FOTÓGRAFOS Y ESCRITORES

 

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«Los escritores no muestran, no pintan y no fotografían la realidad, ni lo reconstruido o las invenciones de otro mundo –así quiere recordarlo Goffredo Fofi en su prólogo a «Escritores» (Blume),  un álbum de excepcionales fotografīas -. Para expresarse no se sirven de las imágenes, sino de las palabras (…) Los maestros de la imagen se enfrentan a los maestros de la palabra, y por diferentes que sean sus medios, ambos deben «construir», escoger y montar.

 

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En esta relación, corresponde al fotógrafo la labor más importante, incluso la de hacer notar en el escritor su narcisismo ( lo que quieren comunicar de sí mismos, cómo quieren que se les «vea»). En los casos más logrados ha ocurrido que los escritores han descubierto algo de sí mismos que ignoraban, o sobre lo que no habían reflexionado, gracias a la imagen que de ellos ha hecho un fotógrafo que «sabía ver».

 

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(…) El interés comercial de los fotógrafos en retratar a los artistas, a los escritores o a los filósofos en anteriores épocas estaba en un segundo plano; los grandes fotógrafos pretendían demostrar su capacidad de captar en aquellos personajes algo más que la simple «crónica». Como sucederá más tarde con el extraordinario desarrollo del periodismo, se esforzaban en percibir la originalidad, la diversidad, la » calidad» de los artistas, aquello que los diferenciaba  de sus contemporáneos.

 

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Si, por una parte, resulta apasionante observar cómo los grandes fotógrafos han arrinconado a los grandes pintores, casi robándoles la profesión en una competencia directa, no lo es menos contemplar lo que han buscado en los escritores.

Es cierto que los han retratado en su ambiente, pero se han centrado, sobre todo, en poner de relieve lo que los distinguía y distingue como portadores de una visión, de peculiaridades relacionadas con su origen y, en primer lugar, de aspectos que podemos decir «de categoría».

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En la historia de la fotografía y en la relación que ha tenido con los escritores aparecen cosas singulares. Balzac, por ejemplo, sufría un vago temor cuando quiso fotografiarlo Nadar. «Todo cuerpo en su estado natural – parece que explicó el fotógrafo sobre aquel momento – estaba conformado por una sucesión de imágenes espectrales superpuestas en capas infinitas, envueltas en películas infinitesimales…» Y cuando se le preguntó a Nadar si el temor de Balzac ante el daguerrotipo era real o fingido, Nadar contestó: era real. Por otro lado, como cuenta Susan Sontag, fotografías de escritores cuando aún eran niños revelaban muchos caracteres: Aldous Huxley, por ejemplo, a los ocho años, exhibía ya los enérgicos excesos por los que sería conocido de adulto. La fotografía infantil entregaba numerosos secretos.

 

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(Imágenes- 1-Czeslaw Milosz- británica/ 2.-Joyce Carol Oates- foto Marion Ettinger/ 3.-Arthur Miller- Dennis Stock/4.-Alice Munro- Peter Sibbald/ 5.-Leonardo Sciascia- Ferdinando Scianna/ 6-Raymond Carver- Bob Adelman)

ELOGIO DE LA MANO

 

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«Manos delicadas expertas en el análisis – escribe Henri Focillon en su » Elogio de la mano» -, dedos largos y móviles de razonador, manos proféticas bañadas de fluidos, manos espirituales, donde la inacción misma tiene elegancia, manos tiernas (…); el rostro humano está compuesto sobre todo de órganos receptores. La mano es acción: toma, crea, a veces se diría que piensa. En reposo, ella no es algo sin alma, abandonada sobre la mesa o extendida a lo largo del cuerpo: la costumbre, el instinto y la voluntad de acción meditan en ella, y no es necesario realizar un gran ejercicio para adivinar lo que va a hacer.

