NOCTURNO MADRILEÑO

“De un cantar canalla

tengo el alma llena,

de un cantar con gotas monótonas, tristes

de horror y vergüenza.

De un cantar que habla

de vicio y de anemia,

de sangre y de engaño, de miedo y de infamia

¡y siempre de penas!

De un cantar que dice

mentiras perversas…

De pálidas caras, de labios pintados

y de enormes orejas.

De un cantar gitano,

que dice las rejas

de los calabozos y las puñaladas,

y los ayes lúgubres de las malagueñas.

De un cantar veneno,

como flor de adelfa.

De un cantar de crimen

de vino y miseria,

obscuro y malsano…

cuyo son recuerda

esa horrible cosa que cruza de noche

las calles desiertas”.

Manuel Machado.- “Nocturno madrileño”

(Imagen.-Madrid.-calle Mayor.-1954- 1956.-foto CAS oorthuys)

VIEJO MADRID (29) : EL “TAPÓN DEL RASTRO”

El Rastro – escribe RAMÓN en su célebre libro del mismo título – no es un lugar simbólico ni es un simple rincón local, no; el Rastro es en mi síntesis ese sitio ameno y dramático, irrisible y grave que hay en los suburbios de toda ciudad, y en el que se aglomeran los trastos viejos e inservibles, pues si no son comparables las ciudades por sus monumentos, por sus torres o por su riqueza, lo son por esos trastos filiales.

Por eso donde he sentido más aclarado el misterio de la identidad del corazón a través de la tierra, ha sido en los Rastros de esas ciudades por que pasé, en los que he visto resuelto con una facilidad inefable el esquema del mapamundi del mundo natural”.

Pero el Rastro de Madrid tiene, como todas las cosas, una vida anterior que es interesante investigar. Indagando en ella, María Isabel Gea, al estudiar el Plano de  Madrid de Teixeira, descubre que ” el llamado “Tapón del Rastro” era una manzana de casas que obstruía la entrada al Rastro, conocida popularmente como”tapón del Rastro“. Las calles que circundaban la manzana eran las del Cuervo (al oeste), travesía del Rastro (al sur) y San Dámaso (al oeste). El tapón del Rastro fue derribado en 1905 dando lugar a la actual plaza de Cascorro y facilitando así la entrada al Rastro“.

El matadero del Rastro y Carnicería Mayor se hallaba junto al llamado Cerrillo del Rastro, en la actual plaza del General Vara de Rey. El 14 de mayo de 1569 se acordó la instalación del Rastro junto a un cerrillo, entre las calles Ribera de Curtidores y Piñón . Para ello – sigue contando Gea – se compró un terreno propiedad de Antonio de Rojas y Pedro de Quintana por 60.000 maravedies a los que se unió, en 1585, la tierra de Miguel Pérez para degolladero de carneros. En 1583 se construyó un edificio en la zona más alta, con vistas a un cerrillo que gozaba de buena ventilación natural. Debido a su emplazamiento fue conocido como “Casa Cerrillo“. El matadero era un edificio grande. Según Jerónimo de la Quintana tiene “de largo ciento setenta y cuatro pies y de ancho ochenta y seis, dentro tiene dos patios grandes de igual proporciones, alrededor de ellos hay soportales grandes y capaces que sustentan columnas con capiteles y piedra berroqueña; debajo de las cuales están las escarpias con la carne. Se entra a él por cuatro puertas correspondientes en cruz, en cada lado la suya, es obra de mucho aseo, y costa“, escribe. Una puerta con un escudo de Madrid esculpido en piedra – continúa explicando Gea  -daba acceso al caserón del matadero y cerca se hallaba una fuente con un pilón y tres caños. El degüello se realizaba durante la madrugada y un reguero o rastro –El Rastro – de sangre salía por la puerta del matadero y bajaba por la Ribera de Curtidores“.

