CREACIÓN Y ESCRITURA

 


“Entre creación y escritura hay interdependencia. En la mayoría de los casos la escritura  no es sólo la traducción simbólica de la creación  — anota Julio Ramón Ribeyro en su “Diario” —, sino que a su vez  opera sobre ella, hasta el punto de convertirla en una consecuencia de la escritura. Escribir no es un acto continuo. Generalmente va acompañado de largos intervalos de distracción durante los cuales se hacen dibujitos al margen del papel, se enciende un cigarrillo, se mira por la ventana, se piensa en cosas que nada tienen que ver con la literatura.  Por esta razón, si a las ocho de la mañana nos sentamos en nuestra mesa de trabajo y a las ocho de la noche hemos escrito una página, no puede decirse que hemos tardado doce horas en escribirla. Es necesario deducir de este tiempo todas las pausas iniciadas.

Pero  todas esas pausas han sido importantes porque ellas forman parte del tiempo de la creación. Creación y escritura son dos actos diferentes, entre los cuales no existe una relación de necesidad sino una relación convencional. La verdadera creación se efectúa al nivel de la inteligencia pura y la escritura no es sino el signo que la transporta al mundo sensible, le da fijeza y curso obligatorio. La escritura es el signo visible y universal de un proceso invisible y personal. Un creador no es forzosamente un escritor. Existen, sin duda, creadores incapaces de expresarse. Un gran creador es aquel que ha encontrado el correlato perceptible de su proceso interior.

 

Escribo porque el placer que me produce el acto de escribir es de una calidad tan especial que no puedo compararlo con ningún otro que pueda ofrecerme la vida (…) Lejos de mí sin embargo darle al acto de escribir un carácter sacral o religioso. Pero sí sostengo que escribir es una inmolación consciente y razonada que el escritor —el verdadero — hace de su tiempo, de su salud,  de sus intereses materiales, de su vida, en suma, para crear un orden de palabras que lo satisfaga. ¿ Qué es escribir si no inventar un autor a la medida de nuestro gusto?”

 

(Imágenes—1-manuscritos de Proust/ 2-Paul Serusier/ 3-Dulac- 1911- ilustración de los cuentos de Andersen)

 

UN SOLO AUTOR Y UN SOLO VOLUMEN

 

 

“Toda la humanidad es de un solo autor y es un solo volumen: cuando un hombre muere no se arranca un capitulo al libro sino que se traduce a un lenguaje mejor; y todos los capítulos serán así traducidos; Dios emplea varios traductores; algunos capítulos son traducidos por la vejez, otros por la enfermedad, otros  por la guerra, otros por la justicia; pero la mano de Dios está en todas las traducciones, y esa mano volverá a encuadernar nuestras hojas dispersas, para esa biblioteca, donde cada libro quedará abierto a los demás».

John Donne- “Meditación XVll” – “Devociones para ocasiones que surgen”-( traducción de Miguel Sáenz)

(Imagen—Jan van der Heyden – 1712)

DE NUEVO MARÍA BLANCHARD

 

 

De nuevo  María Blanchard cuando el 6 de este mes de marzo se han recordado los 140  años de su nacimiento. La Condesa del Campo de Alange evocaba esto de ella: “María Blanchard trabaja siempre en el interior de su taller. Jamás al aire libre ni ante modelo. Frente a la tela en blanco busca en su memoria la forma y el color y extrae de su fina sensibilidad la expresión de sus criaturas.

Su memoria visual es sorprendente. En una ocasión dice al terminar uno de sus cuadros: “ es una viejecita que vi hace doce años…” Otra vez el modelo es un niño que cruza ante ella por la calle cuando va a misa, y esa visión que hiere su retina por cualquier motivo sensible queda grabada en ella con una fijeza de instantánea.

Tiene para sus criaturas una fisonomía propia. Los personajes de sus cuadros pertenecen todos a una misma raza. Nariz ancha ; labios gruesos; ojos tristes, brillantes; cuello corto, con tendencia a suprimirlo totalmente valiéndose de una  posición adecuada, como en “La Joven campesina”, “La Toilette”, “La Niña del Collar”, “ La Comida” y tantos otros. Obedece así a la ley psicológica, tan conocida, que crea en el artista la tendencia a producir en sus obras sus propios defectos físicos.

