NAVIDAD 2021 (2)

QUIÉN HA ENTRADO EN EL PORTAL DE BELÉN?

¿Quién ha entrado en el portal,
en el portal de Belén?
¿Quién ha entrado por la puerta?
¿quién ha entrado, quién?

La noche, el frío, la escarcha
y la espada de una estrella.
Un varón -vara florida-
y una doncella.

¿Quién ha entrado en el portal
por el techo abierto y roto?
¿Quién ha entrado que así suena
celeste alboroto?

Una escala de oro y música,
sostenidos y bemoles
y ángeles con panderetas
dorremifasoles.

¿Quién ha entrado en el portal,
en el portal de Belén,
no por la puerta y el techo
ni el aire del aire, quién?.

Flor sobre intacto capullo,
rocío sobre la flor.
Nadie sabe cómo vino
mi Niño, mi amor.

Gerardo Diego

(Imagen – Piero della Francesca— mundo hispanico)

CUANDO YO VIVÍA EN PARÍS

Cuando yo vivía en París se podía encontrar a Samuel Beckett sentado en la terraza acristalada de La Coupole, en Montparnasse, enfundado en una amplia bufanda que asomaba en su abrigo gris; callado, solitario, serio, con la mirada puesta en la nada de su papel en blanco esperando a que bajara a él una palabra o un silencio. Cuando yo vivía en París me entretenÍa mentalmente creando un especie de Noticiario a la manera de Dos Passos en ”Manhattan Transfer” dándole vueltas a esa orilla izquierda y a sus personajes en los años pasados: Koestler, por ejemplo, escondido en 1940 en la librería de Syilvia Beach, ”Shakespeare and Company”, enviando su manuscrito de ”El cero y el infinito” a un editor en Londres; Picasso en 1943 pidiendo al fotógrafo Brassaï que tomara fotos de las obras de París; el escultor Alexander Calder en 1945 trabajando en una exposición de móviles; ”La Peste” de Camus llegando a las librerías de París en 1947; Giacometti exponiendo ”El hombre que camina” en 1948; el escritor norteamericano Saul Bellow comenzando en París ”Las aventuras de Augie March” en 1949. Todo un decenio literario de esta orilla izquierda cuyo pulmón en muchos crepúsculos de verano era — y sigue siendo— el jardín de Luxemburgo.


Cuando yo vivía en París iba también alguna noche a cenar a Lipp y luego, a pocos pasos de allí, me sumergía en el cine ”de autor”, un cine enormemente individualista, es decir, la llamada “nouvelle vague”, entonces en auge. Y en la oscuridad de la sala me encontraba con las historias narradas de Truffaut o de Godard, y también con los rostros de Jeanne Moreau o de Jean Paul Belmondo. Eran finales de escapadas vertigjnosas en la pantalla como igualmente había finales pausados y lentísimos de Resnais en ”El año pasado en Marienbad”.

Cuando yo vivía en París me acercaba en plena noche al teatro Odeón continuamente abierto en aquella primavera para oír discutir a los franceses arrojándose palabras de palco a palco y de butaca a butaca en medio de la ”revolución de mayo del 68”, el torbellino que viví.

José Julio Perlado

Imágenes- 1-bulevar Montparnasse- 1925– Eugene Atget/2–Lipp/ 3– La Coupole)

NAVIDAD 2021 (1)

La candela en el campo!… Es tarde de Nochebuena, y un sol opaco y débil clarea apenas en el cielo crudo, sin nubes, todo gris en vez de todo azul, con un indefinible amarillor en el horizonte de Poniente… De pronto, salta un estridente crujido de ramas verdes que empiezan a arder; luego, el humo apretado, blanco como armiño, y la llama, al fin, que limpia el humo y puebla el aire de puras lenguas momentáneas, que parecen lamerlo.

¡Oh la llama en el viento! Espíritus rosados, amarillos, malvas, azules, se pierden no sé donde, taladrando un secreto cielo bajo; ¡y dejan un olor de ascua en el frío! ¡Campo, tibio ahora, de diciembre! ¡Invierno con cariño! ¡Nochebuena de los felices!

Las jaras vecinas se derriten. El paisaje, a través del aire caliente, tiembla y se purifica como si fuese de cristal errante. Y los niños del casero, que no tienen Nacimiento, se vienen alrededor de la candela, pobres y tristes, a calentarse las manos arrecidas, y echan en las brasas bellotas y castañas, que revientan, en un tiro.

Y se alegran luego, y saltan sobre el fuego que ya la noche va enrojeciendo, y cantan:

…Camina, María, 
camina José…

Yo les traigo a Platero, y se lo doy, para que jueguen con él.

