LOS ESPOSOS ARNOLFINI

«Jan van Eyck, pudo él mismo, de buena fe y con ingenua modestia – recuerda Ramón Gaya en «Naturalidad del arte» (Pre-textos)  – pensar que trabajaba para unos comerciantes, pero hoy sabemos que no es verdad; el retrato de los esposos Arnolfini fue emprendido, no por honesto y vil encargo, sino porque necesitaba urgentemente pintarse, realizarse; pero no se trataría de una necesidad de los Arnolfini, y tampoco de una más extensa necesidad medieval, histórica, ni siquiera de una íntima necesidad del pintor como pintor, del artista como artista, sino de una primaria y tiránica energía del hombre como especie pura, bruta. Escuchar esa voz originaria, antigua, perenne, sustancial, esencial, y obedecer a ella, es lo propio del creador, pero la verdad es que esa voz suena para todos, y lo que pide – porque viene a pedir, a exigir -, nos lo pide a todos; no es una voz especialmente destinada a los artistas creadores, sino una imperiosa voz que suena para el oído total humano, aunque sea, eso sí, oscura, subterránea, que se oye apenas».

Hace pocas semanas recogí en Mi Siglo  la frase del francés Duhamel sobre momentos claves de la creación. Ahora, añadiendo un testimonio más, habría que recordar las palabras del español Blasco Ibáñez  cuando confesaba: «Yo llevo en mí mi novela durante mucho tiempo, a veces dos o tres años, y, cuando llega el momento del parto, me asalta como una fiebre puerperal y escribo mi libro«. Tal urgencia esencial del creador es de la que habla Gaya cuando se refiere al trabajo de van Ecky. Una urgencia que él amplía al hombre común, al quehacer del ser humano.

Esa estancia en la que se representa al comerciante italiano Giovanni Arnolfini llegado a los Países Bajos en viaje de negocios en compañía de su esposa Jeanne de Chenany en 1434 ha sido visitada muchas veces por eminentes estudiosos del arte. Ha entrado en ella Panofsky para analizarla y entró también despacio, entre muchos otros, Gombrich para fijarse no sólo en el conjunto sino en objetos precisos, como la alfombra o las zapatillas, el rosario colgado en la pared, el pequeño sacudidor al lado de la cama y unas frutas en el antepecho de la ventana. Y de modo especial en el espejo, al fondo de la habitación. Mucho se ha escrito sobre los espejos en el arte, origen muchas veces del autorretrato. Como se sabe, Durero, a los trece años, dibuja su retrato con la ayuda de un espejo. Pero lo que Gombrich señala es que en ese espejo «vemos toda la escena reflejada y, al parecer, también la imagen del pintor y testigo con las palabras latinas: «Jan van Eyck estuvo presente«. 1434. En esa estancia que confirma la intimidad ceremoniosa de los esposos «se quiso hacer uso – dice Gombrich – de la nueva clase de pintura que puede ser comparado al empleo legal de una fotografía oportunamente aportada por un testigo. (…) Por primera vez en la historia, el artista se convertía en un perfecto testigo ocular en el verdadero sentido de la palabra».

(Imágnes: 1.-Jan van Ecky.-Retrato de los esposos Arnolfini.- National Gallery.-Londres/ 2.-Retrato de los esposos Arnolfini detalle del espejo.- scielo. iscii.es/ 3.-Retrato de los esposos Arnolfini.-detalle del perro)

EL OÍDO Y LA VOZ

«La voz conduce a las palabras y el oído las recoge. La voz, con su intensidad y sus timbres, surge en la radio de ese ímpetu humano abierto ante el micrófono, entregado a él, expresando con su potencia todo lo que el oído humano va a recibir. A veces el oído humano va distraído, viaja por el pasillo entre quehaceres, marcha de la cocina al cuarto de baño, avanza otras veces en el coche por autopistas trepidantes, lanza sus faros de fantasía, va buscando entre las emisoras antes la música que la palabra, pero de pronto, sin quererlo, unas palabras le atrapan, le atrapan entre adjetivos y adverbios, le atrapan sobre todo por su interés y emoción. Es la liana con la que la voz suele envolver hábilmente al oído, el nudo corredizo con el que le mantiene preso en su atención. Es la voz, la voz en la radio, la voz acompasada y sugestiva, la voz cálida y el tono trepidante. Es el 30 de octubre de 1938 y Orson Welles le está contando al oído del mundo la invasión de marcianos a la Tierra, el descendimiento real de los extraterrestres en “La guerra de los mundos”. Dos millones de oyentes creen a la voz, no creen a sus ojos, creen a sus oídos. Es un triunfo más de la voz en la historia de las comunicaciones, la potencia de la CBS aumenta la verosimilitud de esa voz y del cielo de los terrores bajan despacio infinitas figuras de marcianos que la voz acompaña, la voz de Welles los va depositando en el suelo de la realidad, ante el espanto sobrecogedor de las muchedumbres.

Dos años después es otra voz la que sostiene resistencias. Es la voz del 18 de junio de 1940, voz del general De Gaulle desde la BBC, voz grabada a las 18 horas de ese día, transmitida a las 22, vuelta a transmitir a las 16 horas del día siguiente. La voz del General será una voz histórica y los oídos franceses conservarán la esperanza del triunfo final, sus ecos persistirán durante años, la liberación se vislumbrará ya –  esperanza radiada y ampliada – en el horizonte.

