INTERIORES (1)

 

“Retorno a la intimidad de este cuarto. Entonces me quedo mirando la alfombra, los dibujos y el grosor de la lana, y sus medidas y extensiones bajo las grandes patas de los sillones: recorro lentamente esta tonalidad de hebras compactas en estilo de nudo suave y levemente mullido, como reconfortante y deslizante: y la mirada ahora, vaga ya más pérdida y más ancha, menos controlada, repasando conforme sube este contorno de las sillas y su borde dorado y oscuro: y más adelante, enseguida, los ojos se tienden horizontales y resbalando sobre la lisa superficie de mesa del comedor sesgada de vetas que la hacen más noble y al fondo, aquí y allá, muy despacio, maderas, marcos de ventanas, cristales, los estantes de la librería, espacio de cuadros, espacios desnudos, de pared blanca… Todo está aquí permaneciendo; unas manos, una vez, lo han colocado según gusto, orden y disposición.  Dispuestos los objetos, aquellas manos se retiraron en una ocasión… y el escenario siempre idéntico, siempre inmóvil — un escenario que es necesario limpiar cada jornada, pero volviendo a ajustar cada pieza en su sitio — y que permanece sin movimiento propio hasta tanto otras manos lo cambien.

 

 

Este escenario es ya un hábito para mis ojos: cada persona tiene alrededor suyo un escenario más natural o más artificial, más rico o más pobre, menos cuidado o más limpio. El escenario de esta habitación hubo una vez que no tuvo existencia, era la nada en el espacio: pero, poco a poco, a cierto nivel de esa nada, el vacío se ha ido llenando y construyendo hasta desaparecer la nada y el espacio, y todo ello adquirir una forma determinada, un color, y sustentado entre otras formas construidas encima, debajo, a derecha e izquierda de ese escenario, cubrir todo ello una forma de aire y de huecos, e ir sustituyendo el aire limpio y vago por un aire limitado, condicionado por fronteras de tabiques y techos y suelos, — y aceleradas sus corrientes según la disposición de ventanas y balcones cerrados o abiertos. Así la nada invisible ha desaparecido bajo creaciones y formas idénticas o diversas, y todas ellas reunidas en muchas ocasiones, estrechamente emparejadas en verticalidad y en extensión horizontal, fundidas en su interior por complejos conductos y necesidades, separados unos bloques de formas de otros bloques, por espacios libres pero estrechos, alargados como calles del aire…, allí quedaban como encajonados entre los muros y girando de improviso en revuelo de esquinas y de cruces.”

José Julio Perlado“Contramuerte”

 

 

(Imágenes—1-Roy de Carava -1953/ 2-Robert Henderson/ 3 –Saúl Leiter)

PETER HANDKE

 

 

“Una extraña sensación al desenvolver la blanca y aromática mantequilla en la cocina y olerla — escribe Peter Handke en “El peso del mundo”, su Diario de 1975 a 1977 —, al cortar los primeros rabanitos de este año y llevarlos también a la nariz: con un gesto así evocamos los olores de la niñez, aún cuando todos esos objetos no pudieran estar entonces tan cerca de nuestras narices; ahora hay que acercarlos para oler y sentir algo que en nuestra niñez nos penetraba sin necesidad de llevárnoslo a las narices: ¿se han debilitado los olores? ¿ o es que olemos peor? De todos modos, lo que entonces en el curso del tiempo y de los acontecimientos vivíamos “sin más”, tenemos que aproximárnoslo hoy caprichosa, intencionada y premeditadamente”.

 

 

El hoy galardonado con el Premio Nobel de Literatura , cuando fue fotografiado por Patrick Zachmann para Magnum, presentó su casa-ermita de Chaville, en los alrededores de Paris, como un refugio de bosques y libros, los cuales, como recuerda Alessia Tagliaventi, no están enjaulados en estanterías, sino que se amontonan donde pueden, en los escalones o en el suelo. Quien ha estado allí cuenta que también los lápices y las plumas se encuentran por doquier, junto a numerosos objetos de toda índole. No hay ni la sombra de un ordenador. Parece – dice Tagliaventi – que este escritor, extremadamente prolífico, es el único que continúa escribiendo sus textos a mano.