Juan Ramón Jiménez- “Platero y yo”

(Imagen- Carlo Crivelli)

A LA VERA DEL ARLANZÓN

Van caminando palabras y silencios por el paseo del Espolón, a la vera del río Arlanzón en Burgos, los silencios van más rápidos que las palabras, las palabras suelen ir del brazo o con las manos juntas, los dedos de las palabras se anudan con los dedos de otras manos, se hacen confidencias matrimoniales, se respetan las pausas, se sellan amores, se espera que los dedos tengan paz, no se separen, lleven bien sinsabores y sabores, el andén central de este paseo se llamaba antaño paso de las Acacias y por aquí pasaba la carretera de Bayona a Madrid, aquí acudían los burgaleses a pasear presenciando el paso de las diligencias. Ahora el ruido y la polvareda de aquellas diligencias lo sustituye el agua, este agua del Arlanzón es afluente del río Arlanza, nace en la sierra de la Demanda y atraviesa Castilla y León pasando por Burgos, acompaña el agua a los silencios y a las palabras, los silencios a la vera del río van deprisa, se han comprado zapatillas deportivas para andar a buen paso, cada silencio marcha derecho hacia su destino, apenas habla con sus pensamientos, va con los ojos fijos, las rodillas ágiles, los pensamientos dentro de cada cabeza aceptan este ritmo de marcha, este ir y venir por el Espolón, el agua mansa atraviesa los puentes, lame los pies de las estatuas, refleja las copas de los árboles, de vez en cuando un silencio al pasar levanta la cabeza y corresponde al saludo que le ha hecho una palabra al cruzar a su lado.

José Julio Perlado

(Imágenes— paseo del Espolón en Burgos

EN LOS MOMENTOS DE DESCONSUELO

“ ¿Qué es lo que te ayuda a vivir en los momentos de desconsuelo y de horror? La necesidad de ganar o amasar tu pan, el sueño, el amor, la ropa limpia que te pones, un viejo libro que relees, la sonrisa del sastre polaco de la esquina, el olor de los arándanos maduros y el recuerdo del Partenón — dice Marguerite Yourcenar— Todo lo que era bueno en las horas de deleite sigue siendo exquisito en las horas de desvalimiento. Los que cambian de opinión en la desgracia confiesan con ello que han vivido mal.”

(Imagen —Ferdinando Scianna)

LA LECTURA ÚNICA

”La verdadera lectura — comenta el francés Maurice Blanchot — no discute nunca el libro verdadero, pero tampoco es sumisión al ”texto”. Sólo el libro no- literario se ofrece como una red fuertemente tejida de significaciones determinadas, como un conjunto de afirmaciones reales: antes de ser leído por nadie, el libro no- literario fue siempre leído por todos, y esa lectura previa es la que le asegura una firme existencia. Pero el libro que se origina en el arte no tiene garantías en el mundo, y cuando es leído aún no ha sido leído nunca, sólo alcanza su presencia de obra en el espacio abierto por esa lectura única que cada vez es la primera, que cada vez es la única.”

(Imagen- biblioteca del convento- Palacio de Mafra- ( Lisboa curiosus expedition)

LA BELLEZA EN MOVIMIENTO

“No hay en el mes de junio cielo tan azul —decía el filósofo inglés C E.M. Joad – que no pueda llegarse a uno aún más azul; ninguna puesta de sol es tan hermosa que no pueda despertar en nosotros el pensamiento de otra más hermosa aún. El alma está al propio tiempo gozosa y pesarosa. El velo ha sido levantado tan rápidamente que apenas tuvimos tiempo de darnos cuenta de que había desaparecido antes de que volviera a caer. Pero en el momento mismo de alzarse el velo tenemos una visión de algo que está detrás, que está más allá de él, que pasa antes de que sea claramente visto y que, al pasar, deja detrás de sí un indecible sentimiento de melancolía y anhelo. Solo el místico alcanza una visión en cierto grado duradera, y por ella tiene que pagar inevitablemente un precio.”

(Imagen – taringa. net)

ESTE HOMBRE NO HA MUERTO NUNCA, NO SABE LO QUE ES MORIR

“—¿ Ha visto? ¿Ha visto usted esto? —pronunció absorto, sin levantar su mirada hundida.
Miré aquella fotografía.

—Este hombre al que se le acaba de decir que va a morir en los próximos minutos — murmuró el profesor como si hablara consigo mismo — no ha muerto nunca. No sabe qué es el morir.

Guardó un instante de silencio, y ambos recorrimos aquella figura de rasgos orientales.

