VIEJO MADRID (31) : INCIDENTES DE VALLE – INCLÁN

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

De Valle- Inclán he hablado varias veces en Mi Siglo. Pero cuando paseo ahora por Madrid y me detengo a fotografiar la fina estatua del escritor en el Paseo de Recoletos, casi enfrente a la Biblioteca Nacional y a dos pasos del “Café Gijón“, me llegan los ecos de sus palabras el 28 de diciembre de 1927 reogidas en el “Heraldo de Madrid“. Aquella mañana en la Audiencia había comenzado la vista de la causa instruida contra Don Ramón por un jaleo que suscitó en el teatro Fontalba durante el estreno de “El hijo del diablo” de Joaquín Montaner.

Cama,.6hh,-.Pérez de Ayala, Valle Inclán, Juan Belmonte.-elpais com

“El presidente – así lo cuenta “El Heraldo de Madrid” – se dirige al señor Valle- Inclán y le ordena:

– ¡Levántese, procesado!

Valle- Inclán, que se acaricia suavemente la barba con su única mano, responde sin moverse:

– Estoy bien así.

Se producen murmullos entre el público, y el presidente, agitando la campanilla, exclama:

– Procesado. ¡Levántese! ¡ Se lo ordeno!

El defensor interviene:

– El  procesado padece una crisis reumática…

– ¡No! ¡No! – le interrumpe airadamente el señor Valle – Inclán -¡No! ¡Falsedades, no! ¡Yo no soy un golilla para decir embustes! No tengo reúma. Lo que pasa es que no me parece bien levantarme…

(…) Más adelante, continúa el interrogatorio.

– ¿Cómo se llama usted?

– ¿Y usted?

El público ríe a carcajadas y el presidente golpea fuertemente la mesa con la campanilla.

– ¡Procesado!

– Compréndalo – dice sonriendo el procesado -, compréndalo. Es menos absurdo que le pregunte yo a usted cómo se llama que no que usted me lo pregunte a mí.

El señor Valle-Inclán, indicando con un ademán al público, añade:

– Todos estos señores conocen perfectamente mi nombre, y, en cambio, el de usted estoy seguro que…

– ¡Orden! ¡Orden!.”

escritores.-rtbn.-Valle Inclán.- con Josefina Blanco y una de sus hijas

Si esto es auténtico y quedó recogido en los periódicos, la mezcla de anécdotas verídicas y anécdotas apócrifas que Gómez de la Serna quiso utilizar en su biografía de Valle queda vertida en este otro episodio.

Muy cercano el ascenso al poder del general Primo de Rivera, a Valle se le impuso una multa de 250 pesetas por escándalo público en el Palacio de la Música. Cuenta Gómez de la Serna que muy de mañana apareció la policía en su casa.

Don Ramón, que casi se acababa de acostar, comenzó a gritar desde la cama:

– ¡ Que se vayan!… Éstas no son horas de detener a nadie…

Los agentes insistieron y entonces don Ramón les gritó:

– Necesito que me traigan un mandamiento judicial, y además yo me levanto más tarde.

Los agentes fueron a pedir nuevas órdenes y el mandamiento apetecido, volviendo al poco rato con el papel sellado y con la orden de levantarle, vestirle y llevárselo.

Don Ramón leyó el papel y oyó las órdenes del ministro:

– Bien; por de pronto, yo no me muevo de la cama…, pueden ustedes venir cuando me levante, y agreguen a ese tiempo las dos horas de sueño que me han quitado.

Los policías aguardaron un largo rato y por fin entraron en la alcoba dispuestos a todo.

– Bueno… Vístanme… Ya lo ha dicho su jefe.

Los policías comenzaron a ponerle los calcetines, pero Valle, impaciente, exclamó:

– Basta, basta… Seguiré vistiéndome yo… Como acto de fuerza ya está bien.

(…) Pronto estuvo vestido, hizo un paquete con libros y muchas cuartillas, “para escribir el Quijote en la cárcel”, y salió para el juzgado.

Allí el juez le preguntó formulariamente:

– ¿Cómo se llama usted?