 

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Rembrandt nos muestra las manos en toda la diversidad de emociones, de tipos, de edades, de condiciones. ¿Por qué este órgano callado y ciego nos habla con tanta fuerza persuasiva? Él es uno de los más originales, uno de los más diferenciados, como las formas superiores de la vida. Articulado sobre carnes delicadas, el puño tiene por armadura un gran número de huesos (…) En la vida activa de la mano, ella es susceptible de enternecerse o de endurecerse, como es capaz de amoldarse al objeto. El trabajo ha dejado marcas en las cumbres de las manos, y se puede leer, si no los símbolos de las cosas pasadas y futuras, al menos su trazo y cómo las memorias de nuestra vida a veces pérdidas, pueden ser también una herencia lejana. De cerca, la mano es un paisaje singular, con sus montes, su gran depresión central, sus estrechos valles fluviales, sus cordilleras y  sus lagos tan puros y finos como una escritura.

 

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(…) Las manos no son una pareja de gemelos pasivamente idénticos. No se distinguen la una de la otra. Yo no creo absolutamente en la eminente dignidad de la mano derecha. Si la izquierda le falla, la derecha entra en una soledad difícil y casi estéril. La izquierda, esa mano que designa injustamente el lado malo de la vida, la porción siniestra del espacio, aquella que no hace sino reencontrar la muerte o el enemigo, es capaz de cubrir todos los deberes de la mano derecha (…) El arte se hace con las manos. Ellas son el instrumento de la creación, pero también el órgano del conocimiento. Para todo hombre; para el artista, más aún, y según sus caminos particulares (…) La mano toca, palpa, valora el peso, mide el espacio, modela la fluidez del aire y prefigura la forma, acaricia la superficie de cada cosa, y es este lenguaje del tocar el que compone un tono caliente, un tono frío, un tono pesado, una línea dura, una línea suave. Pero el vocabulario hablado es menos rico que el de las impresiones de la mano, y haría falta otro lenguaje para traducir su nombre, su diversidad y su plenitud».

 

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Los detalles de la mano han sido estudiados y tratados por muy diversos autores. Entre ellos destaca el análisis de André Chastel sobre el papel privilegiado del dedo índice de la mano en el Seminario que dictó en el Collège de France de 1977 a 1979 sobre el gesto en el arte del Renacimiento (Siruela). Allí la mano se concentra en cuanto revela un dedo que señala algo esencial en Masaccio, Luca Signorelli, Leonardo, Caravaggio, Poussin o Fra Angélico entre otros. El dedo índice parece desprenderse de la mano, que queda en segundo término, para adentrarse en la petición de silencio sobre los labios o en la íntima unidad de la oración.

Y sobre los pulgares, Montaigne quiso tratarlos igualmente en sus «Ensayos». «Dicen los médicos – escribe – que los pulgares son los dedos dominantes de la mano; los griegos los llamaban la «otra mano», y parece que los latinos los toman en el sentido de mano entera. Se sabe que en Roma apretar y bajar los pulgares era una expresión de favor y alzarlos y desviarlos hacia fuera , lo era de desfavor. También los romanos dispensaban de la guerra a quienes tenían el pulgar herido, como si no pudieran ya coger las armas con suficiente firmeza».

 

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(Imágenes.-1-Paul Rockett- 1956/ 2.- Man Ray/ 3.-Germaine Krull- 1929/ 4.-Helmar Lerski/ 5.-Nicolás Regnier- la buenaventura- 1626- El Louvre- Wikipedia)

