LA VIDA, MODELO PARA ARMAR

 

 

“Estamos aprendiendo a convencernos – denunciaba el dramaturgo norteamericano David Mamet – de que no necesitamos sabiduría, comunidad, provocación, sugestión, escarmientos, ilustración…, que nos basta con tener información, lo que puede aplicarse a todo el mundo, como si la vida fuera un modelo para armar y nosotros, como consumidores,  solo precisásemos las instrucciones de montaje.

Los medios de comunicación de masas corrompen la necesidad que tiene el ser humano de cultura ( una mezcla de arte, religión, desfiles, teatro…: una celebración de la vida que compartimos) para convertirla en puro entretenimiento, de tal manera  que marginan todo lo que carece de un atractivo inmediato para las masas por estar “podrido de cultura” o poseer una “atraccción limitada”… La gran autopista de la información promete a todas luces diversidad, pero no hace sino eliminar, marginar y trivializar todo lo que no atrae a las masas de modo instantáneo.”

(Imagen- Arman- 1969artnet)

EDWARD ALBEE

 

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«Yo creo que se pueden dividir los autores dramáticos – decía Edward Albee – en dos categorías, – al margen de la distinción entre buenos y malos. Está el autor que siente que es un industrial que produce divertimentos por encargo. Un gran número de muy buenas piezas teatrales en este campo han sido escritas por este tipo de personas. Existe también el género de autor que está realmente fuera de toda presión, que es maestro completamente de sí mismo. Su público es en primer lugar él mismo, es para él para quien escribe la obra, y se comprueba que hay muchas gentes que aman igualmente estas piezas. Y yo supongo que entonces, si el autor reflexiona sobre cada uno de sus trabajos, se verá en su conjunto como un crítico social. Como un hombre al margen de la sociedad. Un hombre que nota que en principio su pieza no debería haber tenido que ser escrita.

¿Qué puede decirse en general respecto a la función del escritor, a la posición que ocupa en la sociedad? – añadía Albee en su ensayo «Creación artística y compromiso«-. Puede que sea mejor examinar las diferencias que existen entre los buenos y los malos escritores. Un buen escritor transforma el hecho en realidad, un mal escritor lo hará a la inversa en la mayor parte de los casos. Un buen escritor escribe aquello que él cree que es verdadero; un mal escritor pone sobre el papel aquello que a su entender sus lectores creen verdadero. El buen escritor cree que la responsabilidad intelectual y moral de su público es igual a la suya; el malo piensa lo contrario. La popularidad de un trabajo enseñará siempre más sobre la crítica literaria y el gusto del público que sobre el valor de la obra.

¿Los  escritores-creadores toman como asunto la sociedad más que el hombre, apoyándose torpemente sobre las ciencias sociales y la psicología? ¿ Pueden utilizar los hechos – los ingredientes de la verdad – sin convertirse en sus servidores?  Es cierto que el buen escritor crea su público y que el mal escritor se crea a sí mismo».

 

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Edward Albee, que acaba de morir, vivió durante años en una casa antigua de dos pisos, con escalera de mano, mobiliario danés y decoración moderna. Amaba los gatos y los viajes. Se levantaba pronto, nadaba, desayunaba y se ponía a trabajar. Cuando su trabajo no funcionaba se dedicaba a regar el césped y a quitar la hierba del jardín. Reconocía que la construcción de una obra teatral se parecía mucho a una composición musical. » El director de escena – decía – se considera desde hace quince años como el coautor; el dramaturgo está persuadido que el director escénico y el actor harán su trabajo. Existe en los Estados Unidos directores escénicos que prefieren recibir piezas sin acabar: entonces es más fácil imponer su personalidad«.

Albee fue escogido con John Steinbeck como embajador de las letras americanas en Rusia y en los países del Este. Discutido, aplaudido – así lo señala Liliane Kerjan al estudiar su obra -, es un hombre secreto. Para sus amigos posee la extrañeza de un felino; tímido, misterioso, inventa situaciones cómicas y ríe muy raramente.