 

 

Envuelta su figura en numerosas polémicas, ha sido muy celebrado por diferentes autores. El gran escritor alemán W. G. Sebald le dedicó un penetrante ensayo en “Pútrida patria”, un volumen de crítica literaria. Sebald comentaba el libro de Handke, “La repetición” , que tanto le había impresionado. “Handke – decía Sebald – quería hacer visible un mundo más bello gracias únicamente a la palabra.”

Peter Handke y sus libros tendrán mucho más eco con el galardón otorgado hoy.

 

 

(Imágenes —1-Handke- Wikipedia/ 2-libertad digital/3- modern times rewiew/4-El mundo)

EL DRAGÓN Y LA NUBE

 

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“El vapor que exhala el dragón se convierte en nube. Es evidente que ni la nube ni el dragón poseen virtud sobrenatural alguna. No obstante, el dragón cabalga en la nube, vaga por la inmensidad del cielo, distribuye la luz y la sombra, desata el trueno y el relámpago y preside así los cambios de la naturaleza. El agua que cae del cielo inunda valles y colinas. En consecuencia, la nube posee una virtud sobrenatural. Pero esta virtud no le es propia; le viene del dragón. Y la virtud del dragón, ¿de donde viene? No de la nube, por cierto. Y, sin embargo, sin la nube el dragón no puede ejercitar su virtud sobrenatural. Ella es su punto de apoyo y la única ocasión que tiene para manifestarse. Y esto resulta más extraño si se piensa que el dragón no es nada sin la nube, que a su vez no es nada.”

Han Yü – “El dragón y la nube”(poeta chino del 800 después de Cristo)

 

 

(Imágenes—1-Neeta Madahar – 2005 -artnet/ 2- Masami tarda-artnet)

VIEJO MADRID (85) : LA CIBELES

 

 

“¡Qué bien situada está! — escribió de ella José María SalaverrìaEl Banco de España a un lado, con todos sus misteriosos sótanos atiborrados de talegas de oro y plata, con sus inexpugnables taquillas que van diariamente vomitando, luciferino alimento de la codicia, fajos y más fajos de billetes. El antiguo Ministerio de la Guerra al otro lado; quiere decir la fuerza, la autoridad, la orden y el mando. Y la Casa Central del Correo, en fin, que es como tener a la mano el nudo de todas las hilaturas que se desparraman por el país al modo de las venas y los nervios, los tendones y los músculos del vibrante cuerpo nacional.

La Cibeles hace su magnífico gesto de divinidad clásica en el sitio de encuentro de todas las chirriantes orientaciones multitudinarias. Los taxis despiden su bombardeo de claxon. La marea humana transita sin fin. ¡Cuántos guiños de la vida de la capital de las Españas ha visto pasar la Cibeles! ¡Cuántos desfiles y manifestaciones conservadoras, liberales, radicales, anarquistas y reaccionarias! ¡Cuántas ráfagas de ideal, traducido luego en nada! ¡Cuántos oradores en hombros! ¡Cuántos regimientos en aire de parada! ¡Cuántos entierros!

 

 

Pero la diosa frigia, la de la frente coronada de almenas, deja que los guiños de la ciudad pasen y que unos y otros se destituyan y anulen. La diosa que ha visto las milenarias transmutaciones de las muchedumbres, sabe esperar. Insiste en su actitud serena frente a la ciudad que ayer mismo era un poblachón y que ahora se ha lanzado a la vida.”

 

 

(Imágenes—1-Merino- Durán subastas/ 2-pinterest/ 3- pinterest)

EL PASO DEL TIEMPO

 

 

“¿Cuándo me di cuenta por primera vez de que el tiempo “pasaba”?” . Esta pregunta se la hace Ionesco casi al principio de sus “Diarios”.  “El sentimiento del tiempo  —dice — no estuvo inmediatamente ligado a la idea de la muerte.  Por supuesto, a los cuatro o cinco años me di cuenta de que me haría cada vez más viejo, de que me moriría. Hacia los siete u ocho años me decía que mi madre se iba a morir un día y me trastornaba ese pensamiento.  Sabía que ella iba a morirse antes que yo. Sin embargo, aquello  se me presentaba como una interrupción definitiva del presente, porque todo era presente. Un día, una hora, me parecían largos, sin límite. No veía su final. Cuando me hablaban del año próximo tenía la sensación de que el año próximo no llegaría nunca. Hacia los once o los doce años, no antes, empecé a tener la intuición del final. A los nueve, a los diez años, cuando vivía en el Molino, todo era alegría y todo era presente.

