HOJAS CAMBIANTES Y HOJAS MARCHITAS

 

 

“La mayoría confunde las hojas cambiantes con las marchitas—decía Thoreau —, como si uno confundiera las manzanas maduras con las podridas. Creo que cuando una hoja cambia de un color a otro más subido, da prueba de que ha llegado a una perfecta y última  madurez. Por lo general, son las hojas más bajas y las más viejas, las que primero se transforman. Pero así como el insecto de colores brillantes vive poco, así las hojas maduras no pueden menos que caer.(…) Las flores no son más que hojas de colores, y los frutos, sólo las que maduran. La parte comestible de la mayoría de las frutas es, como dicen los fisiólogos, el tejido carnoso de la hoja a partir de la que se forman. Nuestro apetito suele limitar nuestro concepto de la madurez, con sus fenómenos de color, suavidad y perfección, a las frutas que comemos, y solemos olvidar que la naturaleza madura una inmensa cosecha que no comemos y apenas usamos. En los alrededores y dentro de nuestras ciudades, todos los años se celebra otra exposición de frutas a escala infinitamente mayor que las de las ferias anuales, frutos que sacian sólo nuestra hambre de belleza.

 

 

(…) Un hombre puede correr y pisotear plantas que le llegan a la cabeza sin enterarse de que existen, a pesar de que las siegue a toneladas, las esparza por sus establos y alimente con ellas a su ganado durante años. Sin embargo, si se detuviera a observarlas, se sentiría cautivado por su belleza. Hasta la planta más humilde , o hierbajo, como solemos llamarlas, está allí para expresar alguna idea o estado de ánimo nuestro… ¿Pero cuánto tiempo  pasan allí en vano? He recorrido esos grandes pastizales tantos agostos y, a pesar de todo, jamás reconocí esas compañeras violáceas que tenía delante. Las rocé , las pisé  y ahora, al fin, se alzan ante mí y me bendicen. La belleza y la riqueza auténticas suelen ser baratas y despreciadas. El Cielo podría definirse como el lugar que los hombres evitan  ¿Quién puede dudar de que esas plantas, que el agricultor ni siquiera advierte, se sientan compensadas de que uno repare en ellas? Puedo decir que nunca las había visto antes, pero, cuando me acerqué a mirarlas cara a cara, me obsequiaron con un resplandor morado de años anteriores. Y ahora, cada vez que voy allí, apenas veo otra cosa.”

 

 

(mágenes —1-Ernest Bieler- 1909 / 2-Gyorgy Kepes- 1930 -museo de bellas artes- Boston / 3-Arkhangelskoye -1983)

LA QUE DESAPARECIÓ

 

“Ahora que hace calor como para sentarse hasta tarde en el porche

alguien se acordó de una vecina,

aunque han pasado más de treinta años

desde que salió a caminar un poco después de la cena

y nunca regresó con su esposo e hijos.

Nadie presente podía recordar gran cosa sobre ella,

excepto en la manera en que sonreía y se quedaba pensativa

de repente sin contar por qué,

cuando se le preguntaba, como si ya tuviera un secreto

o el corazón roto porque no guardaba ninguno”.

Charles Simic —“La que desapareció” -“Garabateado en la oscuridad”

(Imagen — foto Ken van Sickle)

COPPOLA Y “APOCALYPSE NOW”

 

“Yo estaba allí , en medio de la selva — recordaba Coppola evocando el rodaje de Apocalypse Now —, y  todo el mundo me miraba. Teníamos problemas, no sólo a causa de las terribles tormentas y las tensiones en el trabajo, sino porque habíamos llegado a un punto en el que no podíamos  continuar la película. Como  todo el mundo, yo había empeñado mi coche, mi casa y todo lo que tenía , incluyendo los derechos futuros de películas como El Padrino, como garantía ante el banco, de modo que si me pasaba del presupuesto ese dinero cubriría las diferencias. Tenía dificultades y a nadie a quien pedirle ayuda. No tenía productor, no tenía un protector, no tenía jefe. El jefe era yo. Había conseguido mi deseo, yo tenía todo el control. Al final llegué a un punto en el que dejé de luchar y me iba a la cama pensando : “Se acabó; no puedo, no puedo hacerlo.”

