LAS ROSAS Y SAINT- EXUPERY

flores-nnbbt-Henri Fantin- Latour- rosas

 

“—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas:

—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas :

—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por vosotras. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mi rosa es igual que cualquiera de las vuestras.. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

—Adiós —le dijo.

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : únicamente con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

—Es el tiempo que yo he perdido con ella… —repitió el principito para recordarlo.

—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…

—Yo soy responsable de mi rosa… —repitió el principito a fin de recordarlo”.

Antoine de Saint- Exupery“El principito”

 

flores.-tttbn.-rosas.-Nancy Guzik

 

(Imágenes.- 1.- Henri Fantin- Latour/ 2.-Nancy Guzik)

SAINT- EXUPERY

escritores.-96bdd.-Saint Exupery

 

“Solo respiramos libremente cuando estamos vinculados a nuestros hermanos por un objetivo común, situado fuera de nosotros mismos, y la experiencia nos muestra que amar no es mirarse uno a otro sino mirar juntos en la misma dirección”, escribió en “Tierra de hombres”.

 

Saint Exupery- nnggu- rohirrimka livejournal com

 

“Combatiré por el Hombre. Contra sus enemigos. Pero contra mí mismo también”, escribió en “Piloto de guerra”.

Saint. Exupéry.-7h7h-El Principito

 

“Construir el porvenir es construir el presente. Es crear un deseo para hoy, y de hoy para mañana”, escribió en “Ciudadela”.

 

Saint- Exupéry--.9mmn.--ilustración de El Principito

 

“La grandeza de mi civilización es que cien mineros deben arriesgar sus vidas para salvar a un solo minero sepultado. Ellos salvan al Hombre”, escribió enPiloto de guerra”.

 

Saint. Exupery -nnbb-diasdehistoria com

 

“Formarás al hombre a partir de lo pequeño que hay en él, enseñándole ante todo a cambiar, porque, fuera del cambio, no hay más que endurecimiento”, escribió en “Ciudadela”.

 

Saint-Exupery- bbff-bonjourdumonde com

 

“… Esperaba a que  amaneciera. Las colinas de oro ofrecían a la luna su vertiente luminosa, y las vertientes de sombra subían hasta la línea de división de la luz”, escribió en “Tierra de hombres”.

(Pequeña evocación de Saint- Exupery en el día en que se cumplen setenta años de su muerte)

(Imágenes.-1.-Saint-Exupery/ 2.-Saint- Exupery- rohirrimka livejournal/3 y 4.-ilustraciones para “El principito”/ 5.-Saint.Exupery-diasdehistoria/ 6.-Saint.Exupery.-bonjourdumonde)

 

 

SOBRE “El PRINCIPITO”

” Tengo derecho a conversar conmigo mismo“, escribe Saint- Exupéry en su correspondencia.”Es ahora cuando parece dulce la infancia – confiesa también en “Piloto de guerra” -. Dispongo de todos mis recuerdos…Dispongo de mi infancia”.“Formarás al hombre a partir de lo pequeño que hay en él, enseñándole ante todo a cambiar, porque, fuera del cambio, no hay más que endurecimiento“, comenta igualmente en “Ciudadela“.

Es siempre la infancia recobrada, la infancia que habla con uno mismo. Es para un niño para quien escribió Saint- Exupéry “El Principito” y el niño era él; como se ha recordado, lo hizo para restituir al  hombre maduro, un poco aturdido por cuanto le ha acaecido, el paraíso de los amaneceres frescos, de los pequeños animales y de las flores que se abren. “He aquí mi secreto – se lee en ese libro -. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos“.Como señala  Jean- Claude Ibert en su estudio sobre el escritor francés, Saint-Exupéry no quería que “El Principito” fuera leído a la ligera, cosa muy difícil, ya que su héroe se deja seducir gracias a su exquisita fantasía, que va acompañada de una gravedad conmovedora.