 

 

Luego, de repente, se produjo como un cambio total ; era como si una fuerza  centrífuga me hubiese proyectado fuera de mi inmutabilidad, entre las cosas que van y vienen y que se van. Peor; fui yo quien, de repente, tuvo el sentimiento de que las cosas permanecían y que yo me alejaba de ellas. A los quince años, a los dieciséis, se había acabado; yo estaba en el tiempo, en la fuga y en lo finito.  El presente había desaparecido; ya no hubo para mí más que un pasado y un mañana, un mañana sentido ya como un pasado.

Intento, desde entonces, todos los días, asirme a algo estable, intento desesperadamente volver a encontrar un presente, instalarlo, ampliarlo. Viajo para volver a encontrar un mundo intacto sobre el que el tiempo no tenga poder. En efecto, dos días de viaje, el conocimiento de una nueva ciudad, contienen la precipitación de los acontecimientos. Dos días en un país nuevo valen por treinta de los que uno vive en su lugar habitual, recortados por la usura, deteriorados por la costumbre.  La costumbre pule el tiempo, resbala uno sobre él como sobre un suelo demasiado encerado. Un mundo nuevo, un mundo siempre nuevo, un mundo de siempre, joven para siempre, eso es el paraíso.”

 

 

(Imágenes -1-Steve Miller- galleros Albert Benamou- artnet/ 2-reaktorplayers/3-Ruscha Murayama- artnet)

UNA FLOR — Y NO ES FLOR

 

 

“Una flor — y no es flor.

Un vaho — y no es vaho.

A medianoche llega,

se va al romper el alba.

Viene como sueño de primavera

y como sueño se disipa.

Se va sin dejar huella

como el rocío por la mañana.”

Po Chû-i – (poeta chino, 800 años después de Cristo)

 


 

(Imágenes—1-Li Shunxiong/ 2-Liu Weib- 2007-art China gallery hambourg)- artnet)

EN AQUEL TIEMPO, LOS INDIOS …

 

 

“En aquel tiempo fingen los indios que aparecieron visiblemente un dios que tuvo por nombre Un Ciervo y por sobrenombre Culebra de León y una diosa muy linda y hermosa, que su nombre fue Un Ciervo y por sobrenombre Culebra de Tigre. Estos dioses dicen haber sido principio de los demás dioses que los indios tuvieron. Luego que aparecieron estos dos dioses visibles en el mundo y con figura humana, cuentan las historias de esta gente que con su omnipotencia y sabiduría hicieron y fundaron una grande peña, sobre la cual edificaron unos muy suntuosos palacios, hechos con grandísimo artificio, adonde fue su asiento y morada en la tierra, y encima de lo más alto de la casa y habitación de estos dioses, estaba una hacha de cobre, el corte hacia arriba, sobre la cual estaba el cielo. Esta peña y palacio de los dioses estaba en un cerro muy alto, junto al pueblo de Apoala, que es en la provincia que llaman Misteca alta. Esta peña, en lengua de esta gente, tenía por nombre lugar donde estaba el cielo.”

Fray Gregorio García (siglo  XVll) —“ El origen de los indios mixtecos” —Rafael Heliodoro Valle —“Imaginación de México”

 

 

(Imágenes —1- Tina Modotti/ 2-Velinda Saile)

DESCRIPCIÓN DE UNA MARIPOSA

 

 

“La parte superior de la hembra  L. sublivens —explicaba Nabokov en  una revista en 1952 — es de un marrón bastante peculiar, terso y tenue, con un tinte oliváceo en el insecto vivo; más o menos salpicada de unas escamas azul ceniza; cretulas Interiores azul grisáceo triangulares, generalmente presentes en las alas traseras y a menudo acompañadas por una decoloración azulina o grisácea en las células radiales de las alas delanteras; aurora reducida; bastante breve y bastante mate en las alas posteriores, borrosa o ausente en las anteriores, y tiende a desaparecer en ambas alas y está  completamente ausente en 3 especímenes; cretulas lunuladas de un pálido azul grisáceo y muy definidas en ambas alas.”

