VOY A IR DESPIDIÉNDOME …(5) DE LOS RÍOS

No de los grandes ríos sino de los pequeños, los ríos que caben en los sueños. Yo he soñado muchas veces que me metía en un pequeño río con mis botas de goma hasta la cintura y tendiendo la caña en el aire, lanzándola en arco hacia lo desconocido,  intentaba engañar a una boca de pez que pasaba asombrada de tantas hojas de un verde fulgurante y de tantas ondas circulares, tantas maravillas de la corriente. Siempre me ha gustado pescar y nunca he pescado.  ¿Por qué? Pues es una pregunta a la que no sé contestar. Amo — o intento amar — la paciencia, la paciencia me ha acompañado durante años de escritor, he lanzado la caña de mi pluma en la corriente de las palabras, han venido fluidos los pensamientos, me he levantado temprano para poder pescar al amanecer, estaba la habitación entre claridades y penumbras, y detrás de las rocas, culebreando entre arenas, podía haber un pez plateado ( y lo había) que venía hacia mí con ojos saltones y escamas resbaladizas y mi pluma lo iba llevando hasta el cuaderno. Me acuerdo siempre de aquellas mañanas solitarias — tenía todas las disposiciones para pescar: la soledad, la paciencia, el cuaderno —, mis hijos aún estaban acostados, no habían encendido aún las luces de las oficinas y el pez iba y venía, sin atreverse a morder el anzuelo, receloso, desconfiado, le habían dicho sus padres los peces viejos que desconfiara de los escritores al amanecer porque estaban muy pagados de sí mismos y se creían ya los reyes del mundo, otra cosa era por las tardes, cuando estaban cansados  porque creaban historias que no acababan de convencer y entonces el escritor se desanimaba y el pez se acercaba al anzuelo.

Por eso voy despidiéndome de los ríos.  De un pequeño río en el valle de Lozoya, de un pequeño río en Asturias, de un río diminuto en el Pirineo. Yo me ponía en cuclillas junto al agua de los tres ríos distintos y eso que hacemos los escritores con las aguas lo hacía yo en la cuenca de mi mano haciendo pasar el río de Asturias al de los Pirineos y el de los Pirineos al de Lozoya : los tres juntos. No sé, adonde  vaya ahora, si hay allí ríos y ni siquiera si hay sueños. Pero agradezco a esta tierra que durante años me haya permitido calzar las botas hasta la cintura y meterme en el agua, y escribir y pescar y volver a pescar y a escribir en amaneceres llenos de misterio. 

José Julio Perlado


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