– ¡ Que cómo me llamo yo! – gritó don Ramón – ¡Habráse visto insolencia parecida…! El que no sabe cómo se llama usted soy yo.

Entonces el juez, irritado, no le perdonó ninguna de las preguntas rituales:

– ¿Su profesión?

– Escritor. ¿No lo sabía usted?

– ¿Sabe leer y escribir?

– No.

-Me extraña la respuesta – dijo el juez con sorna.

– Pues más me extraña a mí la pregunta… Y ya no voy a responder más… Mande llamar a sus esbirros y que me den tormento.

El juez sonrió y acortó el acta mandándole a la cárcel, donde don Ramón estuvo quince días exactos.”

escritores.-bimnm.-Valle Inclán.-cervantes

(Imágenes:- 1.-estatua de Valle- Inclán en Madrid.-paseo de Recoletos.- foto JJP.-13 abril 2013/2.-Valle-Inclán junto a Ramón Pérez de Ayla y Juan Belmonte.-elpaís. com/ 3.-Valle- Inclán junto a su mujer y su hija Concha en el salón de su casa/4.-Valle-Inclán.-Centro Virtual Cervantes)

ASPECTOS DE LA BIOGRAFÍA

escritores.-5gyu.-Stefan Zweig y Maximo Gorki.-Sorrento.-1930

El primer rasgo que debe tener una biografía, según opinaba un gran conocedor del género como fue André Maurois, es la valiente búsqueda de la verdad. El segundo, la inquietud por la complejidad de la persona. También se ha dicho que el objetivo de la biografía es la transmisión verídica de una personalidad y que algo esencial en toda biografía es la elección de los detalles. Cuando Maurois escribe “De la biografía como obra de arte” desea recoger, aunque no lo comparte, el acercamiento que tiene Marcel Schwob al enfocar la vida de personajes muy distintos. “El arte del biógrafo consiste – había señalado Schwob -en valorizar tanto la vida de un pobre actor como la vida de Shakespeare. Es un bajo instinto el que nos lleva a ver con satisfacción el mechón en la frente de Napoleón. La sonrisa de Monna Lisa, de la que nada sabemos, es más misteriosa. Y una mueca dibujada por Hokusai, conduce a meditaciones más profundas”. Pese al enorme encanto de este extracto – matiza Maurois sobre estas palabras-, no considero justas las ideas que expone. Lo propio de las vidas de desconocidos es que dejan escasas huellas, a menos que imaginemos a un hombre genial que haya escrito cartas admirables y no las haya publicado”.

Monna Lisa.-2sdc.-Leonardo da Vinci.-museo del Louvre.-wikipediaLas biografías como género han continuado expandiéndose a lo largo del tiempo y tienen gran eco entre nuestro público. Sobre el trabajo de un biógrafo excelente y ameno como fue Stefan Zweig al escribir su “María Antonieta“, habló Friderike Zweig en sus Memorias “Destellos de vida” (papel de liar) y la polémica sobre si es lícito o no novelar de algún modo dentro de una biografía siempre ha estado viva. Mientras existen biografías muy fieles, minuciosas y enormemente documentadas como, entre otras, las de Painter y Ghislain de Diesbach sobre Proust o la de Knowlson sobre BeckettMaurois opinaba: “Críticos e historiadores han dicho sobre todo esto: “Quizá los  personajes tradicionales que se nos había descrito, el Wellington de la leyenda inglesa, el Washington de la leyenda americana, no eran verdaderos. Es posible, pero, ¿qué nos importa? No todas las verdades pueden decirse. A menudo conocemos historias crueles sobre nuestros amigos vivos, historias que nos guardaremos de contar. ¿Por qué íbamos a mostrarnos menos leales con nuestros amigos muertos y con los grandes hombres? No hay duda de que no fueron perfectos; no hay duda de que había una parte de leyenda en el retrato, demasiado bello, que se hizo de ellos. Pero, la leyenda, ¿no inspiraba acaso grandes cosas? Servía como ejemplo a hombres débiles elevándoles por encima de su propia talla. Por otra parte, ¿era acaso tan falsa? Las acciones de un hombre son, con frecuencia, más grandes que él. ¿No hay grande hombre para su ayuda de cámara? Esto no demuestra que hayan existido grandes hombres. Demuestra que ha habido pocos ayudas de cámara”.

