ANTE UN ALBERT CAMUS HORIZONTAL (1)

A las 13, 55 horas del lunes 4 de enero de 1960, a veinticuatro kilómetros de Sens, en la Nacional 5, entre Champigny-sur-Yvonne y Villeneuve-la Guyad, el automóvil conducido por Michel Gallimard camino de París, da un bandazo, se sale de la carretera, totalmente recta, y se estrella contra un plátano, rebota contra otro árbol y se parte. Al lado del conductor viaja Albert Camus que muere en el acto. En el maletero del coche, viaja también su manuscrito de “El primer hombre“, ciento cuarenta y cuatro hojas de una escritura apretada, las sesenta y ocho primeras sobre papel con su membrete, márgenes y añadidos.

Hoy se cumple medio siglo de su muerte.  Hace cincuenta años, con motivo de ese fallecimiento, pocos días después del acontecimiento, escribí enLa Estafeta Literariael texto que aquí reproduzco:

“Sí, ante un Albert Camus horizontal, pero ante un suceso literario sangriento y cruelmente desgarrador. Albert Camus acaso significa ya para siempre – ensalzado por una muerte que como la de Saint- Exupery eleva aún más fantasmagóricamente su figura -, lo que en en el siglo XX, su enfermedad o su morbosa salud, necesitaba: un hombre en pie. Hasta este momento, enero de 1960, los amores, los odios, las guerras, el temor y el temblor se han abrazado, y el mundo ha mantenido en Francia a su escritor reconocido: algo que contaba en los anales del espíritu humano y algo que avivaba inquietud de análisis, espionaje – diríamos – de nuevas y esperanzadas soluciones.

Albert Camus, al morir, desaparece tan vertiginosamente por la escotillas del gran teatro del mundo, como huye acelerada, estremecida y sorprendentemente del reino de la celebridad. Pero la celebridad no importa. La Literatura mundial dedicará a su “Caída“, a su “Mito de Sísifo” o a su “Calígula“, lo que dedicó a Hugo o a Sthendal o a Verlaine. La vida es la que dedicará sólo sus ojos abiertos. Ahí está mirándole, mientras a Albert Camus le recogen y le llevan y le colocan rígido y hermético y solemne y quieto sobre la tabla de la Desconocida que vino a buscarle una noche antes de los Reyes Magos. Al mirar a Albert Camus, se desearía que toda la juventud europea le observase por última vez. Su presencia a oscuras es lo que nos aterra. Que el mundo queda sin otro auscultador, sin otro psiquiatra, sin otro cirujano.

Un escritor como Camus supone un corazón con la ventana abierta toda la noche a la vigilancia. El mundo de las violencias y las envidias abre sus aguas y sepulta los pescados más pecadores, aquellos que el escritor sacaba siempre a flote con la caña de su estilo. Ahora el mundo mira a su escritor y los ojos del escritor ya no saben cómo le está mirando el mundo.

Si algún deseo tuve al pensar en visitar París desde mi trampolín de España, fue aquel constante de conversar al menos cinco minutos con Albert Camus y verle y tocarle. Me parece que los que le han asediado a preguntas desde sus dolores y sus cautiverios sabrán que Camus siempre contestaba. Pronunciaba aquellos largos y nocturnos discursos que, a la orilla del Sena, iluminaban de claridad el pensamiento oscuro y el camino torpe e intransitable. Sé que Gabriel Marcel habrá pensado en él ante los pies de un madero crucificado. Sé que Francois Mauriac habrá alargado su ansiedad ante la desaparición de este hombre, el que era para sí mismo el más sincero y el más despiadado. Y sé también que si Charles Du Bos viviera, anotaría una reseña de cariñosa caridad en su “Diario“, y que el gran Bernanos marcharía delante en su entierro. El mundo entero sabe todo esto, y el mundo sigue mirando aún, absorto y boquiabierto, a este Albert Camus, el hombre de la postura horizontal.

Llevado horizontal, como corresponde al que marcha entre silencios, sin coro, sin ancianos, alejado del pueblo, los designios y los mensajeros, llevado horizontal entre dos ascuas llameantes, dejando en sombras conforme avanza este mudo cortejo cuanta luz y esplendor tienen hasta hoy las letras de Francia, Albert Camus, argelino, vendedor de accesorios, metereólogo, oficinista, aficionado al teatro y estudiante, entra en el reino de los famosos muertos.

El otro Albert Camus, escritor, quedará para siempre en el presente de nuestra biblioteca. Sísifo y Mersault, Tarroú y cuantos jóvenes, niños, enfermos, enamorados, doloridos encuentre en su camino, le acompañan. Estará rodeado de los mancos y ciegos del mundo – sus invitados -, celebrando las bodas de este hombre delgado y serio con la Muerte, esa mujer que llegó en automóvil y lo mató con las mismas armas del Absurdo: reventando un neumático.

