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Archive for 31 enero 2018

 

 

“Al elegir una postal – decía Ado Kyrou enLa edad de oro de la carta postal” -, el comprador se identifica un poco con el artista que la ha concebido. Mandar una postal que represente la vista de un paisaje donde uno se encuentra es una afirmación de las propias posibilidades de poder viajar y, por tanto, un símbolo de su estatus social. Al escribir cosas personales, sabiendo  consciente o inconscientemente que cualquiera puede leerlas, uno se da importancia saliendo del anonimato; de algún modo es como si nos publicaran. Hasta podríamos añadir cierto exhibicionismo: quien ama, quien odia, necesita gritar su pasión al mundo entero. Desde hacía siglos los hombres vivían esperando el momento de poder decir abiertamente “te quiero”. El éxito de la tarjeta postal se basa tanbién en el recuerdo que se desea perpetuar, el sueño que se puede adquirir a buen precio, y finalmente en la pereza, dado que una postal se escribe en menos tiempo que una carta, así como en la manía del  coleccionismo.”

 

 

Desde los comienzos del sistema postal se habían enviado por correo tarjetas ( quizá las más antiguas – señala Simon Garfield en su Curiosa historia de la correspondencia – sean las tablillas de Vindolanda). Su auge llegó sin embargo a comienzos del siglo XX. “La tarjeta postal  con imagen incluida – indica Garfield –  triunfó con la popularización de las vacaciones costeras ( el Museo y Archivo Postal Británico estima que entre 1902 y 1914 se enviaron cada año hasta 800 millones de tarjetas postales). Se contaba en ellas lo que siempre se ha contado en una postal: ojalá estuvieras aquí conmigo, hace un tiempo regular, besos para todos. Eran sin embargo un medio expuesto al ojo curioso, que podía leer su contenido en cualquiera de las etapas del viaje.

 

 

Ocasionalmente había que transmitir alguna intimidad, y para ello apareció un código basado en la forma de pegar el sello ( antes de 1840, ese código estaba formado por trazos o símbolos dibujados en  el sobre). Un sello colocado al revés en la esquina superior izquierda significaba, “Te quiero”. Un sello apaisado en ese mismo lugar significaba “Mi corazón pertenece a otra persona”. Un sello colocado al revés en la esquina superior derecha quería decir “No escribas más”. Colocado al revés, junto al apelllido, indicaba “Estoy comprometida”. Centrado, en el borde derecho: “Responde de inmediato”. Y en ángulo recto, en la esquina superior izquierda: “Te odio”.

Tiempos antiguos de la comuncación y de la correspondencia.

 

 

(Imágenes .-1-letralia/ 2- Madrid- 1892- filatelia digital/ 3-Huelva buena/ 4-pinterest)

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“¿Por qué cerrar el balcón? Se oye lo mismo, se oye más – escribe Eugenio Noel enEspaña, nervio a nervio” – ; parece que vocean y piden más fuerte al enterarse de que el balcón está cerrado. Desembocan en la calle infernal dos de esos voceadores únicos, de los que echan caperuzas o guindas a la Tarasca y que venden a dúo nada menos que polvos matapulgas, chinches, correderas y demás parásitos. Hay que oírles vocear para creerlo. El uno chilla espantosamente; el otro ahueca la voz hasta hacerla profundamente horrenda, y los dos, cada uno por su lado, en inagotable verborrea, recomiendan sus cajas. En seguida entra en la calle el tío de las naranjas, un mozo que echa las naranjas en las cestas de las compradoras gritando cada vez más alto : “! Dos, ocho, y dos más, y seis más, y doce más: este tío se ha vuelto loco, vecinas…!”. Quizá no lo esté él; pero oírle es volverse loco sin remedio. Y después de este energúmeno, aquí tenemos al carrero que vende sus verduras aullando un estupendo “! tía María…!”, frase que repite millares de veces; y a un trapero vagneriano, mejor dicho, stravinkyano, que se anuncia con un extraordinario lujo de disonancias rarísimas y extravagantes; y a una señora que da cacharros por trapos y los paga a quince céntimos el kilo; y a uno que compone paraguas, sombrillas, fuelles y artesones; y a un chico que vende lotes de kilo y medio de pepinos de Leganés; y a un campesino que expende ristras de ajos rojos de Pedroñeras o tempraneros de Chinchón; y a un melonero de Villaconejos; y a la cangrejera “de mar y de río vivos”…