Descanse en paz.

 

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(Imágenes.-1 y 2-Albee.- Wikipedia/ 3.-Albee- foto Jeff Cristensen. Reuters- el país)

LEER CON LOS DEDOS, TOCAR CON LAS PALABRAS

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«Mecanografiar – confesaba Paul Auster en «The Paris Review» (2003) -me permite experimentar el libro de otro modo, hundirme en el flujo de la narración y sentir cómo funciona en conjunto. Lo llamo «leer con los dedos» y resulta asombrosa la cantidad de errores que encuentran tus dedos y tus ojos no perciben. Repeticiones, construcciones torpes, ritmos entrecortados. Nunca falla. Creo que he terminado el libro, empiezo a pasarlo a máquina y me doy cuenta de que necesita más trabajo (…) La máquina de escribir me obliga a empezar desde el principio cuando he terminado. Con un ordenador, haces los cambios en la pantalla, y luego imprimes una copia en limpio. Con una máquina de escribir no tienes un manuscrito limpio a menos que empieces de cero. Es un proceso increíblemente tedioso. Has terminado el libro, y tienes que pasar  varias semanas dedicado a la tarea puramente mecánica de transcribir lo que ya has escrito. Es malo para  tu cuello, malo para tu espalda e, incluso aunque puedas mecanografiar veinte o treinta páginas al día, las páginas terminadas se apilan con una lentitud insufrible. Ése es el momento en el que siempre deseo haberme pasado al ordenador, y sin embargo cada vez que me someto a esa etapa final de un libro termino descubriendo lo esencial que resulta (…)

escribir.-tbgg.-Jason Toney.-Hard Boiled

(…) Pero antes de pasar a la máquina de escribir, siempre escribo a mano. Normalmente con una pluma estilográfica, pero a veces con un lápiz, especialmente para las correcciones. Si pudiera escribir directamente en una máquina de escribir o un ordenador, lo haría. Pero los teclados siempre me han intimidado. Nunca he podido pensar con claridad con los dedos en esa posición. Una pluma es un instrumento mucho más primitivo. Sientes que las palabras salen de tu cuerpo y luego las excavas en la página. Escribir siempre ha tenido una cualidad táctil

escribir.-ervvb.-Eve Arnold.-EE.UU. Nueva York.-Arthur Miller.-Las brujas de Salem.-1953

para mí. Es una experiencia física (…) Pienso en el cuaderno como una casa de palabras, un lugar secreto para reflexionar y examinarse a uno mismo. No me interesan sólo los resultados de la escritura, sino el proceso, el acto de poner palabras sobre la página. De joven, siempre me preguntaba: ¿de dónde vienen las palabras? »

Si esto dice Auster respecto al «leer con los dedos«, el «tocar con las palabras» (sea en Pla o en W. G. Sebald) – a los que en varias ocasiones me he referido aquí -, nos transmite todo el misterio de las palabras, la lucha también con las palabras, como cuando dice Sebald escribiendo:  «las frases se disolvían en palabras aisladas, las palabras, en una sucesión arbitraria de letras, las letras en signos inconexos, y éstos en una huella gris azulada, que brillaba plateada aquí o allá, y que algún ser reptante había segregado y arrastrado tras sí, y cuya vista me llenaba cada vez más de sentimientos de horror y vergüenza».

Las palabras se escapan, uno no encuentra las palabras, y uno describe de forma magistral que en ese momento le está siendo imposible escribir.

escribir-ccdbn-Eugène Carrière- mil ochocientos

(Imágenes.-1. Sam Messer– máquina de escribir llorando- 2009/2.-Jason Toney Hard-Boiled/ 3.- Eve Arnold– Arthur Miller- «Las brujas de Salem»- 1953/4.- Eugène Carrière)