escritores.-ffoo.-André Maurois

En nuestras letras hispanas acaso unas biografías excelentes como las que escribió Gómez de la Serna sobre Quevedo, Lope de Vega, Valle- Inclán o en sus “Efigies” de Baudelaire, Ruskin o Gerardo de Nerval son ejemplo de la mezcla entre anécdotas verdaderas y anécdotas apócrifas, presentadas de un modo consciente, añadiendo que hubieran podido ser verdad. Al comentarlas, Carmen Bravo – Villasante, autora de una importante biografía de Pushkin, decía: “Estas anécdotas inventadas nos iluminan, a veces, tanto sobre la vida de los biografiados, que no podríamos prescindir de ellas en sus biografías. Con esto, el artista acentúa los rasgos característicos del hombre. Es la misma fantasía poética de Picasso en sus retratos, cuando pinta a Jacqueline con tres rostros o dos cabezas, para darnos la impresión sobrecogedora de la verdad de una personalidad“.

(Imágenes:-1.-Stefan Zweig y Maximo Gorki en 1930/2.-Monna Lisa.-Museo del Louvre.-wikipedia/3.-André Maurois.-tecnoculto.com)

UNAMUNO, GLORIAS Y SERVIDUMBRES DEL PERIODISMO

“Cuando Unamuno cumplió los 60 años confesó que había publicado 4.000 artículos en la prensa. Ese quehacer le acompañaría toda su vida. El Noticiero Bilbaíno, Las Noticias de Barcelona, Hojas Libres, El Liberal, El Mercantil Valenciano, Vida Nueva, La Estafeta, Diario del Comercio, España, de Buenos Aires, Hispania, de Londres, La Nación y muchos otros más fueron altavoces de sus ideas. Como ha recordado María Cruz Seoane, las dos razones fundamentales que llevan a los escritores al periódico en esa época ‑de1898 a 1936, la edad dorada del periodismo literario, o de la literatura en el periódico‑ son la económica y el deseo de tener éxito, de darse a conocer. Para la inmensa mayoría de escritores, la colaboración periodística suponía una fuente de ingresos complementaria o imprescindible; Unamuno decía que aunque él y sus hijos no comían de las colaboraciones, sí cenaban de ellas. Él escribía más de 25 ó 30 artículos al mes, de7 a 9 por semana como asiduo colaborador de al menos 15 diarios y revistas. “Hay un número de artículos de diario o revista ‑le escribía a Ortega‑ que me obligan a hacer ineludibles necesidades de padre de familia. Pero no me pesa. Ello me obliga a pensar, un poco al día, pero en público. Una pluma en la mano es mi mejor excitante.

Esa avalancha de colaboraciones, las cataratas de artículos escritos para poder vivir no sólo oprimían a Unamuno. También Maeztu confesaba en una carta: “No le exagero si le digo que me dejaría cortar las dos piernas si pudiese disponer de dos horas más de atención concentrada al día. Los periódicos me están comiendo vivo, literalmente” Y Gómez de la Serna proclamaba a su vez: “El literato aquí, por mucho que trabaje, tiene que cubrir sus gastos de primero de mes con el sueldo periodístico, y después sufragar cada semana con los artículos de las revistas acogedoras y salvadoras”.

