VIAJES POR EL MUNDO (8) : CORFÚ

 

Corfú- nhy- fortaleza vieja y casco antiguo- wikipedia

 

«En Corfú  la primavera era siempre una cosa muy seria. – así lo narra Gerald Durrell en » Bichos y demás parientes» – . Diríase que casi de la noche a la mañana los vientos invernales limpiaban de nubes el cielo y lo dejaban de un azul claro de espuela de caballero, y de la noche a la mañana las lluvias invernales alfombraban los valles de flores: el rosa de los satiricones, el amarillo de los crocos, los altos tallos pálidos de los asfódelos, los  azules ojos de los nazarenos que parecían mirarte desde la hierba más leve. Los olivares se animaban con el murmullo de los pájaros recién llegados: las abubillas de color salmón y negras, con sorprendidas crestas, hundían el largo y curvado pico en la tierra blanda, entre los matojos de hierba verde esmeralda; los jilgueros, con destellos de oro, rojo y negro en su plumaje, danzaban alegres de rama en rama, entre silbidos y gorjeos. En las acequias de los campos las algas teñían el agua, sembrada de hileras de huevos de sapo que eran como sartas de perlas negras; ranas verde esmeralda se croaban unas a otras, y los galápagos de concha negra como el ébano trepaban a las orillas para hacer sus agujeros y poner sus huevos. Las libélulas de acerado azul, delgadas cual hilos, desovaban y flotaban como el humo entre la maleza, trasladándose con vuelo extrañamente rígido. Era entonces cuando los ribazos se iluminaban de noche con la luz verdiblanca y palpitante de mil luciérnagas, y de día con el destello de las fresas silvestres  que  pendían en la sombra como rojos farolillos. Era un tiempo emocionante, un tiempo de exploraciones y nuevos descubrimientos, un tiempo en el que dar la vuelta a un tronco podía revelar casi cualquier cosa, desde un nido de arvícola agreste hasta un reluciente amasijo de luciones recién nacidos, que parecían como de bronce fundido y bruñido».

 

Corfú nji- vista de los monasterios Pondikonisi y Vlajerna- wikipedia

 

(Imágenes – 1 -Corfú- fortaleza vieja y casco antiguo- Wikipedia/ 2.-Corfú- monasterios- Wikipedia)

VIAJES POR EL MUNDO (7) : CÓRCEGA

 

corcega-desde-el-satelite-de-la-nasa-wikipedia

 

«El crepúsculo vespertino oscurecía ya la mitad de la habitación. Fuera, sin embargo, el sol poniente colgaba todavía sobre el mar, y en la luz resplandeciente que de él brotaba en oleadas temblaba todo el mundo que se veía desde mi ventana, no deformado en ese segmento por ningún trazo de carretera ni por el más mínimo asentamiento humano. Las monstruosas formaciones de rocas de las Calanches, pulidas en el granito por millones de años de viento, niebla salada y lluvia, que se alzaban trescientos metros desde lo hondo, lucían con centelleante rojo cobrizo, como si la piedra misma estuviera incendiada y ardiera en su interior. A veces creía reconocer en aquel centelleo los contornos de plantas y animales que ardían o los de una población amontonada en una gran pira. Hasta el agua de abajo parecía estar en llamas.

Sólo cuando el sol se hundió tras el horizonte se apagó la superficie del mar, palideció el fuego de las rocas volviéndose lila y azul, y las sombras salieron de la costa. Hizo falta bastante tiempo para que mis ojos se acostumbraran a la suave penumbra y yo pudiera ver el barco que había surgido del centro del incendio y se dirigía al puerto de Porto, tan lentamente que podía creerse que no se movería. Era un yate blanco de cinco mástiles, que no dejaba la menor huella en el agua quieta. Estaba casi al borde de la inmovilidad, pero sin embargo avanzaba inexorablemente como la aguja de las horas del reloj. El barco se movía, por decirlo así, a lo largo de la línea que separa lo que podemos percibir de lo que nadie ha visto aún.

Muy lejos sobre el mar se despedía el último resplandor del día; en tierra, la oscuridad se hacía cada vez más espesa, hasta que, ante las negras alturas del Capo Senino y de la península de Scandola, se encendieron a bordo las luces del buque blanco como la nieve».