 

 

Estos días se recuerda que han pasado cuarenta años desde aquella película. El relato de Conrad era muy tentador cinematográficamente. Coppola había dicho al final: “la película no es sobre el Vietnam. Es el Vietnam.(Orson Welles, como anota Pere Gimferrer, se había planteado la posibilidad de adaptar “El corazón de las tinieblas” narrando enteramente la historia por el procedimiento de cámara subjetiva, es decir, de modo que la cámara se identificase con la mirada del narrador, traducción visual de una forma bastante usual del relato literario: la narración en primera persona)

 

 

Pero proseguía la voz de Coppola hablando sobre el rodaje: “una vez desperté y me di cuenta de que daba igual. Es como ese tipo que dice: no necesito el trabajo, no necesito un coche nuevo, no necesito triunfar en mi carrera: en la vida hay cosas más bellas e importantes que eso. Así que empecé  a pensar que podía convertir la película en algo personal, que podría seguir mis instintos sin preocuparme de nada más. Aunque fracasara, al menos habría rodado la película que quería.”

 


 

“La misma película — continuaba Coppola — se convirtió en una especie de Vietnam, no podía salir de ella y la única forma que tenía de salir de ella era a través de una escalada de estilo. Y el film se fue volviendo cada vez más mítico. Empieza como un film de guerra realista y acaba siendo algo más que eso. Si alguien viera el final de Apocalypse sin haber visto el principio, pensaría que es una locura. No se sabe si el protagonista es un loco o un héroe. Y seguramente era ambas cosas. Pienso que ése es el verdadero tema de la película, esa dualidad entre el bien y el mal.”

 


 

(Imágenes- -1-marca/2- collider/3–Coppola – hoy/ 4-Marlon Brando -huffi post/ 5- polígono)

MONTAIGNE ANTE LA MESA

 

 

“No me apetecen demasiado ni las ensaladas ni las frutas, salvo los melones —confesaba Montaigne —. Mi padre detestaba toda clase de salsas; a mí me gustan todas. El comer demasiado me sienta mal; pero no sé todavía con seguridad de ningún alimento que me perjudique por sus características; tampoco noto ni la luna llena ni la menguante, ni la diferencia entre otoño y primavera. En nosotros se producen movimientos inconstantes y desconocidos ; en efecto, los rábanos negros, por ejemplo, primero los encontré agradables , después molestos, ahora de nuevo agradables. En muchas cosas siento que mi estómago y mi  gusto van variando de este modo: he cambiado del blanco al clarete, y después del clarete al blanco. Me encanta el pescado. Creo en lo que dicen algunos: que es más fácil de digerir que la carne.

 

 

Desde joven me saltaba de vez en cuando alguna comida. A veces para avivar mi apetito al día siguiente; yo lo hacía con vistas a preparar mi placer para aprovecharse mejor y servirse con más alegría de la abundancia. O a veces ayunaba para preservar mi vigor al servicio de alguna acción del cuerpo o del espíritu , pues el uno y el otro se me vuelven perezosos por efecto de la saciedad. O a veces para curar mi estómago enfermo, o por carecer de buena compañía, pues sostengo que no debe mirarse tanto lo que se come, cuanto con quién se come. Para mí no existe condimento tan dulce ni salsa tan apetitosa como los que se obtienen de la compañía.

 

 

Creo que es más sano comer más despacio y menos, y hacerlo más a menudo. Pero quiero hacer valer el apetito y el hambre: no me daría placer alguno arrastrar, de forma medicinal, tres o cuatro miserables comidas al día forzadas de este modo. Para nuestras ocupaciones y para el placer, es mucho más cómodo perder la comida y aplazar los banquetes a la hora del retiro y del reposo, sin  interrumpir la jornada. Así lo hacía yo en otros tiempos. Para la salud, me parece después por experiencia, en cambio, que es mejor comer y que la digestión  se hace mejor despierto.