JOHN BERGER

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En numerosas ocasiones he hablado aquí de John Berger, el crítico, ensayista y novelista que acaba de morir. Repasando sus libros encuentro sus frases sobre la mirada que yo quise comentar en «El ojo y la palabra». «Uno tiene la impresión – decía Berger – de que las imágenes publicitarias están pasando continuamente ante nosotros, como expresos en camino hacia alguna estación remota. Nosotros estáticos; ellas dinámicas (…) La mirada publicitaria nos propone a cada uno de nosotros que nos transformemos, o transformemos nuestras vidas, comprando alguna cosa más (…) Nos convence para que realicemos tal transformación mostrándonos personas aparentemente transformadas y, como consecuencia de ello, envidiables (…) Ser envidiado es una forma solitaria de reafirmación, que depende precisamente de que no compartes tu experiencia con los que te envidian. Eres observado con interés, pero tú no observas con interés, pues si lo hicieras, resultarías menos envidiable (…) Esto explica en la publicidad la mirada ausente, perdida, de tantas imágenes fascinantes. Miran «por encima» de las miradas de envidia que las sostienen».

Palabras certeras de su obra » Modos de ver’ (Gustavo Gili) que en estos momentos y ante la desaparición de Berger me vuelven a la memoria.

Descanse en paz.

( Imagen – Sipho Mabona – 2014)

SOBRE LOS ESPEJOS

 

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El espejo en la tradición japonesa aparece relacionado con la revelación de la verdad y también con la pureza, como recuerda Jean Chevalier en su «Diccionario de los símbolos«. Pero el espejo siempre será en todas las literaturas y las artes motivo de  profunda fascinación. Ahora se publica una Antología sobre el tema, «A través del espejo» (Atalanta), y la voz de Chevalier y también la de Cirlot nos lanzan a la profundidad de las interpretaciones. ¿Qué refleja el espejo?, se han preguntado algunos poetas. La verdad, la sinceridad, el contenido del corazón y de la conciencia, cada uno de ellos se ha ido contestando. Se ha escrito sobre los espejos mágicos, sobre el espejo como instrumento de Iluminación, sobre el espejo como símbolo solar. Por otro lado, el espejo proporciona a la realidad una imagen invertida. Símbolo lunar y femenino, el espejo en China, anota Chevalier, es el emblema de la reina. Y por otro lado es el signo de la armonía. Un espejo roto significa la separación. Igualmente el espejo octogonal  en China, es el intermediario entre el espejo redondo ( lo celeste) y el espejo cuadrado ( lo terrestre).

 

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El espejo mágico se corresponde a una de las más antiguas formas de adivinación. Se dice que venía de Persia, y Pitágoras, según una leyenda, poseía un espejo mágico que él presentaba a la faz de la luna para adivinar el porvenir.  El espejo mágico permitía leer el pasado, el presente y el futuro. Bajo otros aspectos muy diversos, el espejo ha sido un tema privilegiado en la filosofía. A veces el espejo ha causado terror porque muestra el conocimiento del yo. Recuerda Cirlot que el espejo es símbolo mágico de la memoria inconsciente y en concreto los espejos de mano son emblemas de la verdad. El espejo, sigue diciendo, sirve para suscitar apariciones, devolviendo las imágenes que aceptara en el pasado o también para anular distancias reflejando lo que un día estuvo frente a él y ahora se halla en la lejanía.

 

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Se ha relacionado también el espejo con el pensamiento, en cuanto éste – así lo han afirmado varios filósofos – es el órgano de autocontemplación y reflejo del universo. Y si nos acercamos a numerosos escritores de todos los tiempos el espejo se pasea, a veces obsesivamente, por sus páginas.  Ensayos de Umberto Eco sobre el espejo y el signo o capítulos de Alberto Manguel, entre otros, están dedicados a los espejos. Confesaba Borges en una  entrevista que en su niñez no quería estar solo en su habitación porque tenía horror de los espejos. Se sentía inquieto ante el espejo donde su cuerpo estaba triplicado. Volvió a mencionar esta obsesión alrededor de 1977: «Realmente es terrible  –dijo -que haya espejos. Creo que Poe lo sintió también… nos hemos acostumbrado a los espejos, pero hay algo de terrible en esa duplicación visual de la realidad».

