HOTEL LUTÉTIA

 

Rilke, James Joyce, Jean Anouilh, Nina Berberova, entre otros muchos, pasearon o vivieron en este Hotel parisino, situado en el Boulevard Raspail, y que ahora vuelve a abrir sus puertas tras cuatro años de remodelación. Numerosas anécdotas sorprendentes y pintorescas en torno a este Hotel Lutétia. Nathalie de Saint Phalle, cuando recorre los grandes hoteles literarios del mundo (Alfaguara), cuenta  que en 1929, “Nina Berberova está enganchada con un periodista menesteroso, aunque de esmoquin, a una calesa que deben arrastrar a todo gas entre las mesas, llevando como pasajeros a un acordeonista rumano y un abogado moscovita que, al bajarse, los gratifica con un billete de cien francos por lo mucho que se ha reído. Forma parte todo ello de los festejos anuales del Año Nuevo  ruso que desde 1926 montan espectáculos para recibir donaciones que ayuden a los sabios y a los escritores refugiados…”

 

 

 

Pero años antes, en febrero de 1913, Rilke se impacienta en el Lutétia mientras está instalando un estudio en París. “Toda esa instalación me agobia – escribe -, me despoja de la sensación de estar “en casa” en un sitio cualquiera . Hoy, jueves de la tercera semana de Cuaresma, la gente no quiere trabajar, pero mañana me traerán mis  muebles del almacén. Me quedaré en este hotel absurdo hasta que mi piso pueda acogerme…”

Las paredes y las alfombras de los hoteles guardan una memoria sorprendente. También el Lutétia donde el dramaturgo Jean Anouilh, con ansiedad mal disimulada tras las páginas desplegadas de un periódico, pidió la mano de su mujer...

 

 

(Imágenes -1- Nenad Bacanovic/ 2- Rilke- wikipedia/ 3- Williy Ronis-1953- hackel bury fine art)

UN VERANO CON MONTAIGNE

 

”La lectura acompaña toda mi vida – decía Montaigne -, y me asiste por todas partes. Me consuela en la vejez y en la soledad. Me descarga del peso de una molesta ociosidad, y me libra, a cualquier hora, de las compañías que me fastidian. Sofoca las punzadas del dolor, cuando no es del todo extremo y dominante. Para distraerme de una imaginación importuna, no tengo más que recurrir a los libros; me desvían fácilmente en su dirección, y me la arrebatan. Y, además, no se rebelan por ver que no los busco sino a falta de los demás bienes, más reales, vivos y naturales. Me reciben siempre con el mismo semblante”.

 

 

En el verano de 2012 y a través de la emisora francesa France Inter, el escritor y profesor en el Collège de France y en la Universidad de Columbia, Antoine Compagnon, dedicó unos minutos cada día a hablar de Montaigne. El éxito de sus reflexiones se convertiría después en un libro, “Un verano con Montaigne” (Paidós), que pronto se transformó en una obra enormemente comentada y apreciada. Se unían, pues, el verano y la lectura, exactamente los ecos de la lectura de un clásico : “la gente – confesaba algo asombrado Compagnon –  estaría tumbada en la playa o tomando un aperitivo antes de comer, y oiría hablar de Montaigne por la radio.” Nunca es tarde para leer un clásico. Los veranos bien pudieran ser tiempos de reelectura. Veranos quizá con sorbos de Pascal, con máximas y consejos, con poemas casi olvidados y ahora recobrados, con pensamientos célebres. Montaigne lo demostró en su día a través de la radio, en medio de las playas y los campos, y abrió una caja de sorpresas.

”La lectura de todo buen libro –así lo recordaba Descartes– es como una conversación con los hombres que lo han escrito, lo más esclarecedor de los siglos pasados; una conversación selecta en la cual no nos descubren sino sus mejores pensamientos.”

