«Ésa te conviene, la dama de pensamientos. No hace falta consentimiento ni cortejo alguno. Sólo, de vez en cuando, una atenta y encendida contemplación.
Toma una masa homogénea y deslumbrante, una mujer cualquiera ( de preferencia joven y bella), y alójala en tu cabeza. No la oigas hablar. En todo caso, traduce los rumores de su boca en un lenguaje cabalístico donde la sandez y el despropósito se ajusten a la melodía de las esferas.
Si en las horas más agudas de tu recreación solitaria te parece imprescindible la colaboración de tu persona, no te des por vencido. Su recuerdo imperioso te conducirá amablemente de la mano a uno de esos rincones infantiles en que te aguarda, sonriendo malicioso, su fantasma condescendiente y trémulo».
Juan José Arreola – «Mujeres, animales y fantasías mecánicas»
(Imagen-Domenico Guirlandahio-1488)