Son los inicios o prólogos del Rastro tal como lo conocemos hoy. Paseaba RAMÓN por las páginas de su Rastro personal de 1900 a 1914.  Allí  “las golondrinas – iba contando en sus greguerías – juegan sobre la calle de cielo que corresponde a nuestra calle de tierra como párvulos en vacaciones o al salir de las escuelas” . “¡Qué deseo queda en uno de nuevos paseos por el Rastro, de más lentas andanzas hasta morir de repente un día y que eso nos absolviese de tener que terminar lo interminable, lo que debía consumarse en el silencio y en el secreto, viviéndolo más vastamente que escribiéndolo!“.

Y así iba hablándose RAMÓN, contándose cosas a sí mismo por la cuesta de la larga calle, doblando la última esquina del Rastro en 1914.

(Imágenes:- 1.- El Rastro.- Fundación Saber.es.-Ferias y mercados/ 2.-El Rastro en 1929.-Museo Municipal de Madrid/ 3.-El Rastro.-Plaza de Cascorro en 1912)

VIEJO MADRID (28) : VIDA EN LAS CALLES, VIDA EN LOS CAFÉS


“El Buen Retiro es paseo para poetas – escribía Costa Goodolphim, viajero portugués del siglo XlX paseando por Madrid -, que a la sombra de aquellos hermosos y copudos áboles, sienten la poesía renacerles en el alma. Los cafés de Madrid son también sorprendentes tanto por la elegancia como por el extraordinario movimiento a todas horas y todos los días. Cuando llegué a Madrid y al día siguiente creí que aquella extraordinaria concurrencia que veía en la Puerta del Sol era debida a la fiesta popular de San Isidro. Pero no, porque todos los días, y aun después de haberse vuelto a Lisboa casi todos los portugueses, había siempre el mismo movimiento. A las once de la mañana, a la una y a las dos de la madrugada, los cafés están completamente llenos de gente. La gente tiene ocasión de preguntarse, ¿qué hace toda esta población que vive paseando desde la mañana hasta la más alta hora de la noche? En Madrid se vive en las calles, en los cafés y en los teatros, la casa es para comer y dormir. Quien quiera descansar de las fatigas del día, acabada la comida va a sentarse al Prado. Quien quiera charlas va a los cafés, quien quiera reir a los teatros. De este modo no se presenta la falta de los que mueren, y lo que es más, allí ha de encontrarse un hombre en el otro mundo sin saber cómo, porque aún la víspera estaba en el café”.

“Al salirnos de la estación y llegar a Madridcontinúa -nos vimos asaltados por un grupo de mozos, todos queriendo llevarnos las maletas, gran cantidad de pueblo, guardias civiles y los malditos cocheros de los ómnibus con un griterío infernal, los chiquillos sin cesar nunca de su ejercicio, las cabalgaduras llenas de campanillas, en fin, el día del juicio. Después el pícaro cicerone, que en todas partes es siempre lo mismo, estorbándonos el paso y queriendo llevarnos a las fondas de donde era agente. Mas una invasión de trescientos y tantos pasajeros, además de los que venían de otras partes de España para asistir a la romería de San Isidro, llenaron los hoteles, de forma que muchos de los viajeros hasta las ocho no hallaron, como yo, un albergue”.

“LLegando a la Puerta del Sol me sorprendí del extraordianrio movimiento. En aquel punto cruza toda la población que, según nota que tenemos presente, se eleva a 457.905 habitantes, todos los vehículos, vendedores de agua fresca, distribuidores de periódicos, en fin, de todo lo que se hace comercio en una plaza. Por un momento perturba e incomoda el ver a tanta gente atravesando de un punto a otro. (…) La calle de Alcalá, no toda, tiene un bonito aspecto y muchos edificios encantadores, y además en el extremo se principia como a formar una nueva ciudad, lo que debe más tarde disminuir la gran concurrencia que tiene la Puerta del Sol, adonde afluye toda la poblacióón madrileña, a toda hora del día y de la noche”.

Cafés de Madrid, paseos por Madrid. Hoy como ayer, la vida en las calles.