 

 

Esta minuciosa descripción de especialista, publicada en “The Lepidopterist”, camina paralela al amor y a la afición que tuvo el escritor desde niño por las mariposas. “Mi mujer y yo -decía – pasábamos los veranos cazando mariposas, sobre todo en las Montañas Rocosas. Soy autor de cierto número de especies y subespecies, sobre todo del Nuevo Mundo. Varias mariposas y una polilla han recibido mi nombre, y en esos casos éste se incorpora al del insecto descrito, convirtiéndose en “nabokovi” seguido por el nombre de quien lo describe. Todas mis colecciones norteamericanas están en museos, en  Nueva York, Boston e Ithaca . Las mariposas que he estado coleccionando durante la última década, sobre todo en Suiza e Italia, todavía no están despegadas. Aún están en papel, es decir, metidas en sobres satinados guardados en cajas de lata. Con el tiempo serán ablandadas en toallas húmedas, luego pinchadas, luego desplegadas y vueltas a secar sobre tableros, y por último rotuladas y colocadas en las gavetas con cristal de un gabinete para que se las conserve,  espero, en el espléndido Museo Entomológico de Lausanne.”

 

 

(Imágenes –1-Ewe Syilvia/  2–Richard Gray/ 3- Stephen Mackey)

GUARDIANES DE RECUERDOS

 

 

“En ese lugar— recordaba un famoso diarista inglés del siglo XVll,  Samuel Pepys —era donde solía caminar y conversar con la señora Hely,  por quien Pepys sintió  la primera llama de amor y placer estando en compañía de una dama, hablando con ella y cogiendo su mano, pues era una mujer hermosa.” Pepys era un guardián de recuerdos, como así lo anota Stevenson. Era esclavo de la asociación de recuerdos: no podía pasar por Islington, por ejemplo, un lugar al que su padre solía llevarle a tomar cerveza  y pasteles, sin entrar a “The King’s Head” y tomar algo “en recuerdo”. En otro momento, celebrando  el “Assurance”, un barco que estaba hundido cerca de Woolwich, escribe: “¡Pobre navío! Y yo, que estuve a bordo felizmente en dos ocasiones”.

 

 

Los recuerdos aparecen de pronto, impresionan y muchas veces se guardan. Dos siglos después, Stevenson, al leer a Pepys, comenta: “yo me acuerdo de haber escrito en la solapa de más de un libro la fecha y el lugar donde me encontraba, por ejemplo, si estaba enfermo en cama o sentado en determinado jardín; estas anotaciones constituyeron mi futura personalidad; siempre pensaba que si, años después me encontraba una de esas notas, sería presa de una especial emoción: la que me causaría el reconocerme a tal distancia.” El recuerdo exacto del escenario exterior e interior de una lectura.

 

 

El gran guardián de recuerdos que fue Proust, dejó indicado : “tenemos ciertos recuerdos que son como la pintura holandesa de nuestra memoria, cuadros de género en los que los personajes suelen ser de condición mediocre, tomados en un momento muy sencillo de su existencia, sin acontecimientos solemnes, a veces sin ningún acontecimiento, en un escenario nada extraordinario y sin grandeza.”

Los recuerdos perduran aún como misterio, Gary Lynch, profesor de la Unjversidad de California,  revelaba en una entrevista en la BBC: “ Imagínese que tomó  sus apuntes de segundo de carrera, le enseño algo que escribió hace tantos años y le pregunto: “¿se acuerda usted de esto?”, y usted dice: “sí, ya lo recuerdo; hace años que no me acordaba de esto.” Pues bien —continuaba Lynch  —, desde el momento en que usted escribió eso, todas las proteínas de su cerebro han sido sustituidas muchas veces. El cerebro entero está siendo destruido y reconstruido constantemente, pero los recuerdos siguen ahí y ése es el mayor misterio de toda la biología y de toda la psicología.”