Pero además de las exigencias económicas ‑como le sucede hoy a muchos escritores‑ había ese deseo lógico de verse en la prensa ‑(hoy añadiríamos en los medios, es decir de estar vivo)‑, esa necesidad de situarse en la primera fila de los periódicos de entonces. El libro siempre ha sido laborioso y el periodismo instantáneo y efímero. Y también el periodismo ‑mal o bien‑ siempre ha sabido pagar con cierta puntualidad y frecuencia. El libro, no. A Valle Inclán, que colaboró en El Imparcial con una serie de artículos, le habían pagado en El Sol por Divinas Palabras trescientas pesetas y le sugirieron que pidiera por La corte de los milagros en La Nación de Buenos Aires dos mil pesos, algo que ninguno de sus libros le había dado. “Todos los escritores españoles contemporáneos ‑comentaba ante todo esto José María Salaverría afluyen actualmente al periodismo. La fatalidad de los tiempos ordena que el periódico devore al libro, y que, mientras el libro concede cada día  menos la posibilidad de una flaca ganancia, el periódico pague, si no precisamente estipendios fastuosos, por lo menos cantidades decorosas y al contado. Otorga también al contado el éxito. Estamos en el momento de la ‘civilización periodística’ y la literatura, es claro, ha tenido que rendirse a la fatalidad. Todos los escritores españoles, con sus cuartillas bajo el brazo, tienen que desfilar ante las mesas directivas de los diarios.”

Pero existe lógicamente un tercer motivo ‑además del del dinero y el de la presencia‑ para publicar artículos en la prensa. Se trata, como apunta Seoane, del deseo por realizar una labor cultural o política eficaz, es decir, de proponer o aportar en la plazuela del periódico ‑y así lo decía Ortega‑ la aristocracia de las ideas. Esas ideas en Unamuno pueden resumirse así: desde su primer artículo en la Hoja Literaria de El Noticiero Bilbaíno en 1879 le preocupa la unión del pueblo vasco para reunir fuerzas y salvar la paz; a esas preocupaciones vascas, enfocadas sobre todo desde la función social, hay que añadir el tema de la envidia cainita de una parte y el del peso de la lengua y sus valores de otra. Dos cuestiones completamente distintas. El ser de España, el alma de España, la casta y el casticismo, la estética, la filosofía y su personal visión de la espiritualidad, acompañarían como motivo a sus artículos toda su vida. Si a ello añadimos su atracción por el paisaje ‑por todo paisaje de la geografía española, pero sobre todo por el paisaje de Vasconia y de Castilla, e incluso ante estos paisajes y preocupaciones viajeras por las notas que le acercan al costumbrismo del XIX ‑tendremos sintetizadas las principales ideas de Unamuno que él desgranó en los periódicos hasta su muerte, en 1936. Desde su sosiego como Rector en Salamanca en 1901 las páginas de los periódicos le ofrecen tribuna para declamar en sus artículos todo lo que él piensa. Esos “apuntes preparatorios”, como él los llamaba, esos “cartones de estudio para un cuadro” ‑(de esta forma calificaba a sus artículos)‑ son los que Don Miguel iba entregando casi diariamente a la prensa. La asiduidad y el apremio no incidían en su calidad. Acaso esa forma de acercarse a los temas, ‑el pergeñar bocetos y esbozos y no caer al redactar artículos en lo que (robándole nosotros la expresión a Foxá) supondría escribir bajo el peso de la gravedad y de la púrpura‑ beneficiaba sin duda a sus colaboraciones. Ese “menester tan menesteroso” de su trabajo en la prensa daba pie, poco a poco, a transformar sus “cartones para un cuadro” en cuadros definitivos para un libro, es decir, en “cuadros con unidad y colorido”. De ahí nacen, por ejemplo, Por tierras de Portugal y de España, Andanzas y visiones españolas, Paisajes del alma, De mi país, y tantos otros.

Pero hay algo en la concepción del artículo en Unamuno digno también de reseñarse brevemente. En una dirección que algo nos puede recordar el fervor por las “cosas pequeñas” que tenía Azorín, cabe destacar el título Ansia de cosas pequeñas publicado en Las Noticias de Barcelona. Ahí Don Miguel defiende por qué él ha preferido siempre el artículo periodístico como vehículo de opinión: “Trabajos hay ‑dice‑ en que ponemos reflexión y ahínco, amontonando notas, tomando apuntes, revisando y volviendo a revisar las cuartillas. Y sin embargo, no reflejan nuestro espíritu tan bien como aquello otro que a la buena de Dios fluye (…) ¡Quién sabe si esta labor al parecer pequeña, desparramada, si esta intermitente cháchara no será lo que de más eficacia deje uno!”. Y en 1905 apuntaba: “Y así en vez de recogerse en uno a meditar sus propias concepciones y las ideas que parecen de otros, y organizarlas y tramar una obra orgánica completa, se apresura a echar fuera lo que se le vaya ocurriendo. Y hasta los libros hacen el efecto de ser colecciones de artículos de periódicos (…) Hay que escribir no para salir del paso, sino para entrar en la queda.