Son los triunfos de las voces en la radio; los oídos van y vienen, siguen cruzando de la cocina al comedor, viajan por los pasillos, vuelven a subir en potentes automóviles, quedan atrapados en la presión de los cascos. Los oídos se distraen con mil cosas, mariposas de anécdotas cruzan entre inquietudes de sucesos, escenografías de relatos intercambian fulgores con debates. Los oídos siempre escuchan, al menos parece que escuchan, marchan distraídos, van y vienen. Pero las voces persisten. Todas las intensidades entre silencio y lenguaje, como definiría Steiner, viven en los matices de la voz, en esas cuevas de la intimidad humana en las que el lenguaje domina al silencio. Así el silencio de las soledades es acunado siempre por la voz, acentos aterciopelados de entrevistas, ahogos en rumorosas confidencias, síntomas agudos de alarmas, sonoras cajas de revelaciones.

Son voces guturales, voces nasalizadas, en ocasiones frías y distantes, en otras lánguidas; son voces dramatizadas que nos llevan a escenarios teatrales, novelas radiofónicas cuyas discusiones nos siguen por los pasillos. Son voces de gravedad, tonos rotundos, locuciones solemnes. A veces son los desfiles impecables, a veces se asoman a la evocación, a veces abren la puerta de poemas, a veces nos entregan fragmentos. Son voces de madrugada, voces nocturnas, voces al lado del insomnio. Son voces apasionadas e implicadas, voces interrogando las conciencias, voces creíbles. Y luego vienen las voces infantiles, el cortejo de las sonrisas, el eco de los juegos, el timbre escondido en la música, música de la voz que hace brillar la vida.

En este muy interesante libro de Félix Gallardo se recogen muchas vidas y voces de la  Radio en España: hablan del oficio radiofónico ellos que dedicaron su vida a ese oficio. Testimonios valiosísimos, confesiones que entregan sabia y variada lección. A muchas de esas voces las conocí. Con alguna compartí trabajos. Mi voz y las suyas se han cruzado en emisoras madrileñas y sus recuerdos – tal como si ahora los oyera – me acercan ecos muy diversos. Mi vida profesional se ha cruzado con Matías Prats, Basilio Gassent, Joaquín Peláez, Vicente Marco, Ángel Soler, José Luis Pécker, Manuel Amado. Son voces en los pasillos, voces y manos estrechando saludos, nostalgias, despachos, quehaceres: voces entrañables.

Luego las voces se fueron o yo me fui – otras voces hoy las sustituyen – pero todo permanece en el oído».

(Palabras que he publicado como Prólogo al reciente libro sobre la Radio española, «Lo que nunca muere». La Radio nació para quedarse».-Félix Gallardo.-Villanueva Centro Universitario y Netniblo ediciones.-Madrid.-2011)

(Imágenes:- 1.-Orson Welles.- Nueva York 1937.- foto Carl Van Vechten.- wikipedia- org/ 2.- foto Lyle Owenko.-Untitled from The Boombox Series.-2009.-owenko.com)

ESTOS DÍAS QUE TE PARECEN VACÍOS

«Estos días que te parecen vacíos

y perdidos para el universo

poseen áridas raíces que ahondan

en la profundidad de los desiertos.

La sustancia guedejosa

por las tinieblas elegida

jamás puede detenerse,

hasta las entrañas del mundo

persigue el agua profunda

que le exigen sus alturas.

¡Paciencia y más paciencia,

paciencia en el azur!

¡Cada átomo de silencio

puede dar un fruto maduro!

Llegará la feliz sorpresa:

una paloma, la brisa,

la sacudida más dulce,

una mujer que se apoya,

hacen caer esta lluvia

donde uno se arrodilla.

Que un pueblo ahora se destruya,

¡Palmera!… ¡Irresistiblemente!

¡En el polvo que gira

sobre los frutos del firmamento!

No has perdido estas horas

si ligera permaneces

tras estos bellos abandonos;

igual a aquel que piensa

y cuya alma se gasta

en acrecentar sus dones»-

Wallace Stevens.

(Imagen: Rodney Smith)

DE NUEVO LA FOTOGRAFÍA

«La fotografía concentra su mirada en la superficie – le iba diciendo Kafka a Gustav Janouch paseando por las calles de Praga -. Por esta razón enturbia la vida oculta que trasluce a través de los contornos de las cosas como un juego de luces y sombras. Eso no se puede captar siquiera con las lentes más penetrantes. Hay que buscarlo a tientas con el sentimiento».

» La mirada del fotógrafo – escribí hace ya tiempo en «El ojo y la palabra» -, su ojo, su cámara, se ha inclinado sobre la realidad y la ha captado. Capta y fija ese movimiento del instante, esa quietud del instante, la instantánea entre tantos instantes, eso que acaba de pasar y que se queda»-

«El fotógrafo ha ido por delante, ha seleccionado su enfoque, el marco de la escena. Ha tomado en el aire ese exacto movimiento de las manos y esa paz misteriosa de la suave sonrisa».

«Es decir, ha mirado«.

«Toda imagen cuenta una historia«, nos recuerda Peter Burke. El escritor debe saber narrarla. Paul Valèry cambiaba la frase al revés, con una pregunta: «¿ Podría haber sido fotografiado tal o cual hecho del mismo modo que ha sido contado?». A su vez, Roland Barthes decía: «Leo textos, imágenes, ciudades, rostros, gestos, escenas».

