AMBERES MEMORABLE

En estos días de tráfico y tráfago de viajeros vuelve uno a leer a los excelentes escritores que transformaron con una sola mirada tantos universos y, atravesando con la imaginación la estación de Amberes, podemos oir perfectamente junto a nosotros el movimiento de la gran prosa que nos acompaña, las descripciones del alemán W.G. Sebald, del que en varias ocasiones he hablado en Mi Siglo:

«Probablemente por esa clase de ideas, que en Amberes, por decirlo así, surgían por sí solas, esa sala de espera, que hoy, como sé, sirve de cantina al personal, me pareció otro Nocturama, una superposición que, naturalmente, podría deberse también a que, precisamente cuando entré en la sala de espera, el sol se estaba hundiendo tras los tejados de la ciudad. No se había extinguido todavía por completo el resplandor de oro y plata de los gigantescos espejos semioscurecidos del muro que había frente a las ventanas cuando la sala se llenó de un crepúsculo de inframundo, en el que algunos viajeros se sentaban muy distantes, inmóviles y silenciosos. Como los animales del Nocturama, entre los que, llamativamente, había habido muchas razas enanas, diminutos fenecs, liebres saltadoras y hámsters, también aquellos viajeros me parecían de algún modo empequeñecidos, ya fuera por la insólita altura del techo de la sala, ya por la oscuridad que se iba haciendo más densa, y supongo que por eso me rozó el pensamiento, en sí absurdo, de que se trataba de los últimos miembros de un pueblo reducido, expulsado de su país o en extinción, y de que aquellos, por ser los únicos supervivientes, tenían la misma expresión apesadumbrada de los animales del zoo…». («Austerlitz«)

Siempre uniremos la estación de Amberes con la visión de Sebald. Siempre los escritores fijan con su sola mirada una imagen, para tantos inadvertida o  desconocida, pero que quedará perdurable.

(Imágenes.- estación central de Amberes)

FLORES DEL DESIERTO

«Florecillas azules,

el verde romero

prado de mi gusto,

color de mi cielo.

Romerito verde,

que verde os estáis,

viendo que se os pasa

la flor de la edad,

mis puertas entrad,

el verde romero,

prado de mi gusto,

color de mi cielo».

José de Valdivielso: «Florecillas azules…» (Siglo de Oro español)

«Por ti el silencio de la selva umbrosa,

por ti la esquividad y apartamiento

del solitario monte me agradaba;

por ti la verde hierba, el fresco viento,

el blanco lirio y colorada rosa

y dulce primavera deseada.

¡Ay, cuánto me engañaba!».

Garcilaso de la Vega: «Por ti el silencio de la selva umbrosa» (Siglo de Oro español)

«Breve tesoro, rica flor indiana,

y sol rizado en hojas,

oro florido que tu patria niegas,

que a tu oriente despojas

y en extranjeros valles te avecinas,

y a ser desvelo llegas

de laureles y rústicas encinas.

Por ti en alado pino

por selvas de coral, pasó amimoso

el avariento, el vano codicioso,

sin que el fatal destino

que le asalte, presuma

en valles de cristal, montes de espuma».

Salvador Jacinto Polo de Medina: «Las clavellinas de Indias» (Siglo de Oro español)

(Imágenes:- 1.-Hydrangea.- flores del desierto.-Sueo Takano.- fotblur/ 2.- flores del oeste de Texas.- flores del desiertos.- Billey A. Blanco.-fotoblur/ 3.- flores del desierto.-Sandra McCabe.-fotoblur)


PICASSO, PINTURAS Y AMIGOS

«Bajo los llamativos oropeles de los satimbanquis esbeltos que Picasso pinta – había dicho Apollinaire – se advierte indudablemente a los jóvenes del pueblo, ingeniosos, maliciosos, astutos, pobres y mentirosos». Era el año 1905. Fernanda Olivier en un libro delicioso,» Picasso y sus amigos» (Taurus), cuenta las andanzas en aquella Colina de París con Max Jacob, Ambroise Vollard o el marchante Clovis Sagot. «Nunca se comía tan bien en casa de Picassorecordaba Fernanda – como cuando no teníamos ni un céntimo. Entonces recurríamos al truco del pastelero. Pedíamos un almuerzo al pastelero de la plaza Abbesses, rogándole que lo llevara a las doce exactamente. A esa hora llegaba un dependiente, llamaba a la puerta y, como nadie abría, terminaba por irse, dejando su cesta ante ella. Abríamos cuando él ya había desaparecido. Pagábamos días después, cuando se podia».

