
Un niño de oro y rosa ¿puede
anticipar el alba?
Una brizna de hierba, ¿ puede
ser el brazo de la venganza?
Sabed : si se la escucha,
se oye latir la piedra,
y resuenan y acordan y hermanan sus voces en los siglos
en la dura madera.
Hoy la noche es la mano
que pulsa las piedras y la estrella,
y el corazón el dorado racimo
que va de la estrella a la piedra,
que va de la piedra a la estrella.
Qué silenciosa mano
el corazón aprieta.
Y cómo cae el zumo
y rocía la hierba
y humedece las calles,
la silenciosa piedra,
las fuentes donde todos
los astros se reflejan.
Maravillosa llama
inextinguible hoguera,
faro celeste que alumbre a los que anden
con sus vidas a cuestas
cuando ya no seamos
sino viento que pasa y no mueve la rama,
sino mar que se agita y no pone temblor en la playa desierta.
Maravillosa llama,
inextinguible hoguera,
encendido celaje
interior, agua eterna, que se agita, que corre
de la piedra a la estrella, de la estrella a la piedra.
José Hierro —“Poema para una Nochebuena” – Quinta del 42