» El artista – respondí en una entrevista que reproduje aquí, en Mi Siglo – tiene la última palabra al seleccionar la imagen, escogerla y transmitirla. De lo que líbremente escoja en sus imágenes para incorporarse al mundo de la imagen, a la cultura de la imagen, él es el responsable. También cuando selecciona imágenes que no son esencialmente bellas sino que son denuncias, cuando muestra imágenes del lado oscuro del mundo, de sus deficiencias. El artista se adelanta con su ojo al ojo del espectador y le muestra una sección, un encuadre específico del mundo. Siempre que veo una fotografía pienso lo mismo. El fotógrafo ha seleccionado líbremente un aspecto concreto del mundo, de un rostro o de un paisaje. Incluso ha seleccionado el tiempo, haciendo, podríamos decir, un corte en el tiempo: lo que vemos en ese gesto de esa fotografía es un instante, ya pasó y no volverá a pasar nunca así exactamente, no se repetirán jamás los matices de ese gesto, por tanto el fotógrafo recorta un segundo del tiempo, con sus gestos y con cuanto ello conlleva, y nos lo entrega. Roba un trozo de tiempo de una vida, aunque sea minúsculo. Y eso es lo que nos muestra. Él es el responsable, él es el que tiene la última palabra en esa elección. Nosotros vemos lo que él ha elegido.  Esto no solo en la fotografía sino en el cine, video, televisión, arte en imagen en general. Además de cuanto podemos elegir nosotros constantemente con nuestra pupila, el artista nos entrega su elección, aquello que él cree que nos debe transmitir. De ahí también su libre responsabilidad. Millares o millones de ojos ven esa elección del artista que – a su manera, al elegir – en esa cultura de la imagen, está diciendo, de algún modo, su última palabra».


Sí, realmente tenía razón Burke: toda imagen cuenta una historia.

(Pequeño apunte en la muerte de la fotógrafa estadounidense Eve Arnold )

(Imágenes:- 1.-Eve Arnold.-autorretrato en un espejo deformante.-Nueva York 1950.-Chris Beetles/ 2.–Eve Arnold.-Joan Crawford-1959/3.-Eve Arnold.-Richard Burton y Elizabelth Taylor en Shepperton.-Reino Unido.-1963.-foto Eve Arnold.-Magnun/4.-Eve Arnold.-Marlene Dietrich.- Magnum/ 5.-Eve Arnold.-pintor aficionado y dama de compañía Dora Grubb en la Real Academia de Artes de Londres.-1961.- Eve Arnold.-Magnum Photos/ 6.-Eve Arnold.- China 1979.-Eve Arnold.-Magnum Photos/7.-Eve Arnold en 1997.-foto de Jane Brown de El Observador)

PIRANDELLO Y SUS » CUENTOS PARA UN AÑO»

«No querría – le escribe Pirandello a su hijo mayor, escritor novato – que te descorazonaras de escribir. Nunca te encierres en ti demasiado. Tienes necesidad de expresarte si en ti hay, como creo, algo nuevo que decir. Eso sí: una cosa es hablar con nosotros y otra hablar a los demás. Y es preciso aprender a hablar a los demás tal como hablas con nosotros. Y es esto tan difícil que frecuentemente nos causa desesperación. No te cierres, pues, demasiado dentro de ti».

Alguna vez he hablado en Mi Siglo de Luigi Pirandello. En 1964, en Roma, el dramaturgo Diego Fabbri y yo charlamos sobre él en «La Fiera Letteraria». Pero ahora, al aparecer sus «Cuentos para un año» (Nórdica), su figura nos evoca otra vez los contraluces vivos de sus escenarios y relatos, brumas y pasillos por donde se perdieron los obsesivos celos de su mujer Antonietta Portulano camino de la demencia, seis personajes – y muchísimos más – buscando al autor por las esquinas de la imaginación, abriendo y cerrando innovadoras puertas, bajando a las realidades del patio de butacas, subiendo a la altura de los palcos, haciéndose uno más con los espectadores, tal como sucede en «Esta noche se improvisa la comedia».

«Todos los sicilianos en el fondo son tristes – se desnudaba así el siciliano Pirandello en sus «Cuentos para un año» -, todos o casi todos tienen un sentido trágico de la vida. Constatan con recelo el contraste que existe entre su alma cerrada y la naturaleza a su alrededor, abierta, iluminada por el sol; y además se encierran en ellos mismos; el mar les rodea; les aisla de los horizontes amplios y abiertos, les separa del mundo y les obliga a la soledad; cada uno de ellos es una isla; (orgullosamente encerrado en sí mismo) se transforma en una isla cerrada por todas partes. Sólo en sí mismo encuentra el goce, pero cuando apenas ha llegado a esta pobre alegría nacida de él mismo, agobiado y sin buscar consuelo de nadie, vuelve a su sufrimiento y a su desesperación silenciosa».