«De 1903 a 1912 – seguía contando Fernanda – el número 13 de la calle Ravignan, en Montmartre, una incómoda casa de madera denominada el «Bateau- Lavoir«, acogió a pintores, escultores, escritores, humoristas, actores, lavanderas, costureras y vendedores ambulantes. Nevera en invierno, estufa en verano, los inquilinos se encontraban todos con un jarro de porcelana en la mano ante la única fuente que existía. Picasso fue a vivir allá en 1903, al volver de una temporada en España. Entonces fue cuando yo le vi por primera vez. El charlaba en la pequeña plaza Ravignan (después plaza Emile- Goudeau) con su compatriota el pintor catalán Ricardo Canals, que había llegado al mismo tiempo que él a París, algunos años antes».

«Picasso era bajo, cetrino, rechoncho, inquieto, inquietante, con ojos sombríos, profundos, taladradores, extraños, casi fijos –evocaba Fernanda Olivier -. Gestos desmañados, manos de mujer, mal vestido, poco aseado. Un mechón de pelo espeso, negro y brillante, le cortaba la frente inteligente y obstinada. Medio bohemio, medio obrero en su traje, sus cabellos demasiado largos rebasaban el cuello rozado de su chaqueta».

André Salmon, en «Recuerdos sin fin» , habla de que el mismo Picasso abría la puerta de la vivienda con «el famoso rizo encima de un ojo de color grosella negra, vestido de azul y con la chaqueta abierta para dejar ver una camisa blanca sujeta a la cintura por una faja de franela color rojo amapola con flecos…».

Penrose, en su biografía de Picasso, confirma como tantos otros que el pintor prefería trabajar de noche y que la mayoría de los cuadros anteriores a 1909 los pintó a la luz de una lámpara de aceite que colgaba encima de su cabeza, agachado en el suelo delante de la tela: «Y puesto que en los primeros tiempos a  menudo no tenía dinero para pagar el aceite, Picasso sostenía una vela con la mano izquierda mientras trabajaba con la derecha. André Salmon dice que la primera visita que le hizo en compañía de Max Jacob lo encontró pintando en esa postura un «cuadro que era azul».

(Pequeño apunte con motivo de la exposición «Devorar París 1900-1907» que acaba de inaugurarse en el Museo Picasso de Barcelona)

(Imágenes:-1.-arlequin a caballo.-1905.- Washington.-propiedad Mellon/ 2.- Picasso en 1904.-tumblr/3.- autorretrato con paleta.-1906.- Philadelphia Museum of Art.-E. A. Gallatin collection/ 4.- Fernanda Olivier, Picasso y Ramón Rentevós en Barcelona, en el estudio del pintor J Vidal.-Joan Vidal Ventossa.- museo Picasso.-París/ 5.-muchacho con pipa.-1905.-Nueva York.- Colección de Mr. y Mrs. John Hay. Whitney.- Nueva York)

SOBRE LA BELLEZA

«La belleza es una cosa que no se discute – comentaba André Roussin -. La belleza, lo mismo que el genio, posee una dimensión excepcional, nos impresiona de inmediato. En un segundo movimiento, incluso se la puede analizar, descomponer en sus varios elementos y discutir su armonía y equilibrio estético. Pero a primera vista es una cosa que perturba, que nos quita el aliento, y de la cual no nos preguntamos siquiera el porqué. Frente a la belleza, uno se queda petrificado; por el contrario, el encanto implica comunión, y es precisamente él (y no la belleza) el que hace surgir el amor. La belleza perturba, pero no seduce necesariamente. Perturba tanto que ni siquiera apetece ir a verla de cerca; se la admira en silencio, a una distancia respetuosa. Esto no quiere decir que una persona hermosa no pueda ser también encantadora; afortunadamente existen casos (y son los casos ideales) en los cuales ambas cosas marchan juntas».