 


 

(Imágenes -1- Ferdinando Scianna/ 2- foto Patrick Andrade – New York Times/ 3- Claude Monet – 1886)

FOTOGRAFÍA Y CONCENTRACIÓN

 

 

“Tengo fotografías reveladoras en este despacho donde trabajo. Las he colocado hace tiempo entre libros porque son para mí  estimulantes. Tengo, por ejemplo, esta fotografía de Italo Calvino, que creo le hizo Sebastiao Salgado. Está Calvino aquí acodado sobre su mesa de trabajo, sentado al aire libre, concentrado; el brazo izquierdo lo tiene muy cerca de su cabeza y la mano izquierda como envolviendo toda su cabeza, como sujetándola y sujetando su cráneo, como si no quisiera que se le escapasen las ideas; el codo de su camisa aparece apoyado en el manuscrito que escribe y que va corrigiendo con un pequeño bolígrafo. Es toda una imagen de concentración.

De Calvino admiro su rompimiento con todo lo que escribió anteriormente, con el realismo, y cómo se lanza a crear su trilogía “Nuestros antepasados”, que es un prodigio de audacia y de fantasía. Y también de humor. Y me atraen también sus “Seis propuestas para el próximo milenio”. Todo lo que sea creación audaz, nuevos caminos, me ha interesado siempre.

 

 

Me detengo igualmente ante esta otra fotografía colocada en otro  ángulo de la habitación. Se trata de Virginia Woolf sentada en la butaca de su cuarto, escribiendo. Se la hizo su marido, Leonard Woolf, en 1932, cuando ella tenía cincuenta años. Está aquí, en esta habitación de madera en su casa de campo, en Monk ‘s House; sentada en esta butaca tapizada en estampado a cuadros, con un almohadón para apoyar los hombros, cerca de una ventana que da al jardín. Son los meses en que empieza a concebir “Los años” y los meses también en que está escribiendo su novela sobre un perrito, “Flush”.

He admirado siempre a Virginia Woolf. He admirado su audacia como escritora, su constancia, su lucha por concentrarse en la creación a pesar de todos sus problemas.

Un año antes de esta foto había publicado “Las olas”, que había sido muy elogiada. Pero en ese año de 1932, en julio, había sufrido un desvanecimiento y su corazón, como ella decía mientras escribía con rapidez, se le desbocaba como un caballo.

Dos fotografías que suelen acompañarme. Dos recordatorios de concentración”.

José Julio Perlado – ( del libro “Relámpagos”) (texto inédito)

(Imágenes- 1- Italo Calvino – Sebastiao Salgado/ 2- Virginia Woolf – por Leonard Woolf)

LAS ESTRELLAS

 

 

”Cuando llega la noche

me quedo escuchando en la escalera,

las estrellas se arraciman en el jardín

y yo estoy en la oscuridad.

¡ Escucha, retiñe una estrella al caer!

No salgas descalza a la hierba

mi jardín está lleno de púas.”

Edith Södergran – “ Las Estrellas” -(Poemas- 1916)  ( edición de Jesús Pardo)

 

 

(Imágenes-1- Shalginandrey dreamstine/ 2-Emil Nolde. 1945)

PROFESIONES Y TRABAJOS

 

 

“Me siento más feliz y más integrado – confesaba Paul Auster – cuando estoy trabajando, cuando estoy escribiendo, cuando estoy ocupado en un proyecto. No es que escribir sea fácil; puede ser tremendamente difícil, pero incluso el esfuerzo vale la pena. A veces me pregunto: ‘¿Por qué hago esto? ¿Qué sentido tiene escribir libros, pasarme así la vida?”. La única explicación a la que he llegado alguna vez, lo único que tiene cierto sentido para mí, es que para escribir tienes que dar todo lo que tienes. Es un esfuerzo total, y has de exponerte por entero, tienes que dar y dar y dar. Y debes hacer un esfuerzo máximo todos los días. Creo que hay pocos trabajos en el mundo que te exijan tanto. En cualquier otra profesión puedes escaquearte. Contar con establecer ciertos hábitos, echar mano de la pereza, tener días en los que no necesites realizar el máximo esfuerzo, tanto si eres abogado, como médico, barrendero o fontanero. Así que cuando me levanto del escritorio al final de una jornada de trabajo, aunque no haya conseguido nada, aunque haya tachado hasta la última línea que haya escrito, puedo al fin levantarme y decir : “ He dado todo lo que tenía. Estoy agotado, y he hecho todo lo que he podido”. En cierto sentido, vivir con ese nivel de intensidad hace que te sientas más humano.”