 

No pretende, sin embargo, acercarnos a un tipo racial determinado ni aun menos regional. No tiene preferencia por un ambiente, por unas costumbres; no siente, como Gauguin, la influencia de Bretaña, ni de Tahití, ni de ningún otro lugar del  mapa. Sólo marca una inclinación por los humildes, pero no intenta con ello darnos una lección social, pues su obra carece, por otra parte, de anecdotismo. María Blanchard nos pinta pobres seres meditativos, bien sean hombres, mujeres o niños, envueltos muchos de ellos en una atmósfera de un ridículo melancólico próximo a la ternura.

 

 

Su dibujo es duro por ser demasiado fuerte. Su colorido, violento. No teme emplear el negro puro. Hace brillar los objetos sin preocupación de la materia propia, y a veces la luz se descompone sobre ellos hasta llegar a producir el color en sus elementos primarios, azul, rojo, amarillo.”

 

 

( Imágenes— 1 – “La cocinera” – 1923/ 2-“El carrito del helado” – 1924/ 3-“Mujer con abanico” – 1926/ 4-“Echadora de cartas”/ 5- “La niña del brazalete” – 1923/ 6-composición cubista- 1919)

LA LLUVIA

 

“Bruscamente la tarde se ha aclarado

porque ya cae la lluvia minuciosa.

Cae y cayó. La lluvia es una cosa

que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado

el  tiempo en que  la suerte venturosa

le reveló una flor llamada “rosa”

y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales

alegrará en perdidos arrabales

las negras uvas de una parra en cierto

patio que ya no existe. La mojada

tarde me trae la voz, la voz deseada,

de mi padre que vuelve y que no ha muerto.”

Jorge Luis Borges— “La lluvia” — “El hacedor” (1960)

(Imagen —comunitaria live- journal)

EL ELOGIO DEL PAN

 

 

“Contra la amenaza del esteticismo culinario — escribe Alberto Savinio en su ‘Nueva enciclopedia” — tenemos, afortunadamente, un arma invencible: el fiel  panecillo, alimento solariego, alimento grave y, al mismo tiempo, irónico, gorrión de los alimentos, geniecillo tutelar de la mesa. El pan tiene en la alimentación  un papel particular e insustituible. En la mesa del pobre el pan constituye la base misma de la comida ( pan y condumio) , o sea, en ambas palabras y en otros lugares es el acompañante necesario de todo alimento, el contrabajo que dirige la extensión de la melodía, el guía seguro y virtuoso, el corrector: suaviza los sabores demasiado vivos, anima los demasiado débiles, une los más diversos entre los demasiado semejantes, establece una oportuna división. Uso lamentable, indicio de pésimo gusto y de ánimo profundamente vulgar, es suprimir el pan de la mesa, o reducirlo a un minúsculo “acto de presencia”, porque el pan es el alimento del pobre, y en consecuencia “poco elegante”. El pan mitiga la artificiosidad culinaria y en medio de la química de las “piezas montadas”, representa lo honrado, lo sobrio, lo natural. El hombre de ánimo mínimamente honrado no aguanta sobre la mesa un panecillo puesto del revés, y se apresura a darle la vuelta.”

(Imagen— Salvador Dalí- Fundación Dali)

CAMINANTE DE PENSAMIENTOS

 

 