 

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(Imágenes- 1-Robert Campin/ 2.- prosperie- 2013/ 3.-John Singer Sargent – 1858/ 4.-masahisa fucase- ipnagogicosentire)

ANTE EL NUEVO AÑO

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«Conocer el futuro carece de utilidad – dice Cicerón – Es miserable angustiarse sin provecho alguno». «Los arúspices – dice también Cicerón – ven muchas cosas, los augures prevén muchas, muchas son anunciadas por los oráculos, muchas por los vaticinios, muchas por los sueños, muchas por los portentos» (…) «Veo a algunos – escribe a su vez Montaigne en sus «Ensayos»  – que estudian y glosan los almanaques, y que nos alegan su autoridad para las cosas que ocurren. ¿Quién, pues, si arroja todo el día la lanza no acertará de vez en cuando en el blanco? (…) He observado con mis propios ojos que, en los momentos de confusión pública, los hombres, aturdidos por su fortuna, abrazan cualquier superstición, entre ellas la de buscar en el cielo las causas y las antiguas amenazas de desdicha».

Y Plutarco señala ante el porvenir: «el joven debe hacer sus preparativos, el viejo disfrutarlos».

FELÍZ AÑO 2017 para todos

(Imagen-René Magritte)

LECTURA VELOZ Y LECTURA PAUSADA

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«»Hay gentes que van sobre el libro en volandas – decía Alfonso Reyes– y, sin embargo, no puede negarse que lo lean a fondo. Así Napoleón en Santa Elena. De Macaulay se dijo que absorbía los libros por la piel. La leyenda llegó a creer que Menéndez y Pelayo se quedaba con el contenido de una página en un solo vistazo y hasta pasándole los dedos por encima. Sterne se indigna contra estos tragones. Charles Lamb aun quiere una oración de gracias y una gradual preparación de ánimo antes de cada lectura. El Dr. Johnson decía que todo lo había leído apresuradanente en su juventud. Boswell piensa que todo lo rumió después lentamente a lo largo de los años. Y hay otros que, por obligación o por gusto, abren a la vez una novela, un periódico, un tratado de química, un ensayo filosófico, una revista de modas, al tiempo que califican varios ejercicios escolares.

(…) Al libro hay que llegar sin ser sentido. Ejercicio, casi, de faquir. Hay que acallar previamente en nuestro espíritu todos los ruidos parásitos que traemos desde la calle, los negocios y afanes, y hasta el ansia excesiva de información. Entonces, en el silencio, comienza a escucharse la voz del libro, medrosa acaso, pronta a desaparecer si se la solicita con cualquier apremio sospechoso. Por eso Sir Walter Raleigh pensaba que, en cada época, sólo hay dos o tres lectores verdaderos».

 

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(Imágenes- 1- Picasso/ 2-André Derain)

EL POETA LE CUENTA SU VIDA PRIMERO A LOS HOMBRES

 

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«El poeta le cuenta su vida primero a los hombres;

después, cuando los hombres se duermen, a los pájaros;

más tarde, cuando los pájaros se van, se la cuenta a los árboles…

Luego pasa el Viento y hay un murmullo de frondas.

Y esto me ha dicho el Viento:

que el pavo real levante la cola y extienda su abanico,

el poeta debe mover sólo las plumas de sus alas.

Todo lo cual se puede traducir también de esta manera:

lo que cuento a los hombres está lleno de orgullo;

lo que cuento a los pájaros, de música;

lo que cuento a los árboles, de llanto.

Y todo es una canción compuesta para el Viento,

de la cual, después, este desmemoriado y único espectador

apenas podrá recordar unas palabras.

Pero estas palabras que recuerde son las que no olvidan nunca las piedras.

Lo que cuenta el poeta a las piedras está lleno de eternidad.

Y ésta es la canción del Destino, que tampoco olvidan las estrellas».