El tema del hombre, el de la realidad y el del tiempo figuran entre los motivos más relevantes de su obra. El hombre como ente complejo y ansioso de existir; la realidad como percepción de cada conciencia; el tiempo como factor transformativo del hombre. Y luego, encadenados, una serie de ismos que los críticos han ido enlazando al analizar su tarea: escepticismo, subjetivismo, relativismo, irracionalismo, idealismo. «En la época en que tenía todavía casa, hijos pequeños – escribe Pirandello -, enseñaba todos los días cinco horas seguidas durante nueve meses del año y escribía mis cuentos y mis novelas, sin descanso ni en Pascua ni en Navidad; recuerdo las vacaciones que me concedía cada verano, cuando llevaba la familia a veranear. Me tomaba tres días, sólo para mí, de respiro, de vacación plena». Y al tercero – como confesó en «La Nación«, en mayo de 1934 – «Mañana, ¡bruscamente de nuevo al trabajo! Renunciar al tercer día de vacaciones y a trabajar. Ya había estado demasiado a solas conmigo, demasiado solo y en silencio. Me extraviaba. Necesitaba que me volviesen a ocupar inmediatamente mis personajes: fantasmas irreales, que me devolverían la realidad precisa de mí mismo y del mundo«.

(Imágenes:- 1.-Pirandello.-por Albert Rudomine.-1929/2.-Pirandello escribiendo.-Instituto di storia dello espectacolo de Catania/3.-Pirandello.-temperament. it/ 4.-Pirandello de viaje/ 5.-«Seis personajes en busca de un autor».- dirigida por Giulio Bosset.-teatro.org)

EL MUNDO DEL NIÑO

«¡Si yo pudiera encontrar un rinconcito tranquilo en el mismo corazón del mundo de mi niño! Sé que en él tiene estrellas que le hablan, y un cielo que baja hasta su cara para divertirlo con sus nubes tontas y sus bobos arcoiris. En él todos esos que parecen que nunca dicen nada y que nunca se mueven, se deslizan hasta su ventana y le cuentan cuentos y le ofrecen bateas cargadas de juguetes de ricos colores.

¡Si yo pudiera andar ese camino que que cruza el pensamiento de mi niño, salirme de todas sus lindes, ir hasta  donde los mensajeros desconocidos traen y llevan mensajes sin razón por reinos de reyes sin historia; hasta donde la razón hace barriletes con sus leyes y los echa al aire; donde quita a las acciones sus cadenas la verdad!».

Rabindranath Tagore: «El mundo del niño«.-(«La luna nueva«)

(en la víspera de los Reyes Magos)

(Imágenes: 1.– Ilse Bing.-1945 / 2.-Eliot Elisofon.-1954-new.eyeonlifemag)

UNAMUNO, GLORIAS Y SERVIDUMBRES DEL PERIODISMO

«Cuando Unamuno cumplió los 60 años confesó que había publicado 4.000 artículos en la prensa. Ese quehacer le acompañaría toda su vida. El Noticiero Bilbaíno, Las Noticias de Barcelona, Hojas Libres, El Liberal, El Mercantil Valenciano, Vida Nueva, La Estafeta, Diario del Comercio, España, de Buenos Aires, Hispania, de Londres, La Nación y muchos otros más fueron altavoces de sus ideas. Como ha recordado María Cruz Seoane, las dos razones fundamentales que llevan a los escritores al periódico en esa época ‑de1898 a 1936, la edad dorada del periodismo literario, o de la literatura en el periódico‑ son la económica y el deseo de tener éxito, de darse a conocer. Para la inmensa mayoría de escritores, la colaboración periodística suponía una fuente de ingresos complementaria o imprescindible; Unamuno decía que aunque él y sus hijos no comían de las colaboraciones, sí cenaban de ellas. Él escribía más de 25 ó 30 artículos al mes, de7 a 9 por semana como asiduo colaborador de al menos 15 diarios y revistas. “Hay un número de artículos de diario o revista ‑le escribía a Ortega‑ que me obligan a hacer ineludibles necesidades de padre de familia. Pero no me pesa. Ello me obliga a pensar, un poco al día, pero en público. Una pluma en la mano es mi mejor excitante.

Esa avalancha de colaboraciones, las cataratas de artículos escritos para poder vivir no sólo oprimían a Unamuno. También Maeztu confesaba en una carta: “No le exagero si le digo que me dejaría cortar las dos piernas si pudiese disponer de dos horas más de atención concentrada al día. Los periódicos me están comiendo vivo, literalmente” Y Gómez de la Serna proclamaba a su vez: “El literato aquí, por mucho que trabaje, tiene que cubrir sus gastos de primero de mes con el sueldo periodístico, y después sufragar cada semana con los artículos de las revistas acogedoras y salvadoras”.

Pero además de las exigencias económicas ‑como le sucede hoy a muchos escritores‑ había ese deseo lógico de verse en la prensa ‑(hoy añadiríamos en los medios, es decir de estar vivo)‑, esa necesidad de situarse en la primera fila de los periódicos de entonces. El libro siempre ha sido laborioso y el periodismo instantáneo y efímero. Y también el periodismo ‑mal o bien‑ siempre ha sabido pagar con cierta puntualidad y frecuencia. El libro, no. A Valle Inclán, que colaboró en El Imparcial con una serie de artículos, le habían pagado en El Sol por Divinas Palabras trescientas pesetas y le sugirieron que pidiera por La corte de los milagros en La Nación de Buenos Aires dos mil pesos, algo que ninguno de sus libros le había dado. “Todos los escritores españoles contemporáneos ‑comentaba ante todo esto José María Salaverría afluyen actualmente al periodismo. La fatalidad de los tiempos ordena que el periódico devore al libro, y que, mientras el libro concede cada día  menos la posibilidad de una flaca ganancia, el periódico pague, si no precisamente estipendios fastuosos, por lo menos cantidades decorosas y al contado. Otorga también al contado el éxito. Estamos en el momento de la ‘civilización periodística’ y la literatura, es claro, ha tenido que rendirse a la fatalidad. Todos los escritores españoles, con sus cuartillas bajo el brazo, tienen que desfilar ante las mesas directivas de los diarios.”

