AQUELLA ÉPOCA (6)

paisajes.- 5tth.- foto de Michael Christopher Brown.- National Greographic

«Espacios inmensos como manchas vacías, llegaban a encontrarse en Oceanía, en Alaska, al norte del paralelo 60 en Canadá, y en muy distintos lugares, tales como el desierto del Thar en la India, por ejemplo, en el Sáhara o al oeste de Australia, sólo por citar algunos entre otros muchos. Eran aquellos como reinos blancos, palmas de sal, brazos de nieve o hielo en ocasiones; entonces, crestas y cavernas emergían en un mar de nieblas para extraer su tronco, igual que si aspirara aire el cráter para sumergirse de nuevo lentamente hacia la ebullición de sus entrañas. A  veces, como en volcanes del Ecuador, el vientre de aquel enorme monte quedaba abierto al cielo y, dilatando la orla de su agujero en

paisajes.-4vvb.-dunas.-L J Ratschiller

tres kilómetros – tendidas las cordilleras de alrededor -, aparecía tumbado como figura de mujer, la cabeza velada por un sudario en el momento de dar a luz: gases, vapores, masas de lava y ríos de ceniza envuelto todo en brumas, estallaban con potencia superior al sonido. Luego la cristalina palidez quedaba dormida: un vaho flotante envolvía el silencio. Era un silencio inaccesible, desconocido para los hombres. Cierta mano parecía extender en las laderas, muy lejos del vientre y de la boca, una crema suave, untando la aridez de los picachos hasta hacerlos de yema. En otros lugares del globo, en selvas de América y de Europa, ruidos singulares quebraban aisladamente el silencio.

animales.-342ds+foto por Christopher Brown.-National Geographic Photo

A lo largo de miles de kilómetros, en el Amazonas, entraban en el agua manadas de búfalos: lo hacían pausadamente, alineados uno tras otro como manchas pardas y pesadas, cruzando de una a otra zona verde; era en aquel mar dulce, entre arenales y lagunas, donde al silencio le atacaban movimientos bruscos: anguilas eléctricas al acecho y atento observar de las pirañas; mientras al otro lado del mundo, casi en las soledades del Polo Norte, silencios de taiga eran pisados por la nieve; cuernos de renos nómadas se confundían con arbustos, y a cada sacudida de los cuerpos, el blanco polvo de las pieles dejaba recortarse al fondo finos árboles, como alambres de hielo ante un sol pálido.»

JJPerlado.- «Contramuerte».-pág 25

estaciones.-5frf.-invierno--nieve.-Paul Kozal-Snowy Branch

(Imágenes:- 1.-  Michael Christopher Brown.- National Geographic/ 2.- L.J. Ratschiller/ 3.- Christopher Brown.- National Geographic/ 4. Paul Kozal)

AQUELLA ÉPOCA (5)

gentes.-tgn.-Londres.-fotógrafo desconocido.-estación Victoria 1934

«En general podía hablarse de anonimato en muchas características de la época: se veían pasar y entrecruzarse multitudes  que no se conocían. Distintos autores lo han comparado con el universo de los insectos y, en ciertos aspectos, la consideración puede ser válida. El pulular minúsculo de los habitantes recordaba – con sus encuentros y tropiezos -, la visión de un hirviente hormiguero. Las gentes cruzaban durante horas de uno a otro agujero, estrechándose los espacios cada vez más, de tal modo que no era extraño encontrar personas cuyo paisaje habitual fuera siempre el mismo: una zona precisa que les llevaba del dormitorio a la oficina, y del despacho nuevamente al dormitorio. La presencia del campo había desaparecido. Las ciudades eslabonaban sus barrios proyectándose hacia el gigantismo, pero al mismo tiempo cerrando más sus dependencias hasta apretar al máximo su ámbito interior. Desde hacía largos años, era entre hierros, cristales, cemento, aluminio, estructuras metálicas y otros elementos, el lugar donde nacían, vivían

gentes.-563de.-Robert Demachy

y morían los hombres. Los contrastes entre la dimensión del mundo (que podía atravesarse en pocas horas gracias al tráfico aéreo ) y los problemas que planteaba cruzar una ciudad cada jornada, aparecían agudos. La prisa de las gentes era por entonces otro aspecto bien significativo. La prisa y la ausencia de silencio. Parecía el silencio haberse retirado a espacios vastos e indefinidos. Ateniéndonos a hechos comprobados, el silencio auténtico podía habitar en esas amplias zonas perdidas entre lo que anteriormente llamábamos  «ciudades- nubes», es decir, en extensiones de tierra y de agua, en soledades inundadas de arena o en lo que los especialistas habían querido denominar «bosques de  lluvia».