 

 

(Imágenes-1- tadega – net / 2- centro de Manhattan – Christopher Rini)

MADRE, VERANO, YO

 

 

”Mi madre, que odia las tormentas,

agarra cada día de verano y lo sacude

con suspicacia, por si asoman

cúmulos de nubes oscuras como uva;

pero cuando llegan las tormentas de agosto

y comienzan las lluvias, y la quebradiza escarcha

purifica el aire desierto de pájaros,

su preocupación veraniega desaparece.

Y yo, su hijo, aunque nacido en verano

y amante del verano, sin embargo

m siento más a gusto cuando caen las hojas;

los días de verano parecen demasiado a menudo

emblemas de una felicidad perfecta

que soy incapaz de afrontar: debo esperar

una estación menos osada, menos exuberante y despejada:

el otoño parece más apropiado.’

Philip Larkin -(1953) -(edición de Damià Alou)

 

 

(Imágenes – 1- Peter Max – 1990/ 2- William Merrit Chase- 1885-artnet)

NO SÉ QUÉ ES UN LIBRO

 

 

“No sé qué es un libro – contaba Marguerite Duras -. Nadie lo sabe. Pero cuando hay uno, lo sabemos. Y cuando no hay nada, lo sabemos como sabemos que existimos, no muertos todavía (…) Creo que lo que reprocho a los libros, en general, es eso : que no son libres. Se ve a través de la escritura: están fabricados, están organizados, reglamentados, diríase que conformes. Una función de revisión que el escritor desempeña con frecuencia consigo mismo. El escritor, entonces, se convierte en su propio policía. Entiendo, por tal, la búsqueda de la forma correcta, es decir, de la forma más habitual, la más clara y la más inofensiva. Sigue habiendo generaciones muertas que hacen libros pudibundos. Incluso jóvenes: libros “encantadores”, sin poso alguno, sin noche. Sin silencio. Dicho de otro modo: sin auténtico autor. Libros de un día, de entretenimiento, de viaje. Pero no libros que se incrusten en el pensamiento y que hablen del duelo profundo de toda vida, el lugar común de todo pensamiento.”

 

 

(Imágenes-1-Felix Vallotton/ 2- Jonathan Wolstenholme)

¿DÓNDE DESEARÍA VIVIR?

 

 

El cuestionario Proust, tan repetido y comentado en muy diversas ocasiones, arrojaba en una de sus respuestas el lugar real o fantástico donde desearían vivir muchas gentes consultadas. El mismo Proust confesó que le agradaría vivir “allí donde ciertas cosas que yo quisiera se realizaran como por arte de magia y alli donde los encantos siempre fueran compartidos”. El músico Luis de Pablo escogía para vivir su propia casa de Los Berrocales; el escultor Amadeo Gabino,  decía: “ vivir donde estén mis amigos”; otro escultor, Martin Chirino, deseaba vivir “aquí, allá, en cualquier lugar, pero a la vez”; Alejo Carpentier, declaraba que “para mí no hay ciudad más grata en el mundo que La Habana donde nací. De ahí soy y, como decía Pascal, “el corazón tiene razones que ignora la razón”; la actriz María Casares aspiraba a vivir “frente al océano o en el desierto”; el pintor Antonio Saura, prefería vivir “en Cuenca y en París”; Mercè Rodoreda, en la montaña; Octavio Paz confesaba que quisiera vivir en Middle Earth; Alberti, “en una torre o azotea frente a la bahía de Cádiz. O en Roma”; Jorge Guillén, en Florencia la mayor parte del año;  Narciso Yepes comentaba: “no importa dónde si es con los que amo”.

Uno va leyendo estas cosas y se pregunta  al fin dónde desearía vivir. A lo mejor en el lugar en el que uno está viviendo, a lo mejor en encuadres fantásticos, a lo mejor en lugares reales que uno conoció  y en otros que jamás ha visto.