Singular defensa del artículo periodístico, de su espontaneidad, de su frescura. Los “apuntes preparatorios” y los “cartones de estudio para un cuadro” suponen en Unamuno un reflejo de la fragmentación que todo artículo aporta a un conjunto. Él está más cómodo volcándose en cada fragmento, que ya cada fragmento se articulará en una composición definitiva”.

(J.J. Perlado: “El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes“.-págs 55- 58)

(pequeño apunte al iniciarse la celebración del  Año Unamuno)

(Imágenes:- 1.-Unamuno en su despacho/ 2.-Unamuno antes de pronunciar un discurso en el Ateneo de Madrid, en 1922.-Ateneo de Madrid/ 3. retrato de Unamuno por José Gutiérrez Solana/4.- Unamuno, por Ramòn de Zubiaurre, retrato expuesto en 1913/5.-retrato de Unamuno por Daniel Vázquez Díaz.-unamuno usual/6.-retrato de Unamuno por Sorolla.-1920.-museobilbao)

VIEJO MADRID (21) : IMÁGENES Y RECUERDOS

“Vámonos al mercado – nos dice Azorín -. Observémoslo todo con detención y orden. Lo primero son las alcamonias, es decir, el azafrán, la pimienta, el clavo, el tomillo salsero, los vivaces cominos, los ajos. Sin las alcamonias no se puede hacer nada. Tendremos tiernas carnes y frescas verduras. Pero no nos servirán de nada. Escribe prosa el literato, prosa correcta, prosa castiza, y no vale nada esa prosa sin las alcamonias de la gracia, la intuición feliz, la ironía, el desdén o el sarcasmo. Anexos a las especies aliñadoras están los elementales adminículos de la cocina. Puestecillos de tales artes hay también en los mercados. Tenemos aquí las trébedes, las espumaderas, las alcuzas, los aventadores, los fuelles.”

“En Madrid trabajan dos fábricas de viento, quiero decir de fuelles: una en la calle de Cuchilleros y otra en la Cava Baja. (…) Los pimientos y los tomates nos dan lo rojo. Los rábanos, el carmín. La col, lo blanco. La brecolera y las berenjenas, lo morado. La calabaza, lo amarillo. – sigue diciendo en su libroMadrid” – (…)”

” ¿Y los gritos y arrebatos de los vendedores? El mercado francés es una congregación de silentes cartujos. Nadie chista. Las vociferaciones del mercado español nos llenan de confusión. Se apela con vehemencia al comprador. Se encarece exaltadamente la bondad de lo que se ofrece; pimientos, tomates o coles. Se defiende a gritos el precio, regateado por el comprador. La gritería llena la calle”.

“La Plaza Mayor es austríaca – nos dice a su vez Corpus Barga en “El Sol” , en 1926 (Paseos por Madrid“) -. La de Oriente, borbónica. (…) Puerta Cerrada es de Galdós. La Puerta de Atocha es de Blasco Ibánez. La de Isabel ll es de Valle-Inclán. La de Cuatro Caminos, de Pío Baroja. Las Vistillas son de Azorín. Las plazas de las Descalzas y de los Carros son castellanas. La cabecera del Rastro es modernista. (…) Las plazas de Recoletos y el Prado son europeas. Las de los bulevares son provincianas”.

