VENECIA (y 3) : LOS RUIDOS, LAS PISADAS

Venecia tiene un color serio a pesar de su abigarrada, inaudita y prodigiosa arquitectura. Blancos, negros, grises  sobre Venecia. El resto de los colores, los más vivos, con alguna excepción, los aporta el turismo — el rojo de los toldos a orillas del canal, los farolillos amarillos de los restaurantes, el verde, el fuerte azul de los vestidos que llevan de aquí para allá americanos y europeos — . Venecia, en cambio, de modo general, es blanca, negra, gris. Estoy seguro de que alguien habrá definido ya las góndolas como ligeros ataúdes flotantes. Vacías, cabeceando entre los altos palos de las embarcaciones, aguardando a la próxima romántica pareja, aparecen extrañamente negras, como cajas de muerto labradas con esos raros dibujos sobre la madera con la que los fallecidos más famosos desean inexplicablemente viajar al cementerio. Todo esto puede dar una impresión macabra. Pero Venecia no es triste: es inexplicable, irreal,  montada sobre la sorpresa y la fantasía. Cada día se asoman a su historia, en donde el recuerdo del “Dux” y del Consejo de los Diez vuelve a aumentar los tonos severos, hombres y mujeres que vienen en busca del pasado a navegar por unas calles abiertas en el agua, a navegar en silencio. Curiosos estos ruidos de Venecia. El oído humano, acostumbrado a la tensión del tráfico y a su trepidación, encuentra aquí sonidos distintos:  el motor ronco, no muy fuerte, de las motonaves de pasajeros, un levísimo chapoteo en el agua:  el único remo de estos gondoleros, uniformados con jerseys a listas, inclinándose e irguiéndose: todo a un ritmo acompasado, como un rito, un movimiento  permanente realizado con sumo cuidado para rendir pleitesía al turismo y elevar la cifra de las divisas. Estos  son los rumores venecianos. Y las pisadas. Pisadas de hombres. Los hombres sobre los puentes, en el laberinto de las estrechas calles;  los hombres andando por fin con total libertad, sin semáforos, sin el sobresalto de los claxons;  los hombres pisando y paseando sobre la tierra. En su reino.

José Julio Perlado

imágenes- 1- gondoleros de 1494/ 2- wikipedia

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