(Imágenes:- 1.- “La Primavera en Madrid”.- La fuente de la Salud en el Paseo del Prado.-dibujo de Daniel Perea.- La Ilustración Española y Americana.- 3o de mayo de 1885.- arte en Madrid/2.-el Paseo del Prado en 1825.-kalipedia/ 3.- el café romántico.-Parnasillo.-1836.-ierasmus. com)

VIEJO MADRID (15) : EL TIEMPO RECOBRADO

“La burguesía, escasa de medios para costear lujos – cuenta Natalio Rivas en su Anecdotario histórico sobre el siglo XlX español – trasnochaba en los cafés hasta las tres de la mañana, hora en que se clausuraban, excepto el de Fornos, que no cerró nunca, no sólo por ser ésa su tradición sino porque el dueño, al fundarlo, no lo dotó de puertas.

Los rojos divanes del Casino de Madrid sirvieron de lecho más de una vez a periodistas bohemios, de aquella bohemia romántica que creía desempeñar mejor su papel despreciando los intereses materiales y se sentía feliz con poder gastar una o dos pesetas diarias. Yo sé de alguien que se vio necesitado de refugiarse más de una noche en aquel acogedor asilo, y que terminó su vida ocupando, con sobrados méritos, un lugar en los Consejos de la Corona.

Se vivía de noche. En invierno, a las diez de la mañana no discurrían por las calles de la corte mas que los obreros marchando al trabajo, los barrenderos que cuidaban de la limpieza urbana y los burreros que repartían la leche de burra, base obligada de la terapéutica de los catarros. Las oficinas, lo mismo las oficiales que las privadas, funcionaban por la tarde, y los ministros recibían en audiencia después de la medianoche. Yo he concurrido, en mis primeras andanzas políticas, citado por el ministro de la Gobernación, a las dos de la madrugada. Solamente los hombres entregados al estudio y algunos primates de la política eran constantes madrugadores. De Moret, cuya vida observé tan de cerca, puedo asegurar que a las seis de la mañana estaba en su despacho trabajando”.

Es el tiempo. El tiempo cambiante de ciudades y costumbres, a la vez el proustiano tiempo recobrado. Las iluminaciones nocturnas de las esferas del tiempo, las grandes sonerías de horas y cuartos resonando al paso de los viandantes, los relojes que vigilan desde lo alto de las torres cómo van marchando las horas con sus ruedas de bronce, con sus piñones de acero, cómo avanzan en su repetición los andares de quienes cruzan, cómo palpita la ciudad. Son los guardianes del tiempo, mecanismos que marcan la duración del día y de la noche, capaces de crear y entretener movimientos y, simultáneamente, de irnos recordando las oscilaciones de la vida, esta vida que va y viene en el plano horizontal de las avenidas, cruza las aceras con sus mecanismos habituales, la historia hablada de nuestras conversaciones en las esquinas, la historia gestual de nuestros ademanes explicando la vida, esta vida evocada del viejo Madrid.

(Imágenes:-1.-El Congreso de los Diputados en 1853.- Ch Clifford.-Biblioteca Nacional/2.-café de Fornos/3.-relojes.-Bruno Braquehais.-1873.-Bibloteca Nacional Francesa)

VIEJO MADRID (12) : CALLE DEL ARENAL

Cuando me detengo ante los libros callejeros en esta madrileña calle del Arenal viene desde el desmonte del tiempo el erial arenoso que por aquí se hallaba, al llegar al barranco de la Zarza – como cuenta Répide -, donde se formó luego la calle de este nombre, ya junto a la Puerta del Sol.:”Terraplenada la calle –dice el cronista – con tierra de los desmontes de los lugares donde se hicieron la calle de Jacometrezo y otras cercanas, todavía por la parte de los Caños, donde ahora es la plazuela de Isabel ll, quedó un desnivel tan enorme que venía a estar a la altura de la parte honda de la calle de la Escalinata“.

Por este arenal de siglos, antiguo barrio donde vivían los cristianos en tiempo de dominación árabe, he venido despacio, desde Escalinata, hasta este rincón de páginas al aire libre, a pasar hojas de autores que duermen a resguardo de inclemencias bajo este curioso tejadillo.

