EL TREN ES EL TIEMPO


Vila- Matas en su “Diario voluble” nos lleva hasta el italiano Roberto Calasso y a su vez Roberto Calasso nos lleva hasta Kafka: “En uno de sus mejores capítulos, Calasso analiza el arranque de “El proceso” donde Kafka escribió unas palabras que después eliminó. “Hace falta presteza para cogerlo todo, al abrir los ojos, por así decir, en el mismo punto en que uno lo ha dejado la noche anterior.” Roberto Calasso ve en “Él proceso” la historia de un despertar forzado. Josef K. es aquel para quien nada volverá a estar en su lugar. Hay gente que al despertar revive cada día con angustias su aparición en la vida, ese despertar forzado. Alguien decía que venimos al mundo muy jóvenes en un tiempo muy viejo. Y es al tiempo — nos desvela Calasso— al que Kafka hace alusión en la breve y misteriosa frase suelta que abre sus ‘Diarios”: “ Los espectadores se ponen rígidos cuando pasa el tren.” El tren es el tiempo que no nos permite comprender su forma. Es inevitable entonces ponerse rígido, mientras lo observamos: signo de una última resistencia.”


(Imágenes— 1- Alfred Stiegliz/2-Alberto Sughi- artnet)

¿A QUÉ HORA SUELE USTED ESCRIBIR?

Cuando trabajo en un libro o en un relatodecía Hemingway escribo cada mañana, en cuanto hay luz. A esa hora nadie me molesta y está fresco o frío, y uno se pone a trabajar y se caldea a medida que escribe. Uno lee lo que ha escrito, y como siempre se interrumpe cuando sabe qué es lo que va a ocurrir a continuación, uno sigue a partir de este punto“. Son palabras muy conocidas y comentadas de la entrevista que le hiciera en su día George Plimpton y no hace mucho Vila Matas se ha referido a ellas. El escritor judío y ciudadano polaco Isaac Bashevis Singer contaba que ” cuando me levanto a la mañana, siempre tengo deseos de sentarme a escribir. Y casi todos los días lo hago“. Pero luego añadía toda la nube de compromisos que en muchas jornadas se le venía encima y cómo todo ello le apartaba de la escritura.

La hora del escribir es incierta, porque existen otras horas mágicas que preparan a la hora del quehacer y esas horas nos acompañan por los campos, entran con nosotros en el cuarto de baño, reciben el húmedo y brillante polvo de la ducha, marchan junto a nosotros sendero adelante, nos despiertan en medio de un sueño, nos iluminan de pronto el final de un argumento, nos trazan mientras caminamos el perfil de un personaje. Son horas en las que no sabemos que estamos escribiendo y sin embargo lo hacemos. Hablando de la génesis de un poema, alguien ha dicho que “las palabras ya se encontraban en el almacén de la memoria. El poema está ahí”. Solo hace falta copiarlo y escribirlo. No sucede exactamente así en la novela, pero las horas mágicas, apenas percepibles, nos han llevado de la mano hasta el cuaderno o hasta la pantalla. Las manos de la imaginación, que han estado trabajando en el subconsciente, nos empujan a tomar el lápiz tal como como hacía Steinbeck. Es la herramienta. Steinbeck tenía tal surtido de lápices que podía dar una lección magistral: ” he encontrado un nuevo tipo de lápiz – decía entusiasmado -: el mejor que he tenido. Por supuesto, cuesta tres veces más que los otros, pero es negro y suave y la mina no se rompe. Creo que siempre usaré estos. De verdad, planean sobre el papel“.

Pero antes de tomar entre los dedos esa herramienta u otra, el imprescindible utensilio, ha existido una hora incierta – imaginativa, creadora – en la que en nuestra cabeza ya se ha fraguado todo. Hemos escrito sin escribir.

(Imágenes: 1- Hemingway.-1958.-Ken Heyman/ 2.-John Steinbeck.-digitalgallery)