“La población se va empobreciendo a medida que se aproxima al Rastro.- nos dice por su parte el gran RAMÓN – (…) Por medio de la calle van más carros que coches y pasan algunos burros ingenuos. Se encuentran más perros en libertad, perros de pieles apolilladas que rebuscan en el suelo, gachos y mohínos como colilleros. Van y vienen mozos de cuerda cargados, con miradas nubladas de bueyes cargados de piedras insoportables- nos sigue diciendo Ramón en “El Rastro“-. Algunos buhoneros de objetos nuevos, de espejos de luna confusa y mareada, de muñecas, de boquillas, de mil otras cosas insignificantes, venden en estas calles próximas, cuatro raras calles que de pronto se reunen en un trecho, medio calle, medio plaza, medio esquinazo, y brota el Rastro en larga vertiente, en desfiladero, con un frontis acerado y violento de luz y cielo, un cielo bajo, acostado,  concentrado, desgarrado, que se abisma en el fondo, allá abajo, como detrás de una empalizada sobre el abismo“.

Vienen y van así las plumas de los escritores sobre Madrid. Es un gozo escuchar sus voces tan distintas, sus prosas pisando las calzadas, subidas a las aceras, asomadas a tantos balcones para descubrir cada una de ellas por vez primera los secretos que encierra la ciudad, paisaje que siempre estará ahí, dejándose mirar por tan variadas pupilas.

(Imágenes:- 1.-mercado en la madrileña Plaza de San Miguel.-dibujante: Francisco Padilla Ortíz.-La Ilustración Española y Americana.-1881.-saber.es/2.- la calle de la caza.-dibujante Francisco Padilla Ortíz.-La Ilustración Española y Americana.-1881.-saber.es -/3.-El mercado de la Plaza de los Mostenses -dibujante Diaque.-grabador Arturo Carretero.-La Ilustración Española y Americana.-1880.-saber. es/ -4.-Plaza Mayor de Madrid.- venta de pavos el 2 de diciembre de 1906.-La Ilustración Española y Americana.-cervantesvirtual/ 5.-El Rastro.-dibujante Domingo Muñoz.-grabador Andrés Ovejero.-La Ilustración Española y Aemricana.-1898.-saber.es)

RESIDENCIA DE ESTUDIANTES (1) : COLINA DE LOS CHOPOS

“Hay noticias en Madrid, por la España desconocida, que aparecen de pronto, apartando las telarañas del tiempo y haciendo luz –la puerta entreabierta– en la penumbra de una celda olvidada ante la cual quizá pasamos todos los días. España está llena de enterradas noticias, tiempos de tierra pisándolas, campos de novedad dormidos en el tiempo. Un día, la bocanada de aire en la página de un libro, el soplo de una conversación desempolva esa arena acumulada y nos muestra vivo, el hueso descarnado. He ahí, en las revueltas del Madrid gigantesco, el hueso de la Colina de los Chopos, patio de las adelfas bautizado por un gran poeta muerto.

¿Quién no ha subido la calle del Pinar, en la Castellana, alcanzando los altos del Hipódromo, y no ha entrado en el aire –hoy ahogado de casas– allí donde las fronteras lindaban con Levante en una gran parcela de terreno propiedad del conde de Maudes; al norte, solares de distintos propietarios, y a poniente, quedando cortada la línea de un canalillo para bajar en rápido desmonte, los jardines del entonces Palacio de Industria y descender de nuevo a la Castellana?

Pocos. Acaso muchos. Posiblemente, nuestros abuelos o nuestros padres. Ahora hemos ido nosotros. Como a un cementerio de recuerdos, el patio de las adelfas que Juan Ramón Jiménez plantara allí está, con sus tres grandes adelfas rojas y con su adelfa blanca, desierto, rumoroso de pájaros; esos cuatro anchos marcos de bojes traídos desde El Escorial, esos cuatro arbustos de hojas lanceoladas, coriáceas, persistentes, a veces venenosas: flores grandes de varios colores y fruto en folículo. Flores que crecen a orillas de los ríos y que pueden alcanzar cinco metros de altura. Aquí están. A orillas de ventanas, a la ribera de pisos bajos: en el claustro de arenas y de hojas, silenciosa y retirada meditación para crear versos.