“Estuvo así largo tiempo. Aunque seguía las evoluciones de aquella extraña  comitiva que iba acercándose cada vez más hacia ella, a Hisae lo que le atraía era la figura solitaria del maestro del té absolutamente quieto en medio de la explanada bajo el sol, dándole ahora la luz sobre su kimono marrón y que parecía alejado mentalmente de todo aquel ceremonial, tal y como si estuviera invitado a su pesar a permanecer allí. Cuando en sus “Memorias” años más tarde Hisae quiso evocar ese instante — sin duda enriquecido por varias lecturas y  muchas reflexiones —, lo que ella imaginó era que aquel famoso maestro del té, Sen no Rikyū, inmóvil en la explanada, lo que estaba haciendo precisamente era andar, pero andar por un camino interior que no estaba extendido bajo los árboles sino dentro de su espíritu. Mantenía  Rikyū los ojos entrecerrados y en absoluto se movía, tenía en su mano un simple y tosco cuenco de arroz.  “ Descubrí  entonces — resumió Hisae en sus “Memorias” — lo que era un caminante de pensamientos. Casi podía oír sus pasos.” Se daba Hisae perfecta cuenta de que los utensilios del té del regente  Hidehoshi y su  gran ostentación de ropajes y de objetos dorados, nada tenía que ver con este otro cuenco de té tan humilde del maestro Rikyū, lleno de sobriedad. De todos modos cuando la comitiva llegó frente a ella donde había extendido su manta bajo los árboles, Hisae atendió a aquella procesión con curiosidad e interés, entre otras cosas porque aquello formaba parte del gran espectáculo y siguió con atención todos los ritos y movimientos.

 

Hisae solo tenía como posesión aquella manta en el suelo y no había querido o no había podido construirse una choza o cabaña de campo como habían hecho tantos otros. Cerca de donde ella estaba podían verse algunas cabañas de materiales muy rústicos, con paredes color tierra y troncos de árboles como pilares. Algunas incluso tenían bambú en las rejas de las ventanas y habían habilitado un diminuto jardín con senderos de piedra que conducía hasta dos pequeñas habitaciones, una donde se iba realizar la ceremonia del té y otra para guardar los utensilios. La entrada a aquellas improvisadas “casas de té” en el bosque de Kitano había quedado enormemente reducida, de tal modo que cualquier visitante debía de inclinarse para pasar, o incluso arrodillarse, para llegar hasta el fondo. Era, como bien sabía Hisae Izumi, el gesto que se pedía para rebajar la soberbia y, al aplastarla, alcanzar la paz interior. Todas aquellas cabañas desperdigadas bajo los árboles eran una continuación de la naturaleza, los frondosos pinares del bosque eran habitaciones de hojas que abrían sus puertas al paisaje.

Pero Hisae permanecía solitaria con su única manta como refugio y recibió con curiosidad la visita de Hidehoshi y de sus acompañantes. Al llegar, uno de aquellos  acompañantes o ayudantes se dispuso en primer lugar a purificar los utensilios dorados, luego puso tres cucharadas de té en la taza que sostenía en sus manos el regente, tomó agua caliente de un recipiente que llevaba y esperó cierto tiempo. Un silencio total se mantuvo durante aquella pequeña ceremonia que sólo quedó roto por el piar de un pájaro. Cuando el té estuvo ya preparado, Hidoshi se lo ofreció a Hisae, que bebió un sorbo. Después él le hizo a ella una pequeña reverencia,  ella respondió con  otra similar, uno de los ayudantes acercó más a Hisae  los utensilios dorados para que los viera mejor, y la comitiva se retiró dirigiéndose hacia la siguiente cabaña.”

 

José Julio Perlado

( del libro “Una dama japonesa”)

(relato inédito)

TODOS   LOS   DERECHOS   RESERVADOS

 

 

 

(Imágenes— 1- Jan Davidsz de Heem- 1660/2- Hagetsu Tosatsu- 1575/3- Giuseppe Piva- japanese art)

PALABRAS DE PIERRE BONNARD

 

 

Hice mis primeros cuadros con mayor intuición, los otros con un  mayor saber, quizás. La intuición, que reemplaza al saber, puede ser a veces superior al saber, que reemplaza  a la intuición.

 

La realización  se lleva a cabo sobre la tela o sobre el papel. Hay que conocer de antemano el efecto de las líneas, de los volúmenes , de los colores vistos a distancia, lo que de ellos quedará en potencia.