 

 

No soy muy propenso al deseo de beber, ni sano ni enfermo. Me suele suceder, entonces, que tengo la boca seca, pero sin sed. Y, en general, sólo bebo por las ganas que me surgen al comer, y muy al comienzo de la comida. Bebo bastante bien para un hombre de tipo común; en verano y en una comida apetitosa, no sobrepaso siquiera los límites de Augusto, que no bebía sino tres veces exactamente. Los vasos pequeños son mis predilectos, y me gusta vaciarlos, cosa que los demás  evitan como inconveniente. Por regla general echo la mitad de agua en el vino, a veces un tercio de agua. Y cuando estoy en casa, por un antiguo proceder que su médico prescribía a mi padre y a sí mismo, mezclan el que necesito ya en la bodega, dos o tres horas antes de servirlo. Cuentan que Cranao, rey de los atenienses, inventó la costumbre  de aguar el vino, útilmente o no, he visto debatirlo. Me parece más decente y más sano que los niños no lo tomen hasta después de los dieciséis o dieciocho años. El uso público legisla sobre tales cosas”.

 


 

(Imágenes—1-Ella  Kruglyanskaya/ 2- pan- Dalí – fundación Dalí / 3- Andrey Godyaykin/ 4- William Ratcliffe/ 5-Hugo Suter)

EL MISTERIO DE LAS COSAS

 

 

“El misterio de las cosas, ¿dónde está?

Si apareciese, al menos,

para mostrarnos que es misterio.

¿Qué sabe de esto el río, qué sabe el árbol?

Y yo, que no soy más, ¿qué sé yo?

Siempre que veo las cosas

y pienso en lo que los hombres piensan de ellas,

río con el fresco sonido del río  sobre la piedra.

El único sentido oculto de las cosas

es no tener sentido oculto.

Más raro que todas las rarezas,

más que los sueños de los poetas

y los pensamientos de los filósofos,

es que las cosas sean realmente lo que parecen ser

y que no haya nada que comprender.

 

 

 

Sí, eso es lo que aprendieron solos mis sentidos:

las cosas no tienen significación : tienen existencia.

Las cosas son el único sentido oculto de las cosas”.

Alberto Caeiro

 

 

(Imágenes—1- Claire Rothstein/ 2-Leonard Foujita – 1921- museo nacional de arte moderno/ 3-  Almedia Marcellus – art instituto Chicago)

CUANDO EL MUNDO SE DETIENE

 

 

“Ocurre muy de vez en cuando. Chirría el eje de la tierra y esta se para. Y entonces se para todo: tormentas, navíos y las nubes que pastaban en los valles. Todo. Incluso los caballos en los prados se quedan inmóviles como en una partida de ajedrez por jugar.

Y un instante después el mundo se pone de nuevo en movimiento. El océano traga y regurgita, los valles humean y los caballos pasan del campo negro al blanco. Se oye también un sonoro chasquido de aire contra aire.”

Zbigniew Herbert– -“Prosa poética”

 

 

(Imágenes –1 y 2 —-Mikalojus  Constantinas ciurlionis

EL ESPIONAJE Y LA VERDAD

 

 

La  reciente aparición/ desaparición  de un nuevo topo en el corazón del Kremlin y las intrigas internacionales en el tenebroso mundo del espionaje me vuelven —entre tantas novelas interesantes sobre los claroscuros de ese universo — a “La máscara de Dimitrios”, el gran relato firmado por Eric Ambler.

Hitchcok escribió sobre ella: “las críticas han señalado desde el comienzo que el señor Ambler le ha dado vida nueva y una mirada inédita al arte de la novela de espionaje, al que se pretende ver como un arte gastado al extremo, y que está infestado de clisés. Pero sus héroes no son ni heroicos ni brillantes, ni siquiera audaces. Son personas corrientes, más bien simpáticas, que se ven envueltas en una historia que las supera. De ese modo, al lector se le hace posible identificarse con estos héroes, lo que resulta completamente impensable en el caso de los “thrillers” corrientes… y así pueden experimentar exactamente las emociones que nosotros mismos experimentaríamos en parecidas circunstancias. Sería difícil, si no imposible, encontrar un novelista de espionaje entre los que hoy escriben, que combine tantas cualidades originales y admirables. Puede decirse que las obras del señor Ambler son únicas por su alto nivel de refinamiento. Pero eso no quiere decir que son refinadas, hasta el punto de que cualquier aficionado a las novelas de espionaje resulta atraído y conquistado por ellas.”