Juan Ramón, García Lorca, Antonio Machado, Claudel, Paul Valéry, Max Jacob, Alfonso Reyes, Valle‑Inclán, Alberti, Pedro Salinas. Estos y muchos nombres más han paseado por aquí. Hoy no queda sino sentarme y escuchar. Es Alberti quien habla: Casi una celda, alegre, clara. Cuatro paredes blancas, desprovistas. A lo más, un dibujillo a línea de Dalí, recién fijado sobre la cama del residente de aquel cuarto. Porque estamos en la Residencia de Estudiantes, sobre los altos del Hipódromo madrileño. ¿Una celda?. Quizá más bien una pequeña jaula suspensa de dos adelfos rosados, abrazada de madreselvas piadoras, vigiladas por largos chopos tembladores, hundido el ancho pie en el Canalillo de Lozoya. Y todo al alcance de la mano: flor, árbol, cielo, agua, la serranía sola, azul, el Guadarrama ya sin nieve.

Todas con el cabello desparcido

lloraban una ninfa delicada…

Pausa. Dislocadora interrupción admirativa, la mil y una del que lee en voz alta las octavas reales del poema. (Y mientras, desde la ventana: dos gorriones estridentes atacándose, ocultos, sacudiendo el olor a enredadera que gatea por el muro; el jardinero espolvoreando de plata, hasta doblarlos, los rosales, y el “manso viento” siempre..)

cuya vida mostraba que había sido

antes de tiempo y casi flor cortada.

Silencio. Nuevo silencio apasionado, casi ahogada la voz de quien recita ahora, fuera los ojos de la página, más verde aún su baja morenez contra el blanco extendido de las almohadas.

Muy pocos años tendría entonces Federico García Lorca. Apenas veinticinco. Y, desde aquella tarde, la égloga del poeta de Toledo, oída al de Granada, se me fija por vez primera, estampada sobre aquel paisaje de Madrid, ya para toda la vida.

Ha terminado de escribir Rafael Alberti su paisaje. A mí no me queda sino levantarme de esta piedra donde estoy sentado y caminar. Que marche mi mirada hacia las lejanías del Guadarrama. Pero Madrid lo impide. Y la puerta que ha abierto la noticia parece entrecerrarse”.

(José Julio Perlado .-“El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes“.-páginas 156-157)

(Breve evocación a los cien años de la Residencia de Estudiantes: 1910-2010)

(Imagen:.-La Residencia de Estudiantes.-wikipedia)

VIEJO MADRID (14) : LUCES DE BOHEMIA

Me detengo en ese madrileño Pasadizo de San Ginés, ante la placa que recuerda a Max Estrella.

Hasta aquí me llegan las frases de “Luces de bohemia“:

DON FILIBERTO.-Citaba mi defiición del periodismo. ¿Ustedes la conocen? Se la diré, sin embargo. El periodista es el plumífero parlamentario. El Congreso es una gran redacción, y cada redacción, un pequeño Congreso. El periodismo es travesura, lo mismo que la política. Son el mismo círculo en diferentes espacios”. ( Escena séptima)

DORIO DE GADEX.-Voy a escribir el artículo de fondo, glosando el discurso de nuestro jefe: “¡Todas las fuezas vivas del país están muertas!”, exclamaba aún ayer en un magnífico arranque oratorio nuestro amigo el ilustre Marqués de Alhucemas. Y la Cámara, completamente subyugada, aplaudía la profundidad del concepto, no más profundo que aquel otro: “Ya se van alejando los escollos”. (Escena séptima)

“MAX ESTRELLA.-El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato

DON LATINO DE HISPALIS.-¡Estás completamente curda!

MAX.-Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO.-¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX.-España es una deformación grotesta de la civilización europea.

DON LATINO.-¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX.-Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

DON LATINO.-Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.

MAX.-Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.

DON LATINO.-¿Y dónde está el espejo?

MAX.-En el fondo del vaso.

DON LATINO.-¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!

MAX.-Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.

