PARAGUAS

 

 

“Me he comprado un paraguas del color del cielo para albergar todas tus lágrimas. Sólo así tu tristeza más reciente también será mía, y tu dolor ocupará mi sombra.

Puede que aquel paraguas que inventó la forma de calmar los rayos en los días grises no reconozca hoy el tacto de la lluvia y tiemble como un hongo en el olvido.

Puede que un día los nimbos o los cúmulos se nieguen a escuchar todas sus manchas de agua y acaben por secarse con el sol, igual que los lagartos.

Pero el paraguas siempre guardará en silencio la memoria de la lluvia y acogerá en su piel, a un tiempo perfumada y húmeda, las luces de otros rayos: los del sol.

 

 

Me gustan los paraguas, pero en casa; colgados del armario, en la cocina, encima del bidé o debajo de la cama pero nunca en la calle.  ¿Por qué rayos la gente se pone tan nerviosa y echa a correr cuando llueve un poco? ¿Son tal vez de azúcar? ¿Por qué cuando caen tres gotas toda la gente se ata a sus paraguas?

Odio a los que no saben dónde acaba su paraguas; a los que te clavan el mango o la varilla en los riñones, que te lo escurren en los morros, que se echan a volar cuando no pueden con el viento y lo disparan y lo zarandean como tulipanes negros.

Odio a los transeúntes que no vieron nunca a Mary Poppins, que piensan que el paraguas sólo sirve para huir del agua, que en días de tormenta se amotinan en los soportales,  que dejan sus paraguas en las papeleras y no se atreven nunca a desplegarlo en casa.

 

 

 

Creo que a las personas se las conoce por sus paraguas: negros para las viudas y los caballeros — quizá más resistentes al humor del agua —, estampados para las solteras, de plástico para los niños, lisos para las universitarias, rojos para los cirujanos, blancos para los curas, verdes para la Guardia Civil, de rayas para los presos, sin tela para los optimistas y de Ágatha Ruiz de la Prada para el resto

Hay paraguas que se abren como flores de invierno, paraguas que se abren como paracaídas, paraguas que se abren por sorpresa, paraguas que no se abren, paraguas para vivos, paraguas para muertos.

Hoy me he comprado un paraguas del color del cielo para albergar tus lágrimas y salir a la calle y decir cómo Brossa cualquier día: “ Bajo la lluvia despliego un mapamundi.”

Raúl Vacas

 

 

 

(Imágenes —1-Valentíne Rekunenko/ 2-Boykokolev/ 3 y 4- Rui Palha)

¿QUÉ ES UN CREADOR?

“Por inferior que sea la obra al sueño ¿quién no la contempla estupefacto y pasivo? ¿Quién no encuentra en ella cosas ignotas?!, le va diciendo Cesare Pavese a esta lectora atenta y solitaria.

“Es característico de una buena novela que nos arrastre a su mundo, que nos sumerjamos en él, que nos aislemos hasta el punto de olvidar la realidad. ¡Y sin embargo es una revelación sobre esa misma realidad que nos rodea!”, le confiesa Ernesto Sabato a este hombre que lee.

“El artista sigue trabajando sin descanso y volviendo a recomenzar – le recuerda Faulkner a esta lectora absorta – : y cada vez cree que logrará su fin, que integrará su obra. No lo logrará, como es natural; y de ahí la razón de que este estado de ánimo sea fecundo. Si alguna vez lo consiguiera, si su obra llegara a poder equipararse con la imagen que se hizo de ella, con su sueño, sólo le restaría precipitarse desde el pináculo de esa perfección definitiva, y suicidarse”.

“No hay otra manera de alcanzar la eternidad – le sigue diciendo el libro a esta otra lectora – que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí. La tarea del creador sería la de entrever los valores eternos que están implicados en el drama social y político de su tiempo y lugar”.

(Imágenes:- 1.- Valentine Rekunenko/ 2.- Alexander Benois – 1898 -por León Bakst.-wikipedia/ 3.- Evan Wilson/ 4.-Paul Fisher.-1905.-toanunnery)

UN VASO CON AGUA

“Estás ante mí en un vaso, agüita,

y me miras con los ojos que han salido

del grifo, rodeada por una prisión

tan transparente como tú.

Tú sabes que soy tu futuro: un embudo,

un poste animado y represento el fin

de la perspectiva: que te aguardan las hebras,

la penumbra de las entrañas y las arterias.

Pero no te preocupa. En general las prisiones

ofrecen más variantes para las substancias

sin hogar que la libertad, tanto peor

si es absoluta.

Tienes completa razón si crees

poder vivir sin mí. Pero recuerda que

mientras más tiempo yo exista, más tarde

te convertirás en la lluvia que lava el asfalto”.

Joseph Brodsky.-“El vaso de agua“.-1995

(Imágenes:-1- Hydrangea.-Barón Adolf de Meyer.-1907./ 2.-Valentine Rekunenko.-sizinicinsanat.realcollection. org)