 

 

Eric Ambler confesaba a su vez : “desde mis primeros contactos con la realidad contemporánea, con el mundo secreto de la guerra y del dinero, de la alta y baja políticas, de los individuos que se ven llevados a ella, voluntariamente o no, adquirí una convicción que mis viajes y mis observaciones no hicieron más que reforzar: la verdad es indispensable para nuestra supervivencia inmediata. En el siglo XlX, la mentira, la falsedad, la ignorancia, la ceguera política eran sin duda deplorables, pero no tan destructoras como hoy. Ahora, con las armas de que disponemos, con los procedimientos que empleamos, si no comprendemos lo más pronto posible la importancia de la verdad, estamos perdidos. O más bien de las verdades, múltiples, relativistas, que constituyen la sociedad de los humanos. Así podremos resistir quizás el adoctrinamiento, la violencia de los hechos y de las emociones, todas esas causas de conflicto que nos llevarán fatalmente a la catástrofe. Por ello pienso que la verdad es tan importante en todo, incluso en la literatura de simple entretenimiento”.

 


 

(Imágenes —1-Luigi Corteggi/ 2- Arthur Tanner/ 3-Oscar Chichoni)

SER VIEJO ES REGRESAR Y YO HE VUELTO A SER NIÑO

 

 

“Ser viejo es regresar y yo he vuelto a ser niño.

Eché un poco de agua en una palangana

y oí toda la noche el croar de las ranas

como, cuando muchacho, pescaba yo en Fang- Kuo.

Palangana de barro, estanque verdadero:

el renuevo del loto es ya una flor completa.

No olvides visitarme una tarde de lluvia:

oirás, sobre las hojas, el chaschás de las gotas.

 

 

 

O ven una mañana : mirarás en las aguas

peces como burbujas que avanzan en escuadra,

bichos tan diminutos que carecen de nombre.

Un instante aparecen y otro desaparecen.

Un rumor en las sombras, círculo verdinegro,

inventa rocas, yerbas y unas aguas dormidas.

Una noche cualquiera ven a verlas conmigo,

vas a oír a las ranas, vas a oír al silencio.

Toda la paz del cielo cabe en mi palangana.

Pero, si lo deseo, provocó un oleaje.

Cuando la noche crece y se ha ido la luna

¡Cuántas estrellas bajan a nadar en sus aguas!”

Han Yü “La palangana”- poeta chino (año 800 después d. Cristo)

 

 

(Imágenes—1- Michael Kenna/ 2-Don Hong oai/ 3-Zhang daqian)

VIAJES POR EL MUNDO (26) : COLOR DE LISBOA

 

 

“Color. De Lisboa se puede decir que hasta los daltónicos discuten sobre su color —evoca Cardoso Pires en su “Diario de a bordo” —. Fíjese, lo que predomina es el ocre  advierte un byroniano que está de paso. El verde, el verde, contrapone alguien a continuación, con los ojos en el Terreiro do Paco:” hasta el caballo de Don José se va poniendo verde, comido por el mar”, decía Cecilia Meíreles. O el blanco, el blanco recuerda espumas del océano, cal de muros, Mediterráneo, “se siente una nostalgia blanca…”,  escribió Mary McCarthy en una “Carta de Portugal”, y Alain Tanner, cineasta civilizado, no se anduvo con rodeos y llamó a esto “Ciudad Blanca”.

 

 

Por esas y por otras razones es muy difícil para un pintor plasmar el color de nuestra ciudad. A veces aparece en las acuarelas de Bernardo Marques, sí, un poco: o en l a ingenua suavidad de Carlos Botelho. Está en aquel atardecer casi lúgubre del Largo de Camoes, de Abel Manta, en la Rua Augusta a Noite, de un modestísimo académico como José Contente, y, sin duda, en la descripción del Alto de Santa Catarina de Joao Abel. Podemos verla en azul en la versión de Vieira da Silva, como ya la habíamos visto en un célebre azulejo del siglo XVlll pero, en Vieira da Silva, Lisboa es un recuerdo que le quedó en el corazón porque, incluso en otros temas muy alejados de éste, muchos de sus discursos cromáticos son ecos de los azulejos lisboetas por su luz y su composición »


