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Posts Tagged ‘Tonino Guerra’

 

La  aparición de “Atrapad la vida. Lecciones de cine para escultores del tiempo” (Errata Naturae) me llevan de nuevo a la lectura de los”Diarios” de Tarkovski (” Journal 1970- 1986″) ( Cahiers du cinema) – y me detengo en su anotación del 12 de febrero de 1979,  – un año después de  realizar “Stalker” – cuando escribe: “He estado con Tonino Guerra. Le he contado el argumento siguiente: un hombre, un escritor, que ha conseguido llegar muy alto en su ascensión espiritual, que es leal y bueno, que ha despreciado siempre la vanidad del mundo y del éxito y que está preparado para morir, se mira un día en un espejo  y descubre sobre su rostro los signos de una enfermedad terrible, la lepra. Transcurre todo un año esperando que esa enfermedad se declare abiertamente. Pero durante ese espacio de tiempo, los médicos y otras gentes competentes le informan de que ya se ha curado. Vuelve entonces a su casa y encuentra todos sus objetos recubiertos de polvo. Su cuaderno de notas es un basurero y con el lápiz no es capaz de escribir ninguna cosa.

– ¡Tanto peor! -murmura él por lo bajo.

– ¡Tanto peor! – le responde una fuerte voz dirigida hacia su rostro desde el espejo para recordarle que está bien vivo. Pero él se encuentra vacío de sustancia.  Y comprende que el más grande de sus pecados es el orgullo.  Él creía haber alcanzado  en el pasado cumbres espirituales, y  he aquí que ahora está reducido a la nada: la conciencia de la muerte, a través de la enfermedad, le ha hecho el vacío”.

 

 

Tarkovski le da vueltas muchas veces al tema de la vanidad y del orgullo.  El 21 de diciembre de 1979, meditando sobre el Tiempo, copia esta plegaria de San Efrén, recitada durante la Cuaresma  : ” Señor y Maestro de mi vida, aleja de mí el espíritu de la pereza, del abatimiento, de la dominación y de las palabras vanas. Dame un espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y de amor”.  Y tres días después, en la Nochebuena del 24 de diciembre, copia otras palabras de un santo:  ” la vanagloria consigue refugiarse en todas nuestras actividades. Por ejemplo, si  encuentro vanagloria en mi ayuno, cuando lo interrunpo para no llamar la atención, me vanaglorio y me glorifico de mi prudencia. Cuando  llevo vestidos caros  me encuentro vencido por mi vanagloria , y cuando los llevo pobres, aún tengo vanidad. Cuando hablo, estoy dominado por ella y cuando guardo silencio , la vanidad aún me domina. Es como una trampa de tres puntas: da igual  la manera en que tú la arrojes, ella siempre te muestra una de las puntas”.

 

 

 

(Imágenes -1-  Tarkovski – people ucalcary -ca/ 2 -“Nosthalgia” -Applescript  – extracts / 3- Tarkovski)

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“En el otoño de 1972, Federico Fellini telefonea a Tonino Guerra -así lo recuerda Benito Merlino en su estudio sobre el gran director italiano – al que conoce desde hace largo tiempo; son de la misma edad y hablan el mismo dialecto. Nacido el 16 de marzo de 1920 en Sant´Arcangelo, un pueblo que se encuentra a nueve kilómetros de Rimini, hijo de un pescador, Tonino Guerra es un poeta dialectal muy conocido. Empieza a escribir para distraer a sus compañeros de deportación, en el campo de Troisdorf, en Alemania. Desde 1953 se establece en Roma y trabaja con Giuseppe de Santis, Elio Petri, Vittorio De Sica, Mario Monicelli, Francesco Rossi, Wim Wenders, Theo Angelopoulos, los hermanos Taviani, Andreï Tarkovski y Michelángelo Antonioni. Es amigo también, y consejero artístico de Marcello Mastroiani, al cual orienta en todas sus películas”.

A Tonino Guerra he aludido alguna vez en Mi Siglo y el Diario de Tarkovski ( 1970-1986) (Cahiers du Cinema) está lógicamente salpicado de referencias a él. “Tonino – dice por ejemplo Tarkovski el 8 de junio de 1980 –¡ qué hombre tierno y bueno, e ingenuo como un niño!“.