Por la seducción o primera idea, llega el pintor a lo universal. Es la seducción la que determina la elección de un motivo y la que se corresponde exactamente a la pintura. Si esta seducción o primera idea se borra, ya no queda más que el motivo, el objeto que invade domina al pintor. A partir de ese momento ya no hace su propia pintura.

 

Lo que produce buen efecto tiene que ser verdadero. La armonía es un fundamento más sólido que la observación, que tan fácilmente falla.

 

 

La preocupación por ser claro y legible es la mejor guía para la composición y la interpretación.

Casi todo el arte de la pintura consiste en aclarar y oscurecer los tonos sin  decolorarlos.

 

 

La naturaleza es infinita — la obra de arte es limitada, finita, rodeada con frecuencia por un entorno hostil,

Lo que es hermoso en la naturaleza no siempre lo es en la pintura, sobre todo reducido. Ejemplo: los efectos del atardecer, de la noche.

El encanto de una mujer puede revelar al artista muchas cosas sobre su arte.

Un cuadro es un microcosmos que debe bastarse a sí mismo.”

 

 

 

(Imágenes— : Pierre Bonnard-: 1- 1917/ 2-Pierre Bonnard / 3- taller con mimosa/ 4- 1910/ 5- Pierre Bonnard/ 6- 1906- national gallery/ 7– christies com)

VIAJES POR EL MUNDO (39) : RESIDENCIAS DE MOSCÚ

 

 

“La mansión está construida alrededor de un gran patio donde se recoge la basura y se almacena  la leña. — describía el poeta Batiushkov en el siglo XlX —; más atrás  hay un huerto con verduras, y en el frente un gran porche enrejado, como los que había en las casas de campo de nuestros abuelos. Al entrar en la casa, uno se encuentra con el portero jugando a las cartas, lo hace desde la mañana hasta la noche. Las estancias no están empapeladas; las paredes están cubiertas con grandes cuadros ; de un lado retratos de zares rusos, del otro una pintura de Judith sosteniendo la cabeza cortada de Holofernes en una bandeja de plata de gran tamaño; maravillosas creaciones hechas por algún sirviente doméstico. Vemos la mesa dispuesta con tazones de sopa de col, puré de guisantes dulces, setas horneadas y botellas de “kvas”. El anfitrión está vestido con un abrigo de piel de carnero; la anfitriona con una capa. En el lado derecho de la mesa está el sacerdote de la parroquia y el profesor de la parroquia; a la izquierda, una multitud de niños, el viejo hechicero, una madame  francesa y un preceptor alemán.”

 

 

 

(Imágenes—: 1— Arkhangelelskoye/2- niebla en un estanque de Moscú- Wikipedia)

“ EL MÉTODO DE LOS TÚNELES“

 

 

”Uno de los placeres privados de la lectura personal (como cuando se escucha música clásica no impuesta sino elegida especialmente para ser oída), es buscar y encontrarse con textos y vivencias muy predilectos, que, además de animar a trabajar,  son, en esos  momentos de la lectura, enormemente satisfactorios y casi diría que incomunicables y supongo que ininteligibles para muchas otras personas. Eso me ha ocurrido una de estas tardes cuando he ido repasando la tesis doctoral que sobre Virginia Woolf defendió Carlos Herrero Quirós para la Universidad de Valladolid  en 1992 y que adquirí, ya recogida en libro, en 1998. He vuelto a descubrir en esas páginas el proceso creativo de “Al faro” y las anotaciones que V. Woolf hacía en 1925 y 1926, mientras escribía su novela, en torno a lo que ella llamaba “ el método de los túneles” o de las galerías subterráneas con respecto a las descripciones de sentimientos y personajes, cosa que ya había logrado en “La señora Dalloway”. Como escritor,  es una satisfacción encontrar todo esto, es decir, volver a descubrir estas cosas. Gracias a una biblioteca que intento que esté siempre anotada, volver sobre todos estos matices y enseñanzas, es igual para mí que escuchar música clásica escogida, un placer intelectual muy personal donde sumergirme y aprender.”

