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Posts Tagged ‘Zurbarán’

 

 

”Yo vengo aquí porque no veo, me doy cuenta de que no sé ver, de que pocas veces he visto algo”, decía María Zambrano  en “Una visita al museo del Prado”. Estos días se plantean sugerencias sobre lo que conviene ver en el espacio de una hora dentro del Museo. Tarea difícil y muy personal. En 1922, Eugenio D’ Ors publicó su célebre libro “Tres horas en el Museo del Prado”. En uno de sus prólogos, el dedicado a la undécima edición, en los años cuarenta, señalaba que “el Prado ha mejorado mucho, justamente  como consecuencia de haberse transformado poco”. Hace ya casi veinte años se evocaban una vez más los impresionantes tesoros que guardaba el Museo. Sólo de pintura española, así lo indicaba Gustavo Torner, el Prado tiene 23 cuadros de Zurbarán, 40 de Murillo, 52 de Ribera, 35 de El Gredo, 120 de Goya y 51 de Velázquez. En pintura flamenca parece ser que en el Prado hay más que en el resto del mundo, incluido Flandes. En total, 238 cuadros.

 

 

Sánchez Cantón en sus “Itinerarios de arte” recordaba también que el Prado “ no es un tesoro arqueológico, testimonio del pasado, inoperante fuera de la erudición, inteligible no más que por el docto, sino fuente viva de enseñanzas y de goces. Porque la sensibilidad de quienes no somos pintores puede explayarse en sus salas por el campo de la belleza plástica. Hay museos más completos; cada día son más los que piensan que ninguno aventaja al nuestro en riqueza estética”.

¿Cómo aprovechar entonces el valor de una hora dedicada a la contemplación?

 

 

(Imágenes-1-Velázquez- Pablo de Valladolid – museo del Prado / 2- Tiziano -1566– – autorretrato- Museo del Prado/ 3- Velázquez- Francisco Lezcano- Museo del Prado)

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BLANCOS DE ZURBARÁN

Zurbarán-nyyn- San Serapio- museo Thyssen

 

Blancos y pliegues y plumas y papeles que escriben los monjes, pero sobre todo blancos, blancos, la blancura de Zurbarán en el Thyssen a media mañana, mientras se deslizan por el Paseo del Prado automóviles de todos los colores y los blancos, sólo blancos de las mangas de los monjes, dejan escapar los dedos hacia el cielo, unos dedos señalando la altura de otro mundo, la hondura de la accesis. Blancos, blancos centrados en bodegones, entre cacharros del siglo XVll, entre frutas y cardo. La manga blanca del hábito de San Serapio cuelga sus pliegues atrayendo la mirada hacia la mano y la mano que lleva el pincel de Zurbarán nos lleva otra vez a lo blanco, se extiende en lo blanco, lo blanco invade el marco del museo y la pluma del monje se posa en el aire buscando acabar su escritura, apuntes que tratarán del cielo.

Luego están los ojos, pupilas que se cierran o que miran a lo alto, el blanco infinito y oculto para tantos humanos ya lo ha visto ese ojo del santo de Zurbarán que suplica, padece y contempla. Los blancos de los pliegues se alzan intentando seguir la visión de ese ojo pero no lo alcanzan, los pliegues de las ropas reposan sobre tierra, envuelven la tierra de ese monje que es polvo enamorado.

José Julio Perlado

 

Zurbarán-noon- monje- elmundo es

 

(Imágenes.- 1.- Zurbarán- San Serapio- museo Thyssen/ 2.- Zurbarán-elmundo es)

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