León Felipe -«Biografía, poesía y destino» – «Ganarás la luz»

 

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(Imágenes.-1.-Ota Janecek- 1961/ 2.-Lesser Ury– 1909- colección privada)

ROMA, FELLINI, RECUERDOS

 

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La primavera vez que llegué a Roma, en 1963, tras dejar mi equipaje en un hotel  de vía del Babuino y cuando me senté a comer al aire libre en una trattoria de Corso Vittorio Emanuelle, estaba muy lejos de imaginar que aquella ciudad fuera a ser mi residencia durante más de dos años. Aquel mi primer viaje estaba previsto como viaje rápido y consistía en principio, y así lo creí en aquella primera semana, en una visita provisional, urgida de exigencias periodísticas, y nunca pensé, disfrutando como estaba de aquel amable mediodía en la trattoria romana, que Roma me fuera a acompañar luego habitualmente. Pero los giros de la vida son inesperados, y dos meses después volvía a Roma con un contrato profesional y tendría que recorrer ya diariamente en razón de mi trabajo calles como vía Condotti o vía Frattina, vía della Mercede o vía del Tritone y tantas otras más. Tenía mi despacho en Piazza di San Silvestro, no lejos de Piazza di Spagna, y cada mañana venía desde lejos con mi pequeño automóvil, en concreto desde un sencillo lugar llamado Piazza Navigatori, al costado de la larguísima vía Cristoforo Colombo. Venía conduciendo y pensando en mis tareas y admirando al pasar las Termas de Caracalla que eran paisaje habitual en mi trayecto. En ciertos días de primavera o simplemente de tiempo espléndido solía detener mi coche cerca de las Termas, y como he hecho en tantas otras ciudades, establecía mi despacho durante una media hora dentro del vehículo y me ponía a escribir o a tomar notas antes de entrar en el centro de Roma y ser devorado por el caos del tráfico. Roma ha sido, todas las veces que la he visitado, una especie de continuación de mi casa madrileña. Es como si al salir de mi portal en Madrid diera unos pasos y ya me encontrara con la prolongación natural de la acera que no era otra que la de vía Margutta, via della Fontanella y, torciendo a la derecha, la Piazza del Popolo. Y en esa Piazza del Popolo, en «Canova», en uno de sus cafés bajo los toldos, recuerdo perfectamente cómo podía contemplarse a última hora de la tarde, las reuniones variadas de gentes del cine y la literatura, directores, actores, poetas y novelistas, Giorgio Basani, por ejemplo, o Visconti, o Carlo Emilio Gadda, o Antonioni, o Mónica Vitti. Y allí acudía de vez en cuando Federico Fellini.

Tengo en la memoria con claridad aquel «Canova» iluminado en la noche frente al obelisco de Piazza del Popolo, con sus mesas de manteles blancos en la terraza, lleno de gente pintoresca, debatiendo con gestos italianos y acento romano proyectos dispares y mil cosas de la vida. Y no podría asegurar si fue en ese café o fue en un libro suyo cuando Fellini quiso preguntarse precisamente: ¿qué es Roma? Y él mismo se respondió: pienso, dijo, que Roma es un rostro confortante porque Roma se permite todo tipo de especulaciones en sentido vertical; Roma es una ciudad horizontal, de agua y de tierra, tendida, y por consiguiente plataforma ideal para lanzarse a vuelos fantásticos.

José Julio Perlado .- ( del libro inédito «Relámpagos»)

 

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(Imágenes- 1-Roma- Cartier Bresson- 1951- Magnum/ 2.-Piazza del Popolo-segwayfuncomecon)

¡ESCRIBA, ESCRIBA!