José Julio Perlado

(Imagen — foto Gisele Freund— mesa de trabajo de Virginia Woolf)

SOBRE EL LOBO

 


“Querido hijo, sólo para contarte que anoche volvió el lobo — así inicia su relato “Carta de provincias” Rafael Sánchez Ferlosio—. (… ) No tengo que decirte que el lobo ya no es fuente de aprensión ninguna por aquí ( qué digo, si tan siquiera habías nacido) y, en cambio, una gran temática de curiosidad, de diversión, de episodios antiguos cíen veces reajustados, mejorados y redondeados. Esto los viejos, que se dan muchas ínfulas y credenciales de testigos de vista de que el lobo existe o ha existido alguna vez; y a tanto llegan que algunos, como Fariña, hace como que se muere de risa de todos los que juran y perjuran haberlo visto anoche.

(…)

Uno, tu hermano no me ha dicho el nombre, que veranea en la península de Morrazo, ya sabes: en Galicia, que se puso a contar que ahora en Galicia los cazadores ya no salen a buscar al lobo por ahí por esos montes, adonde pocas veces podrían dar con él, sino que bajan a apostarse entre los pinares o los arcabucos que rodean los inmensos basureros de grandes poblaciones como Vigo o La Coruña, adonde el lobo baja a escarbar entre enseres de ESO o de Mistol, botellas de La Casera, tetrabiques de Pascual, bajo un vendaval de bolsas del Corte Inglés, hundiendo allí el fino hocico de una parte a otra, tras algún vago y mezclado efluvio de proteína de palo de una pata de cordero o la carcasa pectoral de un pollo tomatero.”

(Imagen— Winslow Homer- 1893)

EL COLOR DEL DINERO

 


“Diseñar un billete de banco es un complicado truco de magia. En parte intenta evocar la identidad nacional. También depende de otros indicadores de valor, como la precisión y la calidad de la producción para prevenir falsificaciones. Pero hay otros mensajes — así lo explica el británico Deyan Sudjic en “El lenguaje de las cosas”—: la modernidad, por ejemplo, suele expresarse mediante la ruptura con las convenciones del diseño de billetes, y esto puede servir como indicador de los valores culturales de los bancos centrales que los firman. El banco suizo los diseña ahora en formato vertical. Poco antes de la adopción del euro, Holanda se empeñó en hacer billetes que rompiesen  los recursos habituales del  diseño de moneda, y culminó el proceso con un flamígero girasol amarillo que ocupaba una cara entera del billete de cincuenta florines.

Pero el grabado en metal aún denota con más convicción el valor de un pedazo de papel que, por ejemplo, un dibujo en acuarela.

 

El dólar estadounidense  juega con la ventaja  de una iconografía imponente —  el ojo que todo lo ve, y esa famosa pirámide —, de modo que, pese a los ajustes que últimamente han debilitado el sentimiento de superioridad de la divisa, aún conserva una cierta aura. Parece valioso porque resulta complicado, gracias a todas esas volutas tipográficas arremolinadas, tan precisas y tan difíciles de dibujar. Parece valioso porque transmite la impresión de ser una revelación casi  divina. Y, por encima de todo, está el color. El verde es ahora, por supuesto, el color del dinero.

Siguiendo los pasos de Estados Unidos, los demás países conjuran a sus héroes nacionales, cuyas imágenes, grabadas con esmero, se utilizan para convencernos de que podemos confiarles los ahorros de las viudas y los huérfanos.

 

La elección del héroe adecuado está sujeta a múltiples consideraciones. Los británicos creen que estas figuras deben pertenecer casi obligatoriamente al siglo XlX, ser varones y estar equipados con un abundante vello facial. Tanto los británicos como los franceses solían inclinarse por el siglo XVlll, pero esta predisposición los obligaba a mostrar a sus próceres, poetas y filósofos adornados con pelucas.