Pero cuando paso las hojas de la Historia me llega también desde otra vecina calle paralela la algarabía y vítores entre estandartes mientras entra en Madrid con toda pompa Carlos lll. Es una distracción de Historia, hojas que pasan, calles que van hablando. Todas las ciudades tienen esto, recibimientos y desplantes, desgracias y aplausos, soledad y gentío. Ahora es el ornato de balcones engalanados que pintara Lorenzo Quirós cuando el 13 de julio de 1760 entra el monarca entre festejos y panegíricos desde la Plazuela de las Descalzas, Plazuela de la Villa y Plaza Mayor hasta la explanada frente al Palacio del Buen Retiro.

Fueron dos semanas de festejos, quince días evocados con el ceremonial de rigor, dos millones doscientos mil reales gastados para celebrar la entrada. La ciudad recibía a quien luego sería llamado el mejor alcalde de Madrid. Templetes, hornacinas, tapices, cada calle quiso tener su arco. En el arco de Carretas se pusieron columnas, medallones con relieves, banderas plegadas. El día 15 se lidiaron y picaron a vara larga doce toros en la Plaza Mayor; cuatro caballeros, vestidos de librea en colores verde, azul, pajizo y rojo, seguidos cada uno de cien lacayos, rejonearon dieciocho toros más. Pero esto son estampas del XVlll, apenas una distracción, páginas pasadas, luminosas hojas volanderas. Yo no estoy esta mañana en aquel siglo ni tampoco en la vecina calle Mayor sino en la del Arenal y en el XXl, y mientras sigo avanzando músicas y personajes me llaman ahora desde la esquina con otros ritmos.

Me quedo escuchando a estos músicos ambulantes, a estas orquestas espontáneas, estas improvisadas melodías, acompañamiento vocacional, enamorado, -y  también pedigüeño – de nuestro tiempo.

(Imágenes:- 1.-librería de viejo en la calle del Arenal.-1o de abril de 2010.-foto JJP/ 2.-Lorenzo Quirós.-Ornatos de la calle Platerías (calle Mayor) con motivo de la entrada de Carlos lll en Madrid.-Museo de la Historia/3.-músicos en la calle del Arenal.-10 de abril de 2010.-foto JJP)

CENTENARIA GRAN VÍA DE MADRID (2) : CANSINOS ASSENS, SOLANA, ANTONIO LÓPEZ

Cuando se está pintando una calleconfesaba Antonio López -, lo que estás viendo es tan extraordinariamente impresionante que a mí, desde luego, me cuesta muchísimo trasladar una parte de aquello. Eso es lo que me hace tardar tanto. Yo no puedo resolver todo ese espectáculo con rapidez“. Esta Gran Vía desierta, de una soledad minuciosa, de un silencio total, pintada amorosamente por Antonio López entre 1974 y 1981, había sido cantada en tono pesimista por otro pintor-escritor, José Gutiérrez Solana, en 1923, en suMadrid callejero“: ” A las antiguas calles- decía – ha sucedido esta nueva red, llena de edificios a la moderna, petulantes, todos muy blancos, estilo catalán  y en los que no se ve ni por asomo un poco de arte y personalidad; los pisos se anuncian hoy en día: todo confort y personalidad. Las tiendas son del mismo estilo pretencioso que las casas: gran derroche de luz, en que se muestran sobre maniquíes de cera, ropas de bazar, pretenciosas y de gusto burgués; escaparates con objetos de caza, muchas escopetas, pistolas (…) Grandes escaparates con pianolas, gramófonos, música mecánica, alternando con fotografías y autógrafos de divos más o menos melenudos; fondas, pensiones, manicuras y círculos y cafés exhibicionistas y, sobre todo, los restaurantes, muy frecuentados por las tardes y en los que se baila con música de negro (…) Ahora que el primer trozo de la Gran Vía está ya terminado, sentimos todos, como un vago temor, la inutilidad de esta obra”.