— Pienso que si antes hubiera muerto este hombre alguna vez — dijo de pronto Vial— igual que muchas veces ha tenido que sufrir, amar y fracasar, como ha tenido oportunidad de llorar y de reír y de realizar todos los actos de la vida, este rostro tendría ahora una expresión distinta, impensable para mí. — prosiguió el profesor — ; para mí — repitió — , para él y para el resto. Pero este hombre — dijo Vial sin dejar de mirarlo — como todos los hombres, va a morir — esperó —, ¿lo ve?, va a morir por primera y última vez. — Ahora hablaba muy lentamente — . No conoce ”su” muerte. Ni siquiera conoce la muerte, sino por cuantas muertes ( no suyas) ha llegado él a ser testigo. Y ese grupo de hombres a su lado, todos los hombres del mundo menos él, ése que le va a disparar, así como los millares de millones de ojos que estamos observándole a través de la fotografía, es decir, todos los que no somos él y le contemplamos, nada sabemos tampoco del morir — guardó silencio — Es esta ”una muerte” más — hablaba con enorme lentitud —: estampido, fogonazo, caída, inmovilidad perpetua — aguardó — , pero no es la ”esencia de la muerte”.

¿Quién puede comprender tal ”esencia”?— añadió—. Únicamente aquellos que ya han muerto, suponiendo que la conserven consigo tal y como en vida se guardan esencias y vivencias. Ninguno de los que han muerto ha revelado sin embargo esa ”esencia“ al resto. — hizo una pausa—¿La conservan? Nada se sabe. — terminó con tremenda lentitud — Nada se comunica a los hombres con vida.”

José Julio Perlado

(del libro ”Contramuerte”)

(Imagen— foto Eddie Adams- un oficial de policía ejecuta a un presunto miembro del Viet Cong- 1968)

LITERATURA Y PINTURA

A Hemingway le preguntaron en cierta ocasión de quién había aprendido más para escribir y él citó a Tintoretto, Jerónimo Bosch, Breughel, Goya, Giotto, Cėzanne, Van Gogh y Gauguin. y añadió: “He incluido a pintores porque yo aprendo a escribir también en los pintores. Alguien se preguntará cómo sucede eso. Pero explicarlo también nos llevaría un día entero”. Dos Passos declaró igualmente: ”Parte de mi servicio militar fue en el frente italiano. Y allí estaba la pintura. Lo digo porque estoy seguro de que la gran pintura narrativa de los siglos XlV y XV influyó profundamente sobre mis ideas de cómo narrar en palabras una historia.”

(Imagen — Su Tung- P O (Su Shi) ( 1036- 1101)

AL AMOR DE LAS OLAS DE ZINC

“He nacido y crecido en las ciénagas bálticas, al amor

de las olas de zinc, que siempre revientan a pares,

y es de aquí que provienen las rimas, y de aquí, la voz apagada

que se trenza ente ellas como el pelo mojado

si es que aquella se llega a trenzar. Apoyado en el codo,

no distingue el oido el fragor de la roca,

sino el choque de telas, postigos y palmas, anota

teteras que hierven, a lo sumo el gritar de gaviotas.

El alma, en tan llana región, se salva de falsos manejos

por no haber un rincón que te oculte y se ve aún más lejos.

Solamente al sonido el espacio es opaco,

pues el ojo no ha de llorar por la falta de eco.”

Joseph Brodsky— Poema I de ”Parte de la oración”en ”No vendrá el diluvio tras nosotros” Antología poética ( 1960- 1996) (traducción de Ricardo San Vicente)

(Imagen- Zack Seckler)

HISTORIA DEL PARAGUAS

Contaba García Márquez cómo iba naciendo poco a poco dentro de él una historia: ”Es una foto de Hirohito. En ella aparece la nueva emperatriz, la esposa de Akihito. Está lloviendo. Al fondo, fuera del foco, se ven los guardias con impermeables blancos, y más al fondo la multitud con paraguas, periódicos y trapos en la cabeza, y en el centro de la foto, en un segundo plano, la emperatriz sola, muy delgada, totalmente vestida de negro, con un velo negro y un paraguas negro. Vi aquella foto maravillosa y lo primero que me vino al corazón fue que allí había una historia. Una historia que, por supuesto, no es la de la muerte del emperador, la que está contando la foto, sino otra: una historia de media hora. Se me quedó esa idee en la cabeza y ha seguido ahí, dando vueltas. Ya eliminé el fondo, descarté por completo los guardias vestidos de blanco, la gente…Por un momento me quedé únicamente con la imagen de la emperatriz bajo la lluvia, pero muy pronto la descarté también. Y entonces lo único que me quedó fue el paraguas. Estoy absolutamente convencido de que en ese paraguas hay una historia.”

