EL VIAJE DE NOVIOS DE HISAE IZUMI

 

 

“ Desde lejos vio reflejada la figura de Kiromi  Kastase, su antiguo amor, que estaba andando ahora sobre los jardines como si no hubiera muerto hacía años en la batalla de Dan- Nō- ura, en el estrecho que une a las islas de Kyūshū y de Honshü. Vestía en ese momento Kiromi Kastase el eterno kimono blanco de los hacedores de espadas y  Hisae, nada más verlo en la lejanía, corrió enseguida  hacia él y se puso inmediatamente a su lado, y juntos emprendieron los dos una especie de extraño viaje de novios como nunca hubieran podido imaginar. Visitaron en primer lugar la Cascada junto a la puerta del dragón, de la que habían oído hablar mucho pero que no conocían y que estaba al pie de la montaña, no lejos de allí, en el norte del “Pabellón”. Aquella cascada era una larga lengua de agua derramándose sobre una roca que tenía forma de pez y que parecía dispuesta a ascender cascada arriba ya que le habían prometido que allí se transformaría en dragón. Pero naturalmente la roca no se movía. Todo el tiempo que estuvieron Kiromi y Hisae, los dos kimonos juntos, contemplando la cascada, fue un tiempo superior a las dos horas pero a ellos les pareció segundos. La cascada seguía derramándose verde y azul entre el musgo y la espuma  y frente a ella la roca puntiaguda seguía mirando fijamente a la cascada, como si la fuera a asaltar.  Poco tiempo después, quizá al cabo de una hora o de  un día, Hisae no lo supo  bien, ella le pidió  a Kiromi que le gustaría aprovechar ese viaje para visitar al gran pintor Sesshû Tôyô, que tenía su taller en Ôita, en la isla de Kyūshū, en el mar interior. Allí fueron los dos, y cuando llegaron al atardecer hasta Ôita encontraron a Sesshû  envuelto en su túnica de monje y  pintando  al aire libre. Su taller era todo un enorme conjunto de rocas y  de árboles que el tiempo iba marcando con trazos vigorosos, desde un negro profundo en un primer plano a ciertas lejanas montañas bañadas en agua y disimuladas en la niebla. Su taller era simplemente la naturaleza. De vez en cuando Sesshû estiraba la mano, tomaba la fina rama oscura de un árbol transformándola en pincel y comenzaba a trabajar. Los dos kimonos, el  rojo de Hisae y el blanco de Kiromi, se sentaban muchas tardes junto al pintor y contemplaban las transformaciones. Una de aquellas tardes aparecieron en el horizonte, al fondo, unas montañas envueltas en bruma, algo más cerca unos acantilados y unos arbustos, más cerca aún un techo triangular sobre una casa aislada y ya mucho más cerca, casi al lado del pintor y rozando los kimonos de Hisae y de Kiromi que lo observaban asombrados, una superficie  plana con agua, y sobre el agua, a la derecha, dos personas en un bote de remos. Aquello era un prodigio de profundidad y de perspectiva. Entonces Sesshû Tôyô nada más verlo, se levantó del suelo y tomando  despacio y  con ambas manos y bastante esfuerzo los bordes de aquel paisaje horizontal lo fue levantando poco a poco de la tierra hasta colocarlo completamente vertical. Sesshû no había cumplido aún los cincuenta años y mostraba una gran fuerza en los brazos unida a una enorme delicadeza. Colocó muy erguido aquel pergamino colgante de tinta salpicada o tinta derramada, como él lo llamaba, lo apoyó con cuidado en una de las paredes del taller que era simplemente apoyarlo en la naturaleza, y lo bautizó como proyecto — y así se lo confió a Hisae  — para una pintura futura que él denominaría “Haboku- sansui” y que no pensaba terminar hasta muchos años después, cuando se viera más maduro como artista. “

José Julio Perlado

(del libro “Una dama japonesa” ( relato inédito)

 

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

(Imágenes—1-Surinomo  Shibata Zedkiin/ 3-Suzuki Harunobu-1767)

MÁS CARTAS DE HISAE IZUMI

 

 

“Una  tarde Hisae, mientras escribía, esperó ante el papel sin moverse y mantuvo su pincel inclinado tal y como si fuera a seguir,  tal y como si estuviera engañando al papel y como si fuera a cubrirlo. Siguió así sin moverse. Y de repente empezó a leer lo que el otro (o la otra) le estaba escribiendo:

“Aunque una carta – apareció escrito sobre el papel verde – no tenga nada que pueda calificarse de extraño, es sin embargo una cosa magnífica. Mientras se piensa con ansiedad en una persona que se halla en una lejana provincia y uno se pregunta cómo se podría ir hasta allí, he aquí que se recibe una carta de ella. Al leerla, se siente la misma impresión que si se la viera de pronto y cara a cara. Y eso es maravilloso.”

 

 

Procuró seguir quieta Hisae en aquella postura y mantuvo su pincel perfectamente inclinado esperando por si le decían algo más.

Y así siguió leyendo:

“Cuando se ha enviado una carta a la cual se han confiado nuestros pensamientos, uno siente el espíritu satisfecho, incluso si se piensa que esa carta podría muy bien no llegar nunca a su destino. ¡Cómo tendría yo el corazón triste y cómo me sentiría oprimida si las cartas no existiesen!”