 

 

(Imagen – 1 -Marcel Proust/ 2- Florencia- puente viejo -Telémaco Signorini- 1860)

CONFIDENCIAS DE DELACROIX

 

 

“El pintor es mucho más dueño de lo que quiere expresar que el poeta o el músico, que están en manos de sus intérpretes; – lo escribía así en su “Diario Eugene Delacroix  el 20 de octubre de 1853 , a los 55 años – ; la obra del pintor no se halla sometida a las mismas alteraciones, en cuanto a la manera en que es comprendida en diferentes tiempos. La moda que cambia, los prejuicios del momento, pueden hacer que su valor sea considerado de un modo completamente diferente; pero, en fin, siempre es el mismo: queda tal y como quiso el artista que fuese, mientras que no ocurre lo mismo con una obra que se ve sometida a la libre interpretación, como las obras de teatro.”

 

 

Seis dias después escribe: “no hay que tener demasiada benevolencia en el caso de los genios singulares, hacia lo que se ha llamado sus negligencias que hay que llamar más bien sus lagunas, no pudieron hacer más que lo que han hecho. A menudo han sufrido mucho en trozos que son muy débiles o muy desagradables. Este resultado no parece ser raro en Beethoven cuyos manuscritos están tan corregidos como los de Ariosto.

 

 

La gran exposición actual del Louvre sobre Delacroix lleva a releer su apasionante Diario. “Los accesorios – dice el 3 de Julio de 1861 –  contribuyen enormemente  al efecto y, sin embargo, hay que sacrificarlos siempre. En un cuadro bien ordenado lo que llamo accesorios es algo infinito. No solamente los muebles, los pequeños detalles de los fondos son accesorios, además de los ropajes y hasta las mismas figuras, y en las figuras principales, algunas partes de ellas. En un retrato en que aparecen las manos, estas mismas son accesorio.” Y el 8 de marzo de 1860: “ todo hombre de talento que compone no debe de tratarse como un enemigo. No hay que ser demasiado exigente. Debe de suponer lo que la inspiración le ha dado su valor. El hombre que vuelve a leer y que tiene la pluma en la mano para corregirse es en mayor o menor grado un hombre diferente que el inicial. Hay dos cosas que debe enseñar la experiencia : la primera, que hay que corregir mucho; la segunda, que no hay que corregir demasiado.”

 

 

(Imágenes -1- Delacroix – fotoarte/ 2-  Chopin – por Eugene Delacroix – wikipedia/ 3- Delacroix -Barca de Dante / 4-  Delacroix- Retrato del barón Schwiter)

MÁSCARAS DE FRANCISCO MATEOS

 

 

Le recuerdo muy bien a Francisco Mateos cuando nos visitaba en aquellas habitaciones casi escondidas de “La Estafeta Literaria”, en los bajos del Ateneo de Madrid. Era en torno a 1960. Subía los escalones del Ateneo, atravesaba el bar, se perdía en pasillos subterráneos y se entretenía hablando con Rafael Morales, con José Hierro o conmigo mostrándonos sus dibujos y sus máscaras. En el Ateneo había expuesto  veinte cuadros con una exaltación  de color, con temas de brujas y de mascaradas con aglomerados de gentes metidos en graciosas pantomimas, además de sus mendigos y sus locos.

 

 

“Cada uno de nosotros – decía Mateos – tiene un ángel vigilante, por él tenemos los premios y los castigos. Él fue el que me dio, por ejemplo, la medalla de oro de la crítica de arte y otras cosas, condicionado a que el vértigo del arte no me atrapase.”

Ahora la galería Orfila de Madrid, con motivo de su cuarenta y cinco aniversario como galería, dedica a Mateos un importante espacio y su figura vuelve a mi memoria evocando nuestras charlas en la calle del Prado. “Mis personajillos – confesaba el pintor – pueden estar vestidos con ropas vergonzantes, pero tienen fe, y ríen, y cantan, y bailan, como cualquiera de nosotros en sueños. Yo he creído siempre en ellos y he empleado mi vida en una síntesis popular; un arte cuya médula fuera el hombre de la calle, con sus ideas y acciones viitalmente espontáneas y llenas de sinceridad. Creo en el hombre llano, porque tiene fe en un mundo limpio y hasta milagroso: creo, en fin, en una pintura de la que ya informaron los Primitivos; en la que nunca entró el color leproso, ni el tema impuro”.