W G Sebald – «Los Alpes en el mar«- «Campo Santo»

(Imagen.-Córcega desde el satélite de la NASA- Wikipedia)

VIAJES POR EL MUNDO (6) : SICILIA

 

ciudades.- rtnn.- Paul Klee.- Sicilia en 1924.- Fundación Barbes Philadelphia PA

 

«La villa de San Giovanni está a nuestras espaldas, gris y rosada sobre la chata colina; y frente a nosotros Mesina es casi invisible en la sombra de las nubes, y sólo brilla al primer sol la punta del Cabo Faro. El sol se levanta de entre las nubes tras el Aspromonte, el Etna está cubierto de nubes hinchadas de lluvia, Italia y el Continente se alejan en el vuelo de las gaviotas, Mesina ya empieza a abrirse ante nosotros al pie de las colinas que forman pequeños valles donde se amontona la niebla, delicada y aérea en la atmósfera clara. De lejanos cuarteles llega un son de charangas. El perfil de las iglesias, de las casas, del campanario en el famoso reloj del León y del gallo, reproduce en la Costa la caprichosa silueta de las montañas. Después el tren  corre a lo largo de la costa del Jónico, rumbo a las ciudades  antiguas y al volcán. Hay pescadores en el mar, otros pescadores trabajan remendando redes sentados en las playas, y por todas partes se ven barcas en seco a lo largo del ferrocarril. Las casas de los pueblos se apretujan al pie de las colinas oscuras cubiertas de tuna. Niños trepados a las cancelas miran pasar el tren,

 

casas-mhu-Palacio Biscari-Sicilia- siglo dieciocho

 

y viejas envueltas en los chales lo miran amparadas tras los vidrios de las ventanas. Campesinos se doblan sobre la tierra en los huertos, grupos de hombres y mujeres trabajan tranquilos, lentos en sus gestos, vestidos de trapos de maravillosos colores, en medio de las plataformas de cítricos. Chicos, derechos en los pescantes, silenciosos y confiados, pasan en los carros tirados por caballos enjaezados. Cruzamos anchísimas torrenteras, cauces de piedras por donde pasan los carros; rocas, islotes, escollos siguen en la costa, un monte alto se yergue amarillento y abrupto: estamos en Taormina. Es uno de los lugares màs célebres del mundo (…) Este aire volcánico, este brillante mar parecen envolver, impasibles, todas las cosas, y constriñen hasta al más insensible, y al más alocado a una armoniosa contemplación».

Carlo Levi » Las palabras son piedras»

 

Taormina- mu-buenavita es

 

(Imágenes- 1- Paul Klee- Sicilia- 1924- fundación Philadelphia/ 2.- palacio Biscari– Sicilia- siglo XVlll/ 3.-Taormina- buena vita)

SIGLOS EN SICILIA

Sicilia- btrr- museo Británico

“Creo en los sicilianos de hablar parco, que no se agitan, que se corroen por dentro y sufren – dejó escrito Leonardo Sciascia enLos tíos de Sicilia”-; los pobres que se saludan con un gesto cansino, como desde una distancia de siglos”. Tales siglos, extendidos en campos de historia, aparecen en la exposición que ofrece actualmente el British Museum sobre esa isla en donde la literatura y el cine ( Pirandello,”La terra trema”, “Stromboli» ) se han inspirado, y sobre esos campos por donde han caminado muchos escritores, entre ellos Carlo Levi, que con “Las palabras son piedras” ( tres jornadas en Sicilia) recibió en 1956 el Premio Viareggio.

 

Sicilia- buh- museo británico- foto British museum

 

El verano baja sobre Sicilia como un halcón amarillo, sobre la amarilla extensión del feudo cubierto por rastrojos – escribió el autor de “Cristo se detuvo en Eboli» -. La luz se multiplica en una incesante explosión y parece revelar y abrir las formas extrañas de los montes y hacer compactos y durísimos el cielo, la tierra y el mar, un sólo muro ininterrumpido de metal coloreado. Bajo el peso infinito de aquella luz, los hombres y los animales se mueven en silencio, acaso como actores de un drama remoto, sin palabras que lleguen a nuestros oídos : pero los gestos se dibujan en el aire luminoso como voces cambiantes y petrificadas, como troncos de tunas, ramas retorcidas de olivos, rocas monstruosas, negras grutas sin fondo.