DON LATINO.-Nos mudaremos al callejón del Gato“.(Escena duodécima)

(Zamora Vicente, en “La realidad esperpéntica” (Aproximación a “Luces de bohemia“) (Gredos) recuerda que “el contorno de Valle era una España caduca, enfermiza, sin arraigo ni ética (…), esa España está vista a través de una lágrima (excelente y bien explicable espejo cóncavo) o estrujada entre los dedos. Y de ahí lo resultante: esquinadas aristas, maltrecho proceder, pérdida de la solemnidad y del engolamiento, marcha hacia la nada total  (…) Queda, pues, claro que Valle -Inclán somete a una revisión el paisaje todo de la vida nacional“.)

Así me detengo, en el madrileño Pasadizo de San Ginés, ante la placa que recuerda a Max Estrella, escuchando las frases de “Luces de bohemia“.

(Imágenes: 1.-Pasadizo de San Ginés.-foto JJP/ 2.-Valle- Inclán, la actriz María Banquer y Julio Romero de Torres.-foros elpais/ 3.- portada de “Crónica”  12 de junio de 1932.-fondos del Ateneo de Madrid)

CENTENARIA GRAN VÍA DE MADRID ( y 4) : PLAZA DEL CALLAO

“En este momento – dirá Moreno Villa al retratar con la literatura una instantánea de Madrid -, Juan Echevarría está pintando su enésimo retrato de Baroja, Ortega prepara su clase de filosofía, Menéndez Pidal redacta su libro “La España del Cid“, Arniches ensaya un sainete, Manuel Machado entra y sale de la Biblioteca del Ayuntamiento, Antonio conversa con Juan de Mairena, Azorín desmenuza la carne de un clásico, don Pío del Río Hortega está sobre el microscopio, Juan Ramón Jiménez discurre algún modo de atrincherarse en el silencio, don Manuel Bartolomé Cossío corrige pruebas de mil cosas, Benavente se fuma su interminable puro, Ramón y Cajal estudia las hormigas, Américo Castro lucha a brazo partido con Santa Teresa, Zubiri, Gaos, Navarro Tomás, García Lorca, Valle Inclán...”.

Los nombres de Madrid y en Madrid. Un Madrid eterno. Y en medio de él – desde la calle de Alcalá a la Plaza de España la Gran Vía.

Recorriendo en el tiempo esa Gran Vía se evocan célebres cafés – como el que agrupaba a la tertulia de José María de Cossío -; otro viejo café al que solía acudir Antonio Machado; el estudio del pintor Pancho Cossío;  el Hotel Florida, ocupado por célebres escritoresHemingway, Dos Passos -,  corresponsales en tiempo de guerra. En Gran Vía número 7 – que entonces se llamaba Avenida de Pi y Margall – se encontraba laRevista de Occidente” y Fernando Vela, primer secretario de la Revista y fundador, con Ortega, de ella, cuenta que “la habitación era muy reducida, sin espacio más que para dos mesas. (…) Todos trabajábamos en todo. El edificio no estaba terminado-era 1923 – y teníamos que entrar por una puerta secundaria de la calle de la Salud y subir por una escalera que todavía estaba sin barandilla. (…) Más tarde, alquilamos dos habitaciones mejores en el mismo edificio, y posteriormente, en el mismo piso, un despacho para Ortega, que llenó de estanterías de libros, y un salón donde desde entonces se reunió la concurrida tertulia a la que acudían todas las tardes artistas, escritores, catedráticos, científicos y políticos”. Ramón Gómez de la Serna, en su Automoribundia” recordó que García Lorca llegó a aquella Revista con su primer manuscrito de versos y la Revista se los editó sin más, siendo uno de los éxitos mayores. A veces iba don Miguel de Unamuno, cuando pasaba por Madrid con motivo de unas oposiciones, y en esa Revista se publicaron las primeras cosas de Kafka, Huxley, Spengler, Jung y Keyserling.

Centenaria Gran Vía de tertulias, de cafés, de Revistas. Centenaria Gran Vía de automóviles, de gentes, de vidas.

Centenaria Gran Vía de recuerdos.

(Imágenes:-1-Gran Vía.- Madrid ayer, hoy y mañana/.2.-Gran Vía.-commons.wikipedia.org/-3.- Madrid.-Las modistillas le piden novio a San Antonio de la Florida.-1933.-foto ALFONSO)