HOJITAS DE PAPEL

 

 

“Yo escribía mis poemas – decía el poeta italiano y Premio Nobel de Literatura, Eugenio Montale – en hojitas de papel. Unas veces las conservaba, otras la muchacha las tiraba como basura. Esto asemás porque nunca he tenido hojas de papel. Aún hoy, cuando tengo que escribir una carta, tomo ese papel que da el periódico y que es el peor papel italiano, el más económico. Luego no se puede borrar  ni siquiera con la goma, porque se hacen manchas horribles. Así pues, divido en dos partes la hoja y allí escribo, siempre disculpándome  por el papel. Una vez, el profesor Molaioli, apiadándose por mi caso, me mandó un paquete de papel precioso. Pero ese es demasiado bonito.  Debe de estar allí todavía. Sería menester escribir en él autógrafos inmortales. Entonces, escribía en pedacitos de papel, a veces hasta en billetes de tranvía. Pero no sólo apuntes. Nacían en ellos partes enteras de poemas (…) Pero sigo escribiendo. He escrito poesías durante treinta y cinco años. Son muchos. De hecho ya habría debido morirme. Los grandes poetas mueren pronto. Se ve que soy un poeta muy pequeño, puesto que no muero. Hay excepciones. Víctor Hugo produjo en la vejez. Yeats escribió en la vejez. Pero, ¿por qué? Porque de joven no había encontrado todavía su fisonomía. Comenzó a encontrarla a los cincuenta años.”

(Imagen – Gerhard Richter)

RODIN O LA ENERGÍA EN MOVIMIENTO

 

Recuerda Werner Hofmann al estudiar la escultura del siglo XX que el propio Rodin dijo una vez que él no había creado ni una sola figura en estado de completo reposo, y sin duda hubiera suscrito la frase de Bergson: ” Tendríamos que acostumbrarnos a ver en el movimiento lo más sencillo y claro, ya que la inmovilidad no es más que un caso límite de lentitud en el movimiento, y posiblemente un límite sólo ideal, que la naturaleza no realiza nunca”. Su conversión de la figura en energía de movimiento va mucho más allá de cuanto lograran sus precursores.

Ahora se celebra en París la Exposición del centenario con motivo de los cien años de la muerte del gran escultor. Rilke escribió un magnífico libro sobre Rodin y en él alababa los años de solitaria maduración – “El hombre de la nariz quebrada” al inicio, y “El hombre de los primeros tiempos” al final, donde –  anota Rilke – aparece el nacimiento del gesto-. ” A medida que crece – dice Rilke-, es como si atravesara la extensión de esta obra, por sobre los siglos, más allá de nosotros hacia los que vendrán. Se revela vacilante en los brazos levantados; y esos brazos son todavía tan pesados, que la mano de uno de ellos descansa otra vez a la altura de la cabeza. Pero ya no duerme; se concentra. En lo alto, en la cima del cerebro, donde todo es soledad, se prepara para el trabajo, para un trabajo de siglos, que no tiene horizonte ni final; y en el pie derecho, el primer paso espera”.

 

 

El tema del trabajo impresionó mucho a Rilke observando a Rodin. En sus “Cartas a un joven poeta” Rilke evoca a Rodin como “el escultor que no tiene igual entre los artistas que hoy viven” y en otras confesiones del poeta habla de los meses que estuvo con él cuando tuvo la suerte de encontrarle “en aquellos años en que yo estaba maduro para mi decisión interior y en que, por otra parte, había llegado para él el momento de aplicar con libertad muy particular las experiencias de su arte”. En una carta de 1905 le escribe Rilke a su mujer refiriéndose a las lecciones de Rodin : ‘resuenan fuerzas que afluyen, una alegría de vivir, una aptitud para vivir que lo invaden a uno, de las cuales no tenía yo ni idea”. Y en otra carta posterior resumía lo que le había enseñado Rodin: ” permanecer en mi trabajo, poner toda mi confianza en él y solamente en él, esto es lo que aprendo de su gran ejemplo, dado con grandeza, como aprendo de él la paciencia; mi experiencia, es verdad, me repite sin cesar que no debo contar con muchas fuerzas; quiero, en consecuencia, tanto tiempo como sea posible, no hacer dos cosas, no separar provecho y trabajo, sino, por el contrario, tratar de hallar el uno en el otro mediante un solo esfuerzo concentrado”.

