JUAN RAMÓN Y YO (y 2)

Bajamos. Parecemos dos sombras huecas, sin espacio. A veces, Juan Ramón desde 1915 me ayuda a soslayar una piedra; a veces yo mismo tiemblo que Juan Ramón caiga en las profundidades de este 2023. Ha paseado, lenta y virgen, la mirada del poeta por miles de ciudades fundidas en Madrid, por Rosales, por la bruma y el oro del Retiro, por entre las violetas y los mirlos, apoyando el oído en el agua, escuchando la densidad del viento… 

¿Ve usted? —me dice al fin, casi al pie de la Castellana, atrás la altura del Hipódromo —“ este cerro del viento, está hoy, Colina de los chopos —, que paran el viento con su nutrido oasis y nos lo entretienen humanamente ya —! cómo acerca el cenit! Están fijamente confundidas,  noche de primer abril, en su meseta, las luces de arriba y las de abajo, las descolgadas, grandes estrellas blancas y encandiladoras y las farolas verdes del agudo gas, las redomas malvas eléctricas y la enorme luna amarilla;  como si salieran unidos al campo raso vecino, en plebeya en y aristocrática confusión, arrabales del cielo y de la tierra.

Soledad, silencio por todas las aristas, planos y rincones del promontorio. ¡Y qué grato todo— en su variación, en su avance, en su incorporación— en esta subida mía nocturna, después de tantos días! ¡Cuánto presentido verdor nuevo en la misma sombra azul, realización profusa, saludable, sensual, de aquellos dibujados pintados, cantados, anhelantes  sueños por lo yermo con nieve sola, con sol solo, con solísimo huracán corrido ! Cómo ahora, sobre el entrevisto canalillo, el canto del pájaro frecuente y el crujido de la rana amistosa se corresponden, en guirnaldas dulces y frescas, por el laberinto de troncos, hojas y flores! ¡Qué parecido, de pronto, después de enfrentamiento, el viento de hoy entre los rectos chopos de redonda pierna plata,al viento de entonces, por la descampado ilusión!

Sí—respondo—.

Me da su mano de 1915, le doy mi mano en el siglo XXI. No nos tocamos. Ni nos vemos siquiera. Somos dos sombras invisibles, dos columnas de humo que rozan, al pasar, velozmente la locura del tráfico 

José Julio Perlado

imágenes- 1- primera edición de Platero/ 2- casa museo de Juan Ramón