(Imagen — Rui Palha)

COMO REPARTIR MI FORTUNA

“Pertenezco a esa categoría de dilapidadores de fortunas imaginarias. Por lo menos una vez a la semana, la víspera de los resultados de la lotería, celebro una fiesta secreta en la que dispongo pródigamente del premio deseado. En tantos años noto que la manera de disponer de esta fortuna mental — confiesa Julio Ramón Ribeyro en su ”Diario” — carece de fantasía y sigue siempre las mismas variantes. Una parte para mí, otra para mi mujer, otra para mi hijo, exactamente iguales. Una cuarta parte, cuyo montante varía de semana en semana según me sienta más o menos generoso, está destinada a nuestras familias. En lo que respecta a mi parte, reservo un porcentaje para ayudar a artistas y escritores, mediante becas o premios, que les permitan vivir un tiempo con holgura, dedicados completamente a la creación. El resto ya está distribuido: una casa en Lima, frente al mar; un pequeño coche para recorrer el Perú; una buena biblioteca y dinero en algún banco o negocio seguro que me permita vivir sin dependencia el resto de mi vida. Tanto he pensado en esto que diría casi que lo he vivido y si alguna vez me llega no me produciría ninguna sorpresa. Diré simplemente: ” Bueno, ya era hora, procedamos.”

(Imágenes—1- Marinus van Reymerswaele- 1539- museo del Prado/ 2-Marka 2008-Societe realiste bronce- wwork)

LA FLOR SAETA

“No se sabe de dónde salen. De pronto se van y parece que se hayan ido para siempre. Pero un buen día vuelven, invaden grandes extensiones de terreno y, a veces, algún jardín solitario. — escribe Mercè Rodoreda — La planta se parece a la planta del girasol: derecha, con las hojas rasposas y anchas. Flores saeta las hay amarillas, rojas, azules, color de zanahoria, moradas como el ahogo. Parecen hechas de satén. Apuntan al cielo. Si hace viento, se dobla toda la planta. La flor sigue el movimiento sin que el viento la maltrate. Si llueve, cortan la lluvia: las gotas les resbalan por los costados deprisa y corriendo. Las charolan. Y cuando ya han vivido bastante, la planta dispara la flor con la violencia de un tiro. Es una mezcla de colores y de felicidad que huye cielo arriba. No hacen ningún daño. Vuelan altas y desaparecen.”

(Imágenes— 1- Li Shunxiong/ 2- violetas- la coctelera)

EL VIAJE POR EL RÍO

Recuerdo perfectamente el día en que compré aquella nueva edición de “El corazón de las tinieblas”. El texto de Conrad, aparentemente breve —unas ciento cuarenta y cinco páginas— estaba traducido por Sergio Pitol, pero el librero, que me conocía bien desde hacía años, me animó a llevarme precisamente aquel volumen porque, me dijo, llevaba incorporada una interesante introducción que seguramente me gustaría consultar: el paralelismo entre cine y literatura, las correspondencias, y también las diferencias, entre la versión cinematográfica de Coppola y el texto de Conrad. Es como seguir dos viajes, me añadió acompañándome hasta la puerta.

Efectivamente era así. Sentado aquel fin de semana en mi despacho y dispuesto a viajar por el río, me puse enseguida a escuchar el largo monólogo de Marlow en la cubierta del barco, pero pronto me interrumpió Coppola para contarme las dificultades que había tenido para escoger al intérprete de Kurtz : primero había pensado en Al Pacino pero luego tuvo que elegir a Marlon Brando. ”Cuando comencé a trabajar en la película, me decía Coppola, pensé que iba a ser el único film americano que iba a tratar la guerra, y seguí filmando con esa idea. Pero descubrí que muchas de las ideas y de las imágenes con las que estaba trabajando empezaban a coincidir con las realidades de mi propia vida y que yo estaba subiendo por un río en una selva remota, buscando respuestas y esperando en algún tipo de catarsis.”

Seguí río adelante durante toda aquella tarde en mi despacho y escuché la voz de Marlow que me contaba cómo Conrad había escrito ”El corazón de las tinieblas” en poco más de dos meses, entre finales de1898 y principios de 1899. Marlow, narrador y alter ego de Conrad era un marino mercante británico de la década de 1890, que navega por el río Congo al servicio de una voraz compañía comercial belga con el propósito de encontrar a Kurtz, comerciante de marfil desaparecido en extrañas circunstancias.