 

 

(Imágenes —1- Henry van de velde -1892 / 2- Randolph Stanley Hewton -1928 – museo de Quebec/ 3- Emile Claus – 1890/ 4-Jennifer Ccristhian)

VIAJES POR EL MUNDO (27) : COIMBRA

 

“Cuando al acercarme en tren se me apareció  la visión  panorámica  de Coimbra, trepando sus casas por la colina en que se asienta y dominada por la Universidad a que hace cabeza su torre —escribía Unamuno —, la saludé como a una vieja conocida. Es una torre académica, no una torre eclesiástica, la que corona la ciudad, académica también, de Coimbra. Ninguna de sus catedrales, ni la vieja ni la nueva, se destaca a lo lejos. (…) Coimbra cabe decir que concentra la historia toda legendaria  y poética de Portugal; Coimbra ha sido la iniciadora de sus movimientos espirituales.(…) Visitando la Universidad, ahora en verano, a principios de agosto, cuando arrastran los primeros exámenes de prueba de curso y los bedeles, con sus ociosos espadines al cinto, bostezan en los bancos del patio, no cabe darse cuenta de lo que este hogar intelectual de Portugal es en tiempo de estudios, cuando pululan por las rúas y cruzan con   ojos cazadores los estudiantes en pelo, con sus negras levitas, alborotada la melena al aire y su flotante capa, llevando en la mano la “seventa”, los apuntes o una carta de amor.

(…) Coimbra, Coimbra, tierra de encanto,, vivero de la poesía de un pueblo que vive por el amor y por el amor muere, Coimbra posada como una paloma junto al Mondego, ¡qué remanso en la corriente!”

 


 

(Imágenes—1- Coimbra- premium/2- Universidad de Coimbra)

LEER EN VOZ ALTA

 

“Existe un vasto grupo compuesto por todos aquellos que alguna vez le leyeron a Borges —evoca Alberto Manguel —: pequeños Boswells que raramente conocen la identidad de los otros pero que, de forma colectiva, mantienen la memoria de uno de los más cabales lectores del mundo. En aquella época, yo desconocía su existencia; tenía dieciséis años. Acepté y, tres o a lo sumo cuatro veces por semana, visitaba a Borges en el estrecho departamento que compartía con su madre y con Fany, la mucama (…) Recuerdo el departamento como un ámbito abrigado, tibio y suavemente perfumado; todo esto debido a que la insistente Fany mantenía la calefacción bastante alta y rociaba con agua de colonia el pañuelo de Borges antes de guardarlo, las puntas asomadas, en el bolsillo del pecho de su chaleco.”

 

 

Esta lectura en voz alta a Borges,  consumado lector, nos lleva de algún modo a las palabras del novelista y profesor Daniel Pennac cuando habla de la importancia de la voz al leer.  “Nosotros “le leemos” —dice —  . El que escucha va a identificarse con los personajes que le presentemos  por el intermediario de nuestra voz, y estos personajes son a la vez el personaje del libro que nosotros leemos, pero de una cierta manera, la encarnación de la persona que él prefiere en el mundo, que es aquella que le lee.”

”Durante varios años, de 1964 a 1968 – prosigue  Manguel -, tuve la inmensa fortuna de contarme entre los muchos que le leían a Jorge Luis Borges (…) Desde mis primeras visitas, se me hizo que la casa de Borges existía fuera del tiempo o, mejor dicho, en un tiempo hecho a partir de experiencias literarias (…) Las pocas estanterías de libros que había en su casa, contenían lo esencial de sus lecturas, empezando por las enciclopedias y los diccionarios, gran orgullo de Borges. “Me  gusta hacerme cuenta de que no soy ciego, que me acerco a los libros como un hombre que puede ver—solía decir —. Ando curioso de nuevas enciclopedias. Me imagino que puedo seguir en sus mapas el curso de los ríos y que descubro maravillas en las descripciones.”

 

 

En las dos estanterías bajas del salón del comedor se hallaban las obras de Stevenson, Chesterton, Henry James y Kipling. De esas mismas estanterías Borges me hizo extraer los volúmenes de los cuentos de Chesterton y los ensayos de Stevenson, que leímos a lo largo de muchas noches y que él comentaba con extraordinaria perspicacia y agudeza, sin ocultar su pasión por estos grandes escritores y mostrándome además de qué manera habían trabajado para construir sus cuentos, desmontando algunos párrafos con la amorosa intensidad de un maestro relojero.”