 

 

“La convicción esencial que animaba el genio de Rodinsintetizaba Jean Cassou -, era la de que todos los recursos de la energía universal, el color y todo lo restante, pertenece al mundo del creador, y sobre todo a un creador como él, de la estatura de los colosos del siglo XlX, Hugo o Wagner, e igual a éstos en apetencia de totalidad”.

 

 

(Imágenes-1-Rodin- El hombre de la nariz quebrada- Wikipedia/ 2.-Rodin- foto de Gertrude Kasebier- 1905/ 3.- Rodin- Los burgueses de Calais/ 4.- Rodin- fotografía de Edward Steichen- philadelphia museum of art)

VERANO 2015 (4) : GATOS Y VICTOR HUGO

gatos-ybbhh-Tadashige Nishida

 

“Todo el mundo ha constatado el gusto que tienen los gatos por pararse y deambular entre las dos hojas entreabiertas de una puerta. Quién no le ha dicho alguna vez a un gato, ¡ vamos, pasa al fin! Existen hombres que, frente a un incidente entreabierto ante ellos, tienen también la tendencia a mostrarse indecisos entre dos soluciones, con el riesgo de ser aplastados por el destino cerrando bruscamente su aventura. Los demasiado prudentes, como gatos que son, y precisamente porque son gatos, corren a veces más peligros que los audaces”.

Victor Hugo. -“Los Miserables”

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(Imágenes.-Tadashige Nishida)

EL DIARIO COMO ESPEJO

escribir-ubbg -Lucien Lévy- Dhurmer

“Amo los espejos – escribía en su Diario María Lenéru en septiembre de 1899 -, me gusta rodearme de ellos. Ante todo, multiplican la luz, pero los amo porque me encuentro en ellos. No escucharse ni hablar, no moverse ni respirar, con esbozos de soliloquios que nos llevan a esta preciosa conclusión: que el yo es la más intangible de las cosas fugitivas, y no es, evidentemente, más que una ilusión de hábito (… ) Yo digo : María, y estudio mi fisonomía como la de una extraña; pues nuestra experiencia nos enseña poco más o menos todo lo que sabíamos de nosotros”.

María Lenéru se mira en el espejo de la página y la página le va mostrando rasgos de su interioridad;  en su Diario habla también de sus manos.D´Annunzio dice – escribe ella en enero de 1900 – que la mano revela el cuerpo; en todo caso, revela el alma. Tengo, de modo absoluto, la superstición de la mano; no de sus líneas, como los quirománticos, sino de su forma. Jamás he hallado un

 

manos-uhtt- Hans Holbein- mil quinientos veintitres

 

ser simpático con manos horrorosas. La mano, que no es más que gestos, debe ser más plástica que el rostro; se es más responsable de sí misma”.

Las manos, pues, escriben sobre la superficie del espejo y el Diario, poco a poco, va surgiendo. Ahora ha publicado Anna Caballé  un interesante diccionario de Diarios españoles y en su espejo varios diaristas reflejan, cada uno a su modo, sus confesiones íntimas. Pero el espejo no siempre ahonda en la interioridad del

 

escribir-nnii-Isa Marcelli

 

escritor sino que se abre igualmente a las preguntas. En el Diario de Víctor Hugo del 25 de julio de 1847, anota la gran figura de las letras:”¿Cómo escribir, fríamente, cada día, eso que yo he aprendido o he creído aprender? ¿Y eso a través de las emociones, las pasiones, los asuntos, las preocupaciones, las catástrofes, los acontecimientos, la vida? Por otra parte, estar emocionado, es aprender. Es imposible, cuando se escribe todos los días, no hacer otra cosa que apuntar

 

escritores- bbvvu- Victor Hugo- foto de la Galería conremporánea, literaria,artística- wikipedia

 

mientras se hace camino aquello que nos ha impresionado. Eso es lo que yo he acabado por hacer”. “Cosas vistas” titula Victor Hugo su Diario y lo que él ve, por ejemplo, en el motín del 12 de mayo de 1839 en París es lo siguiente: ” Hace una media hora, seis o siete obreros jóvenes han venido hasta aquí cargando con fusiles que apenas sabían manejar. Eran adolescentes de catorce o quince años. Han preparado sus armas en silencio entre los vecinos y los transeúntes que miraban lo que hacían, luego han invadido una casa donde no vive más que una vieja y un niño pequeño. Allí han sostenido un asedio de algunos momentos. El tiroteo que he tenido que aguantar fue por causa de algunos de ellos que huían por la calle Saint- Claude”.