Sea como sea, Gran Bretaña exhibe hoy en sus billetes de veinte libras, sin peluca y con el rostro afeitado, al escocés Adam Smith. La otra cara del billete, con un retrato de la reina, se concentra en una evocación del espíritu británico. El nombre del Banco de Inglaterra está inscrito en una caligrafía gótica de precedentes  dieciochescos, pero también recuerda el aspecto de los billetes  en la década de 1950, cuando los diseñadores empezaron a recuperar motivos gráficos del pasado.

 

 

(Imágenes—1–John Jeong- arario gallery- Corea/ 2-Jonnho Jeon – 2006/ 3– free Imagen/ 4- Marinus van Reymerswaele- 1539- museo del Prado)

EL PÁJARO ATRAPADO EN LA RED

 

 

“Los críticos repiten,

extraviados por mí,

que mi es una institución.

Sin esta culpa mía, habrían sabido

que en mí los muchos son uno, aunque aparezcan

multiplicados por los espejos. Lo malo

es que el pájaro atrapado en la red

no sabe si es él mismo o uno de sus demasiados dobles”.

Eugenio Montale–  “El tú»

(Imagen – Foto : Richard Day – National Geographic)

DESCRIPCIÓN DE UNA SIESTA

 


“ Son las cinco y media de la tarde— escribe Pla en “El cuaderno gris” —.Hace un tiempo un poco bochornoso, pesante. Las puertas del local que dan al jardín del Ateneo, están abiertas y por ellas entra el rumor sordo de la ciudad. En la Peña hay poca gente. La conversación se produce en voz baja. Don Pere Rahola duerme en un sillón. Hace media hora que  duerme con una beatitud admirable, la cabeza recostada en el respaldo del asiento, la boca medió abierta bajo el bigote abultado, de guías también un poco cyranescas — dicho sea de paso. Respira profundamente y cuando el pecho retoma aire se produce un ronquido amplio y grave. Cada vez que se produce el ruido, los pocos contertulios del local miran al durmiente con una mirada de respeto y de sorpresa; después  se miran mutuamente y no saben, notoriamente, qué palabra tienen que formular. Cada tarde — desde hace muchos años -~ se produce idéntico, impresionante espectáculo. Don Pere va sin nada en la cabeza. A veces me he imaginado el efecto que haría si durmiese con el sombrero puesto. Su calva es fresca, ligeramente rosada. De su persona irradia un perfume de “Piver, rue de la Paix”. Los cabellos  que le rodean la calva le hacen una curva vuelta hacia arriba — una especie de percha en miniatura. Don Pere lleva el bigote y la barba admirablemente cuidados.  Es una barba que no es ni grande ni pequeña; no es fluente y africana como la que llevaba Jaume Brossa, ni metafísica y puntiaguda como una teta de cabra; es una barba sólida, justa y adecuada al prestigio social de la persona que la ha segregado. Bajo la barba , don Pere lleva un plastrón de calidad densa y lujosa. Sobre el plastrón, una perla pálida. Viste de color gris. En el meñique de la mano izquierda — que reposa sobre el brazo del asiento — montado sobre un anillo, un pequeño brillante de un resplandor confortable.”

 

 

 

(Imágenes-: — 1- Albert Gleizes- 1913/ 2- Odilón Redon)

REDESCUBRIMIENTO DE LA CASA

 

 

“El espíritu doméstico es calmo, familiar, natural —decía John Burroughs— : ama el bienestar, la intimidad, la discreción; le gusta el rincón de la chimenea, el viejo sillón, las ropas habituales, los ambientes sin afectación, los niños, los placeres simples. El hombre medio, en cierto sentido, construye su casa a su imagen y semejanza. Como los caracoles y los moluscos, el ser humano segrega su vivienda. Cuando uno se construye solemnemente su casa, hace públicos sus gustos y sus modales, o la necesidad que se tiene de ellos. Si el instinto doméstico es fuerte, si uno es humilde y sencillo, la casa reflejará sin disimulo esas cualidades. Si, por el contrario, se es arrogante y se tiene una ambición malsana, o se es frio y egoísta, esas cualidades se transparentarían igualmente.