 

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«¡Escriba lo máximo que pueda! Escriba, escriba, escriba…hasta que los dedos no aguanten más ( en la vida es importante escribir bien) – le dice Antón  Chéjov en una carta a María V. Kiseliova -.   Escriba más, teniendo en cuenta no tanto el desarrollo intelectual de la masa como la circunstancia de que en un primer tiempo le devolverán una buena parte de sus escritos por el hecho de no ser conocida para la «pequeña prensa». Pero no deje que le importunen. Incluso si le devuelven la mitad de sus escritos, entonces será de provecho. Y la vanidad… No la conozco, como usted, aunque  hace tiempo que estoy acostumbrado.

Escriba sobre diversos temas, cómicos y serios, buenos y malos… Haga cuentos, menudencias, chistes, agudezas, etc

Escriba de una sentada, con total confianza en su pluma. Le hablo con honestidad, no de  manera hipócrita: el ochenta por ciento de los editores de la «pequeña prensa» no son nada comparados con usted».

Antón Chejov, Moscú, 29 de septiembre de 1886

(Imagen-retrato de Chejov por Osif Braz. Wikipedia)

NAVIDAD 2016: COPLAS AL DESTIERRO DE NUESTRO SEÑOR PARA EGIPTO (2)

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«Desterrado parte el Niño, y llora.

Díjole su Madre así,

y llora;

callad, mí Señor, agora.

Oid llantos de amargura,

pobreza, temor, tristura,

aguas, vientos, noche escura,

con que va Nuestra Señora,

y llora;

callad, mi Señor, agora.

El destierro que sofrís

es la llave con que abrís

al mundo, que redimís,

la ciudad en que Dios mora,

y llora;

callad, mí Señor, agora.

(…)

Con su Hijo va huyendo,

ya cansado, ya temiendo,

ya temblando, ya corriendo

tras la fe, su guiadora,

y llora;

callad, mí Señor, agora.

(…)

Fray Ambrosio Montesino. -» Coplas al destierro de Nuestro Señor para Egipto» (siglo XVl)

(Imagen.-la huida a Egipto- pintor desconocido- 1460)

W. G. SEBALD Y ROBERT WALSER

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«Empezando unas veces por aquí y otras por allá –confesaba W. G. Sebald -, desde hace años recorro las novelas de Walser, en parte en «Escrito a lápiz», y, siempre que reanudo mis lecturas discontinuas de sus escritos, miro también las fotografías que hay de él, siete estaciones fisonómicas muy diversas (…)  Car Seelig cuenta que una vez, en un paseo con Robert Walser, cuando estaban llegando a la localidad de Balgach, hizo una observación sobre Paul Klee y, apenas había pronunciado ese nombre, vio al entrar en Balgach, en un escaparate vacío, una tabla con la inscripción «Paul Klee: Tallador de candelabros de madera«. Seelig no trata de dar ninguna explicación a ese curioso suceso. Se limita a registrarlo, quizá porque precisamente lo más extraño es lo que más deprisa se olvida».

Es muy interesante pasear del brazo de un gran escritor como W. G. Sebald para alcanzar el ritmo de los paseos de otro gran escritor como Robert Walser. Los pasos y paseos de los admirados y admiradores lectores adelantan su marcha sobre los comentarios y esos comentarios se nos ofrecen siempre llenos de riqueza. Repasando la vida de Walser, Sebald recuerda que » acontecimientos exteriores como el estallido  de la Primera Guerra Mundial no afectaron al escritor suizo. Lo único seguro es que escribe continuamente con un esfuerzo cada vez mayor; también cuando disminuye la demanda de sus textos sigue escribiendo día tras día, hasta el límite del dolor y no pocas veces, creo, un trecho más allá (…) ¿Cómo se puede comprender a un autor que estaba acosado por las sombras y que, con independencia de ello, esparció por todas partes la luz más amable, un autor que escribía humoradas de pura desesperación, que casi siempre escribió lo mismo y nunca se repitió, para quien sus propios pensamientos, aguzados en minucias, eran incomprensibles, que estaba por completo con los pies en el suelo y se perdía incondicionalmente en el aire, cuya prosa tenía la cualidad de disolverse al ser leída, de forma que sólo unas horas después de su lectura apenas se podían recordar los personajes, acontecimientos y cosas efímeras de que se había hablado?».