El espejo del Diario se hace aquí reportaje y el ojo de Hugo nos acerca a las calles -las entrañas – del cuerpo de la Historia.

 

 

espejos-rrbbyy- Vivian Maier- autorretrato- mil novecientos sesenta

(imágenes.- 1.-Lucien Lévy-Dhurmer/ 2.-Holbein- 1523/ 3.-Isa Marcelli/ 4.-Victor Hugo- Galería contemporánea, literaria, artística- Wikipedia/ 5.-Vivian Maier- autorretrato- 1960)

“LOS MISERABLES”

Hugo.-rtcvv.-barricada en la película Los Miserables

“Los insurrectos disparaban a lo largo de todo el boulevard Beaumarchais escribe Victor Hugo en Cosas vistas“, obra publicada postumamente -, y lo hacían desde lo alto de las casas nuevas…Habían colocado en las ventanas muñecos, botes de paja revestidos con blusas y tocados con sombreros. Yo podía distinguir perfectamente a un hombre que se había refugiado tras una pequeña barricada en el ángulo de un balcón. Este hombre vigilaba todo el tiempo y mataba a todo el mundo. Eran las tres. Los soldados coronaban el boulevard du Temple y respondían al fuego… Creí mi deber hacer un esfuerzo para que cesase, si era posible, la efusión de sangre y me adelanté hasta el ángulo de la rue d´Angoulême. Cuando estaba a punto de alcanzar una pequeña torrecilla que estaba allí cerca, me asaltaron unos disparos de fusil. La torrecilla quedó acribillada por las balas detrás de mí. Estaba cubierta por carteles de teatro desgarrados por los soldados. Arranqué un trozo de papel como recuerdo. El cartel al que pertenecía anunciaba para ese mismo domingo una fiesta en el Chateau des Fleurs con diez mil farolillos!”.

escritores.-6gghg.-Víctor Hugo

Son los ojos de Victor Hugo paseando por los recuerdos, evocando “Los Miserables”. Entre las escenas violentas del París de entonces se le queda grabada esa barricada de faubourg du Temple, defendida por ochenta hombres, atacada por diez mil durante treinta y tres días… “Ni uno solo de esos ochenta hombres – dice Hugo– logra huir, todos acabaron muertos..”(…) Y más adelante confiesa:” Es uno de los raros momentos en los que, haciéndose lo que se tiene que hacer, se advierte alguna cosa que desconcierta y que desaconsejaría llegar más lejos; se persiste, es cierto; pero la conciencia satisfecha se torna triste, y el cumplimiento del deber se complica con un estrechamiento de corazón”.

Cuando a Alejandro Dumas le preguntaron cuál era la causa del extraordinario éxito de “La historia de los  girondinos” de Lamartine, señaló: “es porque se ha elevado la Historia al nivel de la novela“. Novela e Historia se entremezclan también en “Los Miserables”. La Historia arroja en su balance de la Comuna 38.000 detenciones: 270 inculpados fueron condenados a muerte, aunque solamente 26 fueron ejecutados, 410 fueron condenados a trabajos forzados, 7.500 acabaron deportados, 117 quedaron vigilados por la policía, 56 niños se enviaron a casas de corrección.

Hugo.-4rvb.-Cosette en Los Miserables.-wikipedia

Cuando el 22 de febrero de 1871 escribe Victor Hugo: “Saco de paseo a los pequeños Georges y Jeanne en todos mis momentos de libertad. Se me podría calificar así: Victor Hugo, representante del pueblo y niñera“, el anciano que no ha deseado doblegarse ante ningún tirano se “deja doblegar por un chiquillo”. En 1877, ocho años antes de su muerte, publicará “El arte de ser abuelo” y cuando observe dormida a Jeanne cogiéndola del dedo, en la contemplación de “una profunda paz tachonada de estrellas“, quizá ya se alejen de su recuerdo las barricadas.