 

 

(Imágenes—1-Borges y  la Biblioteca- foto Sara Facio/ 2- Anastasia  Lisitsyna/3- Karol Ferenczy – 1905/   3-Roxana Halls)

LA VOZ DE VAN GOGH

 

 

“Para huir de la desesperación me precipité en la pintura —le hace decir a Van Gogh Giovanni Papini en suJuicio Universal” —. Rechazado por las mujeres y por los hombres, me refugié en el amor por la naturaleza. La naturaleza se hacía amar, pero no respondía, no correspondía y a veces se rebelaba.

 

 

Someterla a mí poder, trasladarla toda entera al lienzo, con sus luces de paraíso, sus colores esplendorosos, sus candores insostenibles, era para mí demasiado difícil. Y de la pintura recibí las poquísimas horas de alegría pura que experimenté en la tierra. Apoderarme del amarillo apagado y quemado de un campo maduro; del verde envenenante de las hierbas y de los cardos; de los azulados de los horizontes; del amarillo agudo y ardiente de los girasoles; del rojo  descarado de un paño o de un geranio, era para mí un espasmo de poder fugaz, pero violento.

 

 

Me di cuenta, sin embargo, de que también la naturaleza me rechazaba. A pesar de todo mi paciente ímpetu no llegaba a conquistarla, a poseerla entera. También ella, con su taciturna imposibilidad, que es más dura que una repulsa, me rechazaba.

 

 

Y entonces tú sabes lo que acaece en el débil corazón de los débiles. Cuando todo el amor está encerrado y contenido, el hombre se siente desconcertado, perdido, perseguido, es decir, abandonado, enajenado. Los hombres le llaman loco, lo ahuyentan o lo encarcelan. Así fue de mí.”

Y la voz de Van Gogh volvió a callar.

 

 

(Imágenes—1- matas de lirios/ 2–ramas de almendro en flor/ 3/tronco de tejo/ 4-campo de trigo con un vuelo de cuervos/5-girasoles)

MÁS CARTAS DE HISAE IZUMI

 

 

“Una  tarde Hisae, mientras escribía, esperó ante el papel sin moverse y mantuvo su pincel inclinado tal y como si fuera a seguir,  tal y como si estuviera engañando al papel y como si fuera a cubrirlo. Siguió así sin moverse. Y de repente empezó a leer lo que el otro (o la otra) le estaba escribiendo:

“Aunque una carta – apareció escrito sobre el papel verde – no tenga nada que pueda calificarse de extraño, es sin embargo una cosa magnífica. Mientras se piensa con ansiedad en una persona que se halla en una lejana provincia y uno se pregunta cómo se podría ir hasta allí, he aquí que se recibe una carta de ella. Al leerla, se siente la misma impresión que si se la viera de pronto y cara a cara. Y eso es maravilloso.”

 

 

Procuró seguir quieta Hisae en aquella postura y mantuvo su pincel perfectamente inclinado esperando por si le decían algo más.

Y así siguió leyendo:

“Cuando se ha enviado una carta a la cual se han confiado nuestros pensamientos, uno siente el espíritu satisfecho, incluso si se piensa que esa carta podría muy bien no llegar nunca a su destino. ¡Cómo tendría yo el corazón triste y cómo me sentiría oprimida si las cartas no existiesen!”

 

 

Aquello parecía realmente un lamento y Hisae quedó impresionada. Esperó aún sin moverse. Parecía que la escritura se había detenido, que algo pasaba, pero de pronto aparecieron más frases sobre el papel:

“Y  cuando en una carta que se quiere enviar a una persona – seguía diciéndole aquella misteriosa escritura – se detallan todas las cosas que uno lleva en la cabeza, eso supone ya un consuelo, incluso aunque la llegada de esa misiva nos parezca incierta. Pero con más razón aún, cuando se recibe una respuesta la alegría de la que se disfruta es capaz de alegrarle a uno la vida. En verdad, lo que acaba de suceder sí parece increíble.”