Santayana se acercaba también a estas palabras: «La Belleza, tal como la sentimos, es algo que no puede describirse. No se podrá decir jamás qué es ni qué significa. Se expande sobre un objeto sin saber por qué. La belleza existe como existe un hermoso objeto o el mundo donde se encuentra situado ese objeto, o nosotros mismos que miramos a ambos. Es una experiencia: y no hay nada más que decir sobre ella». Thomas Traherne buscaba la definición: «El orden es la belleza misma de la belleza». «Lo que la Imaginación aprehende como Belleza debe ser Verdad, existiera o no antes – decía Keats en una carta del 22 de noviembre de 1817 -, porque de todas nuestras pasiones, tengo la misma idea que del amor; en su más sublime forma, todas ellas son creadoras de Belleza esencial».

«Yo amaba no se qué… -confesaba Shelley en 1821 -, en los vientos y los árboles y las corrientes; en todas las cosas más simples, en la música y en los dulces acentos inconscientes de los animales y en esas voces que son humanas y que tienden a expresar algún sentimiento que les sea propio; en los suaves movimientos y extraña sonrisa de una mujer, en las flores y en las hojas, en la hierba fresca abierta y que muere en el otoño…».

(Imágenes:-1.-Lothar Wolleh.-1966.-Olivier Wolleh.-Master of Photography/ 2.- Snejana Onopka para Vogue Nippon.-septiembre 2007/ 3.-Thomasz Kaluzny)

VERANO 2011 (3) : NO HAY EN EL MES DE JUNIO

«No hay en el mes de junio cielo tan azul que no pueda llegarse a uno aún más azul; ninguna puesta de sol es tan hermosa que no pueda despertar en nosotros el pensamiento de otra más hermosa aún. El alma está al propio tiempo gozosa y pesarosa. El velo ha sido levantado tan rápidamente que apenas tuvimos tiempo de darnos cuenta de que había desaparecido antes de que volviera a caer. Pero en el momento mismo de alzarse el velo tenemos una visión de algo que está detrás, que está más allá de él, que pasa antes de que sea claramente visto y que, al pasar, deja detrás de sí un indecible sentimiento de melancolía y anhelo. Sólo el místico alcanza una visión en cierto grado duradera, y por ella tiene que pagar inevitablemente un precio».

E. M. Joad : «»Matter, Liffe and Value«.- London.-1929

(Imagen.-Ricard Miller.-1910)

¿QUÉ ES UN CREADOR?

«Por inferior que sea la obra al sueño ¿quién no la contempla estupefacto y pasivo? ¿Quién no encuentra en ella cosas ignotas?!, le va diciendo Cesare Pavese a esta lectora atenta y solitaria.

«Es característico de una buena novela que nos arrastre a su mundo, que nos sumerjamos en él, que nos aislemos hasta el punto de olvidar la realidad. ¡Y sin embargo es una revelación sobre esa misma realidad que nos rodea!», le confiesa Ernesto Sabato a este hombre que lee.

“El artista sigue trabajando sin descanso y volviendo a recomenzar – le recuerda Faulkner a esta lectora absorta – : y cada vez cree que logrará su fin, que integrará su obra. No lo logrará, como es natural; y de ahí la razón de que este estado de ánimo sea fecundo. Si alguna vez lo consiguiera, si su obra llegara a poder equipararse con la imagen que se hizo de ella, con su sueño, sólo le restaría precipitarse desde el pináculo de esa perfección definitiva, y suicidarse».

“No hay otra manera de alcanzar la eternidad – le sigue diciendo el libro a esta otra lectora – que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí. La tarea del creador sería la de entrever los valores eternos que están implicados en el drama social y político de su tiempo y lugar”.

(Imágenes:- 1.- Valentine Rekunenko/ 2.- Alexander Benois – 1898 -por León Bakst.-wikipedia/ 3.- Evan Wilson/ 4.-Paul Fisher.-1905.-toanunnery)

UNAS PALABRAS SOBRE DANTE DARNIUS

Con satisfacción y sobre todo con enorme agradecimiento, copio del excelente blog de Juan Pedro Quiñonero, «Una temporada en el Infierno« lo que hoy escribe sobre mi último libro:

11f26 Portrait of a Boy Reading Edmund D Tarbell 1913 baja

Portrait of a Boy Reading, de Edmund C. Tarbell, 1913.

«Si el ruido y la pudrición de las palabras -víctimas de muy diversas infecciones cancerosas- son enfermedades mortales para las almas de los seres humanos y la cohesión social de los pueblos [Peter Handke disecciona las crisis de España y Europa], la poda, limpia y salvación de las palabras amenazadas y en cuarentena quizá sea una tarea cívica muy urgente.