(Imágenes.-1-fotografía de la película “Los Miserables”/2.-Victor Hugo/ 3. Cossette.-wikipedia)

SOBRE LO GROTESCO

“Nuestro mundo ha desembocado en el grotesco igual que en la bomba atómica – escribió el suizo Dürrenmatt, autor de “La visita de la Vieja Dama” -, del mismo modo que son grotescos los cuadros apocalípticos de Jerónimo Bosch. Pero lo grotesco no es sino una expresión sensible, una paradoja sensible, a saber, la figura de una no figura, el rostro de un mundo carente de rostro. Al parecer, nuestro pensamiento ya no puede prescindir del concepto de lo paradójico y exactamente lo mismo sucede también con el arte, con nuestro mundo que sólo está porque existe la bomba atómica, quiero decir, por el miedo que se le tiene”.

Ahora que está teniendo lugar una exposición en el Museo Picasso de Málaga sobre el factor grotesco parece que vinieran a visitarnos también las figuras literarias tan admirablemente comentadas por Wolfang Kayser enLo grotesco” (Nova). Por ejemplo, la naríz de Gógol– de la que ya hablé en Mi Siglo – o los personajes excéntricos de E. T. A Hoffmann asomados a sus célebres cuentos. Igualmente la descripción de habitaciones que el escritor suizo Gottfried Keller hace en una de sus novelas: “Abrió la otra puerta y vio una extensa sala que desde arriba hasta abajo estaba colmada de cuadros de los antepasados. El suelo estaba formado de azulejos hexagonales de diferentes colores, el cielo

raso se componía de estucados de yeso con figuras de hombres y animales, coronas de frutas y blasones, de tamaño natural y que parecían flotar casi libremente por el aire. Delante del espejo de la chimenea, de diez pies de alto, se hallaba un anciano diminuto y encanecido; estaba envuelto en una bata de terciopelo escarlata y tenía la cara enjabonada. Pataleaba de impaciencia y exclamaba con voz llorosa: “¡Ya no puede afeitarme! ¡ Ya no puedo afeitarme! ¡Mi navaja no corta y no hay nadie que me ayude! ¡Ay de mí, ay de mí!”.

Personajes, situaciones y objetos que se van enlazando en las diversas vicisitudes de lo grotesco. Umberto Eco en su Historia de la Belleza recuerda que Victor Hugo, teórico de lo grotesco como antítesis de lo sublime y novedad del arte romántico, es el que ofrece una galería inolvidable de personajes grotescos, desde el jorobado Quasimodo al rostro deforme del “Hombre que ríe“, y cuando Bajtín estudia a su vez a Rabelais destaca la boca y la nariz como papel importante en la imagen grotesca del cuerpo. Las formas de la cabeza, las orejas, y también la naríz, no adquieren carácter grotesco sino

cuando se transforman en formas de animales o de cosas. “El cuerpo grotesco – dice – es un cuerpo en movimiento. No está nunca listo ni acabado: está siempre en estado de construcción, de creación y él mismo construye otro cuerpo. (…) El mundo grotesco de la representación del cuerpo y de la vida corporal ha dominado durante miles de años la literatura escrita y oral. Considerado desde el punto de vista de su propagación efectiva, predomina incluso en la época actual: las formas grotescas del cuerpo predominan en el arte no solamente de los pueblos no  

 europeos, sino incluso en el folklore europeo; además, las imágenes grotescas del cuerpo predominan en el lenguaje no oficial de los pueblos, sobre todo allí donde las imágenes corporales están ligadas a la injuria y la risa”.

grotesco.-7jjnn.-René Magritte.-La bella sociedad.-1965-1966.-BEGAP .-Málaga

Es así como – entre tantos  – Gógol nos asombra, como nos asombra Poe, como nos asombran las situaciones y personajes de Hoffmann.