Pero existe lógicamente un tercer motivo ‑además del del dinero y el de la presencia‑ para publicar artículos en la prensa. Se trata, como apunta Seoane, del deseo por realizar una labor cultural o política eficaz, es decir, de proponer o aportar en la plazuela del periódico ‑y así lo decía Ortega‑ la aristocracia de las ideas. Esas ideas en Unamuno pueden resumirse así: desde su primer artículo en la Hoja Literaria de El Noticiero Bilbaíno en 1879 le preocupa la unión del pueblo vasco para reunir fuerzas y salvar la paz; a esas preocupaciones vascas, enfocadas sobre todo desde la función social, hay que añadir el tema de la envidia cainita de una parte y el del peso de la lengua y sus valores de otra. Dos cuestiones completamente distintas. El ser de España, el alma de España, la casta y el casticismo, la estética, la filosofía y su personal visión de la espiritualidad, acompañarían como motivo a sus artículos toda su vida. Si a ello añadimos su atracción por el paisaje ‑por todo paisaje de la geografía española, pero sobre todo por el paisaje de Vasconia y de Castilla, e incluso ante estos paisajes y preocupaciones viajeras por las notas que le acercan al costumbrismo del XIX ‑tendremos sintetizadas las principales ideas de Unamuno que él desgranó en los periódicos hasta su muerte, en 1936. Desde su sosiego como Rector en Salamanca en 1901 las páginas de los periódicos le ofrecen tribuna para declamar en sus artículos todo lo que él piensa. Esos “apuntes preparatorios”, como él los llamaba, esos “cartones de estudio para un cuadro” ‑(de esta forma calificaba a sus artículos)‑ son los que Don Miguel iba entregando casi diariamente a la prensa. La asiduidad y el apremio no incidían en su calidad. Acaso esa forma de acercarse a los temas, ‑el pergeñar bocetos y esbozos y no caer al redactar artículos en lo que (robándole nosotros la expresión a Foxá) supondría escribir bajo el peso de la gravedad y de la púrpura‑ beneficiaba sin duda a sus colaboraciones. Ese “menester tan menesteroso” de su trabajo en la prensa daba pie, poco a poco, a transformar sus “cartones para un cuadro” en cuadros definitivos para un libro, es decir, en “cuadros con unidad y colorido”. De ahí nacen, por ejemplo, Por tierras de Portugal y de España, Andanzas y visiones españolas, Paisajes del alma, De mi país, y tantos otros.

Pero hay algo en la concepción del artículo en Unamuno digno también de reseñarse brevemente. En una dirección que algo nos puede recordar el fervor por las “cosas pequeñas” que tenía Azorín, cabe destacar el título Ansia de cosas pequeñas publicado en Las Noticias de Barcelona. Ahí Don Miguel defiende por qué él ha preferido siempre el artículo periodístico como vehículo de opinión: “Trabajos hay ‑dice‑ en que ponemos reflexión y ahínco, amontonando notas, tomando apuntes, revisando y volviendo a revisar las cuartillas. Y sin embargo, no reflejan nuestro espíritu tan bien como aquello otro que a la buena de Dios fluye (…) ¡Quién sabe si esta labor al parecer pequeña, desparramada, si esta intermitente cháchara no será lo que de más eficacia deje uno!”. Y en 1905 apuntaba: “Y así en vez de recogerse en uno a meditar sus propias concepciones y las ideas que parecen de otros, y organizarlas y tramar una obra orgánica completa, se apresura a echar fuera lo que se le vaya ocurriendo. Y hasta los libros hacen el efecto de ser colecciones de artículos de periódicos (…) Hay que escribir no para salir del paso, sino para entrar en la queda.

Singular defensa del artículo periodístico, de su espontaneidad, de su frescura. Los “apuntes preparatorios” y los “cartones de estudio para un cuadro” suponen en Unamuno un reflejo de la fragmentación que todo artículo aporta a un conjunto. Él está más cómodo volcándose en cada fragmento, que ya cada fragmento se articulará en una composición definitiva».

(J.J. Perlado: «El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes«.-págs 55- 58)

(pequeño apunte al iniciarse la celebración del  Año Unamuno)

(Imágenes:- 1.-Unamuno en su despacho/ 2.-Unamuno antes de pronunciar un discurso en el Ateneo de Madrid, en 1922.-Ateneo de Madrid/ 3. retrato de Unamuno por José Gutiérrez Solana/4.- Unamuno, por Ramòn de Zubiaurre, retrato expuesto en 1913/5.-retrato de Unamuno por Daniel Vázquez Díaz.-unamuno usual/6.-retrato de Unamuno por Sorolla.-1920.-museobilbao)

PORVENIR

«Te llaman porvenir

porque no vienes nunca.