Si apretamos el paso en las lecturas alcanzaremos primero a Sebald en el camino y Sebald mismo apretará también nuestro paso para alcanzar a Walser en su paseo interminable.

 

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(Imágenes.-1.-W. G. Sebald/ 2.- Robert Walser)

ITALO CALVINO: LA MAGIA DEL CINE

 

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En su infancia, el cine le brindaba dos horas en las que no vivía, un tiempo suspendido, secuestrado del entorno para Italo Calvino. El cine tenía para él – y con estas palabras lo quiso recordar Juan Villoro – esa cualidad mágica de lo que está definitivamente aparte, el oscuro recinto donde las proezas viajan por el aire. Además, los cines de la época ofrecían funciones corridas y el espectador podía empezar la historia en cualquier parte: » ver el inicio de la película cuando ya se conocía el desenlace – recordaba Calvino – brindaba satisfacciones adicionales : descubrir, no la solución de los misterios y de los dramas, sino su génesis». Además, el  puzzle de imágenes de los cines  de barrio ( donde los rollos llegaban a destiempo porque eran llevados en bicicleta desde otro cine) le daría al escritor italiano motivos literarios, aplicados, por ejemplo, en su obra «El castillo de los destinos cruzados».

Siempre la magia del cine. En 1974, Fellini anota Villoro – le pidió un prólogo para sus guiones. «La autobiografía de un espectador» es uno de los textos más personales de Calvino. Habla allí de su caprichosa fascinación por el cine. Ante los libros siempre sintió el autor de «Las ciudades invisibles» un compromiso técnico, la necesidad de descifrar sus mecanismos ; en cambio, el cine le brindó la oportunidad de ser caprichoso y agregó claves a su escritura. «¿Qué había sido entonces el cine, en ese contexto para mí?, se pregunta Calvino. Yo diría : la distancia. Respondía a una necesidad de distancia, de dilatación de los límites de lo real».

Así, la distancia en la mirada tendía a imaginar cuantas posibilidades guardaba la fantasía.

 

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(Imágenes.- 1. Marcello Mastroiani- Chiara Samugheo/ 2.- Godard- Richard Dumas)

NAVIDAD 2016: COMIENZA LA HISTORIA DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR (1)

 

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«De sus entrañas vencido

por nuestro solo interese

y de las tuyas salido

para ser muerto nascido,

por que el mundo renasciese

la divinal majestad

de nuestro muy alto rey,

luego en su natividad

quiso estar por humildad

entre un asno y un buey

¡Oh hijo de Dios eterno!

¿quién piensa tal desvarío

que siendo niño tan tierno

y en lo peor del invierno

no estabas muerto de frío?»

(…)

Fray Iñigo de Mendoza. – «Comienza la historia de la Natividad del Señor»- siglo XlV

 

FELIZ   NAVIDAD  A  TODOS  CUANTOS  LEEN  «MI  SIGLO»

(Imagen.-Natividad del Señor- atribuido a Jan Joest- 1515)

JUAN RAMÓN, AMISTADES Y ENEMISTADES

 

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La historia de las rencillas entre escritores ocuparía varios volúmenes. El ego de los literatos establece a veces unas fronteras difíciles; se une en ocasiones la envidia con la ambición y el resultado nunca es beneficioso.

Contaba el critico y profesor Ricardo Gullón, excelente conocedor de Juan Ramón Jimenez, que el gran poeta español mantuvo varios enfrentamientos con sus contemporáneos. » Odios, no – confesaba – pero en cambio puede hablarse de antipatía o recelos mutuos. En ocasiones Juan Ramón creía que algunos poetas se le oponían y quizá minaban el terreno en que el escritor de Moguer estaba asentado, tratando de reducir su estatura o su valor en relación a la de otros poetas de su edad o poco mayores como Miguel de Unamuno.