 

(Imágenes—1-Abel Manta- largo Camoes/ 2-Bernardo Marques -Lisboa- artnet/3- Rui Palha)

LA MAGIA DEL RECUERDO

 

 

“Tras aquella frente calcárea, sucia, cubierta por un musgo gris, cada nombre y cada título que se hubiera impreso alguna vez sobre la cubierta de un libro se encontraban, formando parte de una imperceptible comunidad de fantasmas, como acuñados en acero. De cualquier obra que hubiera aparecido lo mismo hacía dos días que doscientos años antes conocía de un golpe el lugar de publicación, el editor, el precio, nuevo o de anticuario. Y de cada libro, al mismo tiempo la encuadernación, las ilustraciones y las separatas en facsímil (…)

 

 

Conocía cada planta, cada infusorio, cada estrella del cosmos perpetuamente sacudido y siempre agitado del universo de los libros. Sabía de cada materia más que los expertos. Dominaba las bibliotecas mejor que los bibliotecarios. Conocía de memoria los fondos de la mayoría de las casas comerciales, mejor que sus propietarios, a pesar de sus notas y ficheros, mientras que él no disponía más que de la magia del recuerdo, de aquella memoria incomparable que, en realidad, sólo se puede explicar a través de cientos de ejemplos diferentes.”

Stefan Zweig

 


 

(Imágenes—1-Emilyhowart/ 2-gabinete portugués de lectura/ 3-Anastasia Lisitsyna)

SUAVE LUZ DE LA LUNA

 

 

“La luna ilumina con su luz suave, que es un reflejo de la luz solar, nuestras noches, y es testigo de los besos de las muchachas y las jovencitas. Es el auténtico amigo de la casa y el primer calendario de nuestra tierra… También es muy posible que el cuerpo celeste albergue a todas las criaturas posibles  e imposibles de formas y propiedades extrañas, que puedan contarnos todo mejor, y que en su noche también se alegren con el brillo de la Tierra. Quizá allí sus gentes crean que la Tierra gira en torno a la Luna y que aquella está allí por ellos, y que nosotros podamos contarles todo mejor. “

Johann Peter Hebel

 

 

(Imágenes—1-Gao  Xingian/ 2-Edward Hopper-1907)

UN SUEÑO

 

 

“Anoche soñé que estaba sentado en mi viejo sillón de casa, algo ya desvencijado, el sillón de mi despacho, un sillón de recias patas y respaldo suavemente curvado donde yo paso tantas tardes escribiendo sobre el mundo y sus cosas, y no sólo sobre el mundo cercano y moderno, el más vecino a mí, sino también sobre el mundo lejano, incluso a veces, con asombrosa e inaudita osadía, escribiendo sobre lo invisible y la eternidad. Recordaba perfectamente la primera vez en la que quise asomarme al umbral de la eternidad. No era exactamente el umbral, así no lo debería definir, sino una sucesión de innumerables cordilleras violáceas y azules tales como yo las vi aquella tarde, cuyos tonos dependían del paso de la luna y del sol, y que se extendían de forma ondulada en el borde de la eternidad. ¿Y dónde podía empezar la eternidad si es que empezaba en algún lado? De pie en aquella altura de la entrada a la eternidad, contemplando las cordilleras que se perdían en la lejanía, pensé en una imagen pintada por Caspar David Friedrich, un gran artista del romanticismo alemán del siglo XlX, en el que un hombre en pie, tal como ahora me encontraba yo, envuelto en nubes, envuelto también en densos vahos que surgían de un fondo indescriptible, apoyado en un ligero bastón, contemplaba de espaldas el mar de nubes extendido entre las rocas, un mar insondable, unas nubes igualmente insondables, un infinito al final de sus ojos que también eran los míos cuando ahora veía la eternidad frente a mí sin poder naturalmente abarcarla, oyendo únicamente los pasos que en ella se daban.