“Durante su infancia y adolescencia – sigue diciendo Benito Merlino -, Tonino Guerra y Federico Fellini casi han vivido las mismas historias en los mismos paisajes; están impregnados de las mismas tradiciones, con personajes que padecen las mismas locuras, iguales ignorancias, idénticas ridiculeces. A dos voces – podría decirse que a dos memorias – los dos se esfuerzan por trazar un retrato del mundo provinciano italiano. Federico dibuja y Tonino escribe. Es en el restaurante Cesarina, el preferido por Federico, cuando Fellini encuentra el título de su película. Se llamará “Amarcord” (“Me acuerdo”):

“Lo sé, lo sé, lo sé,

que un hombre a los cincuenta años

tiene siempre las manos limpias

y yo me las lavo dos o tres veces al día;

pero sólo me veo las manos sucias

me acuerdo

de cuando era mozo”.

(Pequeña evocación sobre el gran guionista italiano que acaba de morir)

(Imágenes:- 1.-Tonino Guerra.-ravennaedintorni. it/ 2.-Tonino Guerra.-ilrestodelcarlino.it/ 3.-Tonino Guerra con la viuda de Antonioni.-it ibtimes.com)

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En ocasiones quien escribe un blog debe hacerse eco de sus lecturas. 

Trascribo la historia que el poeta español Félix Grande  le fue contando hace tiempo a Ernesto Sábato durante un homenaje que a éste último se le tributó en Madrid:

“Ustedes saben – dijo en aquella ocasión Félix Grande – que uno de los más grandes guionistas europeos se llama Tonino Guerra. Tonino Guerra es el guionista de los Taviani, de Vittorio de Sica, de la película “Amarcord” (en Mi Siglo me he referido a films donde él participó activamente: “Nosthalgia” o “La eternidad y un día”).

Un día – prosiguió Grande -, a Tonino Guerra, que es norteño, habitante y nacido en la Romaña, en Italia, le llamó su amigo Vittorio de Sica para que le hiciese el servicio de visitar con él Nápoles, porque De Sica tenía la intención de hacer una película con Nápoles como protagonista. Pero no sabía qué quería contar en ella, y por ello requirió la participación de Tonino Guerra. Llegaron a Nápoles, estuvieron un par de días caminando por Nápoles, yendo a unos sitios y a otros, y a Tonino Guerra, hombre muy norteño, no le encantó particularmente el aturdimiento, la voracidad automotriz de esa ciudad. Vittorio de Sica ya estaba un poco desesperado, y finalmente, hacia las dos de la tarde de un día de verano muy caluroso, se llevó a Tonino Guerra a una taberna, a una tabernita que era una habitación pequeña, con una ventana que daba a una plaza porticada, tras de la cual se veía borrosamente alguna figura, porque la resolana del día emborronaba las imágenes. De pronto se abrió la cortina y apareció una pareja, se acercaron los dos al mostrador y dijeron: “Por favor, dénos tres cafés, dos para tomar y uno en suspenso”. Tonino Guerra no entendió, no sabía qué pasaba, miró a Vittorio de Sica y le hizo un gesto de interrogación, y Vittorio de Sica le dijo: “Espera, tranquilo”.

La pareja se tomó cada uno su café, pagaron tres cafés, tomaron dos, y se fueron. Luego pasó un grupo de cuatro personas, tomaron cuatro cafés, los pagaron y se fueron; luego pasaron cinco personas, pidieron siete cafés, cinco para tomar y dos en suspenso, se tomaron sus cinco cafés, pagaron siete y se fueron.

Tonino Guerra estaba inquieto, como es propio de un hombre perpetuamente asomado a lo maravilloso, y quería saber qué es lo que ocurría. Vittorio de Sica no decía nada, hasta que de pronto, a través de la ventana, se vio una sombra en medio de la resolana, evidentemente era la figura de un ser humano que avanzaba hacia la tabernita, hacia la pequeña cafetería. Y se abrió la cortina, y apareció un mendigo. El mendigo se dirigió al camarero con una mezcla de humildad y de cortesía, y preguntó: “Por favor, ¿hay algún café en suspenso?”. Y el camarero dijo: “Por supuesto, pase”. Se tomó su café y se marchó”.

He aquí una historia verídica, una historia napolitana – la taberna donde se regalaba el café a los mendigos, sin humillarlos, dándoselo en la mano-, una historia en palabras o imágenes que se hace universal.

(Fotos:seniocare24.de/Tonino Guerra/ Una calle de Nápoles.-flikr)

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