Pero Antonio López, alejado de tantos pesimismos, entregado a un hiperrealismo casi fotográfico, espera pincel en mano que los silencios acudan cuando las gentes se retiran y las aceras prestan a la soledad su escenario. Retoca, rehace, corrige el silencio. Sabe que el silencio se cubrirá enseguida con el vocerío de vehículos y el pasar de frases quebradas, pero el oleo sobre lienzo de la soledad le lleva largos años de trabajo. Es la Gran Vía que quedará en pintura, la Gran Vía que nadie ve puesto que la multitud duerme. Es la Gran Vía que otro escritor, también con tintes poco optimistas, saludará con cierto escepticismo. “La Gran Vía, el sueño de los madrileños -dice Cansinos Assens en “La novela de un literato” -, va a ser al fin una realidad. Ya la piqueta ha empezado su labor demoledora y esas viejas y tortuosas calles de Jacometrezo, Horno de la Mata, Carbón, etcétera, son ya totalmente o en parte montones de escombros, por los que en la noche merodean perros vagabundos. Todo ese antiguo barrio de casas de huéspedes, para estudiantes, de prostíbulos y chirlatas, refugio de vidas miserables y  truncadas, de viejas viviendas llenas de chinches y cucarachas, sin luz y sin aire, con toda la suciedad y falta de higiene del Madrid fin de siglo, es ya una ruina lamentable como los seres que albergaba. En su solar, los arquitectos ha trazado los contornos de la proyectada Gran Vía, ancha y espaciosa, que por el momento no es sino una larga fila de zanjas profundas y siniestras como osarios…”.

El pintor mientras tanto deja que la mujer pase para pintar bien la Gran Vía y Antonio López deja que pasen la mujer y el pintor para pintar bien el silencio.

(En el centenario de la Gran Vía de Madrid: 1910-2010)

(Imágenes:-1.-” Gran Vía”.-Antonio López.-1974-1981/.-2.-“Gran Vía”. Clavel-Antonio López.-1977-1990-/3.-“Gran Vía”.-Archivo AGA.-elmundo.es)

CENTENARIA GRAN VÍA DE MADRID (1) : EL TORO MUERTO

A las ocho de la mañana, el toro descaminado que marchaba por la carretera de Extremadura – un toro grande, negro, de poderosos pitones – se desmandó y, en compañía de una vaca, empezó a subir por el madrileño Puente de Segovia, entró en el Paseo de la Virgen del Puerto, ascendió luego por la cuesta de San Vicente y alcanzó la Plaza de España. Allí aparecieron los primeros lidiadores espontáneos. Se cerraron comercios y portales, huyeron muchas gentes asustadas, y el toro – en compañía siempre de la vaca -, pasó de la Plaza de España a la calle de Leganitos, volteó allí gravemente a una mujer, y siguió su rumbo por la Corredera Alta de San Pablo. Entraron los dos animales en el mercado, arrasaron cestas y alimentos y se estacionaron luego en la esquina de la calle de la Palma.

A las once, en aquella mañana del lunes 23 de enero de 1928, el toro entró en la Gran Vía. Pasaba en ese momento por la calle el matador de toros Diego Mazquiarán, “Fortuna” que, acompañado de su mujer, iba a visitar a sus suegros. Despojándose de su abrigo, inició algunos lances mientras le traían del Casino Militar una espada. Viendo que con la espada era imposible acabar con el animal, encargó a un muchacho que fuera en un coche hasta su casa, en la calle de Valverde, de donde le trajeron un estoque. Los quince minutos de espera los empleó el diestro en torear – frente a Gran Vía 13, con las aceras y balcones repletos de curiosos y entre vítores y temores – al animal. Entró por fin a matar de media estocada, levantaron en hombros al diestro y una anécdota singular entró a formar parte de la histórica Gran Vía de Madrid.

Cumple este año – en abril – cien años la Gran Vía. A Diego Mazquiarrán no le entrevistó José López  Pinillos (“Parmeno“) en su curioso libro “Lo que confiesan los toreros”. Pesetas, palmadas, cogidas y palos” (Turner), pero quizá el torero le hubiera narrado aquel suceso de modo distinto a como lo contaron los periódicos de la época. Pero los toros escapados por Madrid tenían ya historia. Uno de ellos, el 15 de junio de 1801 – el cuarto toro de la corrida – saltó al tendido de la Plaza que entonces estaba situada cerca de la Puerta de Alcalá, y colándose por la Puerta de Alcalá bajó al paseo del Prado, subió por la Carrera de San Jerónimo, siguió por la calle del Prado, calle del León, calle de Cervantes, Costanilla de las Monjas Trinitarias a la calle de los Desamparados y calle de Atocha para desembocar ya en el campo y dirigirse a Vallecas. Aquí, poquito a poco, volvió a su querencia a orillas del Jarama, sin que nada más le ocurriera.