 

 

“El arte – decía también Francisco Mateos – no es un mero entretenimiento cuando algo vivo se tiene en el espíritu. Nos rodea abundante riqueza histórico- intelectiva en la pintura; empero, no es menos riqueza la que nos informa del bullir y la algarabía que lo coetáneo de la calle nos enseña. Se aprende, no a ver, sino a ser. Ser éste y aquel; ser todo, en fin, y después de meternos en sus nervios, inventarnos, con unos signos y colores, no lo que hemos visto, sino lo que hemos sentido.”

 

 

(Imágenes- 1- Francisco Mateos- la ventana del arte/ 2- Francisco Mateos – colección Gaya Nuño/ 3-  Francisco Mateos – Fundación Telefónica/ 4- Francisco Mateos – 1970-  la ventana del arte)

HOJITAS DE PAPEL

 

 

“Yo escribía mis poemas – decía el poeta italiano y Premio Nobel de Literatura, Eugenio Montale – en hojitas de papel. Unas veces las conservaba, otras la muchacha las tiraba como basura. Esto asemás porque nunca he tenido hojas de papel. Aún hoy, cuando tengo que escribir una carta, tomo ese papel que da el periódico y que es el peor papel italiano, el más económico. Luego no se puede borrar  ni siquiera con la goma, porque se hacen manchas horribles. Así pues, divido en dos partes la hoja y allí escribo, siempre disculpándome  por el papel. Una vez, el profesor Molaioli, apiadándose por mi caso, me mandó un paquete de papel precioso. Pero ese es demasiado bonito.  Debe de estar allí todavía. Sería menester escribir en él autógrafos inmortales. Entonces, escribía en pedacitos de papel, a veces hasta en billetes de tranvía. Pero no sólo apuntes. Nacían en ellos partes enteras de poemas (…) Pero sigo escribiendo. He escrito poesías durante treinta y cinco años. Son muchos. De hecho ya habría debido morirme. Los grandes poetas mueren pronto. Se ve que soy un poeta muy pequeño, puesto que no muero. Hay excepciones. Víctor Hugo produjo en la vejez. Yeats escribió en la vejez. Pero, ¿por qué? Porque de joven no había encontrado todavía su fisonomía. Comenzó a encontrarla a los cincuenta años.”

(Imagen – Gerhard Richter)

MIRÓ EN LOS TIEMPOS DE PARÍS

 

 

“Fue André Masson quien me presentó  a Hemingway– contaba Joan Miró – . Enseguida se interesó por mi obra y sobre todo por “La Masia”. Hicimos gran amistad. Él vivía entonces en rue Notre Dame – des- Champs. Era cordial, simpático. Pobre como yo. Los dos lo pasábamos muy justo. Y para ganar algún dinero, Hemingway hacía de “sparring” de los pesos fuertes. Yo también hacía deporte. Me ayudaba a mantenerme en forma y a tener la cabeza despejada por completo. Solía acudir al gimnasio del Club Americano en el boulevard Raspail, y boxeaba con Hemingway.”

 

 

Se lo contaba así  Miró a Lluís Permanyer y él lo recogió años más tarde en “Los años difíciles” . “Yo boxeaba con Hemingway – decía el pintor – al igual que los demás. El pegaba. Pegaba duro. No a mí, claro. Formábamos una pareja muy divertida: él tan fornido y yo tan chico. Entonces mi horario de trabajo era el de siempre. Siempre he sido muy metódico. Solía  levantarme temprano, bastante temprano. Hacía yo mismo la limpieza del taller. Lo tenía muy ordenado. Yo trabajaba sin descanso, cada mañana y cada tarde. Me costaba concentrarme. El taller de Masson era contiguo al mío, sólo nos separaba una delgada pared. Se oía todo. El vivía entonces con Odette, la que fue su primera mujer, y solían mantener, con admirable regularidad, acaloradas discusiones. Parecía como si los tuviera en mi propio taller. Tenía que hacer grandes esfuerzos para poder concentrarme en mi trabajo.