[ .. ]

No es otra la tarea del último libro de José Julio PerladoMi abuelo, el Premio Nobel (Funambulista), del que ya tenían noticia los lectores de Mi siglo.

Su nieto acomete la tarea de rescatar el legado de Dante Darnius, cuya obra se confunde con su vida: su don de la palabra le “impide” escribir las maravillosas creaciones de su imaginación. Pero bien saben sus próximos, su familia, que su palabra todo lo viste con luminosos colores virginales.

Muchos años después…”, en el tiempo mítico del relato, el narrador, que no es Dante Darnius y quizá no sea su nieto, ha conquistado definitivamente su territorio más íntimo, el de las palabras al fin restauradas en su pureza original. Y puede deslumbrarnos con la luz de su tiempo recobrado: en  las páginas en blanco de los viejos relatos por escribir ha florecido una prosa tersa y limpia, donde la memoria del autor y la construcción de su alma -indisociable de la construcción de su familia- se confunden en el devenir del texto.

Dante Darnius legó a su nieto -y ambos personajes quizá sean solo uno: rostros que iluminan el rostro íntimo de José Julio Perlado– un don único… el don de una pureza rayana en el silencio iluminado de los místicos. Y el nieto nos entrega a sus lectores los frutos de aquella siembra que se confunde con la revelación de la lengua, la palabra, la escritura. Que son palabras de todos: de ahí su tarea cívica, sembrando con su libro la esperanza de unas almas más limpias, crecidas en la comunión de esa fe».

[ .. 11f26 Novela José Julio Perlado

VERANO 2011 (2) : VOLÉ TODA LA NOCHE

«Volé toda la noche.

muy alto, sobre el Lago del Espejo.

La Luna de aquel Lago puso sobre las olas

mi sombra y hasta el río de Shan se fue conmigo.

Allí el hogar de Hsieh aún se levantaba;

se rizaban las verdes aguas y era estridente el grito de los monos.

Yo me puse el calzado de Hsieh, el gran señor,

y en escala de oscuras nubes me llegué al Cielo.

A mitad de camino, vi el Sol, no levantado

aún, que tras el mar estaba oculto,

y oí el Gallo del Cielo bajo el azul cantando.

Por mil quebradas sendas giré de risco en risco,

sin ver casi, a las peñas aferrado y envuelto en la tiniebla.

Los osos con rugidos y con doliente canto los dragones

contestábanse en medio de roquedos y ríos.

Me amedrentó la noche de los profundos bosques

y temblé ante los muros encumbrados.

Hoscas eran las nubes, como trayendo lluvia,

y el aire oscurecían las desatadas aguas con su espuma.

Brillaban los relámpagos, rugía luego el trueno;

cumbres y cordilleras se hundían, vacilando.

Y de pronto los muros de mi abismo

con gran fragor se abrieron.

Al fondo azul miré de la insondable sima

donde el Sol y la Luna, en terrazas de plata y oro, refulgían.

Allí bajaba un gran tropel de seres,

espíritus de nube, con vestes de arcoiris,

cabalgando en corceles que eran vientos…»

Li Po .– poeta chino del siglo Vlll.- (701- 762).- «Volé toda la noche»

(Imágenes.- 1.- galaxias.- foto telescopio espacial Hubble de la NASA – ESA.- The New York Times/2..-foto Goldpaint.- Goldpaint Brad/ 3.-Robert Longo.- 2010 -artknowledgenews. com.-cortesía de Metro Pictures)

SOBRE EL RETRATO

«Cuando hago el retrato de una persona – dijo Oskar  Kokoschka – no me importa el aspecto externo de una persona – los signos de su vida pública o sus orígenes sociales . Lo que sorprendía a la gente de mis retratos era que pretendía intuir, a partir del rostro, de sus diferentes expresiones y gestos, la verdad de aquella persona, y recrear en mi propio lenguaje pictórico, la sublimación de un ser humano  que persistía en mi memoria».