“Personalmente se interesaba mucho por los niños – dice Ibert -, y sentía gran placer despertando su curiosidad, bien relatándoles hermosos cuentos, bien inventando para ellos juegos más o menos complicados. Se dirigía a ellos en un lenguaje a su alcance, cautivaba su atención y pronto conseguía ser amigo suyo“.

“- El desierto es hermoso, dijo el Principito.

Y era verdad. Siempre he amado el desierto. Nos sentamos sobre una duna de arena. No se ve nada. No se oye nada. Y, sin embargo, algo irradia en silencio…

(…)

Como el Principito se dormía, lo tomé en brazos y me puse nuevamente en camino. Me sentía emocionado. Me parecía llevar un tesoro frágil. Me parecía incluso como si no hubiera nada más frágil en la tierra. Contemplaba a la luz de la luna, aquella frente pálida, aquellos ojos cerrados, aquellos mechones de cabellos que temblaban al viento, y me decía: lo que estoy viendo no es más que una corteza. Lo más importante es invisible… Y caminando así, descubrí el pozo al amanecer”.

(evocación en el momento en el que se han encontrado dos páginas inéditas de “El Principito“)

(Imágenes: 1 y 2: ilustraciones de “El Principito”/ 3.-Saimt-Exupéry/4.-desierto.-uol. taringa.net/5.-dos páginas inéditas del borrador de “El Principito”.-Remy de la Mauviniere.-AP)

DISPARAR SOBRE EL PRINCIPITO

Volaba en su modelo Lightning P38 tras su reconocimiento sobre la región de Annecy. Como todos los escritores del mundo llevaba en la cabeza, junto a los auriculares, todo lo que había ido redactando en los años anteriores y no veía entre las nubes el caza Jgr.200 de la Lüftwaffe, porque iba repasando en su memoria aquellos textos que él había dejado ya entre sus papeles.
“¡Nos hemos ocupado tanto del cuerpo! – iba diciéndose Saint-Exupery mientras conducía su aparato -¡Lo hemos vestido, lavado, cuidado, afeitado, abrevado, nutrido tanto! Nos hemos identificado con este animal doméstico. Lo hemos llevado al sastre, al médico, al cirujano. Hemos sufrido con él. Hemos gritado con él. Hemos amado con él. Decimos de él: soy yo. Y he aquí que, de repente, esa ilusión se derrumba. ¡Sin duda nos burlábamos del cuerpo!…¿Tu hijo está cercado por las llamas? ¡Lo salvarás! Es imposible retenerte: ¡Estás ardiendo! Te importa un bledo. Dejas en prenda esos trozos de carne a quien los quiera. Descubres que no tenías apego a lo que te importaba tanto…Se trata de salvar a tu hijo. Te intercambias. Y no tienes la sensación de perder en el cambio…El fuego no sólo ha destruido la carne, sino también, al mismo tiempo, el culto a la carne. El hombre ya no se interesa por sí mismo. Sólo se impone a él aquello de lo que es. No se elimina, si muere: se confunde. No se pierde: se recupera. Esto no es deseo de moralista. Es una verdad usual, una verdad de todos los días, cubierta por una ilusión de todos los días con una máscara impenetrable…Sólo en el instante de devolver este cuerpo descubren todos, siempre, con estupefacción, qué poco apego tienen al cuerpo”.
Recordaba, sí, iba recordando mientras volaba que aquello lo había escrito en Piloto de guerra, un año antes, en 1943, después de Vuelo de noche. Ahora seguía pilotando entre las nubes aquella novena misión, sin darse cuenta de que le seguía en el cielo aquel otro piloto alemán, Hors Rippert, el hombre que acaba de confesar que él abatió al autor de “El Principito”.
Recordaba, si, recordaba todo Saint-Exupery porque los escritores llevan siempre en la cámara de su memoria aquello sobre lo que han trabajado porque en ello han creído.
De repente sonó una ráfaga. “El aparato estaba 3.000 metros debajo de mí, cerca de Marsella. Nada más verlo, me dije: si te acercas un poco más, te voy a reventar. Le disparé y le alcancé”.
Eran las 13 horas, 30 minutos del 31 de julio de 1944.