José Julio Perlado —( del libro “Una dama japonesa” ) ( texto inédito)

 

 

(Imágenes —1– kimono gallery/ 2-Suzuki Harunobu/ 3-Kawano Kaoru/ 4-surinomo shinata zedkin)

UNA HABITACIÓN PROPIA

 

 

“Cuando se construyó “la habitación propia” con las ganancias obtenidas con el éxito de “Orlando”, Virginia aspiraba a tener por fin su estudio, pero la habitación resultó  no ser apropiada y terminó siendo sólo el dormitorio. —así lo cuenta la periodista italiana Sandra Petrignani en “La escritora vive aquí”, reedición actual de una primera versión publicada en 2006 —. El 26 de enero de 1930, al día siguiente de su 48 cumpleaños, anotaba Virginia  en su “Diario”: Aún no consigo escribir con naturalidad en mi nueva habitación porque la mesa no tiene la altura adecuada y para calentarme las manos debo agacharme. Necesito que las cosas sean totalmente conformes a mis costumbres”. Todo escritor se reconoce en este ser maniático; el rito de escribir tiene para cada uno su ceremonial y su utillaje. El de Woolf , dice Petrignani, requería una butaca desfondada, una tabla de contrachapado con el tintero incorporado, colocada sobre las rodillas, y grandes cuadernos con cubiertas de vivos colores que se fabricaba ella misma. Necesitaba también una mesa grande y sólida , que usaba muy poco para escribir, pero sobre la que acumulaba “montones de porquerías”: papeles varios, manuscritos, botellas de tinta, cartas, viejas boquillas para los cigarrillos, montones de plumines usados y nuevos, cajas de cerillas, los puros que fumaba de vez en cuando, clips oxidados y otras baratijas.

 

 

Sí, Virginia Woolf era muy desordenada. Por eso terminó por preferir como estudio el “lodge” que había al fondo del jardín, una caseta destinada a las herramientas del jardinero, a la que ella llamaba “mi casita”. Allí podía rodearse de silencio…y de  dejadez. “Su habitación no estaba solamente desordenada, tendía a menudo a estar “descuidada“, decía Leonard, que habla también de la “organización desorganizada y de la incomodidad” en la que su mujer se encontraba a gusto para trabajar. Es fácil imaginársela “tumbada en la cama mirando las estrellas, en esas noches de Monks House”.

 

 

Gerald Brenan — dice Petrignani — hace un retrato vibrante de los Woolf que, de paso por España, van a verle. “La primera cosa que me viene a la mente cuando pienso en Virginia Woolf es su belleza. Esqueleto fino y cincelado, ojos grises, “su conversación era como su prosa”, femenina y seductora, irónica, “inclinándose hacia un lado, un poco rígida en la silla, se dirigía al compañero en tono burlón. Leonard, sin embargo , era muy sólido, muy viril, fumaba en pipa, y no perdía nunca el hilo de la conversación y hablaba de una manera relajada y amigable”.

 

 

(Imágenes —1-Vein Magazine/ 2-Virginia Woolf y otros amigos en el verano de 1915 -avuelapluma/ 3-Virginia Woolf-   Enciclopedia británica/ 4-  reason vhy)

OTOÑO, CAÍDA

 

 

“Caen, caen los días; cae el año

desde el verano.

Sobre el suelo mullido por las hojas,

cae el aroma,

que errando solicita la atención

del soñador.

Atento el soñador, a pie, despacio

va contemplando

cómo en los amarillos de la flora

la luz se posa,

reconcentrada ya en la claridad

de un más allá.

Más acá se difunde por la atmósfera

casi una gloria

que es ya interior, tan íntima al amparo

de los castaños,

tan dulcemente abandonada al sol

del peatón.

Con ondas breves de silencio el lago

llega hasta el prado,

propicio a recibir algunas ondas

de remadoras.

 

 

Apariciones que a los sueños dan

cuerpo real.

Y el soñador y el sol, predestinados

por tanto hallazgo,

se exaltan con asombro ante las frondas

cobrizas, rojas

de esos arces divinos en furor

de donación.”

Jorge Guillén —“Cántico” (1928)

 

 

(Imágenes—1-Michael Yamashita- National a Geographic/ 2-Lynn Geesaman/ 3-foto Elliot Eskey)