La casa aporta refugio, comodidad, salud, hospitalidad; en ella se come y se duerme, se nace y se muere, y su apariencia debería estar de acuerdo con los usos cotidianos carentes  de pretensión,  y con los objetos y lugares de la naturaleza universal. Debe hundir sus raíces en el amor; su ambiente particular y su personalidad deben emanar de la vida doméstica.”

 

 

(Imágenes -1- comedor de Monet/ 2-Berthe Morisot)

LA MUERTE DE VIRGINIA

El 28 de marzo se cumplirán 80 años de la desaparición de Virginia Woolf en las aguas del río Ouse. “Aquellos últimos 319 días de  1940 y 1941 de precipitada y lenta catástrofe— recordaría Leonard Woolf en “La muerte de Virginia”— fueron los días más terribles y agonizantes de mi vida. El mundo de mi vida privada y de la historia de Inglaterra y de las piedras y cemento de Londres se desintegraron. Rastrear su recuerdo sacándolo de la propia memoria, como debo hacerlo ahora si sigo recordando públicamente, es difícil y penoso. La renuente reminiscencia del dolor prolijo es peculiarmente penosa. La excitación en el momento de la catástrofe, el estímulo, día a día, hora a hora, minuto a minuto, de tener que hacer algo es un infalible calmante de la desgracia. Siempre me sorprendo al ver que, instantáneamente, olvidamos el dolor más agudo si podemos concentrarnos en algo distinto, incluso en una trivialidad. Mientras uno se concentra en cruzar una calle llena de gente, en Londres, la conciencia torturante de un dolor de muelas o de un fracaso amoroso se olvida completamente. Pero no hay distracciones ni alivios en el recuerdo personal de la infelicidad.

La pérdida de control de Virginia sobre su mente, la depresión y desesperación que acabaron en su muerte, empezó sólo un mes o dos antes de su final. Aunque los esfuerzos y tensiones de la vida en Londres y en Sussex durante los ocho meses que median entre abril de 1940 y enero de 1941 significaron para ella, como para cualquier ser viviente en aquella atormentada área, algo terrible, fue más feliz durante la mayor parte y su mente se mantuvo más tranquila de lo que era usual.

 

(…) En Virginia hay una suerte de quietísmo y de contemplación alerta de la muerte  reflejado en su Diario,  distinto a lo que es para todos nosotros a lo largo de nuestras vidas, algo alejado, irreal, visto por el lado equivocado del telescopio de la vida,  sino algo inmediato, extraordinariamente próximo y real, que cuelga perpetuamente sobre nuestras cabezas, algo que puede, a cada momento,,caer con gran estrépito… y aniquilarnos…. La muerte, creo, estaba siempre próxima a la superficie de la mente de Virginia, la contemplación de la muerte. Formaba parte de la profunda inestabilidad de su mente.  En aquellos últimos meses  de 1940, con la muerte rodeándola por todas partes, pensó: “Le dije a Leonard: no quiero morir todavía.”

 

 

(Imágenes— 1- Tullio Pericoli/ 2-Vanessa Bell- retrato de Leonard Woolf- 1940/ 3- Virginia Woolf)

EL MAESTRO DEL TÉ EN EL BOSQUE DE KITANO

 

 

“Hisae, ante todo lo que veía y que estaba ocurriendo, aspiraba a ser una de las primeras personas que pudieran acercarse más hasta la sala de Hideyoshi y poder observarlo todo mejor puesto que aquello aumentaba  su  curiosidad. Las veces a las que había asistido a una ceremonia del té siempre le había atraído la simplicidad, sencillez y sobriedad que aquí no llegaba a encontrar. Le daba la impresión de que cuanto estaba observando tenía mucho de ostentación. No se atrevía sin embargo a comentar nada con quienes estaban cerca de ella bajo los árboles porque sabía que en todas las ceremonias, si alguien no aprobaba por completo el escenario, debía abandonar el lugar para no alterar la armonía. Recordaba las veces en que ella había bajado la cabeza para poder entrar por las pequeñas puertas de las casas de té e igualmente sus pasos menudos dentro de cada jardín hasta llegar al interior. Aquello siempre le había parecido un ceremonial   pausado, muy distinto a lo que ahora estaba viendo. Recordaba también las tres fases de la ebullición del té que tanto le agradaba observar: primero las pequeñas burbujas semejantes a ojos de peces en el agua, luego las burbujas como cuentas de cristal, y al fin las pequeñas olas saltando en la tetera.

