieran.

(Imágenes:-1.- Claude Monet.-Nympheas,.1915/ 2.- comedor en casa de Monet en Giverny.-Fondation Claude Monet/ 3.- jardines de Giverny.-Fondation Claude Monet/ 4.- taller de Monet en Giverny.-Fonfation Claude Monet/ 5.- jardines de Giverny.-Fondation Claude Monet/ 6.- Claude Monet en su jardín de Giverny.-1915.-por Sacha Guitry.-chagalov/ 7.- casa de Monet en Giverny.-Fondation Claude Monet)

GUSTAV MAHLER


En varias ocasiones he hablado de Gustav Mahler en Mi Siglo. Especialmente del golpe de tambor escuchado en Nueva York  y aplicado a su Décima Sinfonía. Pero sobre sus días finales el musicólogo Marc Vignal recuerda en su interesante estudio sobre Mahler  que el 12 de mayo de 1911, hacia las cinco de la tarde, el compositor, muy enfermo ya, era trasladado por  París en un coche que le iba llevando desde Neuilly hasta la Gare de L´Est. Aquel automóvil se cruzó en los Grandes Bulevares con el cortejo del Presidente Fallières, que regresaba de Bruselas. «Nueva casualidad, ironía del destino -comenta Vignal -, que quizá arrancara al enfermo una amarga sonrisa. La última música oída por Mahler habrá sido, por tanto, música militar…»

En cuanto a sus últimas horas en Viena – tras un viaje largo, durante el cual los periodistas asediaban literalmente en cada etapa el compartimento donde viajaba el compositor – Alma María  Schindler cuenta en sus Recuerdos cómo Mahler, en la cama del sanatorio Löw de Viena, «tuvo dificultades para respirar y le dieron oxígeno. (…) Mahler miró con ojos asombrados y pasó un dedo por la colcha. Sonrió y dijo dos veces: «¡Mozart!». Sus ojos estaban muy grandes. (…) Su agonía cesó repentinamente a la medianoche del 18 de mayo, durante una tremenda tempestad. En ese último suspiro había huido su amada y bella alma, y el silencio fue más mortal que otra cosa«.

en memoria de Gustav Mahler: 18 de mayo 1911- 18 de mayo 2011

(Imágenes:- 1.- cabaña de composiciòn de Mahler- Steinbach-a orillas del lago Attersee- Austria.-wikipedia/ 2.-Gustav Mahler.-rpmedia. ask)

VIAJES EN EL ARTE Y EL TIEMPO

«El tiempo vuela, y nosotros con él», decía Basho. El tiempo vuela y a los costados de nuestra maleta se van prendiendo los restos de las flores, las alas de las mariposas que se cruzaron con nosotros, las algas de nuestros sueños submarinos, los pájaros que se estrellaron en vuelo. «El sol y la luna -seguía diciendo Bashoson eternos caminantes: así son también las estaciones, que vienen y van, año tras año. Para aquellos que pasan su vida en un barco y para los que envejecen agarrados a la brida de un caballo, viajar es su ocupación diaria, su forma de vivir«.

Viajamos también entre sueños. No reconocemos las figuras que ruedan iluminadas en la oscuridad, nos asombran y nos alteran hasta la vigilia. «Azotado por el viento – decía Saigyo -, el humo del monte Fuji se pierde en la lejanía. ¿Quién conoce el destino de mis pensamientos que se van con él?».

Viajamos igualmente por extrañas habitaciones, dentro de cajas de recuerdos. «Para nosotros – recordaba Tanizaki en «El elogio de la sombra» -, las paredes enlucidas deben ser recubiertas de un color uniforme para no perturbar esa claridad; aunque el color de fondo puede variar ligeramente de una habitación a otra, la diferencia en todo caso sólo puede ser ínfima. No será una diferencia de tinte, sino más bien una variación de intensidad, poco más que un cambio de humor en la persona que mira«.

Viajamos por superficies de pinturas,

Viajamos entre culebras dibujadas,

Y de pronto nos mira con fijeza desde el fondo de sus pinturas esta artista del arte moderno.

(Pequeño apunte sobre Yayoi Kusama, cuya exposición acaba de abrirse en el Museo Reina Sofía de Madrid)

Imágenes:- 1-Yayoi Kusama.-bolso con flores.-1998.-cortesía de Robert Miller Gallery-Nueva York/ 2.- Yayoi Kusama.-Obssesion.- Grande Halle de la Villette.- París.-2008.- contemporart voila.net/ 3.- Yayoi Kusama.- Mirror Room.-1991.- colección Hara Museum.- Tokio/.- 4 y 5.-Yayoi Kusama.-Museo Reina Sofía/ 6.- Yayoi Kusama.-sequoiamiller wordpress)