«Mi curiosidad – seguía diciendo Kokoschka -nunca ha ido dirigida a obtener de mis «víctimas» – como me gusta llamarlas – confesiones personales, ni a enterarme de cosas privadas o íntimas, sino a forjarme una imagen de ellas similar a la que se conserva en la memoria, una imagen recordada que uno lleva consigo, vívida y fresca, o como la que adquiere una persona cuando soñamos con ella. Todo esto me hubiera resultado imposible si hubiera tenido a mis nodelos inmóviles como ante una cámara fotográfica».

«La simple enumeración de los rasgos del rostro humano – terminaba Kokoschka al hablar sobre el retrato– : dos ojos, dos orejas, una nariz y una boca, puede bastar a aquellos que no quieran ver más allá. Pero los artistas de hoy en día, como vanguardia espiritual, tienen la misión de mostrar el camino a un público más numeroso que nunca».

Sobre el retrato de la reina Isabel a media tarde ya hablé en Mi Siglo. Hoy evoco únicamente la serie de imágenes que la National Portrait Gallery prepara sobre Isabel ll para conmemorar los sesenta años de su reinado.

(Imágenes:- 1.-La Reina Isabel.-por Chris Levine.-cortesía de Kevin P Burke.-National Portrait Gallery/2.-La Reina Isabel.-`por Justin Mortimer- 1988 –National Portrait Gallery/ 3.-La Reina Isabel.-por Lucian Freud.-2001.-National Portrait Gallery/ 4.-la Reina.- foto Jane Bown.- National Portrait Gallery)

EL DISPARO DE HEMINGWAY

«Se había oído el disparo en la casa de la rue de Fleurs, en París. Se había oído el disparo y, a su estampido, habían acudido presurosos Ezra Pound, Ford Madox Ford y Gertrude Stein. Todos estaban en casa. La casa era la novela y el disparo había sido hecho con arma corta, a bocajarro, quemando y destruyendo el cuerpo mismo de la literatura anterior y empujando la bala de un nuevo estilo, seco y sencillo, hasta el corazón del hueso.

Así había disparado Hemingway.

Hemingway había comenzado por estudiar los consejos de Miss Stein. Había quemado y destruido las descripciones hasta concentrarlas y transformarlas en precisión. Había huido del material elaborado y adornado. Había matado a los adjetivos y a las abstracciones y comenzaba a dominar las impresiones y las imágenes hasta encerrarlas en contradicción.

Así había comenzado Hemingway.

Ahora ya estaba preparado para entregar al lector la sección dedicada a Caporetto en «A Farewell to Arms«.

Hemingway pensaba en Gertrude Stein. En lo que ella llamaba los recuerdos, esto es, la experiencia ajena, no la propia: de donde salía un relato ni claro ni veraz. Hemingway pensaba en Gertrude Stein. En lo que la escritora llamaba los bordados, la inclinación a las frases complicadas. La literatura debía proceder directamente de la experiencia personal –decía Hemingway–; la literatura no debía adulterarse y la literatura no había de abandonar la autenticidad con el objeto de lograr el éxito y seguridad económica.

De este modo continuaba educándose.

Más tarde, la violencia y la complejidad destacaron como rasgos de su mundo. La violencia en la naturaleza humana y la complejidad de la sencilla muerte, la muerte, el tema de la muerte desde la guerra a las plazas.

La vuelta de Henry al hotel, bajo la lluvia, después de la muerte de Catherine. La muerte de Jordán en un puente de España.

En 1954, recibe el Premio Nobel por acompañar a un viejo pescador que, después de ochenta y cuatro días sin haber pescado un pez, vuelve derrotado. Pero no vuelve destruido. Vuelve humilde.

Doscientas noventa y siete cicatrices de metralla, dos peligrosos accidentes de aviación, un gravísimo envenenamiento de la sangre, cáncer de piel y diabetes, le acompañan en la mañana del 2 de Julio de 1961, cinco días antes de que se abran, al otro lado del mundo, en un corral de una ciudad española, las puertas que cada año contemplaba Hemingway.

Su disparo, a las siete y media de la mañana, en Ketchum, Idaho, quiebra en dos, trágicamente, la paz en que vivía la novela y el silencio que cubría la comarca.