(Imágenes:- 1.- Louis-Lépold Boilly.-reunión de 35 cabezas.-Museo Eugéne Leroy Tourcoing/ 2 .James Ensor.-máscaras contemplando una tortuga.-Museo de Málaga.-elpais.com/3.-Roy Lichtenstein.-golpe de brocha ll.-1987.-The Estate of Roy Lichtensenstein.-Museo de Málaga.- el pais.com/4.-Otto Dix.- doncellas en domingo.-1923.-VEGAP.-Málaga/ 5.- Juan Sánchez Cotán.-Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda.-1590.- Museo del Prado/6.-Leonardo da Vinci.-dos perfiles grotescos.- Royal Collection Trust/ 7.-René Magritte.- La bella sociedad.-1965.-Museo de Málaga)

NOTRE – DAME SOBRE LAS AGUAS

Nave de carga a los pies de «Notre-Dame», escribía Péguy sobre la isla de la Cité. Barco de París. A babor, el «quai des Orfévres»; a estribor, el «quai de l’Horloge»; a babor, Saint-Michel, la Sorbona, jardín de Luxemburgo, puertas de Châtillon, d’Orleans, d’Italie; a estribor, Chatelet, la Bastilla, Clichy, puertas de Clignancourt, la Chapelle, la Villette. En la proa el «square du Vert Galant»; a popa, portadas de vírgenes que acompañan a Nuestra Señora.

La imagen del navío la evocaron D’Anunnzio, Víctor Hugo. Anclado en el mundo en brazos de ocho puentes, este buque de tierra se desplaza con movimiento inmó­vil, en avante perpetuo, cuatro remos en fila a cada costado, todos bogando a una -aire, historia, tiempo, hombres-, regu­lando la respiración de siglos, en «capas» de remeros de todas las Edades, alojadas las épocas unas sobre las otras desde en­trepuentes y cubiertas, dispuestos los años en igual cadencia, la fuerza de las palas surgiendo por bajas o altas chumaceras, en ritmo único, acompasado, paralelo de todos los impulsos bajo una sola orden.

Y dentro de este buque, otro singular barco: la catedral. Ciento veintidós metros entre columnas y galerías; seis mil metros cuadrados de suelo; nueve mil personas pudiendo ocupar Notre-Dame. Navío del espíritu; nave central del gótico. Movi­miento de aspiración al cielo, preludios de naves laterales escoltando esta esencial largura, esta altura que apunta a lo in­finito. Espacio. Luz interior. Piedra como el cristal, transparencias del rojo y del azul: rubí, zafiro. A lomos de animales, por las cuestas del siglo XII, llegan aquí los primeros bloques: la iglesia que está naciendo (coro, tribunas, muro del Este, inicio de esculturas, altar principal, ábsi­de) tiene su propio puerto y en él des­embarcan vino, aceite y rebaños que apro­visionan a los claustros. Lejos de este mue­lle, atraca la Historia: revuelta lombarda contra Barbarroja, nacimiento de Gengis-Kan, hundimiento del imperio tolteca, En­rique II en Irlanda, Jerusalén en manos de Saladino.

En ese instante ya está concluido el coro. Comienza la tercera Cruzada, sucede la batalla de Alarcos, es Pontífice Inocen­cio III y entre la aparición de la brújula y el cantar de trovadores -entre la poe­sía y el magnetismo-, es cuando Notre-Dame levanta su muro Oeste, acaba las tres galerías superiores de nave y de tri­bunas y yergue pilares del crucero. Igual que dos recintos, uno encima del otro (abajo, columnas masivas, de proporciones «terrenas»; arriba, nave del aire, alta y definida, como si lo sobrenatural cayera sobre el mundo), esta embarcación queda orientada al sol naciente, se abre en lon­gitud y latitud mientras sus nervaduras enroscadas y todo el edificio, liberando su peso, está como absorto, mirando hacia la bóveda, ese ámbito tan cercano al cielo.

Atravesamos el umbral del XIII. París, con Felipe Augusto, es cerco fortificado, se pavimentan calles, nacen «le Petit-Pont» y «le Pont-au-Change»: bajo ellos se desliza el río. El fluir de la Edad Media trae a la villa les «marchands de l’eau» constituido ya como organismo municipal. Es el agua la que arrastra intereses, agua del Sena y del mundo, olor, color y sabor de cada época tiñendo lo inodoro, lo in­coloro y  lo  insípido.  La  catedral  eleva sus torres, une galerías, alza la fachada hasta llegar al rosetón.

Difícilmente, por laberinto de callejue­las, se llega a contemplarla; en la altura, desde un punto en el tiempo, los ojos abra­zan las imágenes: Nuestra Señora, al Oeste, en la portada de la Virgen; la Virgen, en el Norte, en la puerta del Claustro; la Virgen, hacia el Sur, en la hondura inte­rior, a la entrada del coro: ella será Notre-Dame de París y a Ella se abrirá el alma de Claudel en 1886.