(José Julio Perlado:-“Ante un Albert Camus horizontal“, enLa Estafeta Literaria“.-Tercera época.-Nº 185.-Madrid, 15 de enero de 1960)

(Imágenes:-Albert Camus.-foto: Yousuf Karsh.-French Library Aliance/ 2.-tumba de Albert Camus en Lourmarin.-wikipedia)

LOS TRES REYES MAGOS DE LOPE DE VEGA

Yo vi un viejo venerable con una túnica de púrpura bordada de oro y aljófar por los extremos; un alfanje, cuyo pomo parecía un topacio, preso en una cadena de oro tan gruesa, que le sustentaba por el hombro derecho. Sobre la túnica traía un manto persa de brocado morado y blanco, y la cabeza tocada a su costumbre, con tanta variedad de colores, que sobre las blancas canas parecía que el viento había derribado flores de almendro sobre nieve… Como arrebatado en éxtasis, miraba al Niño el rey segundo, la barba negra peinada, la nariz aguileña, los ojos verdes, grandes y hermosos, con un sayo árabe, tan cubierto de piedras engastadas en varias labores de oro, que no pude discernir la color. El tocado era rojo, guarnecido de algunos velos, y sembrado de las mismas piedras. La espada tenía en vez de pomo una cabeza de águila de oro, con dos rubíes por los ojos de grandeza, que sin estar muy cerca se conocían. Esta pendía de un cinto de ante blanco, que tachonaban jacintos y cornerinas, guarnecidos de unas coronas de perlas. El manto era azul, bordado de unos blancos lirios de aljófar que le daban hermosa vista. Etíope me pareció el tercero…, los vivos ojos de manera se mostraban en las niñas blancas como suelen las labores del marfil oriental sobre las tablas del ébano; la boca se descubría bien por la blancura de sus dientes, cual suele alguna sola estrella en tenebrosa noche…También era el manto blanco, pero sembrado todo de labores verdes; tocábase con tantos laberintos y lazos, que no podían más discernirse que después de junta alguna bola de nieve se ven los copos… Bien sé, pastores, que no os parecen soberbios, pues ya sabéis con la grandeza que los persas, árabes y sabios se visten; mas no puedo dejar de deciros que en poniendo los ojos en la Virgen, en el Niño y en José, tanto más rica era aquella pobreza cuanta diferencia hacen el resplandor del oro el sol y los colores del sereno cielo a las de las piedras y telas”.

Lope de Vega: “Pastores de Belén“(1612)

(Imágenes:1- Reyes Magos.-Andrea Mantegna.-educastur/2.-personajes napolitanos y seguidores de los Magos (detalle).-siglo XVlll.-The Metropolitan Museum of Art of New York.-metmuseum.org)

PRIMERO DE ENERO

“Las puertas del año se abren,

como las del lenguaje,

hacia lo desconocido.

Anoche me dijiste:

                             mañana

habrá que trazar unos signos,

dibujar un paisaje, tejer una trama

sobre la doble página

del papel y del día.

Mañana habrá que inventar,

de nuevo,

la realidad de este mundo.

Ya tarde abrí los ojos.

Por el segundo de un segundo

sentí lo que el azteca,

acechando

desde el peñón del promontorio,

por las rendijas de los horizontes,

el incierto regreso del tiempo.

No, el año había regresado.

Llenaba todo el cuarto

y casi lo palpaban mis miradas.

El tiempo, sin nuestra ayuda,

había puesto,

en un orden idéntico al de ayer,

casas en la calle vacía,

nieve sobre las casas,

silencio sobre la nieve.

Tú estabas a mi lado,

aún dormida.

El día te había inventado

pero tú no aceptabas todavía

tu invención en este día.

Quizá tampoco la mía.

Tú estabas en otro día.

Estabas a mi lado

y yo te veía, como la nieve,

dormida entre las apariencias.

El tiempo, sin nuestra ayuda,

inventa casas, calles, árboles,

mujeres dormidas.

Cuando abras los ojos

caminaremos, de nuevo,

entre las horas y sus invenciones

y al demorarnos en las apariencias

daremos fe del tiempo y sus conjugaciones.

Abriremos las puertas de este día,

entraremos en lo desconocido”.

Octavio Paz: “Primero de enero” (“Árbol adentro“)

(Imágenes:- 1.-(Really) Stumming Pictures and Photos.-Smashing Magazine.-Vitaly Friedman, editor-in-chief/2. “Tissue Pattern”-2001.-Rudy Ernst.-artnet)