INTERNET, GULAG, EL HOLOCAUSTO, EL OLVIDO

«¿ Habría sido posible el Holocausto si hubiera existido Internet? – se pregunta Umberto Eco – No estoy seguro. Todos habrían sabido inmediatamente lo que estaba pasando. La situación es la misma en China. Aunque los dirigentes políticos chinos se esfuercen en filtrar los sitios a los que pueden acceder los ciudadanos, la información circula, y en los dos sentidos. Los chinos pueden saber lo que sucede en el resto del mundo. Y nosotros sabemos algo de lo que sucede en China. En la sociedad de la globalización estamos informados de todo y podemos actuar en consecuencia».

Mantiene este coloquio Umberto Eco charlando sobre el papel de Internet y de la censura con Jean-Claude Carrière, actor, guionista y dramaturgo europeo y esa interesante conversación, que aborda múltiples aspectos, queda recogida en «Nadie acabará con los libros» (Lumen). Carrière completa la opinión que tiene Eco indicando que «para poner a punto esta censura en Internet, los chinos han concebido sistemas extremadamente sofisticados, pero no funcionan a la perfección. Simplemente porque los internautas acaban por encontrar siempre el parche adecuado. En China, como en todas partes, la gente usa el móvil para filmar aquello de lo que es testigo y hacer circular esas imágenes en todo el mundo. Será cada vez más difícil esconder algo. El porvenir de los dictadores es sombrío. Tendrán que actuar en la más profunda oscuridad».

Pero hay un momento en este diálogo en que las palabras se hacen aún más interesantes: cuando Umberto Eco se refiere a otra forma de censura actual, la «damnatio memoriae«, imaginada por los romanos, que quizá supondría un nuevo reto para Internet. «Votada por el Senado – explica Eco -, la «damnatio memoriae» consistía en condenar a alguien, post morten, al silencio, al olvido. Se trataba de eliminar su nombre de los registros públicos o de hacer desaparecer las estadísticas que lo representaban, o incluso declarar nefasto el día de su nacimiento. Más o menos es lo mismo que se hacía bajo el estalinismo, cuando se eliminaba la foto de un antiguo dirigente, exiliado o asesinado. Así sucedió con Trotsky. Hoy sería más difícil hacer desaparecer a alguien de una foto sin que se encontrara al instante la otra foto circulando libremente en Internet. El desaparecido no seguiría siendo tal durante mucho tiempo».

Pero llegamos así a un paso más, en el que Umberto Eco se acerca, con gran lógica, a las fronteras de la ciencia-ficción. «Una dictadura –añade – que quisera eliminar cualquier posibilidad de acceder, por Internet, a las fuentes del conocimiento, podría difundir un virus para destruir todos los datos personales en todos los ordenadores, y conseguir así un gigantesco apagón de la información. Quizá la posibilidad de destruir todo no existe en la medida en que archivamos nuestra información en los pen-drive. Pero, en fin. Tal vez esta ciberdictadura podría llegar a eliminar ¿el 80 por ciento de nuestros archivos personales?».

¿Estamos tocando así la ciencia-ficción o es eso una posibilidad real? Y sobre todo, la reflexión de Eco sigue en pie: ¿Habría sido posible el Holocausto si hubiera existido Internet? Habría que añadir: ¿habría sido posible el Gulag? Sabemos que el coro griego era un instrumento para expresar una emoción completa y última ante hechos terribles o notables. Llevaba al auditorio emociones que los personajes no siempre podían comunicar en toda su intensidad. El coro entregaba la emoción sublimada.  Este actual coro global de pantallas y móviles filmando instantáneas espontáneas, tantas veces anunciador y denunciador de hechos que al auditorio se le intentan ocultar, quizá, como dice Eco, y gracias a  su aviso incesante, habría revelado – e incluso detenido – muchas crueles matanzas.

(Imágenes:-1-interior de un Gulag.-1936-1937.-wikipedia/ 2. sobre el-Holocausto.-12 de abril 1945.-cerca de 2o.ooo muertos.-wikipedia)