 

 

Me acordaba también de cómo Dante escribía en su gran poema: “levanté los ojos, y así como por la mañana la parte oriental del horizonte supera en claridad a aquella por donde el sol declina, del mismo modo, mirando como el que va desde el valle al monte con los ojos, vi una parte en lo más alto que sobrepujaba en claridad a todas las demás”. Recuerdo que enseguida  me aturdió el inmenso ruido de alas que pasaban encima de mí y que me rodeaban de modo constante, alas cada milésima de segundo y que se arrojaban velocísimamente hacia la eternidad, alas igual que vidas o vidas en forma de alas, alas de médicos, de profesores, de mujeres jóvenes, alas de niños, de soldados, de comerciantes, de políticos, de poetas, alas de campesinos, de malhechores, de reyes, alas de triunfadores y de perdedores, alas de harapientos y de millonarios, alas de ancianos, alas de santos, de criminales, alas de enamorados y de despechados, todos sorprendidos por el impulso del final de sus vidas y que volaban de modo continuo abriéndose hacia la eternidad. A mí no me dio tiempo ni siquiera a contarlos puesto que alas y vidas eran bandadas y bandadas y bandadas innumerables de existencias a la vez sueltas y solitarias, cada una sin recuperarse aún de la sorpresa  y que caían de bruces en el misterio de la eternidad.

Entonces algo ocurrió en el cielo, no sé,  quizás fue un relámpago, no lo sé bien, y me encontré de nuevo  sentado de repente en mi sillón del despacho como si no hubiera soñado jamás.”

José Julio Perlado—(del libro “Recuerdos”) (texto inédito)

 

 

(Imágenes —1- Caspar David Friedrich- el caminante sobre el mar de nubes- arte selecto/ 2- Knud Andreasen Baade -1885/ 3-Turner- 1830)

A LA BUSCA DEL HOTEL PERDIDO

 

 

“Yo no puedo separar a Marcel Proust — escribe Philippe Soupault — del recuerdo de esta hora preciosa que es la de la puesta del sol… Era su hora, aquella de su reposo, de sus recuerdos. Más tarde, yo solía encontrarle sentado a la mesa.” Es el verano de 1912, cuando Proust está en busca de un editor para su gran novela y Cabourg, su Casino y su  Gran Hotel constituyen su refugio. “Este sol me hace daño, le explica Proust a Soupault, un día que salí, estaba muy oscuro, y el sol reapareció de pronto. No era de noche, era una nube. Y sufrí mucho.”

 

 

Entre 1907 y 1914 pasará en ese Hotel todos los veranos. De niño había pasado el escritor una temporada con su abuela en Cabourg, regresó con su madre en 1890, y después, solo, en 1891. “No puedo escribirle en medio del tumulto ensordecedor y melancólico de este atroz y suntuoso hotel”, le escribe a un amigo.

 

 

Un verano coge un cuartito mal ventilado del cuarto piso porque tiene una chimenea y no vive nadie ni encima ni al lado  – recuerda Nathalie de Saint Phalle -. Al verano siguiente reservara una “suite” de cinco habitaciones en el último piso, después será la habitación 147. Se acerca en bata al fondo del pasillo, cada tarde, para ver cómo desaparece el sol a través de una ventana circular. Se queja, aunque no pueda prescindir del ambiente teatral del hotel de lujo, del gran restaurante o de los salones mundanos. “El hotel tiene todo el aire de un decorado para el tercer acto de una farsa.” Como evoca el gran conocedor de Proust, Jean-Yves Tadié,  en ese Gran hotel duerme por las mañanas, llama a su sirvienta Céleste para que le traiga el café, y trabaja en sus cuadernos. A veces desciende al piso bajo, pero sin cenar. Es 1914 y el Hotel está requisado por la armada y por los heridos de guerra, aunque, como dice Céleste, no se vea ninguno.

 

 

Será la última vez que Proust vaya a Cabourg. El Hotel pasará a la historia de la novela con otro nombre y los lectores encontrarán en él el tiempo perdido.