J J Perlado.- «Contramuerte», págs 24- 25

vida cotidiana.-rgfui.-George W. Gardner.-1967

(Imágenes:- 1.- Londres.- estación Victoria.- 1934.- fotógrafo desconocido/ 2.- Robert Demachy.– la multitud.- 1910.- colección Thomas Walther.-. MOMA / 3.- George W. Gardner.- – Missouri.-1967.- weheartit. com)

AQUELLA ÉPOCA (2)

objetos.-iuun.-Cesar Baldaccini.-teléfono.-1963

«Podían contemplarse comercios exponiendo constantes novedades; se veían hombres y mujeres devorados por un apetito perpetuo de cambio, aturdidos no por lo auténtico sino por lo nuevo. Era así como en aquellos momentos lo reciente y lo antiguo sellaba de supuesto valor transacciones e intercambios: en rincones de ciertas casas, utensilios rozados por el tiempo y elementos decoradores de otras épocas, se adquirían a precios altos como restos aislados que formaran contraste: aparecían como salvados de un naufragio, tan alejados y extraños en su belleza como huesos de prehistoria, igual que si entre la marea de novedades se hubieran arrastrado flotantes aquellas piezas de lo desconocido, curvas y aristas y planos y formas de un mundo aéreo o subterráneo, misteriosos despojos de historia. Era en esos determinados rincones, donde unos hombres con otros mostraban, a veces sin saberlo, su personal identidad. Acaso con un diminuto objeto antiguo y sin más realce que el prestado por el tiempo, llegaba a descubrirse la clave de un temperamento o el matiz de una sensibilidad: incluso llegaba a descubrirse si quien ocupaba aquella casa y era propietario de aquel pequeño resto, carecía de sensibilidad propia y su gusto aparente no era sino producto de una moda, una inercia que había estado ayudada por la ostentosidad y el dinero.

objetos.-4vbbn.-Arman.-1962.-artnet

Pero aparte de estos lugares, de algún modo singulares y que por una u otra razón no podían mostrarse como los más frecuentes, era lo más habitual encontrar (como hoy también sucede), una tendencia intensa y extensa a la uniformidad y al parecido, tal como si viviendas, trajes y costumbres no existieran individualmente sino gracias a una suerte de mutua imitación.

objetos.-7hyh.-Jitish Kallat.-Collidontus.-2007.-Loe medios de comunicación

Era entonces como una especie de carrera incesante por poseer unos lo que poseían exactamente sus vecinos, pero no movidos por la necesidad sino estimulados por un secreto afán de ocultar todo retroceso personal o familiar, y situarse familias y personas – con sus objetos adquiridos, sus maneras de comportarse, e incluso los modos de desarrollar sus distracciones – en forma casi idéntica y mimética, hasta el punto de dejarse arrastrar por las mismas cosas hacia los mismos lugares, y confluir allí unos tan parecidos a los otros, que podía con razón hablarse de un solo hombre único ocupando gran parte del globo, formado ese hombre por millones de seres que parecían haber perdido sus preferencias para sumirse en el gusto común.»

JJPerlado.- «Contramuerte», págs 22- 23

(Imágenes:- 1.- Cesar Baldaccini– 1963/ 2,- Arman.-1962.- artnet/ 3.-Jitish Kallat)

AQUELLA ÉPOCA

ciudades,.rtyv,.Turín.- 1955.-Riccardo Moncalvo

«Historiadores de aquella época fueron guardando en sus escritos estampas de una sociedad que, una vez más, quería romper con todo lo anterior, en ocasiones quebrándolo con más furia, como si a cada embite de destrucción, las fuerzas cobraran más impulso. Así, uno de los grandes dioses de aquellos años parecía ser el bienestar, devoción que cada generación había tenido, pero que ahora se erguía obsesionante y en tal forma, que su representación podía imaginarse sin final y sin fondo, aborbiendo cada avance a tal velocidad que ningún logro la saciara. Las gentes se habían acostumbrado a mejorar tanto sus comodidades, que no transcurría invierno ni verano en que un nuevo hallazgo no dejara caduco todo lo anterior. Así podían decir cuantos lo observaban, que pocas veces en el curso de la historia, el ritmo de transformaciones había adquirido mayor celeridad que en ese tiempo. Cincuenta años antes, las comunicaciones en el espacio no habían sido desveladas con la rapidez asombrosa que entonces se mostraba; y algo muy

vida corriente.-5ggyy.-August Macke.- mujer ante una vidriera luminosa.- Museo Sprengel.- Hannover

similar podía encontrarse en los campos, con la modificación permanente de las máquinas o en las ciudades, y entre naciones y continentes con el trazo vertiginoso en el aire y en las ondas: todo en fin, sirviendo a la comodidad del hombre, pero estando el hombre a su servicio. Porque en tal tiempo, más quizá que en ningún otro, aquello que muchos seres se habían esforzado en desvirtuar para crear su época, estaba desvirtuándose en otro sentido que se les escapaba y sin lograr ellos detenerlo; lo que creían dominado les dominaba, y muchas trabas que pensaban haber desatado les ataban cada vez más hasta inmovilizarlos conforme se movían: esclavos pendientes de las cosas, urdían cada jornada una mejora más para ser dueños y libres, no cayendo en la cuenta de haber retrocedido en su libertad, avanzando en cambio en esclavitud.»

JJPerlado. «Contramuerte».– pág 22

(Imágenes:- 1.-Riccardo Moncalvo.-Turin.- 1955/ 2.-August Macke.- mujer ante vidriera luminosa.-Museo Sprengel- Hannover)