 

 

Aquello parecía realmente un lamento y Hisae quedó impresionada. Esperó aún sin moverse. Parecía que la escritura se había detenido, que algo pasaba, pero de pronto aparecieron más frases sobre el papel:

“Y  cuando en una carta que se quiere enviar a una persona – seguía diciéndole aquella misteriosa escritura – se detallan todas las cosas que uno lleva en la cabeza, eso supone ya un consuelo, incluso aunque la llegada de esa misiva nos parezca incierta. Pero con más razón aún, cuando se recibe una respuesta la alegría de la que se disfruta es capaz de alegrarle a uno la vida. En verdad, lo que acaba de suceder sí parece increíble.”

José Julio Perlado —( del libro “Una dama japonesa” ) ( texto inédito)

 

 

(Imágenes —1– kimono gallery/ 2-Suzuki Harunobu/ 3-Kawano Kaoru/ 4-surinomo shinata zedkin)

EL ARTE DE VER

arte.-tybj-Charles Willson Peale.-el artista en el museo.-1822

“Los que creen que pinto demasiado deprisa – señalaba Van Gogh – me miran demasiado deprisa.” Sobre esta excesiva prisa al contemplar el arte quiso reflexionar el gran historiador Ernst Gombrich en una interesante conversación con el periodista francés Guy Sorman : “En muchos museos faraónicos de los tiempos modernos – decía – millones de visitantes se apretujan, empujados por un “esnobismo de masas”, pero no ven nada. Si no ven nada, es porque resulta imposible contemplar un cuadro en treinta segundos, imposible ver cien en una hora. Es demagogia pretender que un espectador, sin ninguna preparación, puede experimentar la impresión de su vida porque de repente se ve enfrentado a una

arte.-43ddcc.-museos.-Robert Vanderhorst

obra maestra. No es absolutamente imposible – insistía Gombrich -, pero la posibilidad es rarísima. Por regla general, la comprensión de una obra de arte pasa por una educación artística previa. El arte de ver se aprende, tanto para el espectador como para el pintor. Sin educación, se excluye casi la posibilidad de que se pueda  establecer la diferencia entre un buen cuadro y uno malo. Es falso creer y hacer creer que se entra en un cuadro como en una estación. Cuanto más desarrollados estén la cultura artística del espectador, su conocimiento del autor, de su tiempo, de sus intenciones, más estará en condiciones de apreciar un

arte.- ttynn.- Migue Angel Buonarroti.- estudio de cortinas

cuadro o una escultura. La mirada sobre una obra puede ir desde el grado cero al infinito. Malraux trató de convencernos de que, mediante la obra de arte, podíamos entrar en contacto inmediato con cualquier civilización, pasada o exótica. Pura fantasía – recalcaba Gombrich -. Podemos en rigor comprender – con un mínimo de educación – un autorretrato de Rembrandt, pero una máscara negra nos es, a priori, incomprensible.”

pintores.-tvvb.-Rembrandt.-autorretrato

Sobre las grandes exposiciones – y sobre el mundo que las rodea – se han hecho descripciones excelentes: “a muchos kilómetros por encima de nosotros – relata, por ejemplo, Francis Haskell en “El museo efímero” (Crítica) – los aviones vuelan por el cielo cargados de Tizianos y Pousssins, Van Dyks y Goyas. Mientras tanto, en tierra, los conservadores de los museos y galerías de Europa y los Estados Unidos supervisan el traslado de las pinturas que habitualmente cuelgan de sus salas hacia inaccesibles y abarrotados almacenes y redactan afanosamente largas etiquetas explicativas. Los contables calculan el déficit aproximado del presupuesto de ese año y lamentan el fracaso de las

arte.- 4rtt.- arquitectura.- Leonardo da Vinci.- estudio de la cabeza de un apóstol

negociaciones por el Monet o el Van Gogh, mientras que los impresores hacen horas extraordinarias para cerciorarse de que los voluminosos catálogos estarán listos según lo previsto, los conserjes de los hoteles aceptan con entusiasmo, o rechazan con pesar, un gran número de reservas imprevistas, y los académicos dan los últimos retoques a los discursos que en breve leerán al inevitable auditorio.”

4x5 original

Es todo el universo del mirar y el admirar, la gran cita para contemplar, pero ese arte de ver y de aprender a ver nos lleva también a otras consideraciones, como las que John Berger ha querido recordar: ” el modo de ver del pintor se reconstituye a partir de las marcas que hace sobre el lienzo o el papel. Sin embargo, aunque toda imagen encarna un modo de ver, nuestra percepción o apreciación de una imagen depende también de nuestro propio modo de ver”.

paisajes.- 44ffn.- japón.- Suzuki Harunobu.- 1725- 1770.- Museo Metropolitano de Arte

Imágenes.- 1.-Charles Wilson.-el artista en su museo.-1822- wikipedia/ 2.-Robert Vanderhorts/ 3.-Miguel Angel Buonarroti– estudio de cortinas/4.-Rembrandt- autorretrato/ 5- Leonardo Da Vinci- estudio de la cabeza de un apóstol/ 6.- arte turco-1600/ 7.-Suzuki Harunobu– Museo metropolitanos de arte)