Te llaman: porvenir,

y esperan que tú llegues

como un animal manso

a comer en su mano.

Pero tú permaneces

más allá de las horas

agazapado, no se sabe dónde.

… Mañana!

Y mañana será otro día tranquilo

un día como hoy, jueves o martes,

cualquier cosa y no eso

que esperamos aún, todavía, siempre».

Ángel González : «Porvenir».

(Imagen: Masao Yamamoto)

IR Y VENIR DE LIBROS POR EL MUNDO

El interés por los libros procura pasar, paciente y tenazmente, de padres a hijos (aunque muchas veces no lo logre) , pero en otras ocasiones retorna de forma inesperada y emocionada de hijos a padres. En el primer tomo de su Autobiografía, «La lengua absuelta,» (Muchnik Editores) – Elías Canetti  cuenta las lecturas que siempre deseaba disfrutar su madre. «No se limitaban a Strindbergrecuerda el escritor de lengua alemana– , aunque era éste quien más le ocupaba en esta época. (…) Habría querido esos libros de regalo. Nuestra asignación no hubiera alcanzado, pues era muy modesta, y ello pese a que la ahorrábamos casi íntegra para este fin. Pero yo recibía a diario unos céntimos con que comprarle al bedel un buñuelo para el almuerzo matutino. Pasaba hambre, por cierto, pero prefería ahorrar hasta reunir con qué comprarle otro libro a mi madre. Primero me había acercado a Rascher para enterarme del precio, y ya era todo un placer entrar en aquella animada librería para ver a la gente, que solía pedir justamente el libro que sería nuestro próximo regalo, y naturalmente abarcar de un vistazo todos los libros que alguna vez yo leería. No era tanto el sentirme más grande y responsable entre aquellos adultos, sino en realidad el presagio

de lecturas futuras que nunca se agotarían. Pues si en aquel tiempo en algo me preocupaba el futuro, era en cuanto al efectivo de libros en el mundo. ¿Qué ocurriría cuando los hubiera leído todos? Por supuesto, lo mejor era volver a leerlos una y otra vez, pero este placer suponía la certeza de que se le irían sumando muchos más.

Una vez conocido el precio del regalo, empezaban las cuentas. ¿Cuántas meriendas tenía que saltar para reunir lo suficiente? Siempre se trataba de un par de meses: así, suma tras suma, se armaba el anhelado libro. La tentación de comprarme por una vez un  buñuelo, como algunos compañeros, y comérmelo ante ellos, no era nada comparada con este objetivo. Al contrario, gozaba acercándome a alguien que comía un buñuelo, e imaginando con una especie de placer, no lo puedo llamar de otra forma, la sorpresa de mi madre cuando le entregáramos el libro.

Ella siempre se sorprendía, aunque el hecho se repitiera. Nunca sabía de qué libro se trataba. (….) ¿Cómo no iba a sorprenderse? Entonces tenía que prometerle, por supuesto, que no lo volvería a hacer nunca más, y que a partir de ese momento me comería el buñuelo en la escuela, pero nunca me amenazó con retirarme la diminuta asignación de la merienda. Tal vez esta actitud integraba su política de formación del carácter; quizás el libro le causaba una alegría especial por haberlo conseguido yo mediante pequeños actos de renuncia cotidiana».

La llama de los libros enciende así emocionadas vivencias. Vienen y van los libros por el mundo, vienen y van – con esfuerzo – de los hijos a los padres, como llegaron y vinieron también – siempre con gran esfuerzo – aquellos otros libros producto de la dedicación de los padres hacia sus hijos. Vienen y van corrientes de lectura.

¡Felíz Año 2012 a todos los que leen MI SIGLO!


(Imágenes:- 1.-T. F. Simon.- libreros de segunda mano.-1912.- wikipedia/ 2.-dibujo de A. K. Womrath  para The Savoy.-vol. 3 -London-1896.-archive.org)

PALABRAS SOBRE EL TIEMPO HUMANO

«Cada una de mis horas

las he vivido

alguna vez

en una época profunda

fuera de mí.

Ante cada

nuevo

clima

con el que me encuentro

reconozco

con laxitud

que una vez más

ya estoy habituado».

Giuseppe Ungaretti.- «Los cinco libros« (1953)

«Yo sé que el pasado es grande y que el futuro será grande

y sé que los dos se unen en el momento actual…

Y que allí donde yo estoy, donde tú estás, en este día de hoy, se encuentra el centro de todos los días y de todas las razas»

Walt Whitman

«Sin ayer ni mañana. Este rostro puro recomienza.

El más grande día de mi vida, siempre»

Paul Éluard

«Existir consiste en cambiar – recuerda Bergson -, cambiar para madurar, madurar para crearse infinitamente a sí mismo».

«Cada instante aparece como aquel de la elección, es decir, del acto, y, en la raíz del acto, la decisión creadora. En cada instante en el que se actúa, se crea una acción, y, con ella, uno crea y se crea el mundo».

Paso las hojas de este gran libro que estoy leyendo, «Etudes sur le temps humain«, de Georges Poulet (Plon).

Pasan también las últimas hojas de diciembre, pasan las últimas agujas del reloj, oigo los últimos pasos del año.