De este modo la Cité, como barco de Francia, se hace nave mariana. Última de las grandes iglesias con tribunas, una de las primeras que posee arbotantes, con estos poderosos remos avanzará incansable, su vela henchida en lo invisible, los tiempos sujetos a su mástil. Hospicio, es­cuela, cobijo, esta catedral sobre el río abre su luz, su espacio, deja escuchar su música dirigiendo el movimiento polifó­nico. Atraviesa la Edad Media entre uni­versidades y cruzadas, bibliotecas y bata­llas mongólicas, concilios, noticias de un reloj mecánico, aparición del moderno ti­món para embarcaciones: horas y orien­taciones hacen sutil su rumbo sobre la tempestad. Está escribiendo Santo To­más, acaba de pintar Giotto. Notre-Dame navega mar adentro: contra el costado de este largo barco, golpeando contra­fuertes y envolviendo de espuma sus cua­dernas, oleajes de Historia van y vienen furiosos: a fines del XVII, destrucción de tumbas, altar mayor, bajorrelieves del co­ro; el XVII obliga a reemplazar vidrieras por cristales blancos; con la Revolución se destrozan estatuas de los pórticos, la Razón es diosa del altar, el pillaje lo descuartiza todo hasta que en 1802, escuálido y des­nudo, al mundo se muestra su esqueleto. Época de bonanza la aprovecha Viollet-le-Duc para erigir, modificar, transfigu­rar. Se consagra la catedral en 1864. Sie­te años después la Comuna asesina al arzobispo: está a punto la iglesia de consumirse en llamas.

Pero el barco pro­sigue, su ruta conti­núa. Quedan los ma­res sembrados de nombres: Raymond, San Luis, Enrique VI, Carlos VII, Enri­que IV, Luis XIV… Guijarros, arena, al­gas… Bossuet dedica su elogio fúnebre a Condé; banderas de Austerlitz se extien­den en tapices. Flujo y reflujo de mareas, cadencia de vidas: bautismos, matrimo­nios, funerales… In­móvil, la nave avan­za. Son los remolinos quienes se revuelven, temporales que se repiten, tempestades, huracanes y galer­nas que se suceden idénticas.

«Las aguas que has visto…, pueblos y muchedumbres son y naciones y lenguas», había escrito San Juan en su visión de Patmos. Pueblos y épocas y edades tan soberbias y líquidas como las aguas, tumultuosas y amena­zantes como venas sin cauce, desbordán­dose en vanidad y rebeldías. Hombres como aguas, aguas igual que lenguas, olas de largas lenguas ondulantes dominando cuerpos en la historia.

Corrientes del mundo: aluvión de ideas, cavidades abiertas en gargantas, torrente de montañas, bloques de piedras descen­diendo que atruenan y ametrallan las pa­ces y las guerras. Barro. Torbellinos soca­vando conciencias. Vibraciones cada vez más fuertes, vientos de confusión acelera­da que rompen crestas, las abaten en franjas. Espuma de envidias, masas de mar picado densas y tendidas. Se labran valles de costumbres y pliegues de nove­dad: el blando limo de los seres lo arrasa el vértigo, esa veloz precipitación.

Sólo la roca firme no padece sino ero­siones leves: no se derrumba. Océano del mundo, barco de la Cité, barca de hombres. Nave donde vivimos todos sin conocernos. A estribor el Ártico, Antártico a babor; en la popa la vida, la Vida a proa. Barco de navegantes hoy sacudido a ráfagas: luces de oscuridad equívoca.

Sobre esta palma de la mano del mar marcha este barco. En él viajamos.

Nuestra Señora está sobre las aguas”.

José Julio Perlado: “El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes”


(Imágenes:- 1.-París por los pintores/2.-Edwin Deakin.-colección privada.-oceansbridge. com/3.-Matisse.-Museo Tyssen.-Madrid/4.-Maximilien Luce.-1910/5.-pixdaus.com/6.-vitral.-wikipedia/7.-detalle de vidriera.-wikipedia/8.-Maximilien Luce.-1901-1904.-Museo Walrraf-Richartz.-Fundación Corboud/ 9.-Xavier Valls.-1991-02.-Galerie Claude Bernard.-París/10.-Michel Delacroix)