En ese momento de la lectura del libro en mi despacho vi y escuché las tremendas cargas del ataque al poblado con los helicópteros de la Caballería Aérea de Kilgore con un bombardeo con napalm simulado que, según Coppola, consumió 6.OOO litros de gasolina en tan sólo noventa segundos. Literatura y cine se complementaban. Coppola me seguía diciendo : ”Yo estaba allí, en medio de la selva, y todo el mundo me miraba. Teníamos problemas, no sólo a causa de las terribles tormentas y las tensiones en el trabajo, sino porque habíamos llegado a un punto en el que no podíamos continuar la película. La misma película se convirtió en una especie de Vietnam, yo no podía salir de ella, y la única forma que tenía de salir de ella era a través de una escalada en el estilo, y el film así se fue volviendo cada vez más mítico. No se sabe si Kurtz, el protagonista, es un loco o un héroe. Y seguramente era ambas cosas. Pienso que ése es el verdadero tema de la película, esa dualidad entre el bien y el mal.”

Entonces ya a la caída de la tarde en mi larga lectura del libro me fui acercando poco a poco hasta donde estaba Kurtz. “Kurtz peroraba. ¡Qué voz! ¡Qué voz! Resonó profundamente hasta el mismo fin. Su fortaleza sobrevivió para ocultar entre los magníficos pliegues de su elocuencia la estéril oscuridad de su corazón.(…) La sombra del Kurtz original frecuentaba la cabecera de aquella sombra vacía cuyo destino era ser enterrada en el seno de una tierra primigenia. Pero tanto el diabólico amor como el odio sobrenatural de los misterios que había penetrado luchaban por la posesión de aquella alma saciada de emociones primitivas, ávida de gloria falsa, distinción fingida y de todas las apariencias de éxito y poder.”

José Julio Perlado

(Imágenes— 1, 2 y 3 – Imágenes de la película de Coppola/ 4- Caterine Milinaire- getty images

LOS NIÑOS SON MUY SABIOS

El ilustrador americano Maurice Sendak dedicado a la literatura infantil recordaba estas palabras sobre la infancia: ” los niños tienen un comportamiento instintivo frente a la verdad. Quieren la verdad. Y esto es casi lo único que podemos hacer por los niños, pasarles la verdad que está a nuestro alcance. No podemos salvarles del mundo, no podemos protegerlos de la sociedad, no podemos sino vestirlos, alimentarlos, darles un techo y, por encima de todo, una cosa: no engañarles. Por eso tengo por tan grandes a los cuentos de Grimm porque no mienten. Son la vida, y tienen una calidad estilística tan notable, que igualmente son para adultos. Queremos, como niños, aprender y, en el fondo, tampoco sabemos mucho más que ellos. A pesar de la edad, la barba y el dinero, tenemos idénticas necesidades. Pero somos tan mentirosos que nos obstinamos en no admitirlo.

Y aún algo más: Lo que los cuentos encierran no es, en el fondo, terrorífico para los niños. Ellos lo saben ya, los niños son muy sabios: preservan a sus padres de este conocimiento, pero también sufren al tener que pretender que son niños, porque sus padres lo quieren. Además los padres tienen ideas sobre los niños, a las que los niños se tienen que ajustar.”

(Imágenes-1- Vynn Bulkock/ 2- Francois Joseph Navez- 1831- museo del Louvre)

HEMINGWAY EN PARÍS

“Ernest Hemingway lo describió como era, en los años veinte, cuando el frío se hacía sentir más: árboles totalmente desnudos, que había que mirar como si fueran una especie de esculturas concisas; se ve el soplo del viento en la lámina fina y opaca de los estanques y en el chorro nítido de los surtidores — así lo recuerda Pere Gimferrrer en uno de sus “Dietarios” —.Quien atraviesa el jardín de Luxemburgo, en un día claro, frío y venteado, es el joven Hemingway, pero es el Hemingway viejo quien lo recuerda. En aquellos años, el museo de Luxemburgo era albergue de los cuadros impresionistas que luego fueron trasladados al Jeu de Paume. A menudo, Hemingway, con el estómago vacío, contemplaba un Monet, o un Cézanne: persistentes, los volúmenes plasmados en la tela se iban afilando, como aguzados por el hambre misma, cada vez más, detallados con agudeza obsesiva, como las palabras— esenciales, exactas, verídicas — que el joven Hemingway escribía, eliminaba, condensaba, sustituía en la tersura de un papel tan limpio y abstracto como el cielo de invierno sobre el jardín cubierto de escarcha.”

(Imágenes— 1- París 1929- national geographic/ 2- Montmartre 1947- Paul Almasy)