 

Sicilia- grc- foto British Museum

 

También hemos descendido nosotros del cielo, como el halcón del verano. Al cabo de una hora de vuelo navegante en un país líquido, de nubes grises, de claros improvisados y tiernos de cielo azul y de gris brillante del mar, entre ríos, nieblas, líquidas exhalaciones, encerrados en un universo aéreo de agua, de pronto, como si una mano, con un gesto brusco hubiese apartado los vapores y abierto los

 

ciudades.-4rr - Sicilia.-Franca Schininà

 

horizontes a la luz, se nos aparecen, trágico, ardiente e inverosímil, el azul de Sicilia, y la costa, y el esqueleto requemado del  Monte Pellegrino. Como chupados por esta tierra atractiva y devoradora, antes de tener tiempo para contemplarla, henos aquí ya en la pista del aeródromo, en Bocca di Falco«.

 

Sicilia-ubyn-freejpg com ar

 

(Imágenes.- 1, 2 y 3.- exposición sobre Sicilia en el Museo Británico- fotos British museum/ 4. Sicilia- Franca Schininà / 5.-Sicilia – freejpg com)

VIAJES POR EL MUNDO (3) : UN TEATRO EN PARÍS

 

baile- danza.-5gyu.-Ximo Lizana

 

«Recuerdo ahora aquel teatro de París a media mañana, el patio de butacas vacío, los lujosos palcos desiertos, algunas luces, sin embargo, encendidas a pesar de la hora, no todas las arañas iluminadas, pero sí aquí y allá, desperdigadas, unas luces que hacían resaltar los dorados azules y las alfombras elegantes de los pasillos, y yo allí, sentado y solitario, en la cuarta fila del patio de butacas, situado en el centro, intrigado más que fascinado por aquel único bailarín que estaba ocupando el escenario, un gran escenario semivacío, siguiendo los movimientos de sus brazos y de sus manos, aquel bailarín espigado, de tez oscura, un flequillo remoloneando su frente, pero sobre todo, lo que más atrajo mi atención fueron su cintura y sus pies, sus manos en el aire, revolvía el aire, las palmas abiertas golpeándose rodillas y muslos, chasquidos, dedos sueltos ; calzaba estrechas botas puntiagudas y al bailar iba levantando espacios de polvo con el repicar de su taconeo en la madera, sonaba y resonaba la madera bajo las plantas de sus pies y las puntas de sus botas, se le veía repetir, ensayar, repetir, se corregía, no parecía contento con sus logros, estaba sudoroso y excitado con su simple pantalón vaquero y su torso desnudo, se erguía y doblaba y giraba, se inclinaba y se expandía al compás de la única guitarra desgarrada en un rincón, al aire de unas palmadas dadas desde la sombra, entre cortinas, sobre una silla.

Siempre me han interesado los ensayos. Los ensayos, los haga quien los haga, siempre son tentativas, esfuerzos continuados, uno parece que no sabe a dónde va y sin embargo los ensayos siempre marchan hacia un fin de manera constante, con tenacidad ciega, persiguen recomenzar una y otra vez, reemprender, superarse. En los ensayos se visten ropas informales en un clima de intimidad y de soltura y allí nadie nos ve porque sólo nos vemos nosotros».

José Julio Perlado  (del libro inédito «Relámpagos»)

(Imagen.-Ximo Lizana)

VIAJES POR EL MUNDO (2) : CORINTO : ENCUENTRO CON UN PERSONAJE

 

Corinto-moi- Corinto desde el espacio

 

Recuerdo aquella jornada hace años por la carretera que sale de Atenas y pasa por Eleusis, cerca del escenario donde tuvo lugar la batalla de Salamina, luego bordear el mar, y pronto la llegada a Corinto, el tono de luz del mediodía, el almuerzo en lo alto, en una pequeña casa del Acrocorinto. Bajo el sol y ante el fondo de las aguas a lo lejos, el amplio golfo de Corinto, las ruinas de una vieja fortaleza en la montaña, la planicie de la vieja Corinto de San Pablo, las ruinas de la sinagoga…

Allí, de pronto, me encontré con mi personaje. No había nadie en derredor, pero sí una lápida en el suelo, un nombre : Mapia Kateika. Lo apunté en un papel y poco a poco esa figura se levantaría en el tiempo y me acompañaría años enteros. Graham Greene cuenta que a veces ha ido «en busca del personaje» – el título de una de sus obras así lo refleja- pero yo no iba en busca del personaje, sino que el personaje vino hacia mí  de repente y conmigo se quedó durante años, en el centro de mi memoria, para aparecer después  en mi novela «Contramuerte«, la narración de la plaga sobre la paralización de la muerte en el mundo.

