
No de los grandes ríos sino de los pequeños, los ríos que caben en los sueños. Yo he soñado muchas veces que me metía en un pequeño río con mis botas de goma hasta la cintura y tendiendo la caña en el aire, lanzándola en arco hacia lo desconocido, intentaba engañar a una boca de pez que pasaba asombrada de tantas hojas de un verde fulgurante y de tantas ondas circulares, tantas maravillas de la corriente. Siempre me ha gustado pescar y nunca he pescado. ¿Por qué? Pues es una pregunta a la que no sé contestar. Amo — o intento amar — la paciencia, la paciencia me ha acompañado durante años de escritor, he lanzado la caña de mi pluma en la corriente de las palabras, han venido fluidos los pensamientos, me he levantado temprano para poder pescar al amanecer, estaba la habitación entre claridades y penumbras, y detrás de las rocas, culebreando entre arenas, podía haber un pez plateado ( y lo había) que venía hacia mí con ojos saltones y escamas resbaladizas y mi pluma lo iba llevando hasta el cuaderno. Me acuerdo siempre de aquellas mañanas solitarias — tenía todas las disposiciones para pescar: la soledad, la paciencia, el cuaderno —, mis hijos aún estaban acostados, no habían encendido aún las luces de las oficinas y el pez iba y venía, sin atreverse a morder el anzuelo, receloso, desconfiado, le habían dicho sus padres los peces viejos que desconfiara de los escritores al amanecer porque estaban muy pagados de sí mismos y se creían ya los reyes del mundo, otra cosa era por las tardes, cuando estaban cansados porque creaban historias que no acababan de convencer y entonces el escritor se desanimaba y el pez se acercaba al anzuelo.

Por eso voy despidiéndome de los ríos. De un pequeño río en el valle de Lozoya, de un pequeño río en Asturias, de un río diminuto en el Pirineo. Yo me ponía en cuclillas junto al agua de los tres ríos distintos y eso que hacemos los escritores con las aguas lo hacía yo en la cuenca de mi mano haciendo pasar el río de Asturias al de los Pirineos y el de los Pirineos al de Lozoya : los tres juntos. No sé, adonde vaya ahora, si hay allí ríos y ni siquiera si hay sueños. Pero agradezco a esta tierra que durante años me haya permitido calzar las botas hasta la cintura y meterme en el agua, y escribir y pescar y volver a pescar y a escribir en amaneceres llenos de misterio.
José Julio Perlado

imágenes- wikipedia
Estimado profesor:
Soy Aurora Pimentel Igea, no tengo otro medio de escribirle que dejarle aquí un comentario que espero que lea. No tengo un correo suyo y me gustaría mucho poder escribirle en privado. Le intenté dejar otros comentarios hace tiempo, pero no los vi publicados.
Le leo cada día porque estoy suscrita a su blog.
Es Vd. un ejemplo para mí por su constancia. También por su mirada. Por muchas cosas.
Leí «El viento que atraviesa» hace año y medio, lo encontré en Iberlibro, me pareció una novela preciosa de paso de la juventud a la madurez. Creo que he leído todas sus novelas, también algunas partes de lo que Vd. tiene como germen de novelas en su blog. La parte de Tertulias en el cielo que he leído estos años es preciosa, este «despedirse» de ahora también me conmueve.
Profesor, me gustaría mucho darle las gracias. No sé si se acuerda que fuimos «colegas» en la Univ. Villanueva, yo daba clases de Relaciones Públicas. Luego nos vimos también algún día en las tertulias que organizaba Pedro Antonio de Urbina, recuerdo sus comentarios en alguna de ellas, su mirada. Luego fue Vd. profesor mío en unas clases de escritura que dio Vd. en la librería Diálogos de Rocío, justo al lado de donde tenía el estudio aquel Pedro Antonio. Aprendí mucho en esas clases. Aprendí lo poco que sé de escritura, que me encanta.
Nada más quiero agradecerle sus textos. Su blog. Sus novelas. El año pasado acabé un Máster en Humanidades en la Francisco de Vitoria y abordé una disciplina preciosa que se llama «Estética de lo cotidiano». Creo que mucho de lo que Vd. escribe puede verse por ese prisma de experiencia estética de lo cotidiano.
Estoy cursando ahora un Máster de Escritura que me tiene un poco desilusionada, la verdad. Pero le leo a Vd. y vuelvo no ya sólo a ilusionarme, sino a entusiasmarme y a pensar que escribir vale la pena.
Es Vd. un ejemplo constante y un escritor para mí divertidísimo, entretenido, no sé por dónde va a salir Vd. Me lo paso genial leyéndole.
Nada más quería mandarle mi agradecimiento y pedirle si puede ser su correo electrónico para decirle algunas cosas más si puede ser.
Le agradezco su escritura y su constancia, su labor de artesano.
Gracias
Aurora,
Muchas gracias por tan entusiasta comentario. Yo soy un mero artesano de la escritura, constante, eso sí.
Puedes escribirme con toda tranquilidad a
jjperlado@net