Entre mis notas de lectura a los cuentos de Hemingway ( y además del excelente libro que le dedica a su mundo Anthony Burgess) – apoyado sobre todo en el estudio que sobre el novelista hace Philip Young – destacar acaso el nacimiento de esa corriente que desvía algunos cuentos contemporáneos más hacia unos trozos de historia novelada que hacia unos relatos con autonomía personal y que se encuentre aquí precisamente, en estas narraciones protagonizadas por Nick Adams, que Hemingway escribió para ir demostrando, historia tras historia, los cambios y variaciones de sus personajes. Más que cuentos con principio y fin, son retazos de una novela. Hemingway lo hizo con plena conciencia, pero quienes lo han seguido han transformado el cuento en algo esencialmente distinto a lo que, en su género, se considera genuino y tradicional.

Interesante y curioso también para anotar: el concepto de des- gracia que Hemingway tiene cuando describe a sus héroes heridos. Tanto en sus relatos breves como en Adiós a las armas, El sol se levanta o Al otro lado del río entre los árboles. Concepto de desgracia tanto físico como interior y espiritual.

*          *          *

Símbolo de El viejo y el mar: la lucha por la existencia y la lucha también por el triunfo en literatura. El enorme pez como símbolo tanto de la vida y como dominio del narrar; explicación muy interesante de Philip Young.

*          *          *

Es curioso el destino de Hemingway a la luz de las explicaciones que da Philip Young sobre su vida y su obra. Al parecer la herida recibida en Italia se le queda grabada física y espiritualmente y se transforma en un casi leiv‑motiv de sus libros; así en Adiós a las armas y en algunos de sus cuentos. En El viejo y el mar se dice que el viejo tiene el cuerpo cubierto de cicatrices: es el último recuerdo a la herida sufrida al principio de la carrera de Hemingway. Por otro lado, en el cuento Las nieves del Kilimanjaro está demostrado que Hemingway sugiere un nuevo rumbo para su vida. Es un cuento amargo por toda la decepción que lleva consigo la mirada al pasado, pero los párrafos finales indican que Hemingway está dispuesto a cambiar su orientación y lograr ser un hombre y un escritor completo. Así lo consigue en los años posteriores. Tras Al otro lado del río y entre los árboles ‑una de sus novelas más flojas‑, parece debilitarse su potencia de escritor. Pero de pronto surge El viejo y el mar y queda totalmente restablecida su supremacía. En El viejo y el mar da la impresión de que Hemingway ha superado la amargura y entra por los caminos de esperanza. Entre otros detalles, su protagonista Santiago, no muere sino que queda, tras su derrota, sumido en la humildad y soñando‑, satisfecho de su esfuerzo, haya o no haya tenido feliz resultado‑ con los leones marinos.

Y de repente, sin embargo, el disparo que acaba con Hemingway y que trunca de improviso la línea de esperanza hacia la que parecía dirigirse el escritor. Philip Young recuerda en su libro que el padre de Hemingway se suicidó de un disparo de rifle y anota, creo, alguna frase del propio Hemingway sobre el suicidio.

Por todo esto, el destino de Hemingway ‑y lo sabemos de él en estos últimos años‑, se presenta aparentemente en contradicción. La actitud de Santiago, el viejo pescador, no encaja con el disparo solitario que acabó con la vida del novelista».

(«El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes».-págs 280-282)

(Pequeña evocación a los 5o años de la muerte de Hemingway: 2 de julio de 1961)

(Imágenes: -1.-Hemingway en la caza del búfalo de agua en un safari en África, 1953.-jfklibrary.org/2.-almuerzo en «La Cónsula», en Málaga, España, 1959.-jfklibrary.org/ 3.-Hemingay con unos amigos en Pamplona.-1925.-wikipedia)

VERANO 2011 (1) : SOL DE LOS INSOMNES…

«¡Oh sol de los insomnes! ¡ Melancólica estrella

de luz atormentada, lejana y temblorosa,

encendida en la noche, callada e invencible

como un recuerdo suave, clavado en la memoria!