Mapia Kateika, aquel nombre escrito en el Acrocorinto en un viejo papel – la primera mujer que muere en el mundo después de la plaga – permanece así en las páginas de un libro:

 

Corinto-nhy- atenas net

 

«Hoy día, quienes visitan la vieja iglesia de la montaña del Acrocorinto con su pequeña nave lateral, a la derecha, sobre un suelo cubierto de lápidas, cruces e inscripciones semiborradas, podrá descubrir sin duda, un sencillo rectángulo de piedra, un marco de bordes por donde asoma la hierba y que se extiende horizontal, de cara a una diminuta bóveda, y cerca de una puerta casi escondida que antiguamente llegaba hacia un jardín, y conduce hasta la sacristía. Allí están cuanto queda de los restos de Mapia Kateika, esposa del comerciante en maderas por todas las aldeas vecinas, y mujer cuyo nombre fue publicado, comentado y repetido en horas y días por el mundo entero, sin que luego quedara de ella más que una pálida estela, tal como sucede con todos los seres y las cosas, sobre los que atraviesa y a los que allana el tiempo.

Mapia Kateika tenía cuando ocurrió el suceso, noventa y dos años de edad y era una campesina fuerte, más bien gruesa, apoyada en dos bastones para poder moverse con más seguridad, rodeada su cabeza por un pañuelo oscuro atado a la garganta y que hacía resaltar aún más su blanca tez, su pelo sembrado de canas, y sobre todo – entre los pómulos gruesos y sus hinchados párpados -, los dos ojos grandes y profundos, intensamente azules, como de agua que estuviera moviéndose allí, agua azul en la hondura de las pupilas, moviéndose y aleteándose entre las pestañas, igual que un permanente recuerdo de su pasada belleza. Su ancho volumen, el andar lento y poderoso, los movimientos espaciados, contrastaban con aquellos dos ojos de juventud. Pero sus noventa y dos años de edad, eran iguales a noventa y dos llevados por muchas mujeres del mundo, y ellos estaban repletos de mañanas innumerables pasadas sobre la infancia, la adolescencia y la juventud, por tardes y noches de cotidiana madurez, y tiempos inmóviles de vejez, toda una vida ante un mismo paisaje, frente a unos mismos árboles e idénticos montes.

No era la más anciana de aquella aldea Mapia Kateika, ni la más anciana de todo Corinto. Había tenido once hijos y todos vivían, dándole estos, a su vez, veintiocho nietos. Nadie había muerto en su familia desde el inicio de la plaga: a sus noventa y seis años, su esposo – Stéfanis  Manussos -, abandonando todo quehacer, tomaba el sol cerca de ella, al costado de la sencilla casa solitaria, en un extremo de la aldea donde ya los ruidos de gentes casi no existían, y sólo el campo únicamente (los rumores del campo) – desde el roce de las hojas, al de los pájaros -, lo invadían y apaciguaban todo, sumergiéndolo en un silencio denso».

José Julio Perlado

 

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(Imágenes.- 1.- Corinto desde el espacio/ 2.-Corinto- Atenas net/ 3.- Corinto- sail-wind org)

VIAJES POR EL MUNDO (1) : ATENAS

ciudades-ubbn- Atenas- foto Dimosthenis Kapa

 

Ahora que Grecia está de tanta actualidad, mi memoria camina hacia atrás y se sumerge en aquella noche, hace muchos años, paseando por el barrio ateniense del Pireo, iluminados todos sus muelles, derrochando luz las cornisas ante las que se balanceaban innumerables yates de recreo. El recorrido luego por el barrio de Placa, pintorescas calles empinadas, tabernas abiertas a una música lenta y melodiosa, los pasos danzarines de «Zorba el griego«: cadencias lentas y movimientos a veces más variados, más ágiles en su contorsión, sobre todo en tabernas donde lo turco y lo griego se entremezclan, aires y danzas de los hombres. Después los descensos por callejas a los acordes de la música griega con lamentos y gritos de cánticos. Un cielo oscuro cubría aquella noche de marzo una Atenas llamativa y gozosa para la música, escalones del popular barrio de Placa con luces e instrumentos que se iban alternando, subían y bajaban turistas de todos los países acunados por  aquellas palmadas y compases, el chasquido de los dedos unido al alto movimiento de los brazos al girar en el aire y el andar y desandar trenzando piernas de bailarines masculinos que en camisa se dejaban llevar por la música, por el rito, por la noche, por cuanto llevaban dentro, en acordes, en tradiciones griegas que ahora mi memoria recoge.

José Julio Perlado

 

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(Imágenes. – Dimosthenis Kapa)