Distintos toros, distintas fechas. Las ciudades tienen estos secretos. La Gran Vía de Madrid guarda muchos de ellos. De sus esquinas  y edificios salen de pronto los fantasmas de muchas anécdotas.

(Imágenes:-1,.fotografía publicada en los periódicos del 24 de enero de 1928: en el centro, con sombrero y abrigo claro, el diestro “Fortuna”./ 2.-cartel de la zarzuela “La Gran Vía”.-Biblioteca Nacional)

VIEJO MADRID (11) : LA FONDA DE LA AMISTAD

casa donde vivió Gautier.-Caballero de Gracia detras´de la Gran Vía.-2

“Después de bastante búsqueda – escribe el francés Teófilo Gautier – por fin encontré una mesa redonda en la calle del Caballero de Gracia, donde uno podía tomar una comida muy agradable por el razonable precio de 20 reales por día. El dueño era un francés grueso, con un vivo y alegre semblante y cuya buena disposición mantuvo favorablemente el humor en la casa”. Estamos en 1840, como dice la placa de este portal numero 21, a espaldas de la Gran Vía. El tiempo de Madrid ha saltado de pronto desde el XlX al XXl  y leo que “en torno a este lugar” se hospedó Gautier, en la llamada Fonda de la Amistad. Calle de muchas y buenas fondas, como cuenta Mesonero Romanos en su “Manual de Madrid“. Sobre todo, “la Gran Cruz de Malta“, a la que cita. Y Répide, en sus “Calles de Madrid“, alude a ésta de la Cruz de Malta, “de lujo” – dice- y a otra más modesta, la “Hostería del Caballo Blanco“.  Cerca de aquí estaba –recuerda Répide – el primer circo que hubo en Madrid, el Circo Olímpico, de M. Avrillon, que se trasladó desde el barracón que aquí ocupaba a un local junto a la Casa de las Siete Chimeneas. Pero quien describe algo del interior de esa “Fonda de la Amistad” es Philip Henry Stanhope–  tal como recoge Peter Besas en su “Historia de las Fondas madrileñas” (La Librería) : ” tenemos la suerte – dice el forastero – de estar donde estamos, de contar con una planta grande y aireada donde además de disfrutar de un amplio cuarto de estar sin chimenea, hay también un cómodo salón con una buena chimenea francesa”.

Al parecer, Teófilo Gautier se hospedó aquí desde el 22 de mayo al 26 de junio de 1840, y pocos meses despuésdel 3 de octubre al 11 de febrero de 1841 -estaría de huesped el citado Stanhope. Cinco años antes Gautier había conocido a Balzac Gautier contaría luego en un interesante estudio la gran amistad que a los dos les unió. “No puedo ni leer ni escribir” le envió Balzac  a Gautier una sola línea en 1850, pocos días antes de su muerte.

Hago la fotografía de este portal y me llevo conmigo los recuerdos.

(Imágenes: 1.-Lugar donde, al parecer, estaba situada “La Fonda de la Amistad”.-foto JJP/.-Teófilo Gautier.-librarything.es)

VIEJO MADRID, 2009 (1)

Plaza de Guardias de Corps.-2

La cámara va conmigo. Los ojos de la cámara son mis ojos. Aquí me detengo un momento, en la Plaza de Guardias de Corps, la plaza que va de la calle del Limón a la del Conde Duque. Pedro de Répide, en sus “Calles de Madrid“, cuenta cómo antes se llamó Travesía de Guardias de Corps, “por estar junto al cuartel donde se hospedaba aquella escolta de las reales personas, y era una corta y estrecha vía, continuación de la calle del Cristo“.