El choque mas violento lo tuvo con Neruda. Decía Juan Ramón que cuando Neruda estaba en España, le llamaba por teléfono para insultarle y decirle cosas desagradables. El caso es que Neruda se sintió herido por algunas consideraciones sobre «Poética y poesía» que hizo Juan Ramón en «el Sol» y quiso contestarle de manera muy acre en la revista «Caballo verde para la poesía».
Incidentes parecidos tuvo con Bergamin y menos importantes con Jorge Guillén y Pedro Salinas. Hubo un famoso telegrama a Jorge Guillén: » Retirada amistad y poesía«. Sin embargo los dos eran grandes poetas y habían convivido o mantenido estrecha relación sobre todo en el tiempo en que colaboraban en el suplemento de «La Verdad» de Murcia. Si esas cosas no se cortan, los periodistas – » esos escandaleros de oficio», los llamaba Juan Ramón – al exagerar los incidentes, los desvirtúan por completo.
En cambio, con los llamados «nietos» de Juan Ramón, el poeta de Moguer únicamente ha recibido admiración. Pienso en José Hierro o Pere Gimferrer, o en Octavio Paz, por ejemplo, a pesar de ser muy distintos».

Juan Ramón, inventor de muy bellas palabras como no solamente decir «sonreír» sino «sonllorar» al referirse a episodios de guerra, vivió en algunas etapas de su vida depresiones y grandes altibajos. Las rencillas – nunca nuevas entre los escritores – rasgaron de un modo u otro sus amistades que parecían fuertes y también entrañables convivencias.

(Imagen- Juan Ramón Jiménez -biografías y vidas)

LA BATUTA Y LA MÚSICA

 

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«¿Qué es más importante: la audición o la dirección orquestal? Si la dirección no es más que un empujón a la música que fluye por sí misma, ¿para qué sirve entonces si la orquesta es buena, si está idealmente conjuntada? La orquesta sin director, acariciada como un sueño, forma parte de esa misma categoría de «ideales» de la simpleza europea de la que forma parte el esperanto, lengua universal que simboliza la conjunción lingüística de toda la humanidad- va diciendo  Ósip Mandelstam en su «Coloquio sobre Dante».

Si analizamos cómo surgió la batuta –continúa– veremos que no llegó ni tarde ni temprano, sino en el momento justo, y que llegó como un tipo de actividad nuevo, original, creando en el aire su nuevo territorio. Escuchémos cómo nació la batuta contemporánea o, mejor dicho, cómo rompió el cascarón de la orquesta: 1732 : el compás (el tempo o el pulso) antes se marcaba con el pie; actualmente, por lo regular, con la mano. El director es el conductor. 1753:  el barón Grimm llama leñador al director de la Ópera de París, debido a la costumbre que tiene de marcar el compás de manera que todos lo puedan oír, costumbre que reinaba en la ópera francesa. 1810: en el festival musical de Frankenhaussen, Spohr dirigió, con una batuta hecha de papel enrollado, » sin el menor ruido y sin la menor mueca».

 

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La batuta tardó mucho tiempo en nacer: se le anticipó la orquesta químicamente reactiva. La utilización de la batuta está muy lejos de agotar su utilización. La naturaleza química de las sonoridades orquestales encuentra su expresión en la danza del director, situado de espaldas al público. Y la batuta no es, en absoluto, ni un apéndice administrativo, exterior, ni una singular policía sinfónica que podía ser eliminada en el Estado ideal. No, la batuta no es otra cosa que una fórmula química danzante que integra las reacciones que el oído distingue. Esta batuta invulnerable contiene cualitativamente en sí misma todos los elementos de la orquesta».

(Imágenes.- 1-Max Oppenheimer- 1935/ 2.-orquesta dirigida por Leopold Stolowski)