 

 

Mis diversiones eran el deporte y salir con los amigos. A unos pocos metros del taller de la rue Blomet había un café en cuya trastienda funcionaba un baile negro. Allí acudíamos a menudo. También nos pasábamos horas y horas charlando en la Rotonde. Fue centro de reunión de los Picasso, Modigliani… Recuerdo también que solía ir a cenar “Au Nègre de Toulouse”. Joyce iba casi cada día. Hemingway me lo presentó. Era un tipo un poco raro, poco comunicativo. Le acompañaba siempre su hija, que le hacía de secretaria. Él estaba muy mal de la vista. Frecuenté la librería Shakespeare and Company. Hemingway acompañó a Sylvia Beach a mi taller.

 

 

Es difícil explicar lo que yo sufría cuando tenía que trasladar mis telas de un lado a otro de París. Al oír el ruido que hacían, colocadas sobre el techo del taxi, lo pasaba muy mal, porque temía que se estropearan.

Por mediación de Hemingway conocí a Gertrude Stein. A ella nunca le interesó lo que yo hacía, pero siempre se mostró muy hospitalaria. Stein, tan gorda, en todo momento iba acompañada de su amiga Toklas, que era como un pajarillo”.

 

 

(Imágenes -1-Joan Miró – 1927- metropolitan museum/  2- Hemingway/ 3- Joan Miró- 1934- metropolitan Museum/ 4- James Joyce y su hija Lucía/  5- Joan Miró -1925)

VERANO 2O18 (1) : JOHN KEATS

 

 

“El mar conserva sus susurros a lo largo

de orillas desoladas, y con su recia marea

inunda veinte mil cavernas, hasta que el encanto

de Hécate les deja su sombrío sonido.

A menudo encuentra su temple calmado

y durante días apenas se mueven las conchas

diminutas de allí donde al fin quedaron,

cuando se desataron los vientos de los Cielos.

Vosotros que tenéis los ojos cansados y doloridos,

alegradlos ante la inmensidad del mar;

vosotros que tenéis los oídos silenciados por el estruendo

o demasiados hartos de pesadas melodías,

sentaos junto a una vieja caverna y meditad

hasta que os sobresalten los cantos de las ninfas.”

John Keats – “Al mar” (edición De Francisco Ruiz Casanova)

 

 

(Imágenes -1- Childe Hassam/ 2-Miguel Rita)

VIEJO MADRID (80) : EL CINE CALLAO

 

 

“Por la tarde, vamos al cine del Callaoescribe Arturo Barea – . Este cine es una barraca muy grande de madera y de lona. En la puerta tiene un órgano con muchos tambores, flautas y cornetas, y unas figuras vestidas de pajes, que dan vuelta sobre un pie, hacen una reverencia con la cabeza y tocan un instrumento con las manos. Una tiene un tambor, otra una lira de timbres y otra una pandereta. Encima de todas hay otra con una batuta que dirige la música.

 

 

Dentro el cine está lleno de bancos de madera y en el fondo está el telón y el explicador. El explicador es un hombre muy gracioso que va explicando la película y que hace chistes con las cosas que aparecen en la pantalla. La gente le aplaude mucho, sobre todo con las películas de Toribio. Toribio le llama la gente, pero es un  francés que se llama André Deed y que siempre hace cosas de risa. También hay películas de Pathé de animales y de flores, donde se ve cómo viven los bichos y cómo crecen las flores. Una vez he visto un huevo de gallina, con su clara y su yema muy  grandes que llenaban el telón. Se empezaba a mover despacio y a cambiar de forma. Primero salía como un ojo y luego se iba formando el pollito, hasta que ya estaba formado y picaba el huevo, lo rompía y salía con un cacho de cáscara pegado atrás. También se ve a los reyes en las carreras de caballos  y otras películas de los reyes que hay en el extranjero y de otras personas.