(Imagen -Madrid – Calle de Toledo- 1890)

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“La aparición del pájaro que vuela

y vuelve y que se posa

sobre tu pecho y te reduce a grano,

a grumo, a gota cereal, el pájaro

que vuela dentro

de ti, mientras te vas haciendo

de sola transparencia,

de sola luz,

de tu sola materia, cuerpo

bebido por el pájaro.”

José Ángel Valente – “El fulgor” (1984)

(Imagen – foto: Joel Sartore – National Geographic)

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“Me gustaba leer aquí. Una acercaba  la mecedora maltrecha a la ventana, para que la luz cayera sobre la pågina – escribe Virginia Woolf  en uno de sus Ensayos – A veces, la ensombrecía la silueta del jardinero que cruzaba el prado (…) Había damas altas que entraban y salían de la casa (…) Pero nada me distraía del libro (…)  De una u otra manera el libro se sostenía como si se apoyara en los setos, y el azul lejano; me parecía, en lugar de un libro, algo que no estaba impreso, ni encuadernado, ni cosido sino que era producto de los árboles, de las colinas, del caliente día de verano, como el aire que flota, en las mañanas claras, alrededor de las cosas (…) Los grandes escritores son crueles, como la naturaleza lo es. En cuanto a que Cervantes supiese qué estaba haciendo, quizá los grandes escritores nunca lo saben. Quizá por eso los que vienen después encuentran allí lo que buscan.”

“¿Te dije que estoy volviendo a leer toda la literatura inglesa? – le  escribe a Ethel Smyth en febrero de 1941 – Para cuando llegue a Shakespeare estarán cayendo bombas. De modo que he arreglado una última escena perfecta: leyendo a Shakespeare y habiendo olvidado mi máscara de gas (..) Ayer abatieron a un bombardero del otro lado de Lewes. Yo iba en bicicleta a conseguir nuestra mantequilla, pero sólo escuché un zumbido en las nubes. Como tú dirías, ¡ gracias a Dios que nuestros padres nos legaron el gusto por la lectura! En lugar de pensar: para mayo estaremos…como sea, pienso: !sólo tres meses  para leer a Ben Jonson, Milton, Donne y el resto (…) Ya no puedo controlar mi cerebro. Leo y leo como un asno describiendo círculos en torno a un pozo.”

 

 

(Imágenes -1- Virginia Wool – foto Gisele Freund/2-James C Christensen)

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“Esto es una roca: tolk, en el Verdadero Idioma – escribe Ursula  K. Le Guin en “Un mago de Terramar” – . Un trozo de la piedra de que está hecha la isla de Roke, un trocito de la seca tierra en que viven los hombres. Es ella misma. Es una parte del mundo. Mediante la Ilusión- cambio puedes hacer que parezca un diamante, o una flor, o una mosca, o un ojo, o una llama.

La roca fue adoptando instantáneamente las formas que nombraba , y al final volvió a ser roca.

– Pero eso es pura apariencia. La ilusión engaña los sentidos del espectador; le hace ver, oír y sentir que el objeto ha cambiado. Pero el objeto no cambia. Para convertir esta roca en joya, tienes que cambiar su verdadero nombre. Y hacer eso, hijo mío, hasta con un fragmento tan diminuto del mundo, es cambiar el mundo. Se puede hacer. Desde luego que se puede hacer. Es el arte de Maestro Transmutador, y lo aprenderás cuando llegue su momento. Pero no debes cambiar nada, ni un guijarro, ni un granito de arena, hasta que no sepas el bien y el mal que pueden derivarse de tal acto. El mundo se sostiene en contrapeso, en Equilibrio. El poder de Transmutar y Conjurar del mago puede trastocar ese equilibrio. Es peligroso ese poder. Tiene grandes riesgos. Debe seguir al conocimiento y estar a su servicio. Encender una vela es arrojar una sombra…”