 

 

Pero pensando en todas estas cosas le sorprendió ver de repente que ya empezaba a desfilar casi delante de ella una corta y extraña procesión. El regente y gran señor de la guerra Toyotomi Hideyoshi salía en  esos momentos de su recinto y se dirigía en lenta comitiva hacia la muchedumbre, prácticamente en dirección hacia el rincón donde Hisae se encontraba. Figuraban en aquella pequeña comitiva dos ayudantes que transportaban en dos bandejas los personales utensilios del té pertenecientes a Hideyoshi,  venía detrás la pausada figura de Sen no Rikyū, el gran maestro del té, que caminaba a cortos pasos y muy despacio, envuelto en su kimono marrón , y tras él una serie de estandartes en colores muy vivos, el primero de ellos un gran caballo blanco con sus patas delanteras  levantadas al aire, que indudablemente representaban, o así lo pensó Hisae, hazañas y batallas. Al llegar al lugar concreto donde ella se encontraba,  la comitiva se detuvo. Ante su sorpresa, Hisae vio que el primero que rompió el silencio y comenzó a hablar no fue el regente Hideyoshi sino aquel gran maestro de té, Sen no Rikyū, del que ella siempre había oído elogiar su sencilla sabiduría, y que ahora de pie, bastante erguido a  pesar de su  edad, y distanciándose por completo del guerrero Hideyoshi, pronunció con voz  pausada las siguientes  palabras: “ Como sabéis — dijo—, el arte del té consiste simplemente en hervir agua, hacer el té y beberlo. .Pero cuando se vierte el agua en el tazón— añadió—, no es sólo el agua lo que se vierte en él, muchas cosas entran en el tazón, buenas y malas, puras e impuras, cosas de las que uno tendría que avergonzarse, cosas  que nunca se pueden verter salvo en el propio inconsciente. El espíritu del té — continuó—, consiste por tanto en limpiar los seis sentidos de la contaminación. Viendo la flor en el jarrón, el sentido del olfato se purifica; escuchando el borboteo del agua en el hervidor de hierro y  el goteo del tubo de bambú, los oídos se purifican; saboreando el té, la boca se purifica; manejando los utensilios del  té, el sentido del tacto se purifica. Cuando todos los órganos de los sentidos son así purificados, la mente se limpia de suciedad. Aunque mucha gente bebe té — concluyó  —, si no conoces el camino del té, es el té el que te bebe a ti”.

 

 

Calló en ese momento Sen no Rikyū y  hubo  unos segundos  de  silencio. Pero cuando parecía que ya no iba a hablar más, aún quiso hacer en su mismo tono pausado un  breve elogio de  la tranquilidad, la armonía, el respeto y  la pureza, y también de la importancia de lo pequeño sobre lo grande, de lo frágil sobre lo sólido, de la sencillez sobre el lujo. Y luego, introduciendo sus manos en las mangas de su kimono, extrajo de allí dos pequeños objetos que  llevaba guardados: un sencillo cuenco de tosca cerámica y una pala de bambú . En ese instante el sol iluminaba  la masa de los pinos  del bosque de Kitano y caía  a la vez sobre las bandejas doradas pertenecientes a Hideyoshi, pero  Hisae no se fijó:en el sol ni tampoco en sus reflejos:  seguía mirando fascinada la figura inmóvil, menuda y humilde del maestro del té que ahora permanecía en completo silencio.”

José Julio Perlado

( de libro “Una dama japonesa’)

(relato inédito)

TODOS  LOS   DERECHOS   RESERVADOS

 

(Imágenes— : 1-Kokedera- Japan art/2-Hiroshi Yoshida/ 3-Hasegawa Tohaku/ 4- Kitsu Suzuki- metmuseum org)