Así brilla el pasado, aurora de otros días;

brillo exento de fuego, ceniciento fulgor;

rayo en la oscura noche, crepuscular tristeza

remota. tibia y clara, de frío resplandor…»

Lord Byron

(Imágenes:- 1.«L `Ombrelle Rouge».-1905-Max Svabinsky.- / 2.» La costa salvaje de Belle-Ile».–Claude Monet.- 1886.-Musée d`Orsay)

JUEGOS DE MANOS, JUEGOS DE PALABRAS

“Hay en la villa de Madridescribe madame d`Aulnoy al contar su viaje por España – varias casas que son como academia, adonde muchas personas van a reunirse, ya para jugar o para entretenerse hablando. Los que juegan, lo hacen muy honradamente, y cualquiera cantidad que se apunte bajo palabra y se pierda, se paga antes de que transcurran veinticuatro horas, y no se prolonga el plazo ni se falta una sola vez. Se cruzan grandes cantidades, y no por esto aumenta el ruido ni se deja ver disgusto en el rostro del que las pierde; el que gana paga el barato

Ahora que tiene lugar una exposición en la Biblioteca Nacional de Madrid sobre la magia y el juego las palabras jugadoras vienen a la memoria desde los clásicos. Palabras como naipes, arrojadas en la lona del Diccionario para triunfar y quedarse, vencer la partida del tiempo. No lo han conseguido todas, pero muchas aún brilllan avaladas por Quevedo o Cervantes, el «Guzmán de Alfarache« o los «Avisos» de Barrionuevo.

Palabras como rentoy, cientos, reparólo, siete y llevar, las pintas, la flor, capadillo, báciga, cuco, matacán, vueltos, quinolas, carteta, la taba, el palmo, el hoyuelo. Los «engaños a ojos vistas» en las calles y en los garitos son ya narrados por Quevedo que avisa que «hay en cada cuadrilla tres interlocutores». Y cuando Deleito y Piñuela habla de «la mala vida en la España de Felipe lV«, sale a relucir el cierto, «por mal nombre fullero«, que prepara varias barajas con trampa, por si una es descubierta o se pierde. Viene después el rufián, a cuyo cargo corre el hacerlas desaparecer cuando el juego acaba, para que ojos profanos no descubran las trampas. El tercero es el enganchador, equivalente al llamdo gancho en el argot moderno; es decir, el encargado de atraer con ardides a los incautos, para que en la timba los desplumen. Es ley guardada invariablemente entre ellos – sigue diciendo Deleito y Piñuela – que finjan no conocerse en el garito; si ven en él a alguno de su calaña (al que llaman entruchón), le tapan la boca con ocho o diez reales; salen mostrando pesadumbre o decepción por los lances del juego, y se reúnen después en cualquier figón próximo, comiendo abundante y bebiendo de lo fino a costa del despellejado.

Palabras envueltas en lances, mezcladas entre la competición y el azar, el mérito y la suerte, barajadas con rapidez y vigor de manos, con memoria, mímica y disfraz, velocidad en gestos y en dedos, fingimiento, a veces acompañadas de talismanes, presagios y presentimientos, simulacros, máscaras y destrezas, las palabras volando sobre los tapetes y Lope que cantaba los juegos:

«Como el sacar los aceros

con el que diere ocasión,

así el jugar es razón

con quien trajere dineros«.

(Imágenes:- 1, 2 y 3.-exposición de la Biblioteca Nacional de Madrid)

MEDITERRÁNEO

«Hubiera querido sentirme áspero y esencial

como los guijarros que volteas,

comidos por el salitre;

esquirla fuera del tiempo, testimonio

de una voluntad fría que no pasa.

Otro distinto fuí: hombre atento que examina

en sí, en los demás, el hervor

de la vida fugaz – hombre tardío

a la acción, que nadie, después, destruye.

Quise buscar el mal

que carcome el mundo, la pequeña torcedura

de una palanca que para

la maquinaria universal; y vi todos

los eventos del minuto

prontos a disgregarse en un derrumbamiento.

Siguiendo el surco de un sendero, me encontré

con lo opuesto en mi corazón, con su ofrecimiento; y acaso

preciso me era el cuchillo que corta,

la mente que decide y se resuelve.

Otros me eran los libros necesarios,

no tu página retumbante.

Mas nada sé añorar: tú aún desatas

esos nudos internos con tu canto.

Tu delirio ya sube a las estrellas».

Eugenio Montale: «Mediterráneo» (1924).-«Huesos de jibia» (1920-1929)

(Imágenes:-1.- Minor White.-.-1947.-Archivo White.-Universidad de Princeton.-Master of Photography/ 2.- Floriana Barbu.-photo.net)

LA ARENA DEL TIEMPO

«EL reloj de arena – recordaba el gran escritor alemán Ernst Jünger cuando cumplió los cien años– simboliza el tiempo y la fugacidad de la existencia terrenal. Yo voy en busca de relojes de arena en las tiendas de anticuarios, pero se han vuelto ya muy raros, casi inhallables. El tiempo marca el ritmo de la vida humana. La morada de los dioses, en cambio, está fuera del tiempo. La experiencia del tiempo, por lo tanto, es específica del hombre. En mi obra “El libro del reloj de arena” he abordado el problema del tiempo en la historia de la civilización estudiando su medición por medio del reloj, así como su representación en la literatura y en el arte. Consulté un rarísimo libro barroco italiano sobre este tema, “Nueva ciencia del reloj de arena”.