 


 

(Imágenes —1- Cabourg- 1919- tomato/2- Marcel Proust- Jacques Emile Blanche/ 3-Gran Hotel de Cabourg- Proust y sus personajes/ 4-gran Hotel Cabourg – unoensalle/ 5-Cabourg- coulise dela cultura)

EN TORNO A LOS PÁJAROS

 

 

”Todo ser alado —afirma Juan Eduardo Cirlot en su “Diccionario de símbolos” —, es un símbolo de espiritualidad, ya para los egipcios. La tradición hindú dice que los pájaros representan los estados superiores del ser. En un cuento indostánico —sigue transcribiendo Cirlot —, un ogro explica dónde tiene su alma: “A veinticinco leguas de aquí hay un árbol. Rondan ese árbol tigres y osos, escorpiones y serpientes. En la copa del árbol está enroscada una serpiente muy grande, sobre su cabeza hay una jaulita y en la jaulita un pąjaro; mi alma está dentro del pąjaro.”

 

 

En los cuentos de hadas se encuentran muchos pájaros que hablan y cantan, simbolizando los anhelos amorosos, igual  que las flechas y los vientecillos. Bachelard recuerda que el color del pájaro determina un sentido secundario de su simbolismo. Dice que el pájaro azul es considerado como producción del movimiento aéreo, es decir, como pura asociación de ideas, pero Cirlot afirma que el pájaro azul constituye un símbolo de lo imposible, como la misma rosa azul. Otros autores comentan que los numerosos pájaros azules de la literatura china son inmortales y se les trata como mensajeros celestes.

 

 

Los pájaros son una imagen muy frecuentada en el arte africano, especialmente en las máscaras. Simbolizan la potencia y la vida, y son generalmente símbolo de la fecundidad. En muchos vasos de adorno se encuentra el tema de la lucha entre el pájaro y la serpiente, imagen de la lucha entre la vida y la muerte.

En los sueños,  por otro lado, el pájaro es un símbolo de la personalidad del soñador. Aparecen pájaros en célebres películas pero también en relatos destacados, como por ejemplo un pájaro amarillo que se le presenta un día a un personaje de Truman Capote.”

 


 

(Imágenes—1-Donald Sultán -1997/ 2-Pentti Sammallathi– 1999/ 3-Will Barnet/ 4-Jeremy Deller-MOMA-Nueva York)

EL RITMO DE LA ESCRITURA

 

 

“El estilo es un tema muy sencillo; es todo ritmo —decía Virginia Woolf  en una carta —.Una vez que tienes eso, no puedes usar las palabras equivocadas. Pero por otro lado, aquí estoy sentada tras media mañana abarrotada de ideas, y visiones, y demás, y no puedo desalojarlas, por falta de ritmo correcto. Esto es muy profundo, lo que el ritmo es y va mucho más profundo que las palabras. Una visión, una emoción, crea la ola en la mente, mucho antes de hacer palabra donde encajarla; y en la escritura ( tal es mi creencia actual)  — lo decía en 1926 escribiendoAl faro” — uno tiene que recapitular esto, y asentar este funcionamiento ( que no tiene aparentemente nada que ver con las palabras), y luego, mientras rompe y tropieza en la mente, crea palabras para encajarla.”

(Imagen. – Sonia Kretschmar)

VIAJES POR EL MUNDO (25) : CALLES DE JAPÓN

 

 

“Por entonces Japónescribe el comerciante en objetos de arte Philippe Sichel en el siglo ´XlX — era un tesoro oculto de objetos de arte que uno podía adquirir a precios de ocasión. Las calles de las ciudades estaban llenas de tiendas de rarezas, telas y cosas empeñadas. Turbas de mercaderes se agolpaban a la puerta de uno al amanecer: vendedores de papiros o comerciantes de bronces que llevaban la mercancía en carretillas. Había incluso paseantes que muy de buena gana vendían cosas que se sacaban de debajo de la faja que se ceñía en su kimono. El aluvión de ofertas era tan incesante que uno acababa abrumado de cansancio y casi de repulsión por comprar. Sin embargo, aquellos traficantes de objetos exóticos eran comerciantes amistosos. Actuaban de guías, regateaban en nombre de uno a cambio de una caja de dulces infantiles y sellaban tratos comerciales ofreciendo en honor de sus representados grandes banquetes que culminaban con cautivantes actuaciones de bailarinas y cantantes.”

 

 

(Imágenes—1-Shin Yanagisawa- 1972/ 2-matsuri . festival japonés)