Travesía del Conde Duque

Agosto deja en Madrid estos descubrimientos solitarios, plagados de leyendas, cantados por cronistas. Cuando llego – un poco más abajo – a la Travesía del Conde-Duque, evoco con Répide que aquí estaba la plazuela del Gato. “En esta plazuela vivía una famosa aleluyera, a donde los días del Corpus y de la Minerva, iban los chicos y los grandes a proveerse de los pliegos de aleluyas, que, recortadas, habían de caer revoloteando sobre la procesión. Y el nombre del Gato nacía de que en el bosque de Amaniel, que ahí llegaba, había sido cazado un gran gato montés, de cuya piel fueron hechas unas botas que el cardenal Cisneros regaló al Gran Capitán, y que, según decían los bien enterados, eran exactamente iguales a las que llevaba Carlomagno en sus expediciones guerreras. Pero tales botas tenían un inconveniente gravísimo, como era el que todos los gatos que las olían acudían muy luego a hacer aguas en ellas, con notorio menosprecio de la alta calidad de don Gonzalo de Córdoba, quien, justamente molesto, se deshizo de botas tan especiales y se apresuró a vendérselas a un mercader francés, que, acaso las contemplara satisfecho“.

Casa de Alejandro Sawa.-Conde Duque 7

La cámara desciende Conde Duque abajo y yo con ella. En el número 7 de esta calle, sobre un pequeño portal, aparece la blanca placa del recuerdo de Alejandro Sawa, que aquí vivió. Aquel Sawa del que tomó Valle- Inclán inspiración para su Max Estrella -“hiperbólico andaluz, poeta de odas y madrigales“, dijo Valle – en “Luces de bohemia“.  De “Alejandro Sawa, muerto, ciego y loco, en 1909“, Zamora Vicente dice que es la contrafigura de Max Estrella.  También añade: “Yo quiero ver en Don Latino al propio Sawa. Es un desdoblamiento de la personalidad. Lo que Sawa habría hecho en el envés de su cara noble y avasalladora. El otro Sawa. El que, lejos de la sabiduría verlainiana, engaña a quien puede y vive del sablazo ocasional”. “Pero Valle-Inclánagregó igualmente Gonzalo Sobejano -, puso algo, bastante de sí mismo en Max Estrella, porque también él vivió una bohemia heroica y hubo de sufrir – o eludir a tiempo – ciertas experiencias de su personaje”. 

caminobreve en Plaza de España

Luego cruza mi cámara la Gran Vía a la altura de la Plaza de España. Agosto, a estas primeras horas de la mañana, me lleva en soledad al sendero de árboles que camina hacia la calle de Bailén. Este agosto ha sido cantado por los grandes cronistas. “El Madrid estival, pobretón – escribía Emiliano Ramírez -Ángel en su “Madrid sentimental” en 1907 -, que ama los claveles y las polkas, y los pinares de la Moncloa, y las mañanitas del Retiro, y se estremece con “el crimen de esta tarde”, y se interesa por el “se continuará” del folletín, y sueña ya con el bulevar novísimo proyectado por Aguilera, y no ha visto nunca el mar, y colecciona postales, y llora cuando el novio falta dos noches, y reza cuando truena, y alguna vez va a los toros, y nunca se mete entre sábanas sin dedicar una plegaria de amor y súplica a su “San Antonio“, y se envuelve en mantones de Manila para bullir en las verbenas, y ríe por nada, y se hermosea con poco, y es sencillo, y es humilde, y es crédulo y es inofensivo…ese Madrid femenino, risueño, grácil, lastre de muchas almas hombrunas y perversión de muchas almas yertas, rebulle ya por las calles, en busca de los bulevares, de las glorietas, de los paseos donde haya reposo y frescura“.

Por estos paseos ando yo. Paseos de hace un siglo y de hoy mismo, Madrid de 2009, de 1909, de 1907. Los árboles me llevan hacia la calle de Bailén y yo voy con ellos pensando ya en el paseo que daré otro día.

(Imágenes: Madrid:agosto 2009.-1.-Plaza de los Guardias de Corps./2.-Travesía del Conde Duque/3.-calle del Conde Duque, número 7/ 4.-pequeña avenida de árboles en la Plaza de España, camino de la calle de Bailén.-fotos JJP)