Y así iba poco a poco Jünger, desgranando fina y lentamente,  las menudas arenas del tiempo que se colaban de un recipiente a otro de sus recuerdos, deslizándose por el cristal. 

Se han escrito interesantes Memorias de los relojes de arena, como el de Jacques Attali por ejemplo, pero el rumor casi inaudible de estos suavísimos granos resbalando por el interior de los aparatos nos lleva a aquellos relojes de arena que existían en ciertas iglesias del siglo XVll para medir la duración de los sermones, pequeños relojes que aún hoy siguen fijos – como recuerdos – a algunos púlpitos, como puede verse en la iglesia parroquial de Buckinghamshire, en Inglaterra.

Las palabras descendían velozmente desde la voz del predicador hasta la base del alma para posarse allí como montículo y ese recorrido en el aire iba medido por un tiempo determinado que el reloj recogía. Así también algunas vidas peculiares. Vuelve a contar J.B: Priestley en «El hombre y el tiempo» lo que en varias ocasiones ya había relatado: la anécdota de una adusta viuda de Lancashire, la cual, cuando le preguntaron qué pensaba hacer con las cenizas de su difunto marido, contestó que las haría meter en uno de esos relojitos de arena.» El muy vago no quiso trabajar nunca – añadió .-Ahora que está muerto, bien puede hacer algo».

«El eterno reloj de arena de la existencia – señaló un célebre filósofo – siempre es invertido de nuevo, y tú con él – granito de polvo que del polvo vienes».

El suavísimo descender de los granos del día siempre nos acompaña en silencio.

(Imágenes:-1.- seis relojes de arena de los ocho que tenía el conjunto-1776.- forum horlogerie suisse/ 2.- lbro de Jacques Attali.- forum horlogerie suisse/ 3.-reloj de arena.-historique marine/ 4.- reloj de arena.-wikipedia)

NUEVA YORK

«He aquí el tiempo de los signos y de las cuentas

¡Nueva York! he aquí pues el tiempo del maná y del hisopo.

Basta con escuchar los trombones de Dios, tu corazón latir al ritmo de la sangre tu sangre.

Vi en Harlem zumbando de ruidos de colores solemnes y olores flamígeros

– Es la hora del té en casa del repartidor-de-productos-farmacéuticos

Vi aprestarse la fiesta de la Noche en el atardecer. Yo proclamo la Noche más verídica que el día.

Es la hora pura en que por las calles Dios hace brotar la vida anterior a la memoria

Todos los elementos anfibios radiantes como soles.

¡Harlem, Harlem! ¡He aquí lo que vi Harlem, Harlem!

Una brisa verde de trigales brotar del empedrado labrado por los pies descalzos de danzantes Dans

Ancas ondas de seda y pechos de hierros de lanza, ballets de nenúfares y máscaras fabulosas

A los pies de los caballos de la policía, los mangos del amor rodar de las casas bajas.

Y vi a lo largo de las aceras, arroyos de ron blanco arroyos de leche negra en la niebla azul de los tabacos.

Vi el cielo nevar en el atardecer flores de algodón y alas de serafines y penachos de brujos.

¡Escucha Nueva York! Oh escucha tu voz viril de cobre tu voz vibrante de óboe, la angustia con sordina de tus lágrimas caer en gruesos coágulos de sangre

Escucha a lo lejos latir tu corazón nocturno, ritmo y sangre del tam-tam, tam-tam sangre y tam-tam».

Leopold Sédar Sénghor: « A Nueva York» (para una orquesta de jazz: solo de trompeta)

(Imágenes:-  1.- escena nocturna en Nueva York.-1912.- por Edward Potthast/2.-Nueva York.-por Adolf  Fassbender/ 3.-calle de Nueva York.- 1924.- Georgia O`Keeffe.-arthistoryarchive)