 

 

El gran regalo de Ursula  K. Le Guin – recientemente fallecida  – es, como comenta Robert Scholes al analizar sus novelas, “ofrecernos una perspectiva en la que todo ello se mezcla, en la que realismo y fantasía no son opuestos , porque se hace natural lo sobrenatural : no sólo se postula, sino que se regula, sistematiza, se convierte en parte del Gran Equilibrio mismo. En sus libros se ha convertido en una especie de antropóloga fabulosa, imaginando sociedades enteras mediante el empleo de detalles eficaces”.

”Un mago – escribe la gran autora de ciencia ficción – tan solo puede controlar lo que le es próximo, lo que puede nombrar de manera cumplida y precisa. Y esto conviene. De no ser así, la maldad del poderoso o la locura del sabio hubieran intentado hace ya mucho tiempo cambiar lo que no puede cambiarse, y el Equilibrio se habría roto. El mar desequilibrado anegaría las islas en las que tan arriesgadamente habitamos, y en el antiguo silencio se perderían las voces y todos los nombres”.

 

 

(Imágenes-1- Joseph Cornell – 1941- artnet/2- Scarlett Hooft Graafland/ 3- nummery schnell – museo european)

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SOLO

 

 

“Poco

a

poco

me

fui

quedando

solo

Imperceptiblemente:

Poco

a

poco

Triste es la situación

Del que gozó de buena compañía

Y la perdió por un motivo u otro.

No me quejo de nada: tuve todo

Pero

sin

darme

cuenta

Como un árbol que pierde una a una sus hojas

Fuime

quedando

solo

poco

a

poco.”

Nicanor Parra.- “Solo”

(Imagen.- Nicanor Parra- wikipedia)

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“¿ Y en una pequeña ciudad? – escribe Unamuno enPor tierras de Portugal y de España “-. Su escenario social es muy reducido, sus gentes se aburren y cansan pronto de los papeles que representan y aparecen  por debajo los hombres con sus flaquezas; es decir, con lo que los hace hombres. Siento una gran afición a la vida provinciana, porque en ella es más fácil descubrir por debajo de una aparente calma la tragedia. Y tanto como aborrezco la comedia, amo la tragedia. Y, sobre todo, la tragicomedia.

(…) ¿Y los que dicen aburrirse en una pequeña ciudad? Es porque no han tocado sus fondos trágicos, la severidad augusta del hondón de su monotonía. Tengo por mí que en las grandes ciudades los orgullosos se convierten en vanidosos; es decir, las púas se les vuelven lana.

Y para el que ejerce una cierta acción pública que puede ser ejercida a distancia, para el escritor, para el artista, la pequeña ciudad ofrece la inapreciable ventaja de que vive lejos de su público y le es hacedero conseguir el que no lleguen a él, a no ser muy tamizados, los efectos que su obra produce. Puede vivir en una cierta independencia de su público, sin dejarse influir por él, que es la única manera de hacerse un público en vez de hacerse uno a él.

 

 

(…) De cuando en cuando no viene mal ir a la gran ciudad y echarse al mar de sus muchedumbres, pero es para volver a salir a tierra firme, a sentirse pisando el suelo. Por mi parte, como me interesan los hombres individuales, tú, Juan, que lees esto, y tú, Pedro, y tú, Ricardo, pero no me interesan apenas las masas que ellos forman cuando se juntan, me quedo en la pequeña ciudad viendo todos los días, a horas dadas, a los mismos hombres, con cuyas entrañas han chocado, y tal vez dolorosamente, alguna vez las mías, y huyo de las grandes metrópolis, donde me azotan el alma con azotes de hielo las miradas desdeñosas de los que ni me conocen ni les conozco yo a ellos. Gentes a las que no puedo nombrar… ¡ horror!”.

 

 

(Imágenes -1-Oskar Kokoschka– Toledo- 1925/ 2- Alexandre Benois– 1910/ 3-Pierre Dumont– Rouen)

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