(Imágenes:- 1.-rodneysmith.com./ 2.-Jean Puiforcat.-reloj francés niquelado de bronce y mármol blanco-1932/ 3.-reaktorplayes/ 4.-speedyowl/ 5.-ofthewater)

EL CANTO DE LOS PÁJAROS O LA MELANCOLÍA Y LA MÚSICA

«La música que debe emplearse para la curación de los temperamentos melancólicos secos – recomendaba ya en el siglo XVll Pierre-Joseph Buchoz – debe comenzar por los tonos más bajos, y elevarse insensiblemente a los más altos; es por medio de esta gradación armónica como las fibras rígidas, habituadas a los diferentes grados de vibración, pueden flexionarse. Por el contrario, un temperamento melancólico húmedo necesita para su curación una música alegre, fuerte, viva, variada, ya que ella siempre está más dispuesta a remover todas las fibras».

Ya escribí hace meses en Mi Siglo sobre la música de los pájaros: sobre sus trinos, ritmos y gorjeos. Pero cuando las melancolías de los tiempos asoman sus recuerdos por las esquinas del año, los pájaros y la música vagan de pronto entrando en las habitaciones de la mente como entraban y vagaban etéreas aquellas polillas que a Virginia Woolf  le inspiraron «Las olas» y que ella reconoce en una carta a su hermana Vanessa Bell. «Si los nervios languidecen y quedan abatidos – seguía diciendo Buchoz en su «Memoria sobre la manera de curar la melancolía con la música» -, si los líquidos son espesos e incapaces de movimientos, si el alma y el cuerpo se encuentran fuertemente afectados, entonces haca falta recurrir a una música simple, sonora, agradable; esta música pellizca el nervio auditivo, fortifica los movimientos y rejuvenece el corazón: de ahí vienen las ideas dulces y agradables y con ello el espíritu se hace más alegre».

Paul Kleecomo ya escribí aquí -decía de Pau Casals que «¡era uno de los más maravillosos músicos que haya  habido jamás! Su tono de cello es de la más conmovedora melancolía. Son ilimitados sus medios de expresión, tan pronto hacia el exterior, pero partiendo de la profundidad, tan pronto hacia el interior en la misma profundidad. Toca con los ojos cerrados, pero su boca se contrae ligeramente en el seno de semejante paz“.

El canto de los pájaros nos picotea estos días en las ventanas del año y los cristales se hacen única e inusitada música.

(Imágenes:- 1.-Vadim Trunov/ 2.-Pau Casals.-por Yousuf Karsh.-1954)

CANCIÓN QUE NUNCA PONE EL PIE EN EL SUELO : (NAVIDAD 2011) (y 3)

«La nieve está hablando.

Hoy

se ha vuelto loca:

Parece

que llama con los nudillos

de puerta en puerta.

Va y viene.

No sé quién la está escribiendo

pero en el aire se lee.

Miradla bien:

Cuando llega

junto al suelo, se detiene;

no toca en la tierra: llama,

parece llamar.

Parece».

Luis Rosales .- «Canción que nunca pone el pie en el suelo«.- («Retablo de Navidad«)

(Imagen:- Ansel Adams.-Yosemite National Park.-1948)

¡FELÍZ  NAVIDAD  A   CUANTOS  LEEN  «MI SIGLO» !

A UNA PAJARITA DE PAPEL (NAVIDAD 2011) (2)

«¡Habla, que lo quiere el niño!

¡Ya está hablando!

El Hijo del Hombre, el Verbo

encarnado

se hizo Dios en una cuna

con el canto

de la niñez campesina

canto alado…

¡Habla, que lo quiere el niño!

¡Hable tu papel, mi pájaro!

Háblale al niño que sabe

voz del alto,

la voz que se hace silencio

sobre el fango…

Háblale al niño que vive

en su pecho a Dios criando…

Tú eres la paloma mística,

tu el Santo

Espíritu que hizo el hombre

con sus manos…

Habla a los niños, que el reino

tan soñado

de los cielos es del niño

soberano;

del niño, rey de los sueños,

¡corazón de lo creado!

¡Habla, que lo quiere el niño!

¡Ya está hablando!…»

Miguel de Unamuno.

(Imagen.- Aelbrecht Bouts.- 1452-1549- Adoración de los Pastores)

YA TU CLARÍN NOS DISIPÓ LAS BRUMAS : ( NAVIDAD 2011) (1)

«Ya tu clarín nos disipó las brumas.

Oh grave, agudo azul de coordenadas.

Y hundimos ya las manos sonrosadas

-nueva puericia – en diáfanas espumas.

Por ti, Razías, por la nieve y plumas

que esponjas, bates, libras, niveladas

-¡hosanna! – porque en gigas y foliadas

euritmias del Altísimo rezumas.

Rizas en tus cabellos las corolas

y del querube mar las caracolas.

Tuya es la gracia, la delicia tuya

y el ángel y la estela del donaire.

Y nuestro en gloria y círculo – ¡alelluia! –

el aire, el aire, el aire, el aire, el aire».