 

 

El dueño del cine, que ya nos conoce, es un hombre muy bueno que ha estado muchos años en Francia. Se llama Gimeno y a los chicos les cobra los jueves por la tarde que no hay colegio, cinco céntimos por entrar. Cuando ve que algún chico da vueltas alrededor del órgano sin entrar, le pregunta:

—¿Por qué no entras?

—No tengo cuartos – dice el chico.

Lo mira y si no es un golfillo le dice:

—Anda, pasa.

Otros chicos que no tienen cuartos se los piden a la gente que pasa por ahí, y muchos por una perra chica les compran el billete de entrada. Así que los jueves se llena el cine de chicos; los pasillos también, donde se ponen de pie los que ya no caben en los bancos. Las personas mayores no quieren ir los jueves por el escándalo que se arma, porque todos los chicos chillan y alborotan. Pero el señor Gimeno es el día que más disfruta. Lo mismo le pasa al explicador, los jueves es el día que hace más chistes y cuenta más historias disparatadas.”

 


 

(Imágenes -1- madrid ayer, hoy y mañana/ 2- cine Callao- flores en el ático/ 3- plaza de Callao – wikipedia/ 4- Gran Via – aga- el mundo)

CASAS HECHIZADAS

 

 

Una larga lista de casas hechizadas proporciona Jacobo Siruela en su prólogo  a la “Antología universal del relato fantástico” (Atalanta). Casas de muros con misterio, de puertas con enigma o de suelos apoyados en sueños. “Un escritor indio, Nayer Masud – doctor en urdu y persa, catedrático de literatura y traductor de Kafka y de la literatura persa –  ha descrito en “Lo oculto” – (así lo comenta Siruela) -, cómo un joven de la India contemporánea, que ha conseguido un trabajo relacionado con la inspección de viviendas, descubre asombrado que en ciertas habitaciones hay zonas que provocan miedo o un deseo desconocido. Tan sólo se trata de una sensación, pero es tan intensa que el protagonista le concede una total credibilidad”.

 

 

 

El castillo de Otranto”, la casa Usher, la mansión de “Otra vuelta de tuerca”, el hotel de “El resplandor” de Stephen King o la larga enumeración de casas embrujadas ocupan un lugar central en la literatura fantástica : son casas hechizadas que constituyen un motivo clásico de la literatura vitoriana, herencia de la novela gótica. Siruela añade que la realidad, el tamaño o la forma carecen de importancia. Algunas historias nos hablan de cierta cualidad especial que tienen los lugares, y que los antiguos romanos llamaban “genius loci”.

Entre el fantasma, la metamorfosis, el tema del “doble”, la magia o el autómata, ahí se cuela y adquiere inusitada grandeza y dimensiones profundas la casa hechizada, porque si ya de por sí toda casa es un recinto donde vivió durante largos años el tiempo pasado con su multiplicidad de personajes y de enigmas, ahora, tocada de pronto por la varita del hechizo, los muros transforman su realidad en sueños y los sueños nos envuelven en sombras.

 


 

(Imágenes -1- Ida Outhwaite/ 2-Albert  Lorieux/ 3-  Alexandre Rabine -1989- artnet)

¡QUÉ LEJOS EL AYER!

 

 

“l Qué lejos el ayer! Nuestro pasado

a infinita distancia del presente.

Lo que se ha ido, próximo o lejano,

hoy nos parece a similar distancia.

Lo que ha de ser, qué lejos de este sitio

en que podrá decir : yo soy ahora.

Como una ola que a otra ola engulle

antes que nos alcance, así es el tiempo

cuya esencia consiste en no ser nada.

Por igual tiraniza nuestra suerte,

que no puede evitar ni un sol destruido

ni retrasar un truco en su llegada.

Así es el tiempo que a morir nos lleva.

Lo sabe el corazón y de ahí su miedo.”

Fernando Pessoa-“ 35 sonetos” (traducción de Francisco Barrionuevo)

 

 

(Imágenes -1- Kandinsky – 1910/ 2- Henri Matisse- 1938)