
Recuerda Umberto Eco que el número cuatro se convierte en un número central y resolutorio. Porque cuatro son los puntos cardinales, los principales vientos, las fases de la luna, las estaciones, cuatro es el número del tetraedro mágico del fuego, cuatro las letras del nombre ‘Adán’. Y cuatro será, como enseñaba Vitruvio, el número del hombre, porque la anchura del hombre con los brazos totalmente extendidos corresponderá a su estatura, formando así la base y la altura de un cuadrado ideal. Cuatro será el número de la perfección moral, de modo que se llamará tetrágono al hombre moralmente fuerte. Ahora bien, el hombre cuadrado será a la vez también el hombre pentagonal, porque el cinco también es un número lleno de correspondencias secretas y es una entidad que simboliza la perfección mística y la perfección estética.
Un monje cartujo del siglo XII razonaba de los antiguos, de este modo: como es en la naturaleza así ha de ser en el arte; pero en la naturaleza en muchos casos se divide en cuatro partes. Son cuatro las regiones del mundo, cuatro los elementos, cuatro son las cualidades primeras, cuatro los vientos principales, cuatro las constituciones físicas y cuatro las facultades del alma.
José Julio Perlado

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