Gerardo Diego:- Razías.- «Ángeles de Compostela» (1961)

(Imagen:- Pietro Perugino.- entre 1500 y 1503)

GASTRÓNOMOS, ESCRITORES Y LECTORES

«Mi gusto por la cocina, como aquel por la poesía, me vienen del cielo – confesaba Alejandro Dumas -.El primero ha estado destinado a arruinarme; el gusto por la poesía, en cambio, a enriquecerme, puesto que yo no renuncio a llegar a ser rico algún día«. En el momento en que se publican las recetas culinarias de Dumas vienen a la memoria tantos textos mezclados con sabores y olores, palabras aderezadas en bandejas de estilo, servidas por grandes escritores y gastrónomos, como cuando Cunqueiro, por ejemplo, dedica su epístola a los cocineros y cocineras en su «Viaje por los montes y chimeneas de Galicia» (Austral)  hermanado con José María Castroviejo. «No innovéis en cocina – les pide Cunqueiro a los cocineros -, porque corréis el riesgo de mezclar. Ateneos, hermanos, a la patrística, y así como no mezcláis los vinos, respetad la pureza del hallazgo antiguo, y si en vuestro fogón, un dichoso día, se produjese el milago, antes de publicar la receta, provocad procesos de canonización, y que el más fino de entre vosotros sea el abogado del Diablo».

Del arte de comer y del arte de la palabra hablé ya en MI SIGLO. Como también dediqué otro artículo a cocina y literatura. Brillat- Savarin escribía que estaba tentado de creer «que el olfato y el gusto no forman más que un sentido del que la boca es el laboratorio y la nariz la chimenea, o para hablar más exactamente, del que uno sirve a la degustación de los cuerpos táctiles y el otro a la degustación de los gases«.

Olfato y gusto los paseaba igualmente Alejandro Dumas cada vez que visitaba Marsella. Caminaba por los muelles, compraba pescados y mariscos, volvía a su hotel y, en mangas de camisa, confeccionaba una sabrosa bullabesa. En 1857 daba especiales clases de cocina en su casa y uno de los asistentes cuenta cómo el escritor, con las mangas de su camisa remangadas hasta los codos y ante un tablero blanco, preparaba la cena. «Cuando entramos en su inmensa cocina, estaba elaborando un pescado y vigilando el asado. Su sirviente, con adoración muda, seguía cada paso del gran novelista (…) El asado apareció dorado, soberbio. La cena fue exquisita«.

Entre tantas otras ciudades del mundo, la capital de Francia ha recibido siempre, como si tuviera imán para los manjares, los productos que abastecían sus comedores. En el siglo XVlll Eugêne- Victor Briffaut, en su libro «París en la mesa,» contaba que «cuando París efectivamente se sentaba a la mesa, la tierra entera se estremecía; de todas las partes del universo conocido llegaban los productos de todos los reinos, aquellos que el globo ve crecer en su superficie, aquelllos que guarda en su seno, aquellos que el mar esconde y alimenta, aquellos que pueblan el aire: todos se aceleran, se presentan presurosos para obtener el favor de una mirada, una caricia o una dentellada».

En España, la literatura y la gastronomía se han ido cruzando, siglo a siglo, por los caminos del mutuo interés. Evocaba Néstor Luján en un artículo de hace años los libros de Emilia Pardo Bazán, «La cocina española» y «La cocina moderna», el «Practicón» de Ángel Muro, la «Guía del buen comer español» de Dionisio Pérez y, naturalmente, la excelente «La casa de Lúculo o el arte de comer» de Julio Camba, y las obras de Pla.

Muchos otros autores antiguos y modernos han ido escribiendo sobre el tema. Mientras los leeemos, vemos pasar de plato a plato la perdiz y la paloma torcaz, la codorniz y el pato, la liebre, el conejo, la nutria, el corzo, el jabalí y el ciervo mientras Cunqueiro continúa su epístola a los cocineros y cocineras elevado sobre todos los montes y entre las chimeneas de toda Galicia.

(Imágenes.- 1.-Joan Miró.-naturaleza muerta con conejo/2.-Nicolay Bogdanov-Belsky/3.-Félix Valloton.- bodegón con pimientos rojos.- artisangallery/4.-Stanko Abadzic.-tenedor y plato.-contemporaryworks)

LA NOCHE ES CÁLIDA Y CLARA

«La noche es cálida y clara y sin viento.

La luna como piedra blanca aguarda encima

de los tejados y sobre el río. Las calles están en silencio

y la luz de la esquina se refleja solo en las formas encorvadas de los coches.

Duermes. Y el sueño se adensa en tu cuarto

y en este momento nada te importuna. Jules,

se ha abierto una vieja herida y vuelvo a sentir el dolor.

Mientras duermes salgo a presentarle mis últimos respetos

al cielo que parece tan amable

y al mundo que no existe y que me dice:

«No te doy ninguna esperanza. Ni siquiera esperanza».

Calle abajo se oye a un borracho

que canta una canción irreconocible

y un coche a unas manzanas de distancia.

Cosas que pasan y no dejan huella,

y llegará mañana y el día después,

y todo lo que nuestros antepasados conocían

se lo ha llevado el tiempo. Han desaparecido

y sus hijos también, y también las grandes naciones.

Han desaparecido los ejércitos que levantaron nubes de polvo

y humo por toda Europa. El mundo está en silencio y no

los oímos. Cuando era niño, y pasó el cumpleaños que tanto

había esperado, me quedé en la cama, despierto y desdichado,

y muy entrada la noche, el sonido de alguien cantando

en un callejón, muriendo lentamente en la distancia,

me hirió, igual que ahora».

Mark Strand.-«Leopardi»

(Imágenes:- 1-Neujahrsnacht.-1